jueves, mayo 24, 2007

Descalzo por Estocolmo con mi cuñao


Queridos amigos:

si van a Estocolmo, háganme caso, lleven calcetines nuevos. Nada de tomates a lo Paul Wolfowitz que les pueden sacar los colores. Los suecos tienen por costumbre descalzarse al llegar a una casa, propia o ajena. Dejan los zapatos en la puerta, bajo el perchero, con toda la normalidad del mundo, como si lo llevaran haciendo siglos (probablemente eso es lo que pasa) y entran sin hacer ruido.

Ahora entiendo que los extranjeros se descalcen por todas partes. En España, no tenemos esta costumbre, que podría no ser bien recibida, además, en según qué casa, pero, por supuesto, hay tantas maneras como países y yo no pretendo decir que lo nuestro es mejor. Ni mucho menos. Digo que es distinto y que estas cosas a mí me llaman la atención. En Estocolmo he asumido que estoy en casa ajena y me he comportado como si fuera sueco de toda la vida, como un Alfredo Landa enamorado de las suecas, y mis zapatos se han desprendido del pie con la facilidad de los zuecos, lo que, por cierto, como trataré de contar, casi me cuesta un buen resfriado. En Estocolmo, en definitiva, he desayunado Kaviar y me he hecho el sueco.

Aunque en Suecia en las bodas no se reparten puros, le dije a Peter, el novio, y él se mostró completamente de acuerdo, que toda buena costumbre tuvo una primera vez. Así que llevé una caja de puros, muy ricos, muy sanos, para la boda. Me tocó, encantado, asumir otra costumbre sueca: la de los discursos en las bodas. Fui invitado por el hermano del novio, Thomas, a hablar de los puros o a decir lo que quisiera, así que me puse de pie (aún no estaba descalzo, que conste, que las costumbres suecas se asumen pero de una en una) y solté mi discurso, en inglés, breve e improvisado, dedicado a Peter y a Charlotta, y que provocó en los invitados la habitual reacción de lluvia de ropa interior femenina. Es mi natural charm. Cuando me senté en mi sitio, como mi hijo Rodrigo había visto que la gente se había reído con mi discurso, vino y me soltó un...

-- Papá, ¿ya has estado diciendo tonterías?
-- Sí, hijo, ya sabes.

Entre las tonterías que improvisé (nada de valor ni técnico sobre puros, no se vayan a pensar que me hice el listo... De eso nada), les dije que había traído aquellos puros, pero que eran muy malos para la salud, que no se los recomendaba. Esto hizo mucha gracia, porque, claro, en ese momento yo no caí en lo malo para la salud que, verdaderamente, puede llegar a ser fumar un puro en una boda sueca por la noche... en la calle.

Los suecos son, por lo menos los que yo he conocido, gente tan absolutamente amable y cordial como lo fue Sofía, la encantadora editora y modelo que me sentaron al lado en la boda (desde aquí siento su envidia y no me extraña: es para tenerla) que me tradujo los discursos y las canciones. Lo digo porque no hubo un solo fumador de puros que, en la solidaridad del frío nocturno, obviara acercarse a mí y decirme: "Buen discurso. Buen puro".

Entre los que se acercaron a alabar el puro, Jonas, un sueco enamorado de Cuba y de los habanos que estaba sentado en mi mesa. Esto ya se lo contaré, porque no es una casualidad.

La fiesta terminó a la una de la madrugada y tanto mi cuñado Diego como yo estabamos más por seguirla que por irnos a la cama, como era intención de nuestras mujeres (la mía se había marchado a la cama hacía un par de horas), así que, aunque estábamos dispuestos a conocer Estocolmo de noche por nuestra cuenta si fuera necesario, pedimos voluntarios para seguir la juerga.

Sería un poco largo explicarlo y no aportaría mucho a la historia: fuimos invitados a casa de Jonas a seguir la fiesta. Encantados. Llevamos a la suegra de Peter, a mi cuñada Wenneke y los regalos a casa, donde todo llegó intacto... jeje... Bueno... Todo, todo, no. Cogimos un taxi, que conducía un argentino, y nos plantamos en casa de Jonas.

Al entrar, nos descalzamos. Yo tenía un tomate en el calcetín, pero en la planta del pie, donde no se ve (menos mal). Eran más de las dos de la mañana. Estaba empezando a clarear la noche. Amanecería en poco más de una hora. Jonas nos ofreció un manhattan.

-- ¿Qué es un manhattan?- además de una isla, claro.
-- Un whisky con Martini Rosso y angostura... Está muy bueno. ¿Quieres probarlo?
-- Vale -le dije y me acordé del martini seco de Buñuel-. Pero pónmelo sin angostura y sin Martini Rosso- y, luego, ante la cara de asombro de Jonas y las risas de los demás, añadí-. Es una broma- y traté de explicarlo, pero fue inútil: no sabían quién era Buñuel... Sólo conocían a Pedro Almorrana. Nadie es perfecto.

Aún más amable todavía, Jonas me honró con un Montecristo nº2 que casi me arranco y le doy un beso en la calva. Fui a encendérmelo, pero en Estocolmo, a las dos y media de la mañana, se fuma uno un Montecristo del dos en la terraza... Así... Descalcito... Con mi tomatito en la planta del pie... No estaba ni en mi casa ni en mi país y, por supuesto, acepté la amable invitación de Jonas y me salí a fumar con él, hasta que ya no pude aguantar la quemazón fría de las baldosas de la terraza en los pies (sobre todo en el circulito del tomate). Eran las tres y media de la mañana y ya era de día.

Yo tenía los pies helados y Diego, hipo, así que, después de un discurso contra Gaudí (con el que yo no me mostré de acuerdo) decidimos irnos. Dimos las gracias al anfitrión y Jesper y Cecilia se ofrecieron a llevarnos a casa. Además, Diego andaba agobiado porque su truco infalible contra el hipo no le había funcionado y, ya se sabe, eso da mal rollo.

-- Te parecerá raro -me dijo mientras se llenaba la boca de líquido, doblaba el tronco, como si quisiera tocarse los pies descalzos con la punta de la nariz, y tragaba - pero a mí se me pasa así.
-- Raro, no, lo que me parece es que podría llegar a ser peligroso para tu integridad que te entrara hipo según dónde estés... Pero, vamos, por lo demás, creo que deberías intentarlo con agua en vez de con un manhattan.

X. Bea-Stockholm (HIP... HIP... HIP...)

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martes, mayo 22, 2007

Viaje con Iberia, viaje.. Trip, trip...

Queridos amigos:

¡qué tarde es hoy también! Ustedes me van a perdonar, pero mi vida ha cambiado un poco en las últimas semanas y ayer, solo ante la TV, con mis criaturas durmiendo desde bien prontito, me enganché a ver una película que no recordaba haber visto (aunque sí), con Gene Hackman y Will Smith, que versa sobre el interesante binomio seguridad-libertad... La libertad sin seguridad es muchísimo más sabrosa. "Enemigo público" se llama. No es que sea una maravilla, pero es, como digo, interesante ver cómo los americanos, de nuevo, se nos adelantan, en esta ocasión, Esperanzadoramente (¿les he dicho ya que voy a votar a Esperanza? Sí, sí).

Como decíamos ayer...

Zaragoza, desde el aire, está precioso, que todo hay que decirlo, y el Ebro me lleva agua para un par de riadas más. Este es un debate fangoso en el que NO me pienso mojar. Ante la falta de explicaciones de Iberia (nor in Inglis or Espanis), toda laya de posibilidades "Y-si" se pasean por el cerebro de uno... ¿Y si algún tipo de fallo mecánico nos obliga a un aterrizaje forzoso? Porque el tiempo no podía ser, el tiempo era sólo una excusa, algo dicho para mantener en calma al pasaje. ¿Y si el tiempo es perfecto pero el avión ha sido secuestrado por unos murcianos que reivindican el transvase del Ebro? ¡Coño! Sí que lleva agua el río... Y qué bajito volamos... ¿Y si se trata de un atentado, como el del 11-S pero contra la basílica del Pilar? ¿Y si el piloto es murciano y le ha dado un ataque maniaco-depresivo? ¿Y si le ha dejado su mujer, que, por cierto, se llama Pilar, por un maño? Y-si... Y-si... ¿Y si nos tienen aquí retenidos hasta las tantas? ¿Y si nos tenemos que quedar a dormir en Zaragoza? Son tantas las cosas que no te cuentan, que no dejas de hacerte preguntas Y-si... Y-si jet, desde luego, no trata así de mal a sus clientes.

Sin embargo, aterrizamos sin problema en Zaragoza a las ocho de la tarde, más o menos. El aeropuerto estaba despejado, quiero decir que no había espuma en la pista y que el tren de aterrizaje se desplegó sin mayor contratiempo (descartamos fallo mecánico) y, también, que la azotea del edificio de la terminal no parecía estar tomada por los GEOS (descartamos secuestro murciano). Además, la azafata nos dijo por la megafonía, una vez que el avión se detuvo, que podíamos usar nuestros teléfonos móviles ("yu can yus yor founs")... Muy listos. Ya nos encargamos nosotros de informar a nuestros impacientes familiares y de sosegar, así, a nuestra costa, cualquier posible motín en Barajas.

Allí, paraditos... Sin saber ná... Hasta las once de la noche... Que digo yo que nos podían haber desembarcado, para poder estirar las piernas... O para cenar, ya que ellos no nos dieron de cenar... No nos dieron nada de nada... Bueno, no, miento. Nos dieron un vaso de agua y nosotros, que estábamos en la fila 17 A, B y C tuvimos mucha suerte: a los de la 17 D, E y F les dijeron que si les importaba compartir el vaso, que no tenían suficientes... ¡LO JURO! (¡Ai suer!).

Le dijimos a la azafata que el niño tenía hambre y que si le podía traer un bocadillo y nos dijo, con todo su aplomo, que NO TENÍAN NADA... ¿Cómo es posible? Bueno, perdón, vuelvo a mentir, nos dijo que no tenían nada, pero le trajeron un par de bolsas de cacahuetes... ¡Un banquete! Además, miente, porque a las cinco de la tarde pasaron un carrito lleno de viandas de pago... ¿Lo vendieron todo? A lo mejor sí, pero yo me preguntaba, en ese momento, ¿es posible que Iberia no tenga personal de tierra en el aeropuerto de Zaragoza? ¿No pueden traernos algo de cenar para un niño de seis años desde la terminal?

No quiero aburrirles. La tormenta no es culpa de Iberia, por supuesto, pero sí lo es que mi familia y yo entráramos en el avión a las 14.30 horas en Estocolmo y saliéramos, sin cenar, sin explicación, sin nada de nada 9 horas más tarde, con las piernecitas arrugaícas, al borde del trombo, y la revista Ronda Iberia incrustada en el cerebelo.

Y como ya he reclamado y, como las veces anteriores, no me van a hacer ni caso, les pido que de vez en cuando manden un email a

relacionesclientes@iberia.com

con la dirección del blog pegada.

Sólo por joder.

Ya dejo el tema.

Que huele ya.

X. Bea-Murguía (lo mejor es que el teléfono de Iberia de atención al cliente, para las reclamaciones y cagarrutas en las santas madres respectivas que de nada tienen culpa las pobres es el 91-581-67-90... Llamen, llamen... Es de coña)

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lunes, mayo 21, 2007

Viaje con Iberia (take a trippy with Aibiria)

Queridos amigos:

hoy es tardísimo y tengo poco tiempo. Hagan como Iberia: échenle la culpa al clima.

Lo malo no es que llueva. Eso puede pasarle a cualquier compañía aérea y, al parecer, no es que estuviera lloviendo ayer por la tarde cuando nos aproximábamos a Madrid, es que estaba cayendo la de Dios es Cristo. Esto, por supuesto, no es culpa de Iberia. El resto, sí.

Debería haber empezado como las malas novelas: "Eran las siete de la tarde y, sin embargo, llovía". El avión se puso a dar vueltas y más vueltas por una zona que, seguramente, era la Alcarria (se veía la central de Zorita) pero nadie explicaba nada. Dos minutos antes, una de las azafatas había dicho por el micrófono: "Señores y señoras. Son las siete de la tarde, hora local, en breves minutos aterrizaremos en Madrid, donde la temperatura es de 23 grados centígrados y el tiempo es despejado". Lo dijo y estoy tan seguro de que fue así porque después lo repitió en inglés... Bueno... En inglés nativo de Calahorra (con todos mis respetos a los calagurritanos), que los suecos del avión se partían el culo, normal, porque para ser azafata de vuelos internacionales hay que saber más inglés que coffee or tea...

Así que el avión se puso a dar vueltas y más vueltas y los "breves minutos" que empezaron a convertirse en largos segundos y que no aterrizábamos. Por la ventanilla se paseaba interminablemente el mismo paisaje, incluidos los dominios del Duque de Uceda y Marqués de Pinar del Río, como si fuera una lona con un mecanismo sin fin hasta que una breve media hora larga más tarde, y sin que haya mediado media explicación, el avión pareció iniciar la maniobra de aterrizaje.

Era un engaño, una maniobra evasiva:

"Señores y señoras, por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza. En cuanto tengamos más información, se la comunicaremos. Gracias por su comprensión y su cooperación". Y luego: "Laidis an yentelmen, bai meteoroloyical motifs we jaf tu land in Zaragoza (¡qué bien dijo Zaragoza en inglés!). We don't jaf mor informeison. Zenk yu for yur copereison and comprension".

Los suecos flipaban. Normal que flipen. Pero la noche había hecho sino comenzar. Que te digan en una especie de inglés zulú que en Madrid está despejado y que, a la media hora, te salgan con que por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza es mosqueante.

Pero, insisto, que en Madrid esté cayendo la tormenta del siglo no es culpa de Iberia. Eso no.

No tengo más tiempo. Mañana sigo.
I haven mor taim. Tumorrou ai follou.

X. Bea-Murguía (Exdotbiamurguaia).

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lunes, mayo 14, 2007

Ruah, pneuma, spiritus


Queridos amigos:

gracias a los que han puesto mensajes de apoyo, pero tampoco hacía falta. Me siento muy halagado (gracias Ángel), pero de verdad que una temporadita en el dique seco me viene bien. A la vecina de enfrente, por favor, que me diga cuál es su ventana y a qué hora se pone el camisón... Aunque, no sé por qué, me huelo que el que ha hecho el comentario es un vecino.

Dicho esto, esta semana va a ser muy corta, porque mañana es San Isidro y el jueves me voy, junto a mi pequeña familia al completo, a Estocolmo, ciudad que estoy deseando conocer porque, según me han dicho, está llenita de suecas. ¡La Meca del Landismo me espera! Ya les contaré... O tal vez no... Forse l'omertà assoluta.

Esta semana he aprendido algo curioso, sobre todo por las circunstancias, de la lectura de "Crónica de Dalkey", de Flann O'Brien (Nordica Libros). Ya sé que lo de las solapas es publicidad más o menos, pero cuando un libro viene con una recomendación de Anthony Burgess, que compara al autor con James Joyce, y te dice que el propio Joyce y su secretario, Samuel Becket, lo leían con entusiasmo, pues no hay que pensárselo mucho.

Joyce es, además, uno de los personajes de la novela, situada a mediados de los sesenta en un pueblo irlandés, Dalkey, cercano a Dublín. Y los listos de ustedes dirán ¿cómo puede aparecer Joyce si palmó en los años 40? ¡Coño, pues eso es lo bueno! También aparece San Agustín, Obispo de Hipona. Además, la parte en la que el protagonista se encuentra con Joyce es la más divertida. No se la voy a destripar, no se preocupen.

Lo que quería contar es que leer es bueno porque uno aprende, coño, aprende de verdad y, lo que es mejor, la lectura ayuda a sacar conclusiones propias, como la que me dispongo a desarrollar yo en estos mismos instantes, a pesar de que no tengo ni idea de teología.

En un momento de la novela, James Joyce se larga un breve discurso etimológico sobre ruah, pneuma y spiritus, tres palabras que vienen a significar lo mismo: soplo (pero no uno cualquiera). Cuenta, y es curioso, que el Espíritu Santo fue instituido en el Concilio de Nicea, en el año 325, donde también se le otorgó el rango divino a Jesús (antes era hijo de Dios, pero no Dios, algo así como Hércules, pero sin currárselo ni la mitad). Antes de este concilio, el cristianismo era monoteísta, Dios era uno, y no trinitario ni reparatodo, Dios es tres en uno, donde se nota la influencia de otras religiones que sí creen en las triadas (Amon, Mut y Jonsu), los triángulos divinos que son el signo de la perpetuidad de la vida.

De dos sale siempre un tercero. Dios es padre, Dios es hijo y Dios es Espíritu Santo, pero este último, y aquí viene lo curioso, lejos de ser un fantasma o una paloma (o pichón), como yo siempre había creído, no es otra cosa que el "Soplo Santo"... Ruah, en hebreo, el soplo con el que Dios insufló vida a Adán; pneuma, en griego, ese silbido que seguía a la muerte, que anunciaba que el alma dejaba el cuerpo (y que se ha quedado hoy día en pulmón, dentro de la nueva religión del siglo XXI que es el culto a la salud); spiritus, en latín, que si es sanctus, no es más que el soplo de Dios sobre la Virgen María... El soplo dador de vida.

Sí, amigos y amigas, ahora estoy dispuesto a exponer mi conclusión teológica. La doctrina nos ha engañado durante todos estos siglos en que hemos creído en la paloma, pero no, ni paloma, ni pichón, ni ángel, ni virtudes, ni potestades, ni principados, ni nada que se le parezca: Dios las deja embarazadas con el aliento. Ésta es la verdad.

Pero, esperen, que hay más...

Les he dicho que esta teoría teológica es curiosa "por las circunstancias", pero tiene una conclusión para los ateos... El hombre está dotado de ese espíritu dador de vida, de ese poder divino que lo convierte casi en un Dios en cierta manera. Estoy convencido porque el otro día, hace unas ocho semanas, estaba yo probando un nuevo colutorio y le dije a Beatriz:

-- Este colutorio es fantástico. Mira, mira que bien me huele el aliento.

¡¡¡¡ Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!!!!!!

X. Bea-Murguía (especialmente contento).

Ahora entiendo por qué en algunos países del Lejano Oriente van todos con mascarilla por la calle. No es por la gripe del pollo ni por la contaminación... ¡Es por el control de natalidad! ¿Cómo no lo había pensado antes?

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jueves, marzo 29, 2007

Mind your step (Cuidado con el escalón)




Queridos amigos:

Agudicen los sentidos. Nosotros, españoles; ellos, islandeses. ¿Puede alguien decirme la diferencia?

Yo sé una. El espíritu hispánico se resume en frases como "hacer de su capa un sayo", “ponerse el mundo por montera" y "salga el sol por Antequera". Nosotros tenemos una manera característica de sentir la vida que es, en la mayoría de las ocasiones, envidiada por las gentes del norte, mucho más disciplinadas, concienciadas y aburridas. Será cosa del clima. Los islandeses, por ejemplo, son tan disciplinados que, a pesar de que son grandes como castillos, caben todos en el área pequeña (menos Gudjohnsen, que como vive en España empieza a salirse del redil), encajados en una arquitectura imposible de fichas del Tetris.

HAY QUE JUGARLES POR LO BAJO, joder, ¡qué desesperación!

Debe de ser porque España ya no es España, sino un conglomerado de nacionalidades nacionales nacionalizadas, que estamos perdiendo ese espíritu. De pronto, lo mejor que tenemos lo tiramos al WC. Ahora queremos ser suecos y ser un modelo de ciudadanía, comprar en IKEA y apagar el contacto del motor cuando el semáforo está en rojo.

Suecia es un gran país lleno de suecos y de suecas que yo siempre he tenido muchas ganas de conocer (me refiero a Suecia no a las suecas, que últimamente me dan collejas en casa...) De hecho, satisfaré este deseo en mayo, fecha en la que me voy a dar una vuelta por Estocolmo, La Meca del Landismo, a comprobar si la leyenda es cierta. Estoy convencido de que me va a encantar. Voy a pasearme por allí con boina, refajo y traje de pana marrón, armado con una foto de Alfredo Landa para culminar la búsqueda del espíritu español hecho carne, como Diógenes buscaba al hombre. No digo más.

Suecia es un gran país, pero...

Las autoridades municipales madrileñas, no hace mucho, hablaron de importar el modelo sueco de lucha contra la prostitución, que consiste, básicamente, en acosar al putero, en hacerlo culpable de una transacción que consideran inmoral. Es algo tan retorcido que me sonroja pensarlo. Vender tu cuerpo es legal. Comprarlo, no. Una brillante idea derivada de uno de los principios feministas más estólidos: que la prostitución es un atentado contra la dignidad de la mujer.

Pero para que vean lo mucho que se parecen las feministas y los neocatecumenales, la iniciativa era de Ana Botella, una catedrática del puterío: ¿qué sabrá esta mujer de ir de putas? Más aún, ¿por qué hay que luchar contra la prostitución? ¡La prostitución hay que foment... perdón... dignificarla! Más que importar el modelo sueco, lo que hay que hacer es... ¡Importar modelos suecas! Con este lema, hasta Miguel Sevahostiar podría ganar las elecciones.

Esta línea de gobierno, bien sea ejercida por Ana Botella y sus neocatecumenales (que, digo yo que por qué coño no se vuelven a las catacumbas y pintan allí su horrendos murales), bien venga de la progresía más lerda, encabezada por Frau Salgado Mein Führer, es lamentable porque, en su búsqueda de un bien común abstracto, priva a las personas de lo único que nos distingue de las ovejas: el libre albedrío. La capacidad de elegir el mal es inseparable de la voluntad de hacer el bien. Pero ellos, no lo entienden y dos amigos míos, buenas personas, grandísimos profesionales, gente cultivada, amantes esposos y amantísimos padres, tampoco.

Lo que más detesto de Estados Unidos, país lleno de virtudes en otros asuntos, es la manera en que han privado a sus ciudadanos de su mayoría de edad mental, amputándoles la capacidad de asumir sus propias responsabilidades y culpas. De pronto, ya nadie es dueño de sus actos. Fui en una ocasión al Gran Cañón del Colorado en un autobús que renqueaba por el desierto de Arizona por el peso de cincuenta negros con obesidad mórbida que me relegaban a la categoría de flaca minoría étnica. El conductor, en cada parada, tieso delante de la puerta, iba diciendo a todos los que salíamos, uno por uno...

-- Mind your step (Cuidado con el escalón).
-- Mind your step (Cuidado con el escalón).
-- Mind your step (Cuidado con el escalón).
-- Mind your step (Cuidado con el escalón).
-- Mind your step (Cuidado con el escalón).
-- A mí no me lo diga –le dije. Nunca me ha gustado que me llamen idiota.
-- Es por su seguridad –me respondió llamándome idiota.

Por mi seguridad, no es. Eso seguro. Será por miedo a la demanda. Nacho, Ernesto... En la pasión de la charla, no pude colar esta pregunta: si un día me rompo la crisma contra el parabrisas de mi coche por no llevar el cinturón de seguridad puesto, ¿podré demandar a la DGT por omisión de responsabilidades? ¿Prosperaría esa demanda? Yo creo que no, porque el juez diría que es mi responsabilidad. Pues si es mi responsabilidad, y yo estoy de acuerdo, debería ser también mi decisión. Mía y de nadie más.


Seamos españoles para lo bueno y para lo malo y dejemos que los islandeses sean islandeses; que los suecos sean suecos y que las suecas sean españolas.

X. Bea-Murguía (como no espabilemos, vamos de cabeza al mainyorstep)
NOTA a las 13.13 horas. He cambiado la foto por esta otra que me hizo una de esas ardillas resabiadas que pululan por el Gran Cañón. No saben nada las cabronas. Se torean a los turistas, les mangan los bocadillos, les timan en el aparcamiento, les venden el Gran Cañón en propiedad... Son la pera.

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