viernes, febrero 08, 2008

YES WE CAN (punto pelota)

Queridos amigos,

tuve la suerte, no hace mucho, de compartir cocido madrileño-pantagruélico en Viridiana con Fernando Savater, cuya lucidez y valentía están fuera de toda duda. En cualquier caso, salí del restaurante mucho más listo de lo que entré, además de más gordo.

Nos contó Savater que, en una ocasión, Keynes... Creo que dijo Keynes, pero para este caso, lo mismo da que fuera Solbes... dio una lección magistral de humilde soberbia. Tras una conferencia, uno de los asistentes le objetó que no hacía ni un año, en otra conferencia del maestro, había defendido justo la posición contraria.

-- Eso fue hace un año -contestó Keynes-. Después he reflexionado y me he dado cuenta de que estaba equivocado. ¿Usted qué hace cuando se da cuenta de que se ha equivocado?

Esto viene a que no hace dos días que yo dije en público que no creía en las posibilidades de Obama; que un negro en la Casablanca más que un cambio es un oxímoron y que, aunque yo no comparto la retorcida idea que de Estados Unidos tenemos en España, los negros sólo son presidentes de USA en las películas malas.



Hoy, después de ver este vídeo en el blog de Arcadi Espada, quiero nacionalizarme de Wisconsin o de Frenchmans Bend para poder votar por Obama. Tengo motivos para creer que este hombre puede ser presidente de Estados Unidos (y para comprarme el disco de Obama... ¡Qué buen rollo me ha entrado para el fin de semana!).

En fin... Comparen.



Feliz fin de semana a todos.

X. Bea-Wisconsin (yes we can).

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martes, octubre 30, 2007

Del tamaño de un garbanzo

Queridos amigos,

permítanme que me ponga de pie para hablar del cocido de Abraham García.

De pie. Suene el himno (el de Riego, claro, que estamos hablando de Viridiana). Callen las autoridades. ¡Callen, coño! ¡Qué sopa! ¡Qué garbanzos, Dios Mío! ¡Una república de sabor!

No era un cocido, sino un bautismo que imprime carácter; una celebración por todos los bajos; una mezcla entre la más deliciosa indecisión, que me tuvo sin saber por dónde empezar como un niño ante una cesta de gominolas, y el espíritu de contradicción: lo más rico, los garbanzos; no, el tuétano; no, el chorizo; no, la morcilla; no, los garbanzos; no, las manos; no, el tuétano; no, el chorizo; no, los garbanzos; no... Si la felicidad es la víspera, cada cucharada era la víspera de la siguiente cucharada. ¡No se acaben nunca ese cocido si no quieren esquilmar la dicha!

Un cocido así, anula por completo la importancia de la compañía. Ni Pepiño Blanco habría conseguido que dejara de disfrutar por un instante; ni José Luis Carod; ni el mismo Juan José Ibarretxe. La compañía fue secundaria. Como saben los que mejor me conocen, tengo algo de Galdós: ante la felicidad que promete una montaña de garbanzos, les dejo a ustedes que se atiborren de caviar, esa otra montaña pero de garbanzos negros; me ciego, como otros ante el chocolate, dejo de tener amigos, me vuelvo huraño, me los como a cucharón, a dos carrillos, empuñando el cuchillo en la izquierda por si fuera necesario defender mi montaña, mi puesto avanzado, como un perro que tasca un hueso mostrando amenazador los caninos. Los garbanzos de Abraham tienen, además, la propiedad de que activan la desmemoria, te aislan de cualquier cosa que suceda fuera de tus dientes y restan importancia a los temas más profundos y a las reflexiones más sesudas.

¿Con quién comí ayer cocido en Viridiana? A ver. Esperen que haga memoria.

Pues no me acuerdo ahora mismo, pero ¡qué garbanzos, Dios mío! ¡Qué tuétano! ¡Cuánto sabor agazapado en el hueco de una o!

¡Ah, sí! Si con esfuerzo y sacrificio aparto el recuerdo del sabor de los garbanzos, fresco aún como está en mi memoria sin dientes, me doy cuenta de que comí con Fernando Savater y con David Torres. Es cierto, comí con ellos... ¿O eran Charlot y Groucho? No, no. Eran Torres y Savater. Casi seguro. ¿Que de qué hablamos? ¡Qué más da! Disertamos sobre lo bueno que está el cocido de Abraham e intercambiamos anécdotas de Homer Simpson. ¿De qué podíamos hablar que fuera más importante ante la solemnidad de aquellos garbanzos? ¿Qué conclusión podría siquiera llegarle al tupé a este caviar dorado?

Ninguna: no hay verdad ni causa que supere el tamaño de un garbanzo.

X. Bea-Fuentesaúco (ya se pueden sentar).

Los lunes, en Viridiana.

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