viernes, noviembre 20, 2009

Casi 20.000 kilómetros

Parezco un político en campaña. Desde que se inició la alarma de una nueva prohibición de fumar, algo que no deberían celebrar ni los no fumadores porque es un paso atrás en la libertad (se pongan como se pongan) y da pie a:

1.- Que prohíban al McDonalds dar regalitos a los niños
2.- Que prohíban los tacones a las señoras
3.- Que prohíban
4.- Que sigan prohibiendo.
5.- Que no paren de prohibir y siempre por nuestro bien

y les aseguro que lo del tabaco sólo es el principio...

Me dejo llevar por la pasión, disculpen la digresión...

La cuestión es que me he hecho por España 18.700 kilómetros (y lo que me queda), de ahí mi ausencia en este su blog, pregonando la VERDAD, parezco un profeta o un telepredicador pero es que Trinidad Jiménez miente y no sabemos por qué, si está establecido y es conocido que, por principio, los políticos nunca dicen la verdad, cuando llega el asunto del tabaco, tenemos que creer lo que dicen.

No se lo crean. Todo lo que dicen navega entre el axioma y la falacia de una manera tan liosa que impide que ustedes tengan su propios criterio sereno, informado, adulto, serio... Yo me dispongo a darles otra versión, la mía, que ustedes pueden discutir lo que quieran, pero que, para mí, tiene un enorme valor.

La publiqué el miércoles en el grupo del Club de Fumadores por la Tolerancia de Facebook (al que les invito a unirse, por favor, para ser más y tener más peso), pero la repito aquí ahora, porque la he repetido en La Coruña, en Oviedo, en Santander, en Bilbao, en Pamplona, en La Rioja, en Zaragoza, en Barcelona, en Palma de Mallorca, en Valladolid, en Toledo, en Sevilla, en Mérida y en Las Palmas y aún tengo que ir a Valencia y a Murcia a decir lo mismo.

"Es muy propio de los políticos, sobre todo de algunos, intentar tener razón, a cualquier precio, si consideran que eso les va a proporcionar algún rédito electoral. Por eso, a veces, no es que falten a la verdad, es que retuercen un poco la realidad para acomodarla a su discurso.

Eso sucede con la nueva ley del tabaco en todos y cada uno de los postulados que sostienen la propuesta.

Por ejemplo. Dice la ministra Jiménez que el 70% de los españoles quieren la prohibición total. Asegura que eso dice de nosotros que ya estamos maduros para una nueva prohibición.

Dos falsedades en esta afirmación. La primera, con las encuestas, ya se sabe, haz una pregunta concreta para obtener la respuesta correcta: el CIS preguntaba a la gente si quería una ley con más prohibición o con menos y, evidentemente, al no ofrecer opciones intermedias y ser los no fumadores mayoría, el resultado es ese: el 70% quieren más prohibición.

Sin embargo, si como hizo el Club de Fumadores por la Tolerancia con Clau Consultors en 2008, cerca de 2000 entrevistas para la Encuesta Tolerancia y Cortesía, se pregunta a la gente si lo que quiere es prohibición total, espacios separados o que se pueda fumar en todas partes, el 86% de los encuestados responde que espacios separados.

Es lógico. En el fondo, se respetan los derechos de todos. Y aquí está la segunda falacia de las declaraciones de la ministra: un pueblo maduro no es el que vive entre prohibiciones. Un pueblo maduro es el que aprende a convivir en paz con un mayor índice de libertad.

Después, la ministra nos viene con que España está en la cola de Europa en cuanto a políticas antitabaco... Prohibiciones, quiere decir. En cierto modo, si esto fuera verdad, no sería mal título: ¿quién de ustedes quiere estar a la cabeza de Europa en cuanto a prohibiciones? ¿Quién de ustedes desea ser la Corea del Norte de la UE?

Pero es que, por desgracia, España ya está a la cabeza de Europa, tras Irlanda, en cuanto a prohibiciones de fumar. Irlanda es el único país que ha prohibido totalmente fumar en todos los lugares públicos y de trabajo. Así le va a su hostelería, claro. ¡1.500 establecimientos cerrados en tres años!

España y Gran Bretaña son, junto a Eire, los únicos páises que han prohibido completamente el consumo de tabaco en centros de trabajo cerrados. Los demás, o bien conceden la opción de la sala para fumadores o bien dejan a los trabajadores que lleguen a acuerdos respecto al consumo de tabaco en sus trabajos.

En cuanto a fumar en hostelería... Sólo Irlanda, insisto, lo ha prohibido. El resto de países, todos, tienen excepciones. Todos. Gran Bretaña, Francia, Alemania... Algunos, como Bélgica, permiten fumar en aquellos locales que sirvan para socializar. En el Reino Unido, en los pubs, hay excepciones atendiendo al horario (después del hundimiento de su hostelería, concedieron a los condados cierta libertad legisladora). En Francia, existen los fumoirs, salas para fumar sin servicio; en Holanda, los locales pequeños ganaron su batalla legal al gobierno y ahora se puede fumar; parte de los landers alemanes tuvieron que rectificar su ley para evitar la crisis del sector hostelero y permitir fumar en los locales pequeños. En Croacia, se rectificó la ley por lo mismo.

El resultado es que la mayoría permite que los pequeños elijan si son o no son de fumadores. Como sucede en España.

No es verdad, por tanto, que España esté a la cola de nada. España ya es uno de los países más restrictivos de Europa. Y con la ley que preparan... Nos vamos a poner a la altura de Buthan (ese ejemplo a seguir).

En tercer lugar, la ministra quiere cambiar la ley porque dice, ahora, que la actual no se cumple. Antes de verano, cuando la nombraron, no decía eso. Se ve que ha cambiado de opinión la mujer. Pero, en nuestro sistema, si una ley no se cumple, lo que hay que hacer es: a) redactar leyes que sean posibles, que lean la realidad y la regulen, no que la intenten cambiar; b) una vez aprobada la ley, vigilar su cumplimiento.

¿Quién nos dice que una prohibición más severa tendrá un mayor índice de cumplimiento? Digo yo, que será al revés.

Lo incierto de esto es que la ley se cumple en hostelería en un porcentaje que ya quisieran otras leyes tener este nivel de observancia. Para empezar porque el 85% de la hostelería es menor de 100 metros cuadrados y, por tanto, puede elegir si son para fumadores o para no fumadores. Cierto que el 96% ha elegido fumador, pero eso no es ilegal, eso es lo que dice la ley. Otra cosa es que a ella no le guste lo que ha elegido la gente, pero es que en democracia, lo que elige la gente es sagrado.Respecto al 15% de la hostelería mayor de 100 metros cuadrados, dos tercios han realizado inversiones para adaptar sus locales, hasta una inversión de 10.000 millones de euros, según la FEHR, lo cual nos deja a un 5% de los 350.000 establecimientos de hostelería que, quizá, no cumpla con la ley. Digo quizá porque no se sabe. De hecho, a penas hay denuncias, ni expedientes abiertos por la inspección. No hay casi multas, no hay suficiente material oficial para poder decir que la ley no se está cumpliendo.

En resumen, enderezando la realidad que los políticos se empeñan en retorcer para tener razón:

1.- El 86% de los españoles no quiere la prohibición total. Cree que vale con separar espacios.
2.- España YA está a la cabeza de Europa respecto a prohibiciones de fumar.
3.- La hostelería sí está cumpliendo con la ley 28/2005.Ahora, que si hay otro motivos, aparte de los oficiales, para imponer una nueva ley que ni se quiere, ni se necesita...

Javier Blanco Urgoiti,
Portavoz del Club de Fumadores por la Tolerancia".

lunes, noviembre 16, 2009

Rectificar no te hace sabio, pero sí pareces menos tonto

Con un arranque sin igual...

"El único consejo que puedo ofrecer, si se despertara usted sobresaltado en un apartamento desconocido, con una profunda resaca, sin nada de ropa y sin que recuerde cómo ha llegado hasta allí, mientras la policía tira la puerta abajo a golpes acompañada de perros excitados, y se encuentra usted rodeado de fardos de revistas de lujo que muestran niños en actos adultos, el único consejo que puedo darle es que trate de ser amable y jovial".

...debo confesar que lo dejé aparcado, no sé si porque no estaba yo en el estado de ánimo adecuado o porque, en las páginas inmediatas da la sensación de que Tibor Fischer, "Filosofía a mano armada", se va a meter en el farragoso mundo de Miguel de Montaigne que, reconozcámoslo, no es precisamente una lectura ligera (salvo para superdotados como Muñoz Robledano).

La cuestión es que vino bien recomendado, por el entusiasmo apasionado de David Torres, que aconseja siempre con una vehemencia tan contagiosa que casi da pena confesar que no te ha gustado el libro, como si le fuera a defraudar.

Quizá por eso, en lo que encontraba "El amor patético", de Rafael Martínez Simancas, Algaida, (próxima recomendación de Wells & Bea-Murguía), me decidí a darle su merecida segunda oportunidad a Fischer.

Un crápula, doctor en filosofía, Eddie Féretro, se asocia con un hampón francés y gañán, Hubert, para atracar bancos, dando forma a la Banda del Pensamiento. La manera en que Hubert aprende y aplica la filosofía que le enseña Féretro al delito es, sencillamente, genial.

He aquí un párrafo ilustrativo:

"En el camino a Frontignan, bajo un sol glorioso, Hubert explica cómo, en la visita a Frédéric, la filosofía le cambió la vida.

-- Iba a dispararle. Iba a volarle los sesos. Pero entonces lo pensé más filosóficamente. Pensé: ¿le enseñará eso algo?

De manera que cuando se despertó y me encontró ahí con las bolsas de cemento, se cagó encima. Es verdad, el mayor miedo del hombre es a lo desconocido. Él sabía que mi revólver podía matarlo; no era algo que le gustara, pero sí algo que conocía bien. Lo que era incomprensible para él era el cemento".

Y sigue, pero no se lo voy a destrozar. Gran recomendación David. Se la hago extensiva al resto. Tibor Fischer. "Filosofía a mano armada". Tusquets.

X.Bea-Murguía (rectificar no te hace más sabio, pero sí pareces menos tonto).

jueves, noviembre 12, 2009

Soy gordo, sí.

Me va a perdonar la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, Dios Todopoderoso, su Santísimo hijo Jesúcristo, la Virgen María, los nueve coros de los ángeles, empezando por Signifer Sanctus Michael, el arcángel San Rafael (que es un segundón) y San Gabriel (que San Miguel, donde va, triunfa) y todos los otros bichejos con pluma, querubines, serafines, tronos, potestades, virtudes, principados, ángeles (me dejo un coro, pero que me perdonen también).

Me van a perdonar el Papa Palpatine I y el cardenal Rouco Sifredi, que el perdón es una virtud y parte de la caridad cristiana

Voy a blasfemar (quiero decir, blasfemar más aún).

¡Que ninguna voz atiplada me declare en herejía en el siglo XXI! (¡Qué cosa más ridícula, por cierto, monseñores! Hacen ustedes creíbles a los personajes de Amenábar).

Paren mi ex comunión, que la razón de tanta blasfemia es de peso... Y tanto que de peso.

La madre de Dios y todos los santos del calendario, menudos tres platos de fabas del copón bendito y por las llagas de Cristo Señor Nuestro que me comí ayer, la hostia, Dios, la Virgen y el madero. Con su chorizo, su morcillo y toda la Sagrada Familia.

Y las consecuencias, amén de la bronca de mi señora por husmias y lampón, que fueron terribles: me estuve toda la tarde y toda la noche que no podía ni respirar, en mi muy particular Ecce Homo (Fabis), Via Crucis y posterior calvario.

Todo por un puñado de fabas. He sufrido, por segunda vez, el llamado Efecto Obélix, que es ese estado de hinchazón o de implamiento que padece aquél desdichado que, no es que se haya comido unos platos de fabas, es que se cayó en la marmita cuando era pequeño.

Los efectos parecen perpetuos en uno que, por un momento, piensa que no va a poder volver a atarse los zapatos sin ayuda.

Porque yo me caí en la marmita del garbanceo de pequeño. Llámenme palurdo, anticuado, diputado a Cortes con caspa, filósofo existencialista o postmoderno (¡qué cosa más antigua un postmoderno! ¿Verdad?). Llámenme cateto, pero si a mí me dan a elegir entre una olla de fabas y un plato de canapés de caviar... Entre unos garbanzos con arroz o una tortilla deconstruída... Entre unas alubias rojas de Tolosa con su pringue o unas lentejas con todo su chorizo y unas angulas...

No hay color. Son gustos y a mí me va la cuchara de palo y el plop plop plop cantarín de las mañanas frías que prometen un cocido.

Así que ayer me llené el ojo antes que el papo y me endiñé al buche tres platazos de fabas que estaban de muerteabuela y de blasfemia y gorda, Diossantobendito, cada vez que me acuerdo. Y de postre, rematé el pringue de Jesús Llano, que para el chorizo se me ha vuelto melindroso, por aquello de la gota.

Y mientras tragábamos, Jesús le daba a la letanía cosa fina:

-- No. Si ya se sabe. Que no hay gordos de milagro. Que todos son de comer.

Ora pro nobis.

Soy gordo, sí. Hoy dos o tres kilos más que ayer. La Virgen, qué mal lo pasé con el Efecto Obélix. Toda la tarde pensando en que la hinchazón sería perpetua. Pero, no no no... Me he ido deshinchando y hasta aquí puedo leer.

Ya estoy mejor. Mi mujer, peor, pero, ¿qué quieren que les diga? Somos pobres y los pedos son gananciales.

Ya estoy bien. No como la otra vez.

La otra vez fue alubiada del Copón Bendito de la baraja acompañada, de de postre, con jabalí estofado de Santos, Casas Yagüe, que más obelíxtica no podía ser la cosa. Me pasé tres días como un globo, que mi mujer me puso un cordel para que la acompañara a comprar el pan sin llegar a la estratosfera y el papá de un niño caprichoso quiso comprarme (no debió de ofrecer mucho, porque, aunque yo sé que mi mujer me quiere, cien euros son cien euros).

Yo lo habría hecho por cincuenta.

Fueron tres días meando de oído porque era incapaz de ver el inodoro (y no, lo otro tampoco podría haberlo visto, en caso de que hubiera sucedido, que ya les veo venir), que yo me decía: "Bueno, pues, un día más, aquí implao. Mañana se me pasará" y, oye, que no había manera. Estaba como una embarazada de trillizas [besos] a punto de romper aguas pero sin llegar a hacerlo. Igual. Tres días me duró el empacho, no exagero, que al final fui al médico y todo (y para que yo vaya al médico, tela), porque alguien dijo, cerca de mi mujer, la palabra peritonitis y ya no hubo más.

La doctora que me exploró (les presto el título para una de ese James Bond que ni fuma) notó tal tirantez en mi abdomen, que me contrató para el cumpleaños de su hija: estaba que ni pintado para hacer de cama elástica en el jardín:

-- Con esto, quizá consigamos un parto a propulsión o reducir ese meteorismo.

Meteorismo, es decir, un huevo gordo y el otro lo mismo.

-- Te vamos a hacer una placa -me dijo.
-- ¿De abdomén? -pregunté yo.
-- No. De granito. ¿Te ponemos los dos apellidos? Dinos tu fecha de nacimiento.

Después, con el cliché de mi radiografía en el luminoso:

-- No es peritonitis -aseguró-. Puedes respirar tranquilo.
-- No puedo respirar, ni tranquilo ni nervioso, doctora, porque no me cabe ni un mg de aire ya en el cuerpo. ¡Estoy por salirme yo un rato!
-- Pero, ¿qué has comido obeso mórbido mío?

Y confesé de plano. Todo. Confesé hasta lo que se había comido el gordo de al lado y "salvame fons pietatis".

-- A ti lo que te pasa es que estás empachado y lo que necesitas es desatascarte. Espera que tengo aquí un cebador de trabucos que va por el recto y te deja niquelado.
-- Deja, deja, que después todo se sabe. Prefiero a mi negro mandinga que, por lo menos, me da besitos en el cuello.

Soy gordo, pero me gusta que me traten con cariño.

El lugar del crimen fue el restaurante asturiano de Diego, en la calle Hartzenbusch. Ya saben. el de ¡Diego Gallu! ¡Ah! Que no saben. De este Diego:



X. Bea-Murguia (Unes fabes quiero).

miércoles, noviembre 11, 2009

Un traductor, por favor, que no entiendo nada

No entiendo por qué se ha montado tanta polémica alrededor del asunto del traductor que ha contratado el parlamento catalán para recibir a la delegación nicaragüense. Sé de buena tinta que no ha sido nada fácil encontrar a un experto en lenguas que tuviera nivel suficiente para tan excelso cometido. Hay muy poca gente preparada para una traducción simultánea del castellano al tontodelculo y viceversa.

Porque no hay filología tontodelculense. Es así de injusto.

No se crean. Los periódicos anticatalanistas hacen mucha demagogia con esto y no es para tanto. Es cierto que se ha gastado para esto algunos recursos públicos que, quizá, se podrían haber dedicado a otra cosa más provechosa (cualquier trinque político, por ejemplo), pero, mírenlo por este otro lado: en estos malos tiempos que corren, sobre todo para los filólogos, se ha creado un empleo.

En el fondo, no se diferencia mucho de un Plan E cualquiera: tirar dinero en obra no necesaria para ir saliendo del paso y mañana... El mañana no existe.

Dense cuenta de que había alguien perfectamente inútil en su casa, dando vueltas al Facebook todo el día y jugándose pasta imaginaria al Texas Hold'm, o escribiendo un blog en tontodelculo que nadie leía, y le han dado un curro. Lo han sacado del paro. Mañana volverá, pero después pueden invitar a una delegación argentina o calagurritana o madrileña o, mejor aún, al equipo de fútbol de Alcorcón y, entonces, los tontos del culo necesitarán, de nuevo, los servicios del traductor.

Los catalanes, no. Me estoy refiriendo a los tontos del culo. Porque esto no es cosa de los catalanes. No. Los catalanes son mucho más pragmáticos y austeros que los tontos del culo. Que nadie se confunda. Cataluña no tiene nada que ver con esa pandilla de mentecatos que sí que necesitan traductor, es verdad, porque a los tontos del culo no los entiende ni su madre.

Además, tanta política con el lenguaje no es buena. Hay que buscar el entendimiento entre los pueblos y, para eso, ¿qué mejor que un buen traductor? Imaginen lo que podría pasar sin él. Si la la delegación nicaragüense dijera, por ejemplo:

"En la selva caliente no se agarra un duro y las vemos putas. Ahora que los jóvenes, aunque parezca tonto, lo pasan bien".

Esto, sin un buen traductor... Los catalanes entenderían:

"A la selva calenta no s'agafa un dur i les veiem putes. Ara que els joves, encara que sembli ximple, el passen bé".

Pero los tontos del culo podrían entender:

"Si vas calent agafa un dur i veus de putes. Ara que ets jove, no siguis ximple, disfruta".

Y lo peor es que los tontos del culo enseguida tienen ideas para gastar más dinero público, en otro tipo de servicios públicos, que también podrían gustar a parte de la delegación nicaragüense y, por qué no decirlo, sería como un Plan E, o un Plan P, porque también crearía empleo y riqueza.

El verdadero problema es cuando los tontos del culo, de ser minoría oprimida, pasan a formar la mayoría opresora. Entonces sí, necesitaremos traducción.

X. Bea-Murguía (quien no lo entienda, que busque en google un traductor).

martes, noviembre 10, 2009

He vuelto (aunque algo de mí se ha quedado en México)

No se crean. Me ha costado volver más que nunca. Como si mi cuerpo ya estuviera en mi cama pero mi espíritu, o al menos una parte importante de mí, se hubiera quedado en México. Suena a cursi... No: es cursi, pero no encuentro otra explicación para este trastoque horario que me ha durado cinco noches. He supuesto que esa parte de mí que se quedó en México seguía con el horario transatlántico, porque no ha sido ésta la primera vez que cruzo el charco, pero nunca antes había padecido un insomnio tan prolongado y angustioso.

Ahora ya me he centrado. Ya he vuelto.

He estado pensando en qué parte de mí se ha quedado en México, aunque suene a cursi, le he dado al magín por la noche, en esas horas largas de lectura nocturna, de mirada fija y desesperada en los rojos destellos de la hora del despertador, y creo que lo he averiguado.

Podría ponerme aquí a describir la claridad invisible de las aguas del cenote Chac Mool, donde buceamos Beatriz y yo, que nunca antes tuve tanta sensación de estar colgado en el vacío, la visión oleosa que se producía con la mezcla de sus aguas dulces y saladas, como si estuvieras avanzando por un cuadro impresionista o en un vaso de agua y aceite; podría intentar describir (que, como no lo voy a conseguir, ahí dejo una foto) la belleza de la luz azulada, penetrando en cortina dentro del agua; o el efecto surrealista de la separación de las aguas por causa de sus distintas densidades. Eso es increíble: llegas a la superficie del agua a 14 metros de profundidad.




Pero esto no es lo que me he dejado en México. Esto me lo he traído. Puede resultar cursi, pero yo me he dejado algo allá, en Playa del Carmen.

Podría contarles algo sobre la grandeza de la pirámide de Chichen Itzá o sobre el puto calor que pasamos viendo ruinas mientras decíamos que no cada dos pasos a los chacmooleros o del viaje en coche alquilado por una solitaria autopista méxicana que te mete de cabeza en una selva partida en dos pedazos, sin más paisaje que una interminable hilera de árboles a cada lado del coche. O sobre el baño en el cenote Ik kil o sobre el salto que dio Pepe desde 18 metros al agua (por lo menos).

Pero esto, también me lo he traído.

Les contaría algo sobre el arrecife de coral de Cozumel, donde vi mi primer tiburón (grande), un nodriza de unos tres metros, marrón, dormidico (más mono). Pensé que sentiría miedo cuando viera un tiburón, pero no, no. Fue emoción lo que sentí. Hice sonar el cascabel de Isabel como si estuviera tocando a fuego la campana de la iglesia para llamar a todos los demás.

Pero tampoco es eso, porque esa caricia del mar, que te empuja flotando al capricho de su corriente, como si estuviera ya programada la visita al arrecife y tú fueras simplemente un turista que se deja llevar... Leve, suavemente, delicado como la misma vida submarina... Eso, también me lo he traído conmigo.

Entonces, ¿qué es lo que me he dejado en México? Porque volver he vuelto, pero algo de mí se ha quedado en allá, en Playacar, de ahí mi jetlag de cinco días.

Mi mujer quiere que le dé la razón, pero, ¡no!

No contaba con que, a la llegada a Cancún, iban a escanearme la maleta de nuevo. Yo ya me había olvidado de que llevaba doce latas de aceitunas de contrabando (con anchoa, que quede claro). Abandoné mi maleta a su suerte en el escáner del aeropuerto con la confianza del inocente que no sabe que, sin su consentimiento, se ha convertido en mulero de traficantes. La propia que leía la maquinita salío de detrás de su celosía escopetada:

-- ¡Señor! ¿Qué lleva usted en su maleta?

Yo ni sabía de qué me estaba hablando...

-- ¿Yo? ¿En qué maleta? -porque llevábamos dos, una negra y pequeña con la ropa y una azul grande con más ropa y el equipo de buceo. Inmediatamente, siempre he sido un valiente, acusé a Beatriz, pensando en que la mujer se refería a la maleta del buceo-. ¿Qué has metido en la maleta? El relec, que es ilegal en México.
-- No, señor, en esa negra... Lleva usted unas latas, ¿de qué?

¡Dios! ¡Las aceitunas! ¡Que no pasan! Adiós a mi cruce de culturas, porque llevar aceitunas españolas para maridarlas con tequila debería considerarse una acción de contraste cultural.

-- Son aceitunas (con anchoa) -confesé finalmente, no sin un poco de vergüenza y la propia, con el celo habitual de la seguridad aeroportuaria (cógete el librito de los protocolos de seguridad y aplica el correspondiente a "tráfico ilegal de aceitunas (con anchoa)" si tienes narices) me dejó pasar sin siquiera abrir la maleta.

Así que las aceitunas cumplieron su misión de contraste cultural y, no, tampoco es esa la parte de mí que se ha quedado en México (al menos no en su forma original verde con agujero relleno de anchoa).

Pero el Relec.

Después de un día de cañismo en una playa blanca de aguas turquesa y en el magnífico chiringuito de la piscina, después de comer tostadas, burritos y tortillas con doble picante...

-- ¡Hey, amigo, le prepraro una tostada con doble picante!
-- ¿Pica mucho?
-- No, no es muy picoso, pero pica cuando entra y también cuando sale.
-- Dale.

...al atardecer, cuando el sol tiñe de color tabasco el mar hasta Cozumel, que se diría que los peces nadan en doble picoso, nos sentábamos los amigos en la terraza, mirando a la playa oscurecida, bajo los focos del bar, a echar una partida de cartas. Entonces, Beatriz sacaba el Relec y, a pesar de que nos ungíamos con él hasta los talones para resultar invencibles a la miríada de mosquitos (moscos, que les dicen allí) que cada anochecer entraba en el hotel a su particular bufet libre, nos comían.

Yo no he ido a México a hacer turismo, amigos. Yo he ido a donar sangre. Y ésa es la parte de mí que se ha quedado allá: litros y litros de sangre. Todos los días llovía algo, un poquito, pero el día que jarreó, que nos metimos con la barca, en Cozumel, en el ojo de la tormenta y estábamos empapados hasta los huesos antes de sumergirnos, vinieron sin esperar a su hora vampírica millones de mosquitos, miles de millones de ellos, formando una nube enorme en la que se podía leer:

¿RELEC? JA JA JA JA.

X. Bea-Murguía (¡Pues eso! ¡Que corra la sangre!)

jueves, noviembre 05, 2009

Jetlagueando

Cojón, qué frío hace en España...

No se crean que estoy vagueando. No. En absoluto. Estoy jetlagueando de tal manera que anoche, a las tres de la mañana, estaba con los ojos abiertos como cuencas sin ojo viendo el Poker Stars de Antena 3 Tv, que quién me habría dicho a mí que semejante cosa, un día, iba a despertar mi interés.

Pues lo ha hecho. Un poco.

El puto jetlag que me ha dado duro esta vez. La primera vez que me pasa. Nunca antes había sido así. Será la edad.

Así que no estoy vagueando. Es que el martes, ya miércoles, me acabé de leer "La cuarta mano" de John Irving de tirón, por la noche, porque no había manera y, anoche, por darle una oportunidad más, comencé con Tibor Fischer, de nuevo, "Filosofía a mano armada"...

Hasta las tantas. Hasta las cinco, por lo menos. Confirmo el extremo de que a mi señora, por su parte, el jetlag no le ha afectado nada. Es más fuerte que yo, claramente.

Así que, mientras dure el trastoque horario (palabra mucho más bonita que jetlag), iré trampeando como pueda.

Hoy, fundamentalmente, dos cosas:

Recomendarles el blog de fumadores de puros de Jaime de Juana,

http://historiasycatasdecigarrospuros.blogspot.com/

que está muy bien escrito, con buen criterio e incide en la importancia de la circunstancia para cualquier disfrute. Algo que yo comparto al cien por cien.

En segundo lugar, no quiero dejar de dar las gracias a Juanjo, Íbero, por sus ánimos y por su fidelidad a este blog. Muchas gracias, amigo.

X.Bea-Murguía (a ver si mañana es posible. Si no, el lunes comenzamos).

lunes, octubre 26, 2009

La muerte de Bob Esponja

Queridos amigos,

sí, ¿qué pasa?, al final todos estamos aferrados a nuestros atavismos porque nos sentimos mucho más seguros con ellos. Este fin de semana, he tenido la oportunidad de llevar a cabo una severa reflexión sobre la trayectoria de este blog, que va a hacer cuatro años, y sobre su paupérrima calidad. Puede ser que haya sido, yo no digo que no, porque he estado al cargo de mis hijos y eso, quieras que no, causa que las reflexiones severas no duren más de cinco segundos (y se suelen suceder a latigazos mientras uno respira hondo en la cocina, entre el "Rodrigo haz los deberes" y el "Ana, las escaleras, no").

La conclusión, no obstante, "Rodrigo, macho, termina de cenar ya", es que desde septiembre, después del megadescanso de este año, es innegable que hemos dado un paso más allá de lo paupérrimo hasta lo misérrimo. ¿Y qué es peor? ¿Paupérrimo o misérrimo? Pues ni putaidérrima, bastante que en cinco segundos he sido capaz de poner esas dos palabras en una misma frase. "Ana, ¿qué comes? ¿Qué es eso? ¿De dónde ha salido? ¡Escupe, escupe!".

No es una broma. Yo no sé por qué, pero hace mucho, mucho tiempo que las entradas no salen como debieran. Mi Montse no se me ríe igual en la oficina. "¡RODRIGO SAL DE LA DUCHA YA!". A ratos pienso que es la falta de tabaco, pero lo encuentro una excusa de ex fumador demasiado fácil, demasiado Terenci Moix, y no me vale, aunque ahora mismo me fumaba yo un cigarrito que me quedaba tan a gusto. A ratos, sencillamente, pienso que llevo dos meses demasiado ocupado, demasiado estresado, como para poder escribir algo mínimamente digno. "Ana, por favor, anda tú solita". Estas cosas luego pasan factura. Miren mi Julián, que ha hecho un picado en Google Earth y le ha dado un infarto (léase con tono nasal y acento murciano: "Montse, bonita, toma un boli y ríete un poco").

Quizá tenga que volver, como he hecho, a viejas fórmulas epistolares y sólo ese es el fallo.Estoy diciéndolo completamente en serio. No se crean que esta es una entrada para forzarles a hacer comentarios laudatorios. En absoluto. Soy consciente de lo que digo. He de reflexionar más sobre ello, pero, el resumen, después de todo este rollo, es que he de darle un repaso a la calidad del blog porque no me satisface.

He de hacer una reflexión más severa. Más profunda. Y la voy a hacer, decididamente, en Cozumel, a unos veinte metros de profundidad, donde espero encontrarme con Bob Esponja para aplastarlo con toda mi mala hostia con la aleta.

Muchos de ustedes no lo saben, pero muy probablemente, en el momento en que ustedes lean esto, yo ya estaré... Sí. Lo estaré, lo estaré. Estaré tomando una cerveza en un chiringuito espectacular dentro de una piscina intentando olvidarme de Bob Esponja. Estaré en Playa del Carmen, México. Lo siento, amigos.

Estas horas previas a coger un avión son también de mucho recogimiento. Yo me he acordado estos días de mi amigo Jesús Llano, a quien siempre tengo en mente, y del día en que nos fuimos a Managua. Lo he contado hace poco, pero es lo mismo. Estábamos en la T4 charlando sobre lo que fuera, cuando, de pronto, sacó dos palillos redondos del bolsillo de su camisa y me dijo:

-- Yo siempre que voy a Sudamérica me llevo dos palillos.
-- ¿Para qué? ¿Para hacer fuego en caso de perderte en la selva?
-- No, por si hay boquerones en vinagre. Toma. Uno pa'ti y otro pa'mí.

Pues yo me llevo los dos palillos (porque me parece uno de los mejores consejos que me han dado en la vida) y, por si acaso, para una emergencia de vida o muerte, también me llevo también esto.



Que uno ha viajado y no es la primera vez que me ponen cara de "Peroquédiceestetío" cuando pido aceitunas con las cerveza. ¡JA! Pues no me vuelve a pasar. Sí, sí. Llámenme paleto, pero miren, miren lo que se lleva mi mujer.



No me lo voy a tomar como algo personal, no se crean.

Si a mi mujer le hicieran en la calle la típica entrevista absurda (para un programa presentado por un tonto del haba que se cree gracioso) "si usted se fuera al Caribe, ¿qué se llevará consigo? ¿Dos packs de seis latas de aceitunas (rellenas de anchoa) o un repelente de mosquitos?", ella contestaría que el puto Relec. Típica situación. ¿A quién no le ha pasado esto alguna vez?

¡JA! Y se ríe de mí ahora. Me dice que dónde cojones me creo que voy (es curioso, porque, aunque con otro tono, es el mismo giro que emplea para mostrar desacuerdo con el atuendo elegido para ir a trabajar por las mañanas). ¡JA! Ya me pedirás aceitunas cuando estemos allí, ya. Ya me darás la razón, ya, y yo me pensaré si darte una o no.

No vuelvo hasta el día 3 de noviembre, aunque les dejo un serial estos días, a ver qué les parece. Espero, entonces, tener una respuesta para la falta de calidad del blog.

Hasta entonces. Besos a todos.

Javier

Por cierto que Bob Esponja, no me digan que no, es clavado a Leire Pajín. Fíjense bien. Ambos con los dientecines separados, ambos con la misma expresión jovial, ambos con la misma mirada penetrante que se diría que andan siempre un paso por delante de los demás... ¿Vivirá Leire en una piña debajo del mar? ¿Su cuerpo amarillo absorberá sin más?