viernes, junio 02, 2006

La Palmera


Queridos amigos:

la palmera, ¡ay, la Palmera!, ese monumento al cohete, que dibujó Gómez de la Serna, la última explosión y muerte de un estrella que se extingue y se olvida, borrada por la estela brillante de otros cohetes en su trazado ascendente, en su explosión de luz y muerte. ¡Ay, la palmera!, que es un cohete que muere arriba, en lo alto, con fogonazo y estruendo para que todos se enteren: así, así sí palma una palmera con vocación de astro y así nos deja, viendo lo oscuro que queda el cielo tras su ida.

¡Ay, la palmera! Trampolín de Keith Richards, que nos dejó desconcertados y casi se va con Rocío Jurado, demuestra el círculo de la vida que se cierra infinito en la perfección de la muerte: ella comenzó de palmera y acabó palmera, explosión y ruido de quien representaba todo lo que menos me gusta de este país, ella y su prole inferaz e improductiva, esos que han vivido de la Palmera mientras brilló su estrella y, ahora, en una pirueta de alimoche sobre el féretro aún ardiendo en capilla, tienen la oscura intención de seguir viviendo de su muerte. En eso sí reconozco la generosidad de la madre estrella: su pecho ha dado, y dará, para toda una Vía Láctea de chupones.

Anoche, entre el frío de la fiebre y la tos cavernosa, de siete cadenas de tv, tres emitían especiales sobre Rocío Jurado, de cuya enfermedad, agonía y muerte he acabado hasta los cojones. Con perdón. No me alegro, por supuesto, de la desdicha ajena, pero otros y otras con más grande estrella murieron en el silencio de su almohada, sin filas de periodistas en la puerta de su casa, sin programas especiales que interrumpen la programación como si se hubiera muerto un jefe de estado, sin esa pompa exagerada de lentejuela que forma fuga con la voz ahora apagada de la Palmera, sin plañideras. Sólo concibo el dolor si es austero, íntimo, privado, todo lo demás es circo, reality show, dinero. ¡Ay, la Palmera! barreno en una mina de oro: recién embalsamada, aún genera ganancias.

Como una ola de sueño, o como una isla entre el mar de palmeras, suavemente adormecí mi fiebre con el humor valiente de Alejandro Jodorowski, un tipo que se deshizo en halagos hacia "Torrente, el brazo tonto de la ley", que pidió a su hijo Adán que le devolviera la "cachetada" que él le propinara de pequeño; que se untó el brazo con un gel de testosterona para hacerse hermano de hormona con una filósofa lesbiana, Beatriz Preciado, que negaba los géneros y que demostró lo mucho que se come la cabeza quien necesita justificar una actitud extraña a un sociedad que enjuicia al diferente. Esto, amigos, es ser transgresor. Ya podían aprender otros.

¡Ay, Palmera! Nunca me alegré de tu dicha, pero, ahora, lamento tu desgracia: tu muerte que fue y será agitada. Descanse en paz Rocío Jurado (si la dejan).

X. Bea-Murguía (sigo enfermo. Háganse cargo).

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Que pena, morir así. Hasta Gallardon ha sacado raja.... Y todos los famosuelos llorando. No faltó ni la oronda peluquera luciendo brazos blancos y carnosos.
Que pena de pais que no puedas ver la tele una noche de aburrimiento porque todo es lo mismo....
No le deseo esta agonia ni esta muerte a nadie. Efectivamente, que descanse en paz si la dejan.

02 junio, 2006 08:45  
Blogger EL ENVIADO LISÉRGICO said...

La muerte es el mejor negocio que se ha podido inventar. Todo dios es un cliente, o lo será.

03 junio, 2006 12:58  

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