jueves, marzo 09, 2006

Pues... Si eres lo que comes...


Queridos amigos,

he viajado todo lo que he podido por esos mundos de Dios, y no ha sido poco, aunque no tanto como para apodarme Marco Polo. El año pasado, sin ir más lejos (nunca mejor dicho), tuve la oportunidad de viajar a Cuba por segunda vez, a Las Vegas, a Nueva York y a Holanda, país al que voy todo lo que puedo por motivos familiares. Este año, mismamente, en lo que ustedes cuentan un mes, estaré de camino a Thailandia, donde pienso pasar diez días inolvidables entregado al dolce fare niente, con motivo de la boda de mi cuñado Diego y su novia holandesa, Wenneke. Con dos cojones, chicos: ¡VIVA LOS NOVIOS! Creo que no he ido a mejor boda en mi vida.

¿Que si estoy contento? Entren en www.relaxbay.com, por favor, y no dejen que la envidia les corroa las entrañas pensando en que en varias de esas fotos, se puede leer mi nombre clarísimamente... ¡Eh! ¿Qué hace ese tío en mi tumbona? ¡Fuera, bicho, fuera! ¡Te queda un mes ahí, majete!

En uno de los mejores viajes que hemos hecho, Kenia, sucedió lo que es tema de la entrada de hoy. Fuimos al restaurante "Carnívore" de Nairobi, un sitio de mucho turisteo cuyo gran atractivo es que se lo comen to'. Tienen allí la parrilla de los Picapiedra, del tamaño justo para dorar un diplodocus al ast, trinchan en una enorme vara metálica grandes trozos de carnaza (como si fuera un cebo para pescar tiburones), y la pasan por la brasa dándole que te pego a la manivela hasta que está en su punto. Después, viene el negro con el troncho gordo, te lo planta en el plato y te dice:

-- "Cebra".

Y tú respondes:

-- "Venga, pal coleto, que de algo tiene que morirse el mzungu".

Te corta dos filetes y que aproveche. Allí probamos varias carnes exóticas: la mencionada cebra, el impala, el kikuyu y alguna más que ahora no recuerdo. Estuvo bastante bien hasta que, en uno de estos vaivenes, me llega el camarero, me planta un troncho blanco y cartilaginoso en el plato y me dice:

-- "Mamba".

Y yo, que estoy versado en idiomas, le respondo:

-- "Mambo", con un gesto de rechazo y le explico a mi mujer (que sí lo comió), que mi madre es de Bilbao y que yo no como cocodrilo, por principio, si no es de la ría del Nervión. Son mis prejuicios y no estoy del todo mal con ellos. Después, un poco arrepentido (una nueva experiencia es una nueva experiencia) le pregunté a mi señora a qué sabia el tema y me dijo:

-- "Está bueno. Es como el pollo".

Su respuesta me reafirmó. ¿Para qué tantas vueltas, Dios mío? Para eso, en vez de comer lagartija, como pollito a la plancha y tan amigos.

No es que sea yo reacio a nuevos sabores ni a experiencias culinarias bizarras. Es que comer ciertas cosas, como, ¿qué sé yo? ¡Escorpión! Pues mira, así en principio no soy muy amigo... Según vi ayer en La2 Noticias, los chinos, que se ve que han pasado hambre porque se lo tragan todo, dicen que somos lo que comemos, con lo que no estoy llamando lagarta a mi señora (ni mucho menos), sino tratando de contar que el reportaje en cuestión iba de un restaurante en un lugar de China, probablemente Hong Kong (aunque no lo recuerdo), cuya especialidad eran los guisos de pene. Ustedes lo pueden ver raro, pero comprendan que es normal que con tanta gripe del pollo se hayan tirado a la polla.

No les digo más que tres chinos y dos chinas estaban ahí, sentaditos a la mesa, muy educaditos y recatados, comiendo pene de... ¿caballo? No soy experto en falos, pero por el tamaño de la bandeja... Si hubiera sido mamporrero podría asegurarlo con más certeza, aunque, claro, comerse uno su instrumento de trabajo...

Nada de esto es invención mía, se lo juro. Seguro que alguno de ustedes lo vio también. Salía una de las chicas, de nombre Débora, diciendo que comer pene le daba gusto y una gran sensación de felicidad, pero no hagan la maleta todavía que allí el pene se lo comen con palillos (¡los muy degenerados!). Los cinco eran la estampa viva del mencionado proverbio chino: sí, efectivamente, somos lo que comemos y ellos eran cinco carapollas de galardón internacional.

Era muy apropiado, además, para el Día de la Mujer sacar un tema sobre devoradoras de falo, ese rollo Lorena Bobbit con sus tijeras y otras sádicas hembras capadoras, como Mónica Lewinski con tiritona, la indómita amazona Hipólita, la Viuda Negra, Lucrecia Borgia puñal en mano, Cristina Almeida gritando "Manolo, la cena te la haces solo"... Me recuerda un poco a lo que dice mi admirado Abraham García en su libro "El placer de comer", que envidia al afilador porque es el único hombre que hace sonar su instrumento y se ve, de inmediato, rodeado de mujeres armadas.

Háganme caso: vayan a comer a Viridiana y déjense de (gili)polleces.

Cromosoma XY.Bea-Murguía

6 Comments:

Anonymous beach said...

Ja, ja, ja, jaaaaaaaa.
Por suerte yo también voy a tan exótico destino dentro de un mes. Aunque no comas escorpión, te recuerdo que has elegido Barracuda para cenar, algo que no tiene nada que ver ni con lenguaditos, ni besuguitos ni la gula del Noooorte.
Besos.
PD- En lo de los penes no entro y no voy a caer en la tentación de comentar el tema de "El día de la mujer trabajadora" (lagarto, lagarto)

09 marzo, 2006 10:22  
Blogger Wells & Bea-Murguía said...

Anda la leche... ¡Si yo pensaba que Barra Curda era el nombre del sitio de la barra libre!

Javier

09 marzo, 2006 10:35  
Anonymous Anónimo said...

Jodeer con Diego, como se lo monta. ¿Que hay que hacer para apuntarse a la boda?

10 marzo, 2006 08:39  
Blogger Wells & Bea-Murguía said...

Dos opciones:

1.- Que te inviten
2.- Colarte

Javier

10 marzo, 2006 09:52  
Anonymous Anónimo said...

No se si encuentro un poco machista el tema, pero por si sirve el mundo va bien cuando los hombres hacen lo que las mujeres dicen. Estoy convencida, y ademas es un signo de progreso.

14 marzo, 2006 08:53  
Blogger Wells & Bea-Murguía said...

¿MACHISTA YO?

Anda, vete a fregar ;)

Javier

14 marzo, 2006 11:35  

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