martes, mayo 22, 2007

Viaje con Iberia, viaje.. Trip, trip...

Queridos amigos:

¡qué tarde es hoy también! Ustedes me van a perdonar, pero mi vida ha cambiado un poco en las últimas semanas y ayer, solo ante la TV, con mis criaturas durmiendo desde bien prontito, me enganché a ver una película que no recordaba haber visto (aunque sí), con Gene Hackman y Will Smith, que versa sobre el interesante binomio seguridad-libertad... La libertad sin seguridad es muchísimo más sabrosa. "Enemigo público" se llama. No es que sea una maravilla, pero es, como digo, interesante ver cómo los americanos, de nuevo, se nos adelantan, en esta ocasión, Esperanzadoramente (¿les he dicho ya que voy a votar a Esperanza? Sí, sí).

Como decíamos ayer...

Zaragoza, desde el aire, está precioso, que todo hay que decirlo, y el Ebro me lleva agua para un par de riadas más. Este es un debate fangoso en el que NO me pienso mojar. Ante la falta de explicaciones de Iberia (nor in Inglis or Espanis), toda laya de posibilidades "Y-si" se pasean por el cerebro de uno... ¿Y si algún tipo de fallo mecánico nos obliga a un aterrizaje forzoso? Porque el tiempo no podía ser, el tiempo era sólo una excusa, algo dicho para mantener en calma al pasaje. ¿Y si el tiempo es perfecto pero el avión ha sido secuestrado por unos murcianos que reivindican el transvase del Ebro? ¡Coño! Sí que lleva agua el río... Y qué bajito volamos... ¿Y si se trata de un atentado, como el del 11-S pero contra la basílica del Pilar? ¿Y si el piloto es murciano y le ha dado un ataque maniaco-depresivo? ¿Y si le ha dejado su mujer, que, por cierto, se llama Pilar, por un maño? Y-si... Y-si... ¿Y si nos tienen aquí retenidos hasta las tantas? ¿Y si nos tenemos que quedar a dormir en Zaragoza? Son tantas las cosas que no te cuentan, que no dejas de hacerte preguntas Y-si... Y-si jet, desde luego, no trata así de mal a sus clientes.

Sin embargo, aterrizamos sin problema en Zaragoza a las ocho de la tarde, más o menos. El aeropuerto estaba despejado, quiero decir que no había espuma en la pista y que el tren de aterrizaje se desplegó sin mayor contratiempo (descartamos fallo mecánico) y, también, que la azotea del edificio de la terminal no parecía estar tomada por los GEOS (descartamos secuestro murciano). Además, la azafata nos dijo por la megafonía, una vez que el avión se detuvo, que podíamos usar nuestros teléfonos móviles ("yu can yus yor founs")... Muy listos. Ya nos encargamos nosotros de informar a nuestros impacientes familiares y de sosegar, así, a nuestra costa, cualquier posible motín en Barajas.

Allí, paraditos... Sin saber ná... Hasta las once de la noche... Que digo yo que nos podían haber desembarcado, para poder estirar las piernas... O para cenar, ya que ellos no nos dieron de cenar... No nos dieron nada de nada... Bueno, no, miento. Nos dieron un vaso de agua y nosotros, que estábamos en la fila 17 A, B y C tuvimos mucha suerte: a los de la 17 D, E y F les dijeron que si les importaba compartir el vaso, que no tenían suficientes... ¡LO JURO! (¡Ai suer!).

Le dijimos a la azafata que el niño tenía hambre y que si le podía traer un bocadillo y nos dijo, con todo su aplomo, que NO TENÍAN NADA... ¿Cómo es posible? Bueno, perdón, vuelvo a mentir, nos dijo que no tenían nada, pero le trajeron un par de bolsas de cacahuetes... ¡Un banquete! Además, miente, porque a las cinco de la tarde pasaron un carrito lleno de viandas de pago... ¿Lo vendieron todo? A lo mejor sí, pero yo me preguntaba, en ese momento, ¿es posible que Iberia no tenga personal de tierra en el aeropuerto de Zaragoza? ¿No pueden traernos algo de cenar para un niño de seis años desde la terminal?

No quiero aburrirles. La tormenta no es culpa de Iberia, por supuesto, pero sí lo es que mi familia y yo entráramos en el avión a las 14.30 horas en Estocolmo y saliéramos, sin cenar, sin explicación, sin nada de nada 9 horas más tarde, con las piernecitas arrugaícas, al borde del trombo, y la revista Ronda Iberia incrustada en el cerebelo.

Y como ya he reclamado y, como las veces anteriores, no me van a hacer ni caso, les pido que de vez en cuando manden un email a

relacionesclientes@iberia.com

con la dirección del blog pegada.

Sólo por joder.

Ya dejo el tema.

Que huele ya.

X. Bea-Murguía (lo mejor es que el teléfono de Iberia de atención al cliente, para las reclamaciones y cagarrutas en las santas madres respectivas que de nada tienen culpa las pobres es el 91-581-67-90... Llamen, llamen... Es de coña)

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lunes, mayo 21, 2007

Viaje con Iberia (take a trippy with Aibiria)

Queridos amigos:

hoy es tardísimo y tengo poco tiempo. Hagan como Iberia: échenle la culpa al clima.

Lo malo no es que llueva. Eso puede pasarle a cualquier compañía aérea y, al parecer, no es que estuviera lloviendo ayer por la tarde cuando nos aproximábamos a Madrid, es que estaba cayendo la de Dios es Cristo. Esto, por supuesto, no es culpa de Iberia. El resto, sí.

Debería haber empezado como las malas novelas: "Eran las siete de la tarde y, sin embargo, llovía". El avión se puso a dar vueltas y más vueltas por una zona que, seguramente, era la Alcarria (se veía la central de Zorita) pero nadie explicaba nada. Dos minutos antes, una de las azafatas había dicho por el micrófono: "Señores y señoras. Son las siete de la tarde, hora local, en breves minutos aterrizaremos en Madrid, donde la temperatura es de 23 grados centígrados y el tiempo es despejado". Lo dijo y estoy tan seguro de que fue así porque después lo repitió en inglés... Bueno... En inglés nativo de Calahorra (con todos mis respetos a los calagurritanos), que los suecos del avión se partían el culo, normal, porque para ser azafata de vuelos internacionales hay que saber más inglés que coffee or tea...

Así que el avión se puso a dar vueltas y más vueltas y los "breves minutos" que empezaron a convertirse en largos segundos y que no aterrizábamos. Por la ventanilla se paseaba interminablemente el mismo paisaje, incluidos los dominios del Duque de Uceda y Marqués de Pinar del Río, como si fuera una lona con un mecanismo sin fin hasta que una breve media hora larga más tarde, y sin que haya mediado media explicación, el avión pareció iniciar la maniobra de aterrizaje.

Era un engaño, una maniobra evasiva:

"Señores y señoras, por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza. En cuanto tengamos más información, se la comunicaremos. Gracias por su comprensión y su cooperación". Y luego: "Laidis an yentelmen, bai meteoroloyical motifs we jaf tu land in Zaragoza (¡qué bien dijo Zaragoza en inglés!). We don't jaf mor informeison. Zenk yu for yur copereison and comprension".

Los suecos flipaban. Normal que flipen. Pero la noche había hecho sino comenzar. Que te digan en una especie de inglés zulú que en Madrid está despejado y que, a la media hora, te salgan con que por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza es mosqueante.

Pero, insisto, que en Madrid esté cayendo la tormenta del siglo no es culpa de Iberia. Eso no.

No tengo más tiempo. Mañana sigo.
I haven mor taim. Tumorrou ai follou.

X. Bea-Murguía (Exdotbiamurguaia).

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miércoles, octubre 11, 2006

El snack de las doce


Queridos amigos:

si hacen ustedes una pequeña reflexión autocrítica, estoy convencido de que acordarán conmigo que nos queda aún en la conciencia colectiva un leve poso del ramalazo papanatas patrio de antaño, ese que ha conformado tradicionalmente buena parte de la leyenda negra hispánica y que nos empuja a pensar que lo que viene de fuera de España siempre es mejor. Por supuesto, esto lo digo por aquellos de ustedes que se sientan españoles, estoy muy dispuesto a aceptar e, incluso, a respetar que los que entre ustedes se sientan navateos, romanos, austro-húngaros o altamiranos tengan, al dictado de su propio hecho diferencial, en este punto concreto, otro concepto de nación. Pero, tradicionalmente, los españoles somos un poco papanatas.

Un ejemplo claro de esta característica nacional es la compañía aérea española de bandera: Iberia. Como la tenemos cerquita, que es como de casa, doméstica, muy de aquí y un poco nuestra, nos envalentonamos a la hora de criticarla, sin acabar de tener una visión globalizada de su verdadera dimensión y eso, en ocasiones no muy justamente, nos hace cagarnos en la madre que en malhora la parió y nos da por compararla con la KLM, Air France, El Al, Thai, British Airways, Alitalia, Tapair y Air Hostium para llegar a la conclusión, irremediable, de que la nuestra, quizá por eso, porque es nuestra, es una mierda. Pues no, amigos y amigas. Esto es profundamente injusto.

Tengo que romper una lanza en favor de Iberia que, ayer mismo, sin ir más lejos, me dio una nueva prueba de lo que es. Iberia es una compañía moderna que aprovecha sinergias. Iberia es una compañía llena de ejecutivos modernos, ataviados con gafas de pasta y corbatas llamativas de nudo gordo, que se pasan el día comiendo lápices, garabateando ideas geniales en post-it para ahorrar costes y aprovechar sinergias. Los ejecutivos de Iberia son tan conscientes de que Iberia es una compañía moderna que aprovecha sinergias que jamás vuelan con Iberia, precisamente porque saben de sobra que cuando una compañía moderna como Iberia se pone a aprovechar sinergias, a las personas les dan mucho por el culo y al noventa por ciento de los ejecutivos de Iberia, por muy modernos que sean, les da mucho por el culo que les den por el culo. Del otro 10%, no digo nada.

Les voy a poner un ejemplo de cómo Iberia aprovecha sinergias: imaginen por un momento, que tienen ustedes que ir a Bilbao (¡nada menos!) y que tienen que estar allí, digamos, a las 14.00 horas porque son ustedes los organizadores de una comida-cata de puros, con una serie de invitados en un restaurante de pm (Zortziko) con los que se ha citado a esa misma hora y no a otra. Van ustedes una semana antes y cogen un par de billetes (para usted y para su experto en cigarros, Ángel García Muñoz) para el vuelo IB426 Madrid-Bilbao, que sale de la T4 a las 12.30 horas. Se gastan ustedes sus pesetillas y confían en que llegaran puntuales, por aquello de quedar bien con sus invitados y porque es su trabajo, aunque pueden llegar a comprender y hasta a tolerar un cierto retraso. A cualquiera le puede pasar eso. A Iberia, también.

Entonces llega un ejecutivo moderno que está aprovechando sinergias y dice: como el vuelo de Madrid a Bilbao que sale a las 14.00 horas está prácticamente vacío, lo anulamos, retrasamos el de las 12.30 horas una hora y media, que es barato, porque sólo hay que pagar indemnización a los pasajeros en caso de un retraso de más de dos horas y, por ende, el nivel general de los pasajeros es de retraso mental y desconocimiento absoluto de sus derechos, y, de esta manera, aprovechamos sinergias. Eso sí, el pasajero no puede enterarse de la jugada hasta que no le quede margen de maniobra, hasta que no tenga más remedio que esperar y, como mucho, ser sarcástico con el personal de tierra que para eso está, para aguantar sarcasmos.

-- "Si ya sé que usted no tiene la culpa, pero yo me tengo que cagar en la puta madre de alguien".

Y alguien, en esa misma reunión, por darle al asunto del aprovechamiento de sinergias una dimensión humana, dice:

-- "La idea me parece muy buena, pero ¿y si alguno de los pasajeros tiene necesidad de llegar a Bilbao a las 14.00 horas?".
-- "A los pasajeros", dice el ejecutivo que dirige el aprovechamiento de sinergias calculadora en mano como Dios el Requiem de Brahms, "que les den un snack de consolación". Que es lo que te dice el cara de huevo, en adelante Martínez, del mostrador de Iberia de la T4.

-- "A las 12,00 horas les damos un snack", me dice el muy hijo de puta. Ayer estaba tan cabreado que casi cojo el snack que me ofrecía Cara de Huevo Martínez y se lo meto por el culo. Y yo me pregunto: ¿qué cojones es un snack? Un snack es un tentempié que ofrece Iberia a sus pasajeros al que no hace falta acudir con el culo apretado, ni es imprescindible taponar el recto con un corcho, porque ya has sido debidamente sodomizado sin remedio. Un snack es la piruleta que, después de la violación, regala el pederasta a su víctima. Eso es un snack.

Y es que Iberia tiene un programa moderno de formación de personal que es la envidia y el anhelo de todas las compañías aéreas del mundo, con asignaturas esenciales para dar una dimensión humana a sus empleados, como "Teoría de la cara de tonto", "Indolencia e indiferencia corporativa ante un problema personal del pasaje", "Introducción al método "Este rollo no va conmigo" y "Gimnasia del encogimiento de hombros I y II". Gran parte del éxito de sus programas de formación de personal se basa en la fiereza sinérgica de sus instructores:

-- "¡Martínez! ¡Ponga usted más cara de tonto! ¿Cómo quiere usted que el pasajero se coma el snack de las 12.00 horas cagándose en su puta madre con esa cara de huevo que usted tiene? Si da risa... ¡Pero, hombre, Martínez! ¡Cambie usted de vocación! Lo suyo no es la atención al cliente, se lo digo yo que llevo años arrastrando los testículos por estas aulas. ¡Esos hombros! ¡Más altos! ¡Esa decisión indecisa! ¡Ese rictus elegante y despectivo poniendo el libro de reclamaciones ante el cliente no llega a ser corporativo!".

Se lo digo yo que, aunque ustedes vayan a hacer la reclamación pertinente en el mostrador de Iberia con ánimo calmado, firme pero educado, Cara de Huevo Martínez va a conseguir sacar lo peor de ustedes, porque es de una indolencia irritante, porque no te plantea más solución al problema que te ha generado el aprovechamiento de sinergias de la compañía que darte un puto snack a las 12.00 horas.

Dicen que Dios es onmipresente, pero apuesto a que ayer al snack de las 12.00 horas no fue ni Dios. Yo, desde luego, no fui. Así que, ya saben, viajen ustedes con Iberia, no me sean papanatas, que siempre podrán comerse el snack de las 12.00 horas en un espacio-tiempo sin Dios.

X.Bea-Murguía (a nueve días de irme a Dominicana, pero no con Iberia).

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