viernes, junio 01, 2007

Peter Pam

Queridos amigos:

leo en el periódico unas declaraciones verdaderamente impactantes de la actriz Pamela Anderson, una mujer que podría ganarse la vida como parachoques de un Pegaso, mascarón de proa de los tiempos modernos: "Mis tetas no son tan grandes".

Nooooooooooooooo... ¡Que va! Y, además, son naturales.

"Mis tetas no son tan grandes" es una frase cumbre de la filosofía de final del XX y principios del XXI y merece ser puesta en un microscopio para su estudio y análisis pormenorizado. "Mis tetas no son tan grandes" es un perfecto resumen del pensamiento occipital, por dos cuestiones que le dan un halo de misterio, que invitan a leer en los huecos de las oes, interpretar ese Silicon Valley que más que canalillo es el Canal de Pam-amá (un punto pellejudo, si puedo decirlo): el relativismo del tamaño y la ausencia de la segunda proposición de la comparación que le añade un qué-sé-yo críptico. Tan grandes como qué, porque todo es según y cómo: tan grandes como un hemisferio o tan grandes como el gancho de un perchero. Sin duda, unas tetas que hacen pensar, lo que las hace extraordinarias porque, normalmente es al revés: el hombre, cuando ve dos tetas, deja de pensar.

Entiendo que una mujer como ella viva aferrada a sus tetas, que son de otro tiempo, a una eterna juventud que ya ni es juventud ni es eterna, por más que el bisturí se afane en estirar la piel como si alargara la adolescencia. Al final, ella se lo debe todo a ese par de tetas bien planificadas, diseñadas trigonométricamente por un ingeniero del seno o del coseno, no tan grandes como dos neumáticos de tráctor aunque sí más que dos globos llenos de agua, y su carrera, así de injusta es la profesión de rubia platino natural, está tocando a su fin. Tiene que ser muy duro.

El otro día, paseando con mi señora por el pueblo, vimos a unos treintañeros disfrazados de malotes neoyorquinos, tirándose con el monopatín por unas escaleras y filmándolo todo con una cámara de vídeo para colgar sus mejores hostias de la Red. Un Peter Pan, el mal más extendido entre los de mi generación. Muchos de ellos a pesar de que tienen edad para andar pensando en montar su vida, prefieren seguir montando en patinete en plan frikie.

Dicen que el estado del bienestar (una circunlocución horrenda para capitalismo) alarga la niñez, pero eso no es cierto. Los niños de hoy abandonan de forma vertiginosa la seguridad de la infancia con el anhelo de empezar a experimentar sensaciones adultas. Esto es el primer error. Después, muchos se quedan enganchados a la más adictiva de las drogas: la juventud, que en una vida de 80 años, hoy ocupa desde los 12 a los 40... Y aumentando.

Que Pam quiera parecer eternamente joven, lo entiendo. Que un tío de treinta años siga montando en patinete (o jugando a las guerritas), no lo entiendo. Llega un momento en la vida en que uno siente la necesidad de quitar los pósters de Pamela Anderson de la habitación. Pero, en fin... Oye... Allá cada cual con su Peter Pam.

X. Bea-Murguía (aún en el seno materno).

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14 Comments:

Anonymous La Discípula said...

Buenos días!

Hoy es viernes y comentar sobre las tetas de Pamela puede ser un buen comienzo para el fin de semana...
El otro día fui a la fiesta de un amigo de esos de juventud "divino tesoro". Fue la cosa más divertida del mundo y nos hizo a todos rejuvenecer de golpe, y sin bisturí, 18 años. Todo un placer, de verdad. Muy muy divertido, sin duda alguna. Para mi sorpresa, ni todos nos vimos tan viejos, ni tampoco nos pareció que hubiese pasado tanto tiempo. Ahí estábamos, copa en mano, repitiendo sin cesar "¡Tú! ¡tú! ¿tu eres...? Joder, cuánto tiempo!!!!!!!"
Después de la fiesta, y en ese amago de revival que manejábamos, nos acercamos a Pachá. Error. ERROR Y GRAVE. Nos sentíamos 18 años más jovenes (me temo que no nos acoradamos del anuncio de Coca-cola, ese que te recuerda que una noche de juerga ahora supone tres días de recuperación, casi de UVI) hasta que mi amiga Natalia y yo entramos en el cuarto de baño.
El baño de Pachá es el cementerio para las treintañeras. A las 6:00 de la mañana te miras el jeto en el espejo... la luz blanca, terrible; resalta esos surcos de la frente, de la comisura de los labios, la arruga de "la mala leche" -esa que sale en el entrecejo fruto de los cabreos que la responsabilidad de hacerse mayor ha sacado a la luz-. Después, miras a tu alrededor... cincuenta niñas que no llegan a los veinte; estupendas, monísimas, de cara fina y cuerpo más... Sólo mi antebrazo es más grueso que el tronco de cualquiera de ellas. Con unas minifaldas estupendas y unas piernas duras y bien torneadas...
Al baño de Pachá habría que entrar con los ojos vendados a partir de cierta edad...
Salimos del baño y la decisión fue unánime: directas al parking. Nuestro "lifting de 18 años" había desaparecido en el reflejo del espejo.
Y es que es cierto, la vida tiene sus etapas, y si no las superas, es que te has quedado obsoleto. No se puede seguir subido al monopatín eternamente. Auqnue darse un paseo de vez en cuando sobre las cuatro ruedas de la juventud, no mata a nadie.
La huída de Pachá fue una vuelta a la realidad, un forward de 18 años de golpe otra vez (la sensación de retroceder en el tiempo mola más...) Natalia y yo teníamos otra opción, mantener ese espíritu de jovencita que ninguno queremos perder y quedarnos bailando entre las ideales del lugar y procurar que el foco de la pista no desvelara lo que había visto el espejo... pero de ahí a llevar una minifalda por debajo de las bragas y enseñar lo que ya no es tan enseñable, hay un paso, y largo. Eso en España sólo lo hace una y a la perfección, nuestra Anita, la Obregón. Pero claro, es que ella tiene un boys veinteañero en la cama y verguenza, le queda poca. Así cualquiera...

01 junio, 2007 12:20  
Anonymous Javier said...

Creo que comprendo lo que dices... Es la diferencia entre quedarse anclado y hacer flashback, que es muy distinto. A mí lo de hacer flashback también me da un poco de alergia, porque desvirtúa los buenos recuerdos... Vamos, lo que os pasó a vosotras.

De todas formas, por la descripción que haces de los cuartos de baño, igual debería ir a Pachá algún día por primera vez en mi vida.

Javier

01 junio, 2007 12:26  
Anonymous Anónimo said...

Comprendo que sea duro cumplir treinta y tantos, pero yo que soy un ancianito de 80 me encuentro estupendo y me gustaria ir una noche con esas niñas a mirarme en el espejo de PACHA:

01 junio, 2007 13:15  
Anonymous la discípula said...

Cuando queráis organizamos un revival de pachá... pero yo voy meada de casa, que al baño no entro.

De todos modos, ancianito anónimo, lamento decirte que a las de dieciocho sólo las puedes mirar... les gustan los guays de veintitantos... de 20 a 25, se fijan en los trintañeros... A partir de los veinticinco, tiramos a mantar por un inexperto de 20...
Claro, que sólo con el talonario de la obregón o unas buenas tetas sin ley de la gravedad se tiene éxito en la caza del piolín manejable y amoldable.

Aprovecho para dar las gracias a Ramón por su fiesta rejuvenedora, que nos ha ahorrado unos cuantos euritos de botox, quirófano y para los todavía crédulos, consumidores de baba de caracol.

01 junio, 2007 14:39  
Anonymous Ridley Scrott said...

Brutal, de lo mejor que has escrito.

01 junio, 2007 17:22  
Anonymous Anónimo said...

Tomalo como una válvula de escape, no como un patético intento de aferrarse al último tren de la adolescencia.
¡ Madre mía ! si yo pudiera sacar unas horas para volver a montar en monopatín, o para jugar a las guerritas o para lo que fuera, aunque fuera solo un partidillo de frontenis....
Pero no, compañero, ahora la actividad de máximo riesgo que realizo es acercarme al Ikea un sabado por la mañana e intentar pasar la resaquilla de las cuatro o cinco cervezas el domingo en casa mientras coloco el sifón del fregadero.
El resto de la semana curro una media de 12 horas.
Me importa tres cojones parecer el puto Peter Pan, me gustaría volver a tener algo de ocio veinteañero, decidido, mañana mismo me compro una maqueta de un tanque, cojo pista para el frontón y si lees esto, escribeme un correillo, que organizamos una tarde de cervezazas por ahí, aunque solo sea para comprobar que el anuncio de coca cola está testado cientificamente.
Un abrazo.

Gunter Prien.

01 junio, 2007 19:13  
Anonymous Javier said...

Bueno, es que una cosa es montar en un monopatín de vez en cuando y otra, muy distinta, centrar tu vida en eso de los taytantos en adelante.

Yo juego al jurgol los domingos. Esto no es Peter Pan, son ilusiones que se hace uno.

Lo de las cervezas, está hecho... ¿No te piras al extranjero en junio? Porque, por mí, el día que tú quieras, donde tú quieras.

Un abrazo

Javier

Gracias, Ridley Scrot

Francis Ford Copula

01 junio, 2007 22:12  
Anonymous Anónimo said...

Queda entonces acordado, este mes unas cervecitas.
He cambiado de puesto en la empresa ( hacia arriba, menos mal...) y ahora cambio Dubai por Getxo y Tesalonica por Castelbisbal.... asique espero poder empezar a atender mejor a mis amigos ( y a mi mujercita....)

Gunter Prien.

02 junio, 2007 08:16  
Anonymous Anónimo said...

No nos desviemos del asunto.
Las tetas de Pamela Anderson son grandes, es cierto, pero, obviamente, podían serlo más.¿Cuánto? Había un libro de poemas de los ochenta llamado "Teoría del límite". Pues discutamos.
Fdo. Remigio Suribis, asesor, ahora en paro, de los que contratan a José María Aznar como asesor.

02 junio, 2007 08:56  
Anonymous Javier said...

Pues, podrían serlo mucho más, por supuesto, pero me temo que con el peso, la edad y las teorías de Newton, el límite está en el frío suelo de baldosas y en cuanto a la forma, el tamaño y la textura, apuesto por dos odres de vino a medio llenar.

Javier

02 junio, 2007 10:25  
Blogger faserem said...

Pues mi flash back de ayer me hizo retroceder... TREINTA AÑOS, incluso ALGUNO MÁS. Ocurrió mientras veía el musical "Mamma mía". Y ni nostalgia ni nada. Peor... a moco tendido con las lágrimas goteando por la nariz.
Debe ser que está en el ambiente. Retrocedí al mayo francés, a las flores en el pelo, a morir de amor, a "se prohibe prohibir", a la pegatina de "Hair" que llevaba pegada en el salpicadero de mi maravilloso 600(¡quien lo pillara!), con su matrícula cármica: M-777.981, la única que he sabido en mi vida...

¡Qué guapos éramos entonces! Y qué delgados. ¿Y vosotros os sentís viejos con treinta? Mi generación empezó a vivir entonces. Por fin nos pudimos poner bikini, y vive Dios que eran minúsculos, y llevábamos mini-falda 0 mini-short con botas con plataforma que nos subían por encima de las rodillas. Y mini-pool que nos dejaban los riñones al aire. Completábamos el "look" con un maxi-abrigo a juego. Que digan lo que quieran pero estábamos monísimas.
Y se acabó el negro, el gris, el azul marino. Se lo regalamos a Franco y nos vestimos de colorines, ácidos y chillones.
Empezamos a viajar y nos emancipamos de la familia. Y entonces cobraron sentido los versos de D. Antonio Machado: "Con mi dinero pago el pan que me alimenta y el lecho en donde yago". Porque, manda castañas, si hasta nos echaban de casa si queríamos trabajar. Nuestra formación era de "adorno", para hacer un buen papel al lado de un marido importante, que tuviera muchos tractores y un título universitario, normalmente abogado, para lucir en un despacho que nunca se utilizaba.
¡Ay, cuánto me enrollo! Cuando, al fin, murió Franco fuimos de verdad jóvenes. Y lo disfrutamos a lo loco. Con treinta tacos, más que menos. No entiendo, querida Discípula, cómo os sentís viejos.
Quizás porque desde los trece hicísteis vida de mayores. Y así, a los treinta, pues eso, ancianitos totales.
Lá única ventaja de ser viejito de verdad es que se sufre menos.
Porque ser joven, joven de verdad, duele, y mucho. Todavía me acuerdo.

03 junio, 2007 02:39  
Anonymous Anónimo said...

Es que ser humanos, en el fondo, es una putada. Estamos mal diseñados, ¡si es que somos viejos la mayor parte de nuestra vida!

Aunque creo que de los aquí presentes soy el más jovenzano.

Íbero

04 junio, 2007 17:23  
Anonymous Anónimo said...

A mí lo de meterse con Pamela Anderson no me hace ni puta gracia.

Es uno de mis seres humanos favoritos.

Gaitero

04 junio, 2007 19:48  
Anonymous Javier said...

Punto uno: yo soy un chavalín
Punto dos: (para Gaitero) jajajajaajajajajajajajaajajajajajaj

Javier

04 junio, 2007 20:26  

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