lunes, octubre 16, 2006

Tres axiomas


"Entiendo que lo que voy a contar me va a causar un perjuicio, pero sólo la verdad me vale".
Andre Gide,
alias "La amenaza de las cinco".
"Si la semilla no muere".

Queridos amigos:

Hoy, atiendo una petición.

Me gusta jugar al mus porque es un juego noble. Mi abuelo César, un perfecto caballero vizcaíno, jugaba en las tardes de verano en Murguía, Álava, con sus amigos, todos ellos perfectos caballeros vizcaínos, y no me puedo ni imaginar a mi abuelo César mintiendo, engañando, hablando de cualquier otra cosa durante toda la partida, más allá de los sempiternos comentarios a posteriori sobre la última mano jugada:

-- "Pero, ¿cómo metes cinco a pares?", dicho siempre al contrario, claro. Los reproches a la propia pareja son la bajeza clásica de quien no asume su responsabilidad: en un juego de pareja, los culpables de una mala jugada siempre son los dos. Esta misma máxima se puede aplicar a cualquier otra cosa que se haga en pareja: la ronda nocturna de la Benemérita, el show del lanzador de cuchillos... No sé... Ahora, así, de pronto, no se me ocurren más cosas que se hagan en pareja. Piensen en actividades para dos y apliquen el axioma "El fallo nunca es culpa de uno solo".

Soy un técnico, ¿qué le voy a hacer? Soy un purista. Me gusta jugar rápido. Mezclo las cartas sólo dos veces y siempre doy a cortar y, cuando corto, no hago ese gesto desabrido y blandorro de tocar la baraja. No, no, no. Esas cosas las hacen los ejectivos sinérgicos de Iberia que no saben más que joder. Yo corto y me llevo el montón malo, el que irá debajo, hacia mi lado y cuando el contrario no lo hace, le digo otra frase hecha, un segundo axioma:

-- "La mierda, siempre para casa".

Después, la ronda del mus debe respetar su orden: habla la mano, mi compañero, el compañero de la mano y el postre. Aquí, en Madrid, un sitio donde se juega muy mal al mus, se monta una discusión entre parejas.

-- "¿Qué tal vas?".
-- "Voy".
-- "¿Una vuelta?".
-- "Puedo mejorar".
-- "¿Así mejor?".
-- "Un poquito más...".
-- "¿Más?".
-- "Sí, dale, dale".
-- "¿Le doy?".
-- "Con lo gordo".
-- "Vosotros no habéis venido aquí a jugar al mus, ¿no?".

¡Te dan ganas de mirar debajo de la mesa! Chico, no sé, llama a la Casa Blanca a ver qué haces.

La rapidez en el mus es fundamental para que la partida no se convierta en una especie de filme español sobre los Borgia (mismamente, sin ir más lejos). Si no hay fluidez (narrativa), la partida aburre soberanamente (al espectador), se convierte en una tortura interminable (de dos horas y media). Es necesario centrarse, mantener en vilo al rival, ser inteligente y resolutivo (y no dar vueltas y más vueltas y más vueltas alrededor de un mismo tema: lo malísismos que eran los Borgia). Al final, en una mala partida de mus pasa lo mismo que en una mala película: uno ya no sabe ni cómo sentarse. Es lamentable, porque el cine, como el mus, está pensado, en primer lugar, para divertir a la gente, no para moralizar ni para enseñar al que no sabe ni para mostrar el camino. No, para eso se va a misa o se lee a San Josemaría Escrivá. Divertir y entretener. ¿Que, además de eso, usted consigue lanzar un mensaje? Es usted un genio. En el siglo XXI, en España se hace un cine décimonónico, neoclásico: no lo vi, pero apostaría a que el director de "Los Borgia" era el Padre Isla. Madre mía, qué coñazo. Me parece a mí que en España andamos sobrados de genios. Podríamos exportar a unos cuantos a, por decir un sitio, Siberia, un paraje que ni pintado para evangelizar.

No es posible jugar al mus decentemente cuando se hace una digresión de cuarto de hora sobre un reloj réplica de los que usaron los americanos en el Desembarco de Normandía. De eso, se habla en la barra. En todo caso, se puede hacer algún comentario de algún asunto ajeno a la partida cuando se está mezclando y repartiendo. Algo del estilo:

-- "Mira que reloj más chulo tengo". Pero, una vez que se han repartido las cartas, ya no se dice más que si se quiere o no se quiere mus. Y rapidito que cierran.

Soy un técnico, ¿qué le voy a hacer? Soy un purista. Puedo jugar en cualquier circunstancia siempre que la partida no se convierta en una película sobre los Borgia o en lo más parecido a una larga espera a que a Iberia le salga de los cojones poner un avión en el finger del aeropuerto para ir a Bilbao. No me importa, incluso, y nunca lo usaré de excusa, que haya un par de becerros en la mesa de al lado diciendo lo que dicen los becerros:

-- "MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU".
-- "MUUUU".
-- "MUUUUUUUUUUU".

que significa:

-- "Pelayo es nombre de marica. Yo conozco a dos pelayos y los dos son maricas".
-- "¿Qué dices, tío? Pelayo es nombre de rey".
-- "¿De rey? Anda, macho, que no tienes ni puta idea: Pelayo nunca fue rey".

Llegué a pensar que eran figurantes, que el Frutero los había contratado para decir memeces a mi lado. Pero no los voy a poner de excusa, aunque con gusto le habría preguntado al becerro número uno que por qué tiene él tantos amigos homosexuales, si era porque es guay o porque le va la marcha, para concluir mi intervención en su charla de necios con el tercer axioma. Enfrentármelo y decirle: "Escucha, ignorante, que no tienes ni puta idea: Pela-yo es nombre de onanista".

Nos ganaron... Otra vez... Y van cinco o seis veces. No me importa reconocerlo. Llevo todo el verano pasándome por la piedra a todos los que se me han puesto delante, con distintas parejas en todas las ocasiones, y llegan estos dos y nos ganan. Sistemáticamente. Por costumbre. No te preocupes, Pablo, ya caerán.

Vamos, Frutero, no me digas que no te lo dejo a huevo.

X. Bea-Murguía (muuuuus)

Por cierto, Frutero, escribe lo que quieras. Aquí, ya lo sabes, no hay censura. Pero recuerda que en cuatro días yo estaré en República Dominicana olvidando la partida con una cervecita fresca en la mano, tomando el sol bajo una sombrilla y mirando el mar azul que inspira a los Maná. Tú, Frutero, tú estarás en tu oficina, bajo la luz fluorescente, que no pega, nadando en un mar de marrones, atendiendo medios, aguantando babas, moviendo la colita... Eso sí, regodeándote con la partida y con la suerte que tuviste al pillar solomillo de primeras en la última mano del último juego cuando vosotros estabais a falta de cuatro y nosotros, a falta de cinco, que todo hay que decirlo ¿no?

7 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Bueno, bueno, bueno. Aquí estoy. Dispuesto a hacer verdad aquel dicho de "Earned in blood". EN fin, he visto el verdadero eje del comentario, el centro, el mondongo del tema, en el penúltimo párrafo. Javi, Javi, que he tenido que leerme el rollo de los Borgia para ver escrito que ganamos. SIn más. Me hubiera conformado con un "Nos han vuelto a ganar. Señores, somos malos, qué les voy a decir, pero nos han vuelto a ganar". Y como dicen los comentaristas de fútbol, no te escudes en lo mejor fue el resultado. Lo mejor fue cómo os ganamos, que por cierto es lo que más jode. Y la prueba la tienes en que tuviste el labio torcido tres días, del calambre que te dio cuando viste mi granja. Eso por no contar el tic nervioso de tu ojo derecho, "Ver la peli Zafarrancho en el Rancho, y la cara de Alameda Slim en una de las escenas...).
No hacía falta que apagaras el puro en el hombro de Pablo. Es un juego, Javi. En el que ganamos siempre, eso sí, pero un juego en definitiva.
Anda, anda, no se lo cuentes a tu tío, que le vas a dar un disgusto. Y sigue entrenando en torneos internacionales, que te vendrá bien. Por cierto, el próximo, ¿dónde me has dicho que lo juegas? ¿En el Caribe?

EL frutero Dr. Solomillo

17 octubre, 2006 10:19  
Blogger H.Wells y X.Bea-Murguía said...

Dr. Frutero,

veo que no lo ha pillado. Ganar, como usted ganó, es cosa de tener más nabo que arte, que es lo que les pasa a los fruteros. Pero es que, además, le he brindado a usted la oportunidad irrepetible de humillarme en público y se ve que en esto, tiene usted la misma maestría que jugando al mus...

Cinco más

Javier

17 octubre, 2006 11:22  
Anonymous Anónimo said...

Humillar en público. No, mejor aún, que uno se autohumille. Y lo del nabo, nada, nada. Eso demuestra que aún escuece. Ganamos y punto, con nabo (que por cierto viene de serie) o no, pero ganamos.
Como bien decía su vuecencia, hay que ser elegante hasta cuando uno gana, y eso es lo que quiero, que la siguiente victoria, ejem, perdón, partida quería decir, sea en el ambiente más cordial que no parezca la Reunión de Yalta.

Veo tus cinco y diez más.

El Maestro Frutero.

17 octubre, 2006 12:45  
Blogger H.Wells y X.Bea-Murguía said...

La reunión de Yalta... He ahí el símil perfecto. Unos amiguetes se juntan y ¿quién gana? El malo.

Está bien que reconozcas que la suerte con las cartas te viene de serie. Es más, estoy por decirte que, en general, tienes la suerte de cara: una mujer guapa y que no te mereces; unos hijos maravillosos; una suegra que es un primor... Si tu señora y tus nenes son tres reyes como tres castillos, entonces, para completar el solomillo, te ha tocado ser el basto.

Veo y te espero a pares.

Javier

17 octubre, 2006 12:51  
Anonymous Anónimo said...

Pelayo, que eres un Pelayo. Además, recuerda que ninguno de mis tres peazo reyes se llama como tú. Te jodes.

El frutero Rey

17 octubre, 2006 19:27  
Blogger H.Wells y X.Bea-Murguía said...

Bueno, bueno, bueno... Yo no diría tanto... ¿Cómo se llama tu princesa? ¿Como me apellido yo? Aquí hay coincidencia ¿o no? Ya te he dicho que estoy azuzando a mi chaval para que ataque ahí, pero sin compromiso... Una cosa, así, moderna. Todo sea por emparentar con tu suegra.

Javier

17 octubre, 2006 21:00  
Anonymous vicky razai online shopping said...

Después, la ronda del mus debe respetar su orden: habla la mano, mi compañero, el compañero de la mano y el postre. Aquí, en Madrid, un sitio donde se juega muy mal al mus, se monta una discusión entre parejas.
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07 marzo, 2022 09:37  

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