martes, diciembre 05, 2006

Un problema ético


Queridos amigos:

¿Qué? Abrir el blog por la mañanita y ver este careto, así, de golpe y porrazo, da un miedo que te cagas ¿Eh? ¿A que sí? ¿A que se han dado un buen susto? No me extraña. Me lo he dado yo y ya sabía que había puesto esta foto.

Les quiero contar que tengo un problema ético, porque es feo desearle la muerte a alguien. Es cosa muy fea y muy de malos desear la muerte, propio de gente como el hijoputa de la foto... Perdonen el taco, pero cuando la apelación está acreditada, la palabra "hijoputa" no se refiere a la madre de nadie, sino a una actitud vital y, por tanto, deja de ser un insulto para pasar a la categoría de adjetivo calificativo o, incluso, a la de epíteto.

Digresión...

Imaginen, por ejemplo, a un etarra que lleva al Estado Español al Tribunal Europeo de Derechos Humanos porque no le gusta que se fume en la trena. Esto no me lo estoy inventando. Ha pasado de verdad. Su nombre es Jon Koldo Aparicio Benito, como ven por sus apellidos, vasco de sexta o séptima generación, su aitatxo pelotari y su amatxo de las emakumes del pueblo de toda la puta vida, eso sin decir que su aitite era arrantzale y que se fugaba al txoko con la cuadrilla a tomar txikitos y protegerse de la amama, que ¡menuda mujer! Una hembra con pelos en los huevos. De hecho a Jon Koldo, en su casa, un caserio perdido del Goierri, le llaman Juan Luis. Que Juanlu sea un preso de ETA no anula sus derechos. Alguien debería proteger su derecho a no respirar humo de tabaco, por supuesto, pero en una pirueta de cinismo incalificable, Juanlu ha apelado, para que no se fume en su celda, al "derecho a la vida"... ¿Le va o no le va como anillo al pene el epíteto de "hijoputa"? Abro un debate sobre este asunto y vuelvo a mi problema ético.

Fin de la digresión...

Decía que a Augusto Pinochet yo no puedo desearle la muerte. Desde luego, no en la cama, sedado, con sus familiares alrededor. Un poquito de lenta agonía, unos estertores, un poquito más de dolor y miedo, sí... No, no, no... Esto es feo, también. Esto no se puede desear.

Mi problema ético lo es porque tampoco le deseo la vida. Mi ética personal me impide desearle la muerte, pero tampoco la vida. He pensado en solucionar mi dilema deseando que se muera un día sí, un día no, aunque, claro, esto sería un gasto excesivo para la seguridad social chilena. Además, la lenta agonía de los dictadores siempre causa lío en la calle porque parece mentira, pero este pavo todavía tiene un buen puñado de seguidores dispuestos a darse de palos con quien se ponga delante gritando obscenidades como "justicia" o "libertad". Así que, para evitar revueltas callejeras, mejor que se muera de golpe y fuera... No, coño, que no se puede desear la muerte... Pero tampoco la vida.

Así que, dándole vueltas, he llegado a una conclusión digna del mismísimo rey Salomón. Como no quiero desearle la muerte a Pinochet, pero tampoco le deseo la vida, lo que me parece de justicia es que lo hagan desaparecer. Eso. Que vaya la policía secreta al hospital y se lo lleve; que borren todas sus huellas; que cuando sus familiares pregunten qué ha sido de él, las autoridades silben y hablen del tiempo. Y no estoy proponiendo que lo torturen un poquito o que le violen en la cárcel, que desearle un poco del sufrimiento que él ha repartido a raudales en casi treinta años de dictadura tampoco es como desearle la muerte.

Creo que esto es casi ético. Que muera por causas naturales, sí, pero solo, que no sepa dónde está, ni por qué está dónde está, que sienta lo que es el miedo, el pavor ante un destino incierto y que lo entierren por ahí, en una tumba sin nombre para que nadie pueda llorarle al pie de lápida. Ya sé que esto tampoco se puede desear, pero la daría un punto de revancha a los que han padecido y aún padecen la dictadura de este cabrón.

Espero que entiendan que esto no es en serio. Si hay alguien en el mundo a quien no me quiero parecer en nada, ese es Pinochet. En frío, no pienso que sea buena idea darle un poco de su medicina, lo que pasa es que su impunidad es tan irritante que se me va la pelota.

Todo esto me recuerda a la alegoría de Pascal sobre la condición humana. La existencia es como una celda llena de condenados a muerte. Todos conocen su destino, es inevitable, pero nadie sabe cuándo ni cómo. Cada mañana, el carcelero dice un nombre y esa persona sale de la habitación hacia el cadalso para no volver jamás. Los que quedan en la celda, que no tienen testimonio de lo que sucede más allá de los barrotes, se aferran a la esperanza de que fuera no les espera la muerte, sino una nueva vida. Pues imaginen que esto no es una alegoría. Que ha sucedido de verdad y traten de ponerse en el pellejo de esa pobre gente.

La condición humana se resume en que el hombre es el único animal que sabe que va a morir y, sin embargo, se resiste a la muerte. Como Pinochet, que es un animal antropomórfico que se resiste a morir.

X.Bea-Murguía (quédense con la cara de la foto y díganme si no es la que pondrían ustedes para explicar a sus hijos lo que es un auténtico hijoputa).

5 Comments:

Anonymous Hormon Wells said...

Tiene un look muy de banda Eslovena tipo Laibach, pero sí, es un auténtico panchito hijo de puta,esto es la definición de peligroso.

Por cierto te has salido con esta entrada.

Nos vemos con los alcornoques.

05 diciembre, 2006 11:01  
Anonymous Anónimo said...

Para reflexionar con un puente por delante. realmente bueno el blog de hoy. Solo un comentario, la duda entre desearles o no la muerte es lo que nos distingue de ellos. Ni el asesino Pinochet ni los asesinos de ETA se lo plantean matan y encima exigen derechos. Aunque me lo pide el cuerpo no les deseo la muerte, eso si, una mala vida....

05 diciembre, 2006 11:06  
Anonymous Anónimo said...

Hay que decir más hijo de puta, como nos enseña este bonito video educativo de La Hora Chanante:

http://www.youtube.com/watch?v=JL9vN50WkxM

Gaitero

05 diciembre, 2006 11:20  
Blogger Wells & Bea-Murguía said...

Gracias Hormon, una careto así inspira a cualquiera. El mérito es de Pinochet. Es fácil meterse con él porque es lo que tiene ser un poco hijoputa, que lo deja francamente.

Quiero aclarar que cuando digo que no me quiero parecer en nada a Pinochet, como ha dicho el comentario anónimo (con el que estoy de acuerdo), quiero decir que yo me distingo de él en que yo no deseo la muerte de nadie. Ya en serio.

Javier

05 diciembre, 2006 13:30  
Anonymous Anónimo said...

A mi me parece que la mejor opción -en sujetos como el de esa calaña o hideputas como decía el señor Quejana, o Quesasa, que en eso los sabios no se ponen de acuerdo- es NO HACERLE NI PUTO CASO. Pero ni puto caso quiere decir ni poner una puta línea más. Que girar la cabeza, parar el boli, y hacerse el loco es fácil, compañeros. Y hablemos del tiempo, coño.

El Urce

05 diciembre, 2006 17:09  

Publicar un comentario

<< Home