viernes, mayo 23, 2008

Pregunta primero al médico dónde ha sido el congreso

El inicio de hoy me recuerda al tiempo interminable que, lleno de sopor, distanciaba el "una palabra tuya bastará para sanarme" y el "podéis ir en paz. Demos gracias... Adiós". En la parroquía a la que me llevaban mis padres había tanta actividad complementaria que al cura se le alargaba un buen rato la ceremonia sólo con decir dos palabras de cada una de ellas antes del "Ite misa". ¡Y aún había que esperar a que el cura se retirara del altar antes de abandonar la penumbra de una iglesia que frecuentaban los ricos, antes de poder salir a respirar luz al sol donde se tostaban los mendigos! La inminencia de lo ansiado (huir de allí ya), pero que no acaba de llegar como si cada nuevo asunto parroquial fuera la cima que no es el final sino que oculta la siguiente montaña, generaba estrés, ganas de mear con la bragueta encasquillada ante la puerta cerrada del baño. Yo me situaba de medio lado, con mis rodillas asomando por esos pantalones cortos que odiaba, con los oídos alerta al "Podéis ir en paz" y la mirada fija en la puerta enmarcada por la luz de la calle, iluminada en un halo de aparición como si la propia divinidad me estuviera mostrando la salida de emergencia.

Pensaba dedicar toda la semana a Holanda, pero dejo pendientes dos entradas más sobre las peripecias holandesas: el agradecimiento a la familia (que se me saltan las lágrimas de pensar en mi familia) y una pequeña lección de holandés básico. Sine die.

Aún, antes del "Ite misa", y me temo que hoy me alargaré más de lo que me gusta, aunque no sé muy bien como interpretarlo, estoy especialmente satisfecho de que hayan hecho esta referencia a H.Wells & X.Bea-Murguía en ABC... Yo no soy caníbal, quizá Hormon Wells sí lo sea (a mí nunca me ha intentado lanzar un bocado de perro), pero estoy muy contento de que nos hayan incluido en una terna de gente a la que admiro. Eso me gusta mucho. Leedla, por favor.

CLIC

La diferencia fundamental entre el final de la misa y este blog es que el cura se alargaba lo suyo antes de la salida mientras que yo lo hago antes de la entrada...

Ahora sí: "Podéis leer en paz".

Queridos amigos,

hoy es viernes, llueve y huele a victoria. Una victoría fatal, en verdad, porque ganar así es triste, pero es una victoria al fin y al cabo.

Hoy hablamos de NO TABACO. Lo siento. No puedo evitarlo.

Perciban la ironía.

Champix es la octava maravilla del mundo: una pastillita mágica para dejar de fumar como por ensalmo. La comercializa la multinacional-ONG Pfizer, una empresa que NO busca el beneficio comercial ni ofrecer réditos a sus accionistas, sino el buen rollo, la salud, el final de la enfermedad, que se pueda vacunar a todos los niños del Tercer Mundo, el triunfo de la humanidad sobre la muerte.

Champix es un medicamento ético, es decir, no publicitario. El acuerdo deontológico de Farmaindustria impide a Pfizer, esa ONG, hacer publicidad de este producto maravilloso y es una pena, porque ¡ayudaría a tanta gente desesperada! ¡Salvaría tantas vidas! Es increíble que no regalen Champix en la puerta de los colegios (pagado por el Estado, claro).

Pero Pfizer tiene un empeño especial en salvarnos la vida. Como sea. A toda costa. Pfizer es una ONG cuyo objetivo es curarte quieras o no y, por eso, con tan beatífica intención, aunque le duela hacerlo, Pfizer se pasa la ética por el forro de las píldoras. Si el fin es bueno, los medios no dicen más que tonterías.

Así que, como no puede anunciar Champix, esa buena nueva que han enviado para redimir a los fumadores, en noviembre pone en marcha, CA SUAL MEN TE coincidiendo con el lanzamiento de Champix en España, la campaña buenrollista "Rompe con el tabaco", cuya web pueden ver aquí.

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Como Pfizer es una ONG, se gasta millones de euros (pero qué es el dinero si no un instrumento de la bondad) en promocionar la campaña "Rompe con el tabaco" en autobuses, marquesinas, cartelería, webs, farmacias, prensa escrita (ni tele ni radio, eso sí)... Un pastón por el bien del mundo.

¿Cuál es la idea de Pfizer, esa ONG?

Fácil: si tú quieres dejar de fumar, habla con tu médico. ¡¡¡Si quieres dejar el tabaco, habla con tu médico!!! Hazlo que el médico te va a ayudar.

Pero... Espera, espera... No vayas todavía. Es mejor que vayas la semana que viene a hablar con él, porque ahora mismo le pillas en un congreso sobre tabaquismo en Fiji, al que le hemos mandado con su cónyuge (opcional), para que vaya pillando bien cuál es el mecanismo de Champix.

En cuanto vuelva, habla con él... Y tú vas allí, te confiesas fumador, te golpeas el pecho tres veces, te arrepientes con ese arrepentiemiento tan paulista que nos distingue y haces propósito de enmienda y, no te preocupes, que te da la (ab)solución: ¿qué te va a recetar el médico cuando vuelva bien formado y morenazo del congreso de Fiji?

A ver. ¿Qué os va a recetar, niñooooos?

CHAMPIX, la píldora milagrosa: usted deja de pecar y su médico se pega un viaje de puta madre, todo por el mismo precio.



Bonito, ¿verdad?

Pues aquí se acaba el cuento:

Un fármaco para dejar de fumar, relacionado con graves problemas para la salud

Total, nada. Si no te apetece leer la noticia entera, te pongo dos párrafos significativos a continuación:

"El pasado año se produjeron 988 episodios graves relacionados con vareniclina [Champix]. Entre otras reacciones se dieron accidentes y caídas, alteraciones de la frecuencia cardiaca potencialmente letales, infartos de miocardio, convulsiones y diabetes.

Pero no queda ahí sus efectos. Parece que vareniclina también se ha visto asociada con graves alteraciones de la salud mental. Desde mayo de 2006 a diciembre de 2007 se registraron 227 casos de intentos de suicidio o suicidios, 397 trastornos de psicosis y 525 conductas de hostilidad o agresión. Dentro de los informes de suicidio se registraron además 41 menciones de pensamientos homicidas, 60 casos de paranoias y 55 de alucinaciones".

Y, digo yo, ¿no es casi mejor seguir fumando, aunque sea la pipa de la paz? Y si se pone uno ya a tirar al váter la salud de uno pacífica y tranquilamente, ¿no es mucho mejor hacerse acompañar de un whisky o dos? De buen rollo. Más alegre esto que 41 menciones de pensamientos homocidas, ¿no?

-- Anda, Manolito, ¡qué bien, macho! ¡Has dejado de fumar!
-- Sí, pero como me vuelvas a llamar Manolito materializo este que es mi cuarto pensamiento homicida del día.

Pues nada. Tomen Champix, que es muy bueno.

Por cierto, ni todas las compañías farmacéuticas hacen esto ni todos los médicos lo aceptan, pero sí la mayoría de los que salen en televisión y otros medios predicando los siete dolores del tabaco y su coste social y sanitario.

X.Bea-Murguía (al contrario que Champix, el tabaco es amistad)

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jueves, mayo 22, 2008

Justicia histórica: ¿quién mató a la mamá de Bambi?

Queridos amigos,

recuerdo ésta como una de las grandes tragedias de mi infancia. Cuando la Disney era una fábrica de realidad cruel y no de edulcoradas bellezas interiores y otros principios lerdos propios de Torrebruno (¡el daño que hizo este hombre!), un facha cabrón se cargó a la mamá de Bambi. Cada vez que vi esa escena, deseé que no volviera a suceder, imaginé que la mamá de Bambi esquivaba el tiro fatal, pero siempre volvía a ocurrir porque no es posible correr más que la muerte.

Hoy pienso que no tuvo por qué ser un facha. Pudo haber sido un rojo. Esto es memoria histórica.




Después de mirar un buen rato, con mucha concentración, yo llego a contar 14 bichos muertos, es decir, 30 cuernos. ¡Catorce bichos muertos! ¿Los habrá matado todos el ministro pleonasmo Mariano F. Bermejo, aka el "Rojo a mucha honra"? Supongo que, por lo menos, se los habrá cargado con un Kalasknikov AK 47, el arma del ejército soviético, porque colocarse detrás de un matojo para matar ciervos con una escopeta de cartuchos es cosa de mucho facherío, de señoritos engominados y con traje gris, pero si se hace con AK 47 es proletario y popular (esto no me lo invento yo: lo he sacado de las memorias de Enver Hoxha, lo que pasa es que el dictador albanés de corte stalinista lo aplicaba a opositores).

Pero si yo he flipado con el Mariano "El Rojo", no quieran pensar lo que habrá pasado por la cabeza de ZP cuando ha leído el mensaje de su ministro, que viene a decir "José Luis, mira lo que hago yo con Bambi".

No me entiendan mal, que no soy anticaza. Yo he ido de caza, aunque no he pegado un tiro en mi vida (ni quiero). Pero he pateado monte durante toda una mañana y avanzado a cámara lenta y con penoso esfuerzo sobre tierras recién aradas, donde hacen su cama las liebres, tan ahuecadas que daba la sensación de que dentro podría respirar un hombre enterrado. Recuerdo que la bota se clavaba a cada paso hasta el tobillo, como si estuvieras pisando un campo con dos palmos de nieve marrón, y sólo sacar el pie para avanzar un poco más era agotador.

Pero, claro, yo no soy "rojo a mucha honra" como Bermejo. En esa caza en que yo he participado, cada pieza cobrada ha sido una fiesta, un banquete con sabor a instinto primario y a tomillo. Lo de Bermejo es matar por la diversión de matar. Matar por matar, ¡qué sublime vocación de dictador stalinista!

Cuenten, cuenten los bichos muertos. ¡Es una masacre! Para que luego abra esa bocaza para hablar contra los señoritos. ¡Qué demagogia!

X. Bea-Murguía (esta otra foto no debería salir porque la mujer de Bermejo está de baja con golondrinos, la pobre... ¡La cierva para los que la trabajan!)

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miércoles, mayo 21, 2008

Mooi land (bonito país)

Queridos amigos,

a pesar del brazo roto, de la niña llora que llora por la teta omitida, del movimiento hospitalario en ascensor, de la operación de cúbito y radio, de que (a mayor abundamiento) mi sobrino Milo ha estado el pobrecito con fiebre muy alta, de que la comunión de mi sobrina Amaia era el domingo por la mañana prontito... A pesar de que, como comprenderán, me sentía exánime, flojo, fundido y derrotado... O no... Tal vez fuera precisamente por todas estas circunstancias, el sábado por la noche, cuando la situación estaba ya totalmente controlada, mi cuñado Diego y yo nos miramos de reojillo y nos fuimos a dar una vueltecica por Utrecht.

Primero, por supuesto, arreglé el papeleo... Ya saben... Los permisos de nocturnidad y cuñadeo (con cuñado de coartada se simplifica bastante el trámite).

-- ¿Una vuelta corta?-, me preguntó Beatriz.
-- Sí, sí. Cortita. Esto es Utrecht. Habrá poca cosa. Tu hermano lo necesita...

Una vueltecica corta... Aunque Beatriz sabe que si me enredo con su hermano, suele ser vueltecica y media, dos vueltas... A veces, tres... Hasta las cinco de la mañana.

Diego y Wenneke viven en el centro de Utrecht, así que estuvimos siempre a menos de diez minutos andando por si se diera el caso de tener que volver rápidamente, pero no se dio: los niños fueron muy buenos y durmieron mucho y muy bien esa noche. Tampoco creo que necesite justificarme demasiado. Ambos lo necesitábamos. Salimos, ahogamos nuestras preocupaciones en Vichy Catalán y nos desahogamos en la barra de un bar.

No sé qué hora era cuando llegamos al ACU. Yo ni me fijé en el local, la verdad, porque a ciertas horas un bar abierto es mucho más que un bar abierto: es un oasis. Diego lo miró con precaución:
-- Si entramos ahí, probablemente nos maten.
-- Bueno -contesté yo viendo que, efectivamente, el sitio era una especie club social de okupas, punks desfasados y gentes variadas aficionadas al cigarritos de la risa y al peinados típicos de Uzbequia-, no tiene muy buena pinta, pero en peores sitios hemos estado, ¿no?
-- Pse. Vamos pa'dentro.

La puerta, velada por un cortinón que ocultaba al exterior el humo de los porros, estaba cerrada. A punto estuvimos de volvernos a casa porque nadie respondía, pero, en ese momento, un hombrecillo joven, pequeño, rubio y con coleta, con cara de jugador de rugby de "Asterix en Britania", nos hizo un chequeo visual tipo de arriba a abajo, abrió la puerta y nos ladró en inglés:

-- Come in! Quickly! (¡Entrad! ¡Rápido!) -como si fuera un bar clandestino o algo así.

Puede que les parezca que soy un poco pijo (aunque yo no lo creo), pero el champú Johnson no tenía en ese bar a sus mejores clientes, Rexona hacía tiempo que había abandonado el local y sólo el aroma del hachís, como un ambientador buenrollista, tapaba a ratos el pestuzo a guarro que flotaba en el aire. Digo yo que uno puede ir por el mundo de okupa, de punk o repunk, de hippy, de buenrollista y alternativo, de antitaurino, de franciscano a favor de las ballenas, de grunge o, incluso, de uzbeco pero ¿por qué todo este idealismo romántico es incompatible con lavarse el culo por las mañanas? No lo entiendo.

Dentro, además de encontrarnos con Julia, la au pair que vive en casa de Diego cuidando de Milo, y a sus colegas (por lo que se ve, no éramos los únicos españoles en busca de un oasis en el desierto holandés), entró en acción esa parte de mí curiosa, ávida de conocimiento, que me lleva siempre a aguantar al borracho plasta que da el coñazo. Mi amigo Rodrigo, con mucha gracias, me dice a menudo:

-- Javier, si fueras tía, se te habría pasado por la piedra ya todo el pueblo. ¿Es que no sabes decir que no?

Pues no.

Me pasa eso. En el fondo, me divierten los tipos peculiares. En este caso, en al ACU, me hice amigo de Morekbat (y, además, amigo del alma), un tártaro con cara de malo de Miguel Strogoff, bastante sobón... No... ¡Muy sobón!... al estilo de Uzbequia, que me invitaba a agua del Caspio cada dos por tres. Así. A palo seco, aunque yo no quisiera.

-- Como los hombres -me decía.

¡Venga! ¡A tacatá! A txapuski y la vodka para dentro (y su puta madre).

Morekbat era un poco pesado, pero por ese exceso de amabilidad demasiado servicial, absolutamente etílica y casi empalagosa. Acabó invitándome a conocer su país, Tashkent, Samarcanda, Bukhara, pero como le pregunté, en cristiano, si le iba la zoofilia y me dijo que sí (acompañando su respuesta con las grandes risotas de quien no ha entendido una palabra), me dio un poco de miedo. Así que, casi no.

Después de la siguiente vodka, cantamos juntos el himno de Uzbequistan y Morekbat gritó patriótico y entusiasta "¡Uzbequistan mooi land!", todo un grito de guerra que yo he decidido adoptar como propio.

Al final, le pregunté por Djamolidine Abdoujaparov, el uzbeco más famoso de todos los tiempos, pero Morekbat no tenía ni puta idea de quién era, así que le dije:

-- Tú no eres uzbeco, macho. Este es tu rollo para ligar -y le intenté quitar la careta por si era la enfermera del ascensor del UMC Hospital que me había seguido hasta allí.

Pero no. No era ella.

"¡Uzbequistan Mooi Land!"

X. Bea-Utrecht

martes, mayo 20, 2008

De Jajelslaj fantasie


Queridos amigos,

acabó la semana fantástica, no se lo van a creer, con que en la madrugada del sábado al domingo unos chorizos entraron en mi oficina para llevarse cuatro mierdas, porque poco más había. Eso sí, lo revolvieron todo, nos dejaron sin teléfono, sin Internet y sin actividad el lunes (espero que hoy ya podamos currar) pero, sobre todo, los señores chorizos hijos de puta se llevaron todos mis puros.

En fin.

Les quería contar una cosa que me sucedió el jueves en el UMC Hospital de Utrecht, para que vean que eso de que "No hay mal que por bien no venga" es cierto. Me voy a destapar más de lo que me gusta, pero, bueno, se trata de que ustedes calibren hasta qué punto lo que voy a contar es verdad (y tiene buena parte de verdad).

La noche del miércoles 14 al jueves 15 de mayo fue larga y terrorífica. Mi mujer estaba ingresada en el hospital, recién operada del brazo, y yo me fui a casa a hacerme cargo de mi hija Ana, que rechazaba el biberón. Esto se lo conté ayer. Me pasé la noche prácticamente en vela porque la pobre niña no dejó de llorar y por más que yo pensaba que, al final, el hambre podría con ella, no logré que se tomará más de 30 ml. de "leche". Una pesadilla, sobre todo para ella, que aún tendría que esperar 24 horas más antes de recuperar su teta.

Bastante hecho polvo, con las horas de sueño perdidas colgando de los párpados, volví al hospital al día siguiente a echar una mano a mi mujer, que tenía lo suyo con el brazo inmovilizado e ingresada en el extranjero. Esto es muy duro, aunque parezca una exageración, porque una de las necesidades básicas de cualquier paciente es la información que mitigue la incertidumbre que genera la cercanía del dolor, la enfermedad y la muerte. Lo que más suscita un hospital es la duda.

Me pasé toda la mañana sube y baja, entre otras razones, porque para fumar había que ir a Castroculo de Más Allá, también llamado la puta calle, pero a la derecha y al final. Es decir, en el UMC Hospital de Utrecht hay una zona de fumadores delimitada en la calle. No olía a tabaco allí, claro, sino a futuro. Lo verán.

En una de estas bajadas, estaba yo esperando el ascensor, cansado pero luminoso y aliviado, porque sólo nos quedaba ya esperar el alta y marcharnos para casa, que es como si se hiciera de día, como si el hospital dejara de parecer un espacio hostil: el olor a antiséptico se suaviza, la incertidumbre desaparece y las dudas pierden su importancia. Son esas horas previas a la felicidad que, gracias a la expectativa de dicha, forman una otro tipo suculento de pequeña felicidad.

Cuando la doble puerta del ascensor se abrió ante mí, una voz de siringa dijo a mi espalda:

-- Disculpe -evidentemente lo dijo en holandés. Sonó a "Jajelslaj" que puede significar "Disculpe", como yo interpreté en un primer momento, o "Apártese hijo de puta". A saber. Pero como al volver la mirada hacia el sonido de la siringa descubrí a una holandesa rubia, alta y guapa, con unos ojos azules que expresaban amabilidad, asentimiento y comprensión espontánea de las vicisitudes de la vida de un hombre, unido a su forma de sonreírme a cuarto creciente dentro de su vestido inconsútil de profetisa de la enfermería y todo ello sumado a lo que mi mente de landista pudo llegar a imaginar a una velocidad no expresable en megaherzios, quise concluir que "Jajelslaj" significa en holandés: "Ay, Javier, quien te pillara en un callejón oscuro". Ustedes piensen lo que quieran.

Calenturienta mente la mía, ¿no? Pues no, y lo van a entender enseguida. Evidentemente, si me pidió paso es porque iba empujando algo bastante voluminoso: una cama de hospital. Así que, por supuesto, cedí el paso y mi "Jajelslaj" de veintitantos años, su cama de hospital, un culito que debía ser recetado con una posología estricta y yo entramos en el reducido espacio de un ascensor. Hasta que no acabó de desfilar todo su aroma por delante de mí, borracho de tanta belleza, embelesado por la terapia de su escote e irremediablemente landista, yo no me percaté de que en la cama no había nadie y que la situación que se planteaba en esos momentos era la siguiente:

Jajelslaj van Culiten Respingón, su escote, una cama vacía y yo en un ascensor.

¿Durante cuántos pisos compartiríamos espacio? ¿Estaría bien revisado el ascensor o habría alguna posibilidad de que fallara entre dos pisos? ¿Quedaba el botón de parada cerca de mi alcance? ¿Tendría esta chica claustrofobia o vértigo o algún otro trastorno afectivo que la obligara a suplicar el calor del abrazo de amistad de un extranjero apuesto? ¿Estaría siendo víctima de un programa de cámara oculta? ¿Iba a ser capaz de controlarme? ¿Le molestaría mucho a mi mujer que me quedara unas horas encerrado en el ascensor con Miss Utrecht? ¿Tendría que contárselo? ¿Acaso se puede calificar de adulterio todo lo que pasó por mi mente en ese tiempo oblicuo en que el ascensor se hizo universo?

Lo que pasó y lo que no pasó queda entre la chica y yo, pero les permito que fantaseen. Más.

X. Boetticher y Navarro (tengan en cuenta, a la hora de fantasear, que yo tengo charm)

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lunes, mayo 19, 2008

Irse de brazos (las sillas vs Beatriz)

Queridos amigos,

ya estoy aquí, tras el frustrado II Encuentro Internacional H.Wells & X.Bea-Murguía, que debía haber tenido lugar el jueves pasado en la bonita ciudad de Utrecht, Oh Landa, donde teníamos la malsana intención de bebernos unas cervezas y repasar el famoso tratado.

No pudo ser. Las sillas adivinaron nuestra intención y pusieron todos los medios que hallaron a mano (o a pata) para impedirlo. Las pérfidas sillas y sus malvados aliados los bichos. Una lástima, Hormon. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Como saben, hemos pasado cinco días en Holanda, pero sobre todo en la autopista A-12 que une Utrecht con La Haya, con la cabeza puesta en la comunión de mi sobrina Amaia, aunque también para ver a la familia, a los sobrinos y, cómo no, para la celebración del II Encuentro Internacional.

Ha sido todo estupendo, increíble, apasionante, cojonudo. Ha sido la hostia padre. Vamos a reírnos un poco, porque si no.... Nada más aterrizar en Utrecht, en casa de mi cuñado Diego, sin haber intercambiado siquiera los regalos, no más que los tres besos de rigor a Wenneke y las gracias pertinentes a mi sobrino Milo, que está hecho un bollo, mi mujer debió de pensar (digo yo que pensaría esto):

-- ¿Acaso no hemos venido a una primera comunión? Pues la primera hostia me lo voy a dar yo.

Y, ¡hala!, se fue de bruces o, más bien, de brazos. Pero hostión. Fue a espantar un bicho de la cabeza de Milo y la silla le puso la zancadilla.

Nada más verla, yo pensé: "¡Otra vez el codo!", porque era el mismo brazo que se dislocó en octubre, "¡Qué mala suerte!".
Mi cuñado dijo: "¡Vámonos al hospital!", que no es que mi cuñado sea aprensivo, pero como se acaban de mudar a Utrecht, se pasó un par de días aprendiéndose el camino más rápido al UMC Hospital. Por si se daba el caso.
Mi cuñada Wenneke, por su parte, dijo: "¡Tómate un paracetamol!".
Milo dijo: "¡UIT!".
Y el bicho dijo: "¡Ay va! ¡La que he liado!".

En octubre, embarazada de siete meses y medio, Beatriz se tropezó con una silla en IFEMA y se dislocó el codo. Después de lo del miércoles en Utrecht, creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que las sillas tienen algo contra Beatriz... Las pérfidas sillas y sus malvados aliados, los bichos.


(Este pedazo de edificio enorme, es el UMC Hospital de Utrecht).

Según el cirujano, en una escala en la que 0 es el no-dolor y 10 el máximo de dolor que puede soportar una persona, Beatriz llegó al UMC Hospital de Utrecht con un 8. No está mal, ¿verdad? Un notable alto en aguante de sufrimiento, aunque, por otra parte, le hubiera costado bien poco al médico darle medio puntito más y ponerle un sobresaliente, ¿no? Sus quejidos largos y afilados chirriaban en el silencio blanco de las urgencias del hospital como una puerta que se chiva de una fuga nocturna; su gesto se retorcía al paso de los segundos, atrapada su mente en el injusto remordimiento que abruma siempre al accidentado; sus ojos, colmados de dolor, acribillaron de preguntas al reloj durante las tres largas horas de espera incierta, sin poder sentarse ni estar de pie ni tumbarse en la camilla, dirimiendo en qué posición le dolía más el brazo cuando en todas las posturas el dolor era insoportable y la diferencia de intensidad, inapreciable. Todo ello, sumado al llanto de una niña de cinco meses que tiene que mamar, bien merecían un sobresaliente en dureza.

O, al menos, un chute de morfina.

-- Malas noticias -dijo la doctora de urgencias-. El brazo está roto y hay que operar.

Ahora casi me estoy riendo, que es mi forma de huir, pero, en resumen, la situación era la siguiente:

Beatriz con el radio dislocado y el cúbito roto tomando morfina en un hospital en el extranjero a la espera de pasar a quirófano a la diez de la noche, mientras Ana rechaza el biberón, ese sucedáneo repugnante, con cara de que alguien le está escamoteando su legítima teta, que no le iba a llegar hasta 48 horas más tarde porque la morfina pasa a la leche materna y tiene que eliminarla antes de volver a dar el pecho.

Menos mal que está la familia. Dankjewel.

Mañana se lo resuelvo. Hoy se ha hecho tarde.

X. Bea-Murguía (mi mujer es una máquina).

No se preocupen que la operación fue bien. Le han implantado el brazo de C3PO, con una garantía de cinco años, es anticorrosión, es no frost y, además, hace más daño cuando pega con él.

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jueves, mayo 15, 2008

II Encuentro Internacional Wells y Bea-Murguía



Chusma inapetente:

El segundo encuentro internacional Wells y Bea-Murguía tendrá lugar hoy en la muy imperial ciudad de Utrecht,ciudad histórica no sólo por los diversos tratados firmados en ella sino por las diversas ensaladas de hostias que durante ochenta largos años mantuvo la denominada Unión de Utrech con la denominada Unión de Arras.Un tema complicado en la que abundan señores bajitos muy cabreados y tipos rubios sin luces.

No será complicado para nosotros el entablar conversaciones profundas para finalmente atisbar y quedar iluminados para luego explicarles como los mejores "bloggers" del momento que somos, el sentido de la humanidad,la sucesión de Mariano Rajoy,incluso en un momento solemne llegar a la redacción de un manifiesto que ponga en duda la homologación de sujetadores en la Unión Europea.

Utrecht nos espera atentos... .Un mensaje de paz para todos nuestros lectores.Las guerras son malas,lo mejor las ladies of the world.

Hormon Wells

Dedicado a mi coeditor y amigo Bea-Murguía.

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miércoles, mayo 14, 2008

País de herejes


Queridos amigos,

probablemente, a la hora en que leáis esto, yo estaré metido en una lata con alas caminito de Holanda, ese evocador país cuyos nombres ya inundan de alegría el corazón de todo landista que se precie: ¡Oh Landa! ¡Países Bajos! Como ven, están impregnados del espíritu de Alfredo Landa y, lo quiera uno o no, un hombre español medio, moreno y, para lo que allí se gasta, bajito, al verse rodeado de rubias (también hay rubios, pero ¿quién coño se fija?) dotadas de, como dice mi amigo Rodrigo, fregadero alto, no puede menos que sentirse como en casa.

Los propósitos del viaje son varios. Aparte de alimentar el espíritu del landismo tradicional admirándose con el paisaje holandés y sus magníficas vistas, visitar a la familia y dejarse agasajar por ella, establecer contacto personal (no carnal) con Hormon Wells en Utrecht en el II Encuentro Internacional H.Wells & X.Bea-Murguía (a ver si renovamos la foto del perfil) y, sobre todo, asistir a la comunión de mi sobrina Amaia.

Este último es, sin duda, el motor del viaje, la razón fundamental: mi sobrina hace la comunión en un país de herejes, porque, déjemonos de cuentos: Holanda es un país cojonudo, a mí me encanta, siempre lo digo, pero son una panda de herejes... ¡Hasta los católicos! Todos.

No estoy hablando de religión. Yo soy un relativista nato, un no-me-mojo, un creyente a ratos cortos, un sofista de baratillo la fe y un ateo dispuesto a arrepentirme ante la postrera sombra (por si acaso me llevare el blanco día y pudiera convertirme en polvo enamorado). Me refiero a tradiciones.

No he ido a ninguna comunión desde la de mi prima Begoña, que hoy tiene 23 para cumplir 24, y no recuerdo muy bien la mía (que la hice). Recuerdo perfectamente la de mi hermano Luis, que se desmayó después de comulgar y mi abuela Mari dijo en alto: "¡Ay que se lo ha llevado Dios!". Como para olvidarla. Y también recuerdo perfectamente la primera comunión de Jaime Briones. Un día de estos se la contaré (o que la cuente él que andará por aquí).

Pero la de Amaia va a ser inolvidable: hora y media de misa de holandés. ¡Hora y media! ¡País de herejes! ¡Es de lipotimia! Voy a plantearme algún problema matemático irresoluble a ver si doy con la solución porque ¡hora y media en silencio, sumido en la mayor de las soledades que es la incomprensión! ¿Puede uno llegar a conocerse bien en hora y media de meditación? A más de uno, le da el parraque. ¡Hora y media! ¡Eso es lo que tardo en ir al pueblo en coche!

Cuando me lo dijo mi hermana Begoña, inmediatamente, pregunté:

-- Habrá algún bar al lado de la iglesia, ¿no?

Porque, ¿qué es una celebración BBC en una iglesia que no linde con un buen bar? Es una herejía de caballo, una razón para acabar en la hoguera.

-- No -me contestó-. Me temo que no hay ningún bar.

¡PAÍS DE HEREJES!

Pero, ¿dónde se ha visto? ¿Qué catolicismo light es este? En España, como adalides de la única religión verdadera, bendecidos por Santiago Matamoros, a la hora de misa siempre recordamos la batalla de Clavijo y otras lides de la fe con caldos y pinchos de la tierra. En España, este país santo, pío y bendito, siempre se procura que al lado de la iglesia haya una parroquia, sobre todo para debatir sobre la renovación del sexto mandamiento, que está muy desfasado.

-- ¿No hay bares? -anonadado, pero abierto y dispuesto a entender las costumbres extranjeras-. ¿Y qué hay? ¿Escaparates como los del Barrio Rojo? ¿Coffee shops?

¿No hay ninguna sucursal del pecado al lado de la tienda de penitencias? ¿Y de qué coño se confiesan los holandeses?

En estas condiciones, país de herejes, y no quiero decir nada porque, al fin y al cabo no quiero amargarle la fiesta a mi sobrina, que la niña va con ilusión, pero mucho me temo que teológicamente es inviable llegar a ser participe del banquete de Cristo. Allí donde esté el bien ineludible y necesariamente ha de estar el mal y donde se encuentre el pecado, se hallará la salvación. Lo hablaré con mi tío el cura, pero mucho me temo que esto es un paripé.

Por mi parte, he trazado un ingenioso plan, no vaya a ser que a mi hija Ana, que es un búho que no hay quien la duerma, le dé por jorobar y quedarse sopa durante toda la ceremonia. Por si acaso, voy a ir a la iglesia armado con un buen pincho para que, llegado el momento, pueda decirle a mi mujer:

-- No te preocupes, cariño, que ya me salgo yo con la niña.

No habrá bares, pero sí holandesas. ¡Viva Oh Landa!

Hasta el lunes a todos. Pasadlo bien pero no olvidéis ser comedidos, juiciosos y temerosos de Dios.

X. Bea-Murguía (Holanda ya se ve, ya se ve, ya se ve).

En la foto, pueden apreciar un lugar santo, de culto, digno de peregrinaje y romerías, un icono del catolicismo verdadero: una iglesia con el bar anejo. Eso es religión y lo demás, herejías.

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