martes, junio 03, 2008

Holandés, fácil

Queridos amigos,

de mis vueltas y revueltas por Holanda, ese mooi land, yo que soy un tipo con facilidad para los idiotas (es decir, para decir idioteces en todos los idiomas), puedo afirmar, con desparpajo, soltura y absoluta temeridad, que he encontrado el secreto para hablar holandés de manera fluída.

El holandés, amén de un jastrapo que obliga a contorsiones de paladar que requieren no poca pericia, es una lengua viva y útil, y no como algún cadáver babélico periférico al que no resucita ni el boca a boca venenoso del politiquillo de turno ni el pastuzo que están inyectando las febriles administraciones que creen que progresismo es confusión idiomática y tumbas en bilingüe. El holandés, insisto, tiene una enorme utilidad (no para mí, que como saben ustedes estoy casado y, además, bien): entenderte con la rubia que pasea en bicicleta, intercambiar pareceres con la rubia del ascensor, expresarse de manera exacta para pedir a la camarera rubia el pannenkoeken que más te gusta y no otro y mantener una charla sobre el existencialismo post-modernista con la rubia que vende arenques crudos, con su carrito, en la entrada del parlamento de La Haya.

(De los rubios no digo nada porque son más bien feos. En serio. Las holandesas son, en general, de romperse el cuello mirando, pero los holandeses, a decir por las expertas, nada. Alguno hay. Alguno, pero pocos).

Porque, una cosa les digo, eso de que en Holanda todo Dios habla el inglés... ¡Quiá! El inglés hay que tenerlo, sin duda; el inglés es el idioma del presenta y del futuro, ni el chino ni el tagalo ni el hindustani, el inglés es el esperanto natural. Los holandeses, si lo ponemos proporcionalmente a los españoles, hablan mucho mejor el inglés que nosotros. Ellos le (sic) tienen más, pero yo no sé si es mala suerte o qué es, que cuando pregunto por la calle o bien doy con el Carod Rovira holandés o es que en Holanda hay también mucha gente que del inglés tienen el my taylor is rich y la fidelité de ton amí te será útil y poco más.

Así que si usted se quiere dirigir a la rubia de los arenques: holandés. Ya sólo por eso, merece la pena montar una campaña, en toda España, para que la gente se olvide de una vez el castellano, esa lengua impuesta por el nacionalismo español, centralista y madrileño, y hable holandés, el lenguaje del mestizaje futuro.

La clave está en comprender las vocales. Las vocales lo son todo. De hecho, hemos de importar unas cuantas vocales a España porque esto de tener sólo cinco es signo de pobreza lingüística (o cosas de Franco, dependiendo de si lo dice La Sexta o no). Esto es chupado. Si usted ve un "a", por ejemplo, diga "a", pero si ve dos aes, diga "AA", como si se acabara de pillar el dedo con la puerta. Si ve una "ui", entonces prepárese para darle dos vueltas a la lengua: diga "aeu" fundiendo los tres sonidos en uno. ¡Venga valiente! Miré cómo le sonríe la rubia mientras le enseña el muestrario (de arenques)... Por ejemplo, "UIT", que se ve mucho en Holanda en todas las autopistas porque significa "SALIDA", se dice "AEUT".

Veo que lo van pillando. Las vocales son fundamentales. La "E", se dice "E", normal. Si quieres llamar la atención de la rubia de los arenques, le dice usted "E" y le mirara sonriéndole, con el muestrario. Sin embargo "EE" se dice "ei". Sé que suena raro (¡cómo se lían estos tíos! ¿Por qué no podran "EI" y tan amigos?). No le diga "EE" a la rubia, porque suena en plan "Hey", un poco demasiado chulito y no le va a dar resultado. Pero sí sirve para decir "un/a": "een", es decir, "ein" (como si fueras el sargento Arensibia y no entendieras lo que te han dicho: ¡Ein!).

Esta combinación es mejor para ligarse a la rubia de los arenques, porque usted le puede decir "een uit" (ein aeut) para pedirle "una salida": "ist een uit?", es decir, "¿es una salida?". Si no le atiza inmediatamente con el arenque, es que ha ligado usted. Si es educadita, le dirá JA (sí) o NEE (nei, que suena a nanai, ¿verdad?).

Si usted no liga con el ein aeut, le queda el recurso, siempre a mano, del "OE". Toda la vida hemos escuchado en este país que jugaban los hermano DE BOER o KOEMAN, cuando, en verdad, se dice "DE BUR" y "KUMAN", porque las vocales OE, juntas, se leen "U". Por ejemplo, libro es "BOEK", es decir, "BUK", como en el inglés (que hay que tenerle sic). En esta frase que van a aprender ahora tienen que tener cuidado con la "V", que los holandés hacen fricativa (no Vangog, no Vermeer, sí Fanjoj, sí Fermeir"). Si usted quiere un sonido bilabial (con la del arenque, claro), tiene que usar la W.

En el hipotético y muy extraño caso de que la chica le arree bien con el arenque (no se queje mucho que no hace mucho daño), tiene la posibilidad de irse a leer poesía, por ejemplo, que en holandés se dice "Wan de poetas".

En el Barrio Rojo de Amsterdam se reunen algunas de las mejores poetas de por allí y creo, yo no lo sé porque nunca he ido, que hacen unos recitales de muerte.

No tengo más tiempo.

Otro día, digo más gilipolleces.

X. Van Bea en Murguía (filólogo holandés)

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martes, mayo 20, 2008

De Jajelslaj fantasie


Queridos amigos,

acabó la semana fantástica, no se lo van a creer, con que en la madrugada del sábado al domingo unos chorizos entraron en mi oficina para llevarse cuatro mierdas, porque poco más había. Eso sí, lo revolvieron todo, nos dejaron sin teléfono, sin Internet y sin actividad el lunes (espero que hoy ya podamos currar) pero, sobre todo, los señores chorizos hijos de puta se llevaron todos mis puros.

En fin.

Les quería contar una cosa que me sucedió el jueves en el UMC Hospital de Utrecht, para que vean que eso de que "No hay mal que por bien no venga" es cierto. Me voy a destapar más de lo que me gusta, pero, bueno, se trata de que ustedes calibren hasta qué punto lo que voy a contar es verdad (y tiene buena parte de verdad).

La noche del miércoles 14 al jueves 15 de mayo fue larga y terrorífica. Mi mujer estaba ingresada en el hospital, recién operada del brazo, y yo me fui a casa a hacerme cargo de mi hija Ana, que rechazaba el biberón. Esto se lo conté ayer. Me pasé la noche prácticamente en vela porque la pobre niña no dejó de llorar y por más que yo pensaba que, al final, el hambre podría con ella, no logré que se tomará más de 30 ml. de "leche". Una pesadilla, sobre todo para ella, que aún tendría que esperar 24 horas más antes de recuperar su teta.

Bastante hecho polvo, con las horas de sueño perdidas colgando de los párpados, volví al hospital al día siguiente a echar una mano a mi mujer, que tenía lo suyo con el brazo inmovilizado e ingresada en el extranjero. Esto es muy duro, aunque parezca una exageración, porque una de las necesidades básicas de cualquier paciente es la información que mitigue la incertidumbre que genera la cercanía del dolor, la enfermedad y la muerte. Lo que más suscita un hospital es la duda.

Me pasé toda la mañana sube y baja, entre otras razones, porque para fumar había que ir a Castroculo de Más Allá, también llamado la puta calle, pero a la derecha y al final. Es decir, en el UMC Hospital de Utrecht hay una zona de fumadores delimitada en la calle. No olía a tabaco allí, claro, sino a futuro. Lo verán.

En una de estas bajadas, estaba yo esperando el ascensor, cansado pero luminoso y aliviado, porque sólo nos quedaba ya esperar el alta y marcharnos para casa, que es como si se hiciera de día, como si el hospital dejara de parecer un espacio hostil: el olor a antiséptico se suaviza, la incertidumbre desaparece y las dudas pierden su importancia. Son esas horas previas a la felicidad que, gracias a la expectativa de dicha, forman una otro tipo suculento de pequeña felicidad.

Cuando la doble puerta del ascensor se abrió ante mí, una voz de siringa dijo a mi espalda:

-- Disculpe -evidentemente lo dijo en holandés. Sonó a "Jajelslaj" que puede significar "Disculpe", como yo interpreté en un primer momento, o "Apártese hijo de puta". A saber. Pero como al volver la mirada hacia el sonido de la siringa descubrí a una holandesa rubia, alta y guapa, con unos ojos azules que expresaban amabilidad, asentimiento y comprensión espontánea de las vicisitudes de la vida de un hombre, unido a su forma de sonreírme a cuarto creciente dentro de su vestido inconsútil de profetisa de la enfermería y todo ello sumado a lo que mi mente de landista pudo llegar a imaginar a una velocidad no expresable en megaherzios, quise concluir que "Jajelslaj" significa en holandés: "Ay, Javier, quien te pillara en un callejón oscuro". Ustedes piensen lo que quieran.

Calenturienta mente la mía, ¿no? Pues no, y lo van a entender enseguida. Evidentemente, si me pidió paso es porque iba empujando algo bastante voluminoso: una cama de hospital. Así que, por supuesto, cedí el paso y mi "Jajelslaj" de veintitantos años, su cama de hospital, un culito que debía ser recetado con una posología estricta y yo entramos en el reducido espacio de un ascensor. Hasta que no acabó de desfilar todo su aroma por delante de mí, borracho de tanta belleza, embelesado por la terapia de su escote e irremediablemente landista, yo no me percaté de que en la cama no había nadie y que la situación que se planteaba en esos momentos era la siguiente:

Jajelslaj van Culiten Respingón, su escote, una cama vacía y yo en un ascensor.

¿Durante cuántos pisos compartiríamos espacio? ¿Estaría bien revisado el ascensor o habría alguna posibilidad de que fallara entre dos pisos? ¿Quedaba el botón de parada cerca de mi alcance? ¿Tendría esta chica claustrofobia o vértigo o algún otro trastorno afectivo que la obligara a suplicar el calor del abrazo de amistad de un extranjero apuesto? ¿Estaría siendo víctima de un programa de cámara oculta? ¿Iba a ser capaz de controlarme? ¿Le molestaría mucho a mi mujer que me quedara unas horas encerrado en el ascensor con Miss Utrecht? ¿Tendría que contárselo? ¿Acaso se puede calificar de adulterio todo lo que pasó por mi mente en ese tiempo oblicuo en que el ascensor se hizo universo?

Lo que pasó y lo que no pasó queda entre la chica y yo, pero les permito que fantaseen. Más.

X. Boetticher y Navarro (tengan en cuenta, a la hora de fantasear, que yo tengo charm)

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lunes, mayo 19, 2008

Irse de brazos (las sillas vs Beatriz)

Queridos amigos,

ya estoy aquí, tras el frustrado II Encuentro Internacional H.Wells & X.Bea-Murguía, que debía haber tenido lugar el jueves pasado en la bonita ciudad de Utrecht, Oh Landa, donde teníamos la malsana intención de bebernos unas cervezas y repasar el famoso tratado.

No pudo ser. Las sillas adivinaron nuestra intención y pusieron todos los medios que hallaron a mano (o a pata) para impedirlo. Las pérfidas sillas y sus malvados aliados los bichos. Una lástima, Hormon. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Como saben, hemos pasado cinco días en Holanda, pero sobre todo en la autopista A-12 que une Utrecht con La Haya, con la cabeza puesta en la comunión de mi sobrina Amaia, aunque también para ver a la familia, a los sobrinos y, cómo no, para la celebración del II Encuentro Internacional.

Ha sido todo estupendo, increíble, apasionante, cojonudo. Ha sido la hostia padre. Vamos a reírnos un poco, porque si no.... Nada más aterrizar en Utrecht, en casa de mi cuñado Diego, sin haber intercambiado siquiera los regalos, no más que los tres besos de rigor a Wenneke y las gracias pertinentes a mi sobrino Milo, que está hecho un bollo, mi mujer debió de pensar (digo yo que pensaría esto):

-- ¿Acaso no hemos venido a una primera comunión? Pues la primera hostia me lo voy a dar yo.

Y, ¡hala!, se fue de bruces o, más bien, de brazos. Pero hostión. Fue a espantar un bicho de la cabeza de Milo y la silla le puso la zancadilla.

Nada más verla, yo pensé: "¡Otra vez el codo!", porque era el mismo brazo que se dislocó en octubre, "¡Qué mala suerte!".
Mi cuñado dijo: "¡Vámonos al hospital!", que no es que mi cuñado sea aprensivo, pero como se acaban de mudar a Utrecht, se pasó un par de días aprendiéndose el camino más rápido al UMC Hospital. Por si se daba el caso.
Mi cuñada Wenneke, por su parte, dijo: "¡Tómate un paracetamol!".
Milo dijo: "¡UIT!".
Y el bicho dijo: "¡Ay va! ¡La que he liado!".

En octubre, embarazada de siete meses y medio, Beatriz se tropezó con una silla en IFEMA y se dislocó el codo. Después de lo del miércoles en Utrecht, creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que las sillas tienen algo contra Beatriz... Las pérfidas sillas y sus malvados aliados, los bichos.


(Este pedazo de edificio enorme, es el UMC Hospital de Utrecht).

Según el cirujano, en una escala en la que 0 es el no-dolor y 10 el máximo de dolor que puede soportar una persona, Beatriz llegó al UMC Hospital de Utrecht con un 8. No está mal, ¿verdad? Un notable alto en aguante de sufrimiento, aunque, por otra parte, le hubiera costado bien poco al médico darle medio puntito más y ponerle un sobresaliente, ¿no? Sus quejidos largos y afilados chirriaban en el silencio blanco de las urgencias del hospital como una puerta que se chiva de una fuga nocturna; su gesto se retorcía al paso de los segundos, atrapada su mente en el injusto remordimiento que abruma siempre al accidentado; sus ojos, colmados de dolor, acribillaron de preguntas al reloj durante las tres largas horas de espera incierta, sin poder sentarse ni estar de pie ni tumbarse en la camilla, dirimiendo en qué posición le dolía más el brazo cuando en todas las posturas el dolor era insoportable y la diferencia de intensidad, inapreciable. Todo ello, sumado al llanto de una niña de cinco meses que tiene que mamar, bien merecían un sobresaliente en dureza.

O, al menos, un chute de morfina.

-- Malas noticias -dijo la doctora de urgencias-. El brazo está roto y hay que operar.

Ahora casi me estoy riendo, que es mi forma de huir, pero, en resumen, la situación era la siguiente:

Beatriz con el radio dislocado y el cúbito roto tomando morfina en un hospital en el extranjero a la espera de pasar a quirófano a la diez de la noche, mientras Ana rechaza el biberón, ese sucedáneo repugnante, con cara de que alguien le está escamoteando su legítima teta, que no le iba a llegar hasta 48 horas más tarde porque la morfina pasa a la leche materna y tiene que eliminarla antes de volver a dar el pecho.

Menos mal que está la familia. Dankjewel.

Mañana se lo resuelvo. Hoy se ha hecho tarde.

X. Bea-Murguía (mi mujer es una máquina).

No se preocupen que la operación fue bien. Le han implantado el brazo de C3PO, con una garantía de cinco años, es anticorrosión, es no frost y, además, hace más daño cuando pega con él.

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miércoles, mayo 14, 2008

País de herejes


Queridos amigos,

probablemente, a la hora en que leáis esto, yo estaré metido en una lata con alas caminito de Holanda, ese evocador país cuyos nombres ya inundan de alegría el corazón de todo landista que se precie: ¡Oh Landa! ¡Países Bajos! Como ven, están impregnados del espíritu de Alfredo Landa y, lo quiera uno o no, un hombre español medio, moreno y, para lo que allí se gasta, bajito, al verse rodeado de rubias (también hay rubios, pero ¿quién coño se fija?) dotadas de, como dice mi amigo Rodrigo, fregadero alto, no puede menos que sentirse como en casa.

Los propósitos del viaje son varios. Aparte de alimentar el espíritu del landismo tradicional admirándose con el paisaje holandés y sus magníficas vistas, visitar a la familia y dejarse agasajar por ella, establecer contacto personal (no carnal) con Hormon Wells en Utrecht en el II Encuentro Internacional H.Wells & X.Bea-Murguía (a ver si renovamos la foto del perfil) y, sobre todo, asistir a la comunión de mi sobrina Amaia.

Este último es, sin duda, el motor del viaje, la razón fundamental: mi sobrina hace la comunión en un país de herejes, porque, déjemonos de cuentos: Holanda es un país cojonudo, a mí me encanta, siempre lo digo, pero son una panda de herejes... ¡Hasta los católicos! Todos.

No estoy hablando de religión. Yo soy un relativista nato, un no-me-mojo, un creyente a ratos cortos, un sofista de baratillo la fe y un ateo dispuesto a arrepentirme ante la postrera sombra (por si acaso me llevare el blanco día y pudiera convertirme en polvo enamorado). Me refiero a tradiciones.

No he ido a ninguna comunión desde la de mi prima Begoña, que hoy tiene 23 para cumplir 24, y no recuerdo muy bien la mía (que la hice). Recuerdo perfectamente la de mi hermano Luis, que se desmayó después de comulgar y mi abuela Mari dijo en alto: "¡Ay que se lo ha llevado Dios!". Como para olvidarla. Y también recuerdo perfectamente la primera comunión de Jaime Briones. Un día de estos se la contaré (o que la cuente él que andará por aquí).

Pero la de Amaia va a ser inolvidable: hora y media de misa de holandés. ¡Hora y media! ¡País de herejes! ¡Es de lipotimia! Voy a plantearme algún problema matemático irresoluble a ver si doy con la solución porque ¡hora y media en silencio, sumido en la mayor de las soledades que es la incomprensión! ¿Puede uno llegar a conocerse bien en hora y media de meditación? A más de uno, le da el parraque. ¡Hora y media! ¡Eso es lo que tardo en ir al pueblo en coche!

Cuando me lo dijo mi hermana Begoña, inmediatamente, pregunté:

-- Habrá algún bar al lado de la iglesia, ¿no?

Porque, ¿qué es una celebración BBC en una iglesia que no linde con un buen bar? Es una herejía de caballo, una razón para acabar en la hoguera.

-- No -me contestó-. Me temo que no hay ningún bar.

¡PAÍS DE HEREJES!

Pero, ¿dónde se ha visto? ¿Qué catolicismo light es este? En España, como adalides de la única religión verdadera, bendecidos por Santiago Matamoros, a la hora de misa siempre recordamos la batalla de Clavijo y otras lides de la fe con caldos y pinchos de la tierra. En España, este país santo, pío y bendito, siempre se procura que al lado de la iglesia haya una parroquia, sobre todo para debatir sobre la renovación del sexto mandamiento, que está muy desfasado.

-- ¿No hay bares? -anonadado, pero abierto y dispuesto a entender las costumbres extranjeras-. ¿Y qué hay? ¿Escaparates como los del Barrio Rojo? ¿Coffee shops?

¿No hay ninguna sucursal del pecado al lado de la tienda de penitencias? ¿Y de qué coño se confiesan los holandeses?

En estas condiciones, país de herejes, y no quiero decir nada porque, al fin y al cabo no quiero amargarle la fiesta a mi sobrina, que la niña va con ilusión, pero mucho me temo que teológicamente es inviable llegar a ser participe del banquete de Cristo. Allí donde esté el bien ineludible y necesariamente ha de estar el mal y donde se encuentre el pecado, se hallará la salvación. Lo hablaré con mi tío el cura, pero mucho me temo que esto es un paripé.

Por mi parte, he trazado un ingenioso plan, no vaya a ser que a mi hija Ana, que es un búho que no hay quien la duerma, le dé por jorobar y quedarse sopa durante toda la ceremonia. Por si acaso, voy a ir a la iglesia armado con un buen pincho para que, llegado el momento, pueda decirle a mi mujer:

-- No te preocupes, cariño, que ya me salgo yo con la niña.

No habrá bares, pero sí holandesas. ¡Viva Oh Landa!

Hasta el lunes a todos. Pasadlo bien pero no olvidéis ser comedidos, juiciosos y temerosos de Dios.

X. Bea-Murguía (Holanda ya se ve, ya se ve, ya se ve).

En la foto, pueden apreciar un lugar santo, de culto, digno de peregrinaje y romerías, un icono del catolicismo verdadero: una iglesia con el bar anejo. Eso es religión y lo demás, herejías.

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lunes, mayo 05, 2008

El cabracho, ese demersal gilipollas


Queridos amigos,

el cabracho o rascacio es un pez escurridizo de la familia de los demersales, es decir, un elasmobranquio pero que vive cerca del fondo de las zonas del litoral, aunque pueden llegar a encontrarse en profundidades de hasta 500 metros. Los demersales, y concretamente el cabracho, se mueven menos que una compresa con diez grapas y se mantienen en contacto con el fondo, aunque pueden efectuar movimientos migratorios según sus necesidades alimenticias o su ciclo de vida.

En el litoral, algunos peces demeresales (pero no el cabracho, que para esto es cabezón) pueden desplazarse tierra adentro para hacer cortos recorridos antes de regresar al mar. Este paso, de pez anfibio que dio origen a la vida sobre la superficie terrestres, da fe de la antiquísima existencia de los peces demersales, no exactamente del cabracho, por mucha cara de pastel que tenga.

El cabracho es un pez bastante codiciado en la alta cocina y no es infrecuente encontrarlo en las costas levantinas de España. Incluso, sin mirar demasiado, uno puede apreciar bastante hijoputa con cara de cabracho en el atasco camino de la playa, hasta más o menos la altura de Tarancón. En defensa de los demersales, en general, hay que decir que los que te vienen por detrás echando las luces desde Cuenca no son cabrachos, son cabrones (de mierda). Tiene el mismo cociente intelectual, pero en vez de elasmobranquios son elasmobroncas, que es lo mismo pero con un punto más de mala leche.

Los demersales, en general, pero tampoco el cabracho, claro, nadan en la superficie con gran rapidez, dejando en ella una sola estela. El cabracho, menos evolucionado que sus familiares listos, se limita a camuflarse sobre el fondo gracias al mimetismo que le proporcionan sus colores gris y rosa (en verdad no es rosa, es salmón, pero esto no se le puede decir al cabracho porque se lleva muy mal con los salmónidos, por una razón de competencia entre delicatessen), que lo confunden con los fondos rocosos y algares y defienden de sus depredadores que suelen acercarse con un cuchillo para untar y unos panecillos tostados.

O eso cree, porque lo que distingue al cabracho del resto de los demersales es que el cabracho es el tonto de la especie, como el compañero gordo de clase que, jugando al escondite, se parapeta detrás de un chopo recién plantado pensado que no se le asoma el culo (por los dos lados del árbol).

Pues el cabracho es igual que el tonto del escondite. Igualito. Yo no sé si es que el mar Mediterráneo está más muerto que mi bisabuelo Cipriano o si lo que pasa es que sus peces pertenecen a otra especie evolucionada de listos que no esconden detrás del chopo, asomando las aletas por ambos lados, porque no se ve nada de nada de nada... Salvo cabrachos. Uno se sumerge a 18 metros de nada y, enseguida... Ahí, entre las algas, con los ojos cerrados como todos los tontos que creen que si ellos no ven no serán vistos.

-- Anda, cojones, un cabracho -y después se da uno cuenta-. ¡Será gilipollas! ¡Pues no se cree que está mimetizado con el fondo!

Se le ve perfectamente, la mierda de mimetismo que usa el tonto. Dan ganas de cantarle "aunque vengas disfrazao, te conozco bacalao". Da más el cantazo que un alemán en un tablao. Y al cabo de un rato...

-- Anda, cojones, otro cabracho...

Y así.
Pena de cuchillo para untar porque era la hora del aperitivo.

X. Javea-Murguía (aunque también puede ser que con el agua a 16 graditos, los peces decidieran quedarse en casa ese día).

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miércoles, abril 02, 2008

702, en apoyo a Hormon Wells

Querido Hormon,

no tienes por qué disculparte. Esto del blog es un divertimento, no una obligación. El día en que yo sienta que es una obligación, te juro que lo dejo: ya tengo la cartera demasiado llena como para ponerme una más. Así que sobran las disculpas. Sólo estaba un poco preocupado. Bueno, y un poco solo.



Lo que me pasaba es que yo te hacía ya en Australia y, bueno, ya sabes... Tú, allí; yo, aquí; no me llamas, no me escribes... Estaba preocupado. Pensaba que ya no me querías o que te habías comprado un chabolo maorí, una lata de betún de Judea, una peluca afro y un taparrabos y te habías mimetizado con el entorno. Te imaginaba aprendiendo a lanzar el boomerang con la carita llena de moko y lavándote el culito en el río, provocando a los cocodrilos. Como tú no te lo ves, Hormon, a veces no pareces consciente del culito que gastas.

Pero veo que sólo es el amor que, una vez más, ha llamado a tu puerta... ¡Ay! (Suspiro). Yo no puedo, porque ya tengo un bagaje en Madrid, pero si pudiera me iba contigo a Australia mañana mismo. Sin pensarlo. De hecho, estaba esperando a que me dijeras que estás instalado para contar pesetas con mi señora e irnos a hacerte una visita (con un futón verbenero para los dos en una esquinita del living tendríamos de sobra). El Pescaílla del Guadiana está en las mismas que nosotros, aunque este lo que quiere es ir a bucear a la Gran Barrera... Bueno, nosotros también, claro. Lo que pasa es que si voy con él, no comparto futón que será pescaílla pero ronca como una orca sisina. Él, si se viene, que duerma en una esterilla en el suelo que es muy extremeño y es a lo que está acostumbrado.

Así que, ya sabes, avisa cuando tengas la choza lista y, por favor, que el amor no te borre del mundo. Y recuerda que los maoríes practican una especie de poligamia muy entretenida, de esas que parecen una comedia de enredo: si entras en casa de una, es sexo sin amor, pero si una se te cuela en casa, date por casado. ¿Crees que sería conveniente llevar regalos al jefe? ¿Qué podríamos llevarle? ¿Un taparrabos para ir a misa? ¿Una batidora? ¿Una tele de plasma? ¿Crees que podremos instaurar el baile del chiki chiki como parte del rito de la fecundidad?

¿Podremos ir sin llaves? Se me ocurre que le puedes decir esto... Sobre todo lo del polen que hay que espacir.



X. Bea-Murguía (para mayo, ¿seguirás en Amsterdam? Voy para allá el 14)

Sin llaves. El último de la fila.

La vida que espero y esperaré
a la sombra en el oasis que me inventé.
Como el sabio en las cumbres del saber,
soy alga en el mar de la calma;
soy tabla de mi propia salvación.
Me quiero y me protejo de mi misma voz.
Llévame, con mi corazón yo suelo hablar,
donde reine un tibio sol
a la luz de una espiga donde calentar
mis pies descalzos, o quizá
donde andar.
Quien duda no espera
remanso en el agua fiera.
Qué pienso, si siento,
anhelos del sentimiento.
Mi risa, mi tiempo,
que crezcan ansiosos por enamorar.
Llévame, con mi corazón yo suelo ir,
al lugar donde nací
a buscar caracolas al fondo del mar
que inunden mi paladar.
Despliego mis velas que hay que partir,
ahora canta el jilgero junto al rosal.
El alma remonta, quiere volar,
hoy es un gavilán en celo.
Candiles de aceite habrá que encender,
pintores holandeses mis manos mancharán.
En este altar antiguo que levanté
a lo alto de mis horas quiero subir,
como polen nuevo me quiero esparcir
en total abandono.
Candiles de aceite habrá que encender
sin llaves, a las puertas del instante estoy.

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lunes, marzo 03, 2008

Soy un ser humano

Queridos amigos,

supongo que ustedes saben lo que es una toña. Sienta muy bien una buena toña, después de un día de trabajo, delante del televisor, viendo, por ejemplo, un documental sobre los bailes rituales de los bosquimanos en el Discovery Channel... ¡Oh! ¡Un deleite! ¿Y qué me dicen de una toña con La 2, ese canal casi pornográfico, por cierto, que en horario infantil no hace más que emitir películas de animalitos follando? Hay gustos para todos, pero donde esté una buena toña... Y no es sólo cosa de hombres, que las mujeres, si quieren, también pueden. Este chiste es un poco viejo, pero viene al caso (niño, niña, si eres menor, leelo con atención y se lo cuentas a tus papás, que les va a encantar):

"Un hombre llega a un burdel y se encuentra con la siguiente promoción:
POLVO Y CERVEZA, 5 EUROS.
-- Hola, buenas, señorita. Yo venía por esa promoción que anuncian.
-- ¿Cómo no, señor? Es conmigo.
-- Muy bien, pues con usted misma.
-- Ya, pero le tengo que advertir antes de una cosa: es que... No tengo clítoris.
-- Es igual, mujer, ponme una Heineken".


En el hotel de Tegucigalpa, sentado en el lobby-bar con Jesús Llano y Eduardo Mencía, le dije al camarero.

-- ¿Qué cervezas tiene?
-- Señor, tenemos Port Royal, Barena, Imperial, Salvavida... -todas ellas, para mi gusto, demasiado suaves...
-- ¿Clítoris tiene?
-- No, señor, no tenemos clítoris.
-- Es igual, póngame una Heineken.

La "Heineken" está buena, pero, personalmente, prefiero "Mahou" y "Estrella de Galicia". Yo creo que, como estas dos cervezas, he probado pocas por ahí. ¿Tú qué opinas? A mí es algo que me gusta hacer allá donde voy: probar la cerveza local. En Kenia era "Tusker"; en Tanzania, "Kilimanjaro"; en Tailandia, "Singha" ("Big or semol?", preguntaban siempre); en Egipto, "Sakara"; en Cuba, "Cristal" (y "Bucanero"); en Dominicana, "Presidente"; en Honduras, ésas que he citado antes...

En el Paso de las Manos, entre Nicaragua y Honduras, con un follón de camiones y policías de aduana que no se pueden ni imaginar (o sí se lo pueden imaginar), Jesús Llano y yo nos fuimos al bar a catar la cerveza local. Fue lo primero que hice nada más poner el pie en Honduras: pedir una "Port Royal". Me supo flojilla y eso que la pedí bajo la prescripción de un parroquiano local, que es curioso lo poco que se diferencian, en apostura, los bichos de bar de allende los mares de los de Chamberí. Casi, casi el mismo ambiente, si no fuera porque, de nuevo ese defecto mundial que debería debatirse en la ONU, no hay aceitunas en ninguna parte. La próxima vez que me vaya de viaje me llevaré un par de botes en la maleta (rellenas de anchoa, por supuesto). ¿Unas patatas? No. ¿Unas mollejitas?¿Unos callos?¿Unos "yiyarrones"? Nada, ni pa'Dios. Jesús, que es hombre de mundo, viaja siempre con un manojo de palillos en el bolsillo... ¿Que para qué? Coño, pues para qué iba a ser, para probar los famosos boquerones en vinagre de Honduras. Se tomó una "Salvavida" y pidió los boquerones. Tampoco tenían.

En Nicaragua, sin embargo, lo que se lleva es la toña. Toña para arriba, toña para abajo. Sienta bien, la verdad, poder decirle con camaradería a un compañero: ¿Te hace una toña? ¡Venga, tonto! Un buen amigo nunca dice que no a una toña, ni con dolor de cabeza. En un grupo, también funciona: ¿A quién le apetece una toña? Es bonito, porque enseguida se puede ver un bosque de manos alzadas... ¡Yo! ¡Yo! Casi todos hombres, como digo, pero también alguna mujer, que las hay que tienen gusto para la toña.

En Nicaragua, la toña ha corrido a raudales hasta el punto de que se puede forjar un nuevo refrán: "A falta de Mahou, Heineken o Clítoris, buenas son Toñas".



Lo malo es que yo ahora aquí, ella allí, no me llama, no me escribe... ¡Ay Toña!

En fin, como dice Eduardo Mencía, ¡Qué coñazo de blog, en cuanto encuentre los calzoncillos, me piro!. Vean este vídeo (con una mano sobre el ratón y la otra con la Toña, por favor)



Honestamente, creo que es una burla, porque, si no, es una manera muy hábil de promover las Toñas entre los jóvenes. A mí las toñas me van, pero, claro, soy un ser humano.



X. Toña-Murguía

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jueves, febrero 28, 2008

Niños sin calendario (laboral)

Queridos amigos,

contra mi costumbre, voy a hablarles por tercer día consecutivo de mi viaje por Nicaragua y Honduras. Siento aburrirles de esta manera pero, como ya he dicho, el viaje pasa por uno como ese vecino cotilla que se cuela en su hogar, lo mira todo, lo toca todo y cambia las cosas de sitio. Ya retomaré mañana mis chorradas habituales.

A veces piensa uno que alejándose verá los problemas empequeñecerse por la perspectiva, que lo que en casa nos parece un león en la distancia no pasará de mosca, pero una vez más allá del horizonte, será porque la separación es cóncava como una lupa, el león no deja de ser león y los problemas no dejan de ser problemas, aunque vistos con catalejos. A todo esto hay que sumar la añoranza, ese sentimiento que incomprensiblemente se apodera de uno cuando lo que más quiere está lejos, aunque sea por unos días. Yo lo he sentido, fíjense qué tontería: he echado mucho, mucho de menos a mi mujer y a mis hijos.

El sábado, más relajados, comimos en un restaurante muy bonito en la montaña, cerca de Valle de Ángeles, a unos treinta kilómetros de Tegucigalpa. Acababa de hablar por teléfono con Beatriz y Maya Selva, fundadora y alma de los cigarros "Flor de selva", tal vez porque vio que mi gesto mudaba y ya no era el mismo que, con vehemencia, quince minutos antes había discutido con sus padres sobre el problema judío-palestino, me preguntó si todo iba bien.

-- -contesté-. Fenomenal, pero me pasa que llega un momento en que estoy ya deseando irme a mi casa.

No recuerdo cómo me lo preguntó, pero se mostró extrañada: ¿no lo has pasado bien? ¿No te gusta esto?

-- Me encanta. Lo he pasado muy bien, pero echo de menos a mi mujer.

No es raro esto, ¿no? Le pasa a todo el mundo cuando está lejos de la gente que quiere.

Además de para ver tabaco y más tabaco, que es lo que he hecho porque, piensen lo que piensen, hemos currado muuucho pateando tabacales y fábricas, uno de los objetivos del viaje, para mí, era hacerme una cura de sueño y olvidarme del ajetreo de los niños, los baños, las cenas, las prisas... No es que me dijera "voy para olvidarme y descansar", sino al revés, que yo no soy de los que huyen: "ya que voy, aprovecho para descansar".

Pero ni por esas, amigos. Ni por esas. Todo suma para la añoranza: me he perdido ocho, casi nueve, días de mi hija Ana que, de pronto, en ausencia de su padre, ha dejado atrás las engordaderas y ha descubierto la sonrisa. Mientras tanto yo, como Odiseo en la isla de los lotófagos (sin comer la flor de loto que hace olvidar el deseo de volver a casa) o como Leopold Bloom en los baños, naufragaba en un mar de niños con calendario laboral.



He estado en otro países donde la pobreza no era un misterio, donde uno ha llegado a pensar, triste consuelo, que no es lo que no tienen sino lo que parece que desean tener y no pueden. Pero no iba preparado para ver tanta infancia partida a la altura del espinazo. Supongo que tengo que quitarme el filtro de la mentalidad occidental y pequeño-burguesa, pensar que no hace ni cuarenta años que en España cundía el mismo espectáculo por doquier, pero comprendan que, mi condición de recién padre me lleva a un estado de ánimo superferolítico en todo lo que se refiere a la infancia. No he podido evitar acordarme de mis pequeños, de mi misión de proporcionarles una entera y feliz infancia sin calendario de ningún tipo.




En Estelí, Nicaragua, una pequeña ciudad de casas bajas de colores mugrientos, en la linde de una gasolinera Texaco, dos buitres pequeños se pegan un festín sobre los despojos de un perro que, probablemente, acaba de ser atropellado. Un niño de la edad mi de Rodrigo pide limosna entre los surtidores, descalzo sobre el frío hormigón del suelo. Viste unos pantalones azules pesqueros y raídos y una guayabera blanca enmarronada con churretes de barro. Jorge Padrón, dueño de la fábrica de puros Cubanica, le da un dólar y le dice:

-- Pero fíjate bien, que es un dólar, no un córdoba.
-- Sí, yo sé, señor -responde el niño-. Son 18'50 córdobas.


En Valle de Ángeles, Honduras, Yolanda (cinco años) se pasea por la plaza con una cesta. Vende rosquillas a diez lempiras. Por esta foto, yo le di 100 (seis euros, no llega), pero después me arrepentí: aunque le dije que se guardara el billete para ella, los que la explotan sacaron ese día 100 lempiras más de beneficio.

Y yo no iba preparado para esto. Ésa es la verdad.

X. Bea-Murguía (mañana ya, lo prometo, cachondeo).



Aquesta cançó es para mi mujer y para Laura, de Vic.


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miércoles, febrero 27, 2008

La seguridad inteligente

L. CIGES: "Hijo... Me respetarás, ¿no?".
A. RESINES: "Padre, ¿qué cosas tiene?".
L. CIGES: "Un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama".
"Amanece que no es poco", brutal película del tal Cuerda que viene a colación a pesar de que no todos pensamos, como él, que el que no es de nuestra cuerda es un imbécil, pero, bueno, la película es simplemente genial).

Queridos amigos,

suscribo al cien por cien lo que dice Rafael Reig en su blog, que muchas veces les he recomendado y que hoy insisto: "Ahora viajar es la forma más popular de hacer penitencia y someterse a humillaciones: registros, prohibiciones de todo tipo, esperas, colas, gastos, instrucciones de seguridad, retrasos sin explicación, disciplina severa, música estridente, comportamiento de jardín de infancia (sin fumar, sin beber, pidiendo permiso para ir al baño)... ¡y encima todo lo hacen por nuestro bien!¡A ellos les duele más que a nosotros!".

Y es más, se lo voy a decir con un pesimismo que es muy poco propio de mí, la cosa sólo puede ir a peor. Es lo que los yanquis llaman la "seguridad inteligente". Fíjense que yo siempre había pensado que la "seguridad inteligente" es la que existe sin que se note, sin que sea una molestia, sin que sea un abuso. Para ellos no. Para ellos la seguridad inteligente es aquella en que te cachean, te obligan a sacar los calzoncillos sucios de la maleta, te tumban en el suelo mientras un perro te gulusmea como si fueras una olla de arroz NO PORQUE TÚ SEAS SOSPECHOSO DE NADA... Noooooo... Si no como espectáculo público para tranquilidad del respetable: la administración George W. Bush cuida de su seguridad de forma inteligente. ¡Bájese los pantalones y esté tranquilo que es por su bien! ¡JA!

Yo no sé ustedes, pero a mí, particularmente, ver en las esquinas de la Plaza Central de Danli, Honduras, a dos huevones vestidos de militarote con un M16 en la mano no me reconforta ni me da sensación de seguridad. Muy al contrario, me intranquiliza y mucho porque si están es por alguna razón y porque, en el fondo, un becerro con un pistolón es como un hombre en la cama (de ahí la cita del tal Cuerda, de la cuerda de los sine baculo).

No les voy a contar las mil vicisitudes que pasamos en el aeropuerto internacional de Miami, ni el enfrentamiento verbal que sostuve con un hispano hijo de puta con placa y pistola (sí, Juan, pero sin quererlo ni beberlo), al que, al final de la discusión, con mucha mano izquierda, demostré todo mi desprecio por prepotente y por cabrón (sin que, por cierto, me detuvieran).

Lo que les quiero contar es que si ustedes van a volar a un país de América y pueden evitar la escala en Estados Unidos, ni lo piensen. Hoy, con el plan de seguridad inteligente de Bush, les obligan a entrar en el país y a pasar aduana. Les puede suceder que, de forma completamente arbitraria, les seleccionen para el cuartito del guantecito de látex, lo que le hará perder su conexión, como casi, casi le pasa a una compañera de viaje que fue directa al cuartito porque al tipo de la aduana le pareció que "sus apellidos eran demasiado corrientes".

Si usted se apellida Pérez, ni lo piense: NO VAYA A ESTADOS UNIDOS. No les gustan los Pérez allí. Son peligrosos. María de las Cruces... Montse... Haced como el Ratoncito Pérez, que ya no lleva monedas a los niños americanos.

El trato no es ya inhumano: es vejatorio. Recuerda a las colas de las listas de la muerte de los campos nazis, así de monstruoso es. Estás en la fila, inocente viajero que ni siquiera pretende entrar en Estados Unidos, sino ir a Managua, y no dejas de pensar en la posibilidad de que te toque la china. La seguridad inteligente de Bush es bananera, un indudable paso atrás, algo que vendrá a Europa si no lo evitamos nosotros.

Yo he ido a Estados Unidos cuatro veces, ninguna de ellas con intención de matar al presidente de Estados Unidos (aunque si me pusieran una casilla preguntándome si "Tengo intención de cagarme en su puta madre", diría que SÍ sin dudarlo). Me han hecho toda clase preguntas idiotas en plan interrogatorio incómodo, me han obligado casi desnudarme y así, descalzo, sin chaqueta ni cinturón, me han cacheado sin miramientos, me han tomado las huellas dactilares, me han fichado, me han roto una maleta, me han insultado y todo esto por mi seguridad.

Cuando el lunes recogí mi maleta de la cinta de la T4, comprobé que me la habían abierto en Miami. ¿Por qué? ¿Con qué derecho? YO NO HE IDO A ESTADOS UNIDOS. Era un pasajero en tránsito de Tegucigalpa a Madrid. Ya es la segunda vez. La primera vez sí que fui a Nueva York. Me rompieron la maleta, directamente, y me encontré dentro una papela del Transport Security Administration, que conservo y cuya lectura les recomiendo. No tiene desperdicio, pero el tercer párrafo es sencillamente el sumum de la conculcación de derechos. Encima tienes que leer la divisa "Smart security saves time" ("La seguridad inteligente ahorra tiempo"). Hay que joderse... Siempre y cuando no estés en tránsito, ya que las posibilidades de perder el enlace son muy altas.

Yo llevaba casi cincuenta puros en la maleta, regalos de Padrón y de Flor de Selva. Son puros hondureños y nicaragüenses. Si hubieran sido cubanos, me los habrían quitado... ¿Por qué? Yo no iba a Estados Unidos.

Estados Unidos es un gran país con grandes cosas, entre las que no se cuenta la paranoia en que les ha sumido la administración Bush.

X. Bea-Murguía (perdonen el rollo de hoy)

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viernes, octubre 26, 2007

Die mesa de billarrrr


"Me temo que es imprrescindible parra senarr una chaqueta y un corrbato. Si lo desea tenemos chaquetas y corbatos, señorr".
Maitre del restaurante "Al pan, pan y al vino, vino".

Querridos amigas:

disculpen si encuentrran sierta asento de Rrenania del Surr ¿ya? Tantos veses les he dicho que tengo fasilidat parra los idiomas und parra los asentos que ustedas pueden comprrenderr que después de una bunderbag semana en Fuertefenturra, que es una sucurrsal flotante de Alemania, rrodeadas de compatrriotas, haya afansado mucha mit meine guerrmano und un puntillo de westfalense, bitte, ¿ya?

Fean, fean si no un clarro ejemplo de mi manerra de desenfolferme en exprresión mit la lengua de Goethe: die furst tag in Fuerrtefenturra, pasamos meine frau und yo y los amigas porr una sona del hotel donde había eine pequeña templo dedicado al sagrrrado juego del billarrr. Sobrre una de las mesas, con una total falta de respecta a ésta que yo y muchas de mis correligionarrias considerramos como un altarr, trai pequeñas kinderen rrubicundas como walkirrias prrofanaban nuestrras crreensias sentadas sobrre su grune tapete und, es más, poniendo todas sus pieses ensima mit la desprreocupasión irrreferente prropia y sensurrable de las neues generrasiones.

Como comprrenderrán, ich niet podía tolerrarr esa actitut ni ese comporrtamienta de horrda teutona en pequeñas crriaturos que deben serr educadas parra conforrmarr la esperransa de todo un país en expansión porr Fuerrtefenturra. Así que me aserrqué a ellas, prrocurrando poner carra de Gunter Grass pelando la cebolla, y con prresiso asento de Rrenania, les grrité:

-- ¡BAJEN! ¡BAJEN!

Así aprrenderrán estos kinderen a rrespectarr el juego cubaterro por exselensia.

Coño.

X. Bea-Düsseldorf (parra serrfirles)

La verdad es que el camarrada Placidov Domingovich da un poco pena, pero el menda del pollo vale una película... Que no le hayan dado un óscar a ese tío es una injusticia histórica:

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lunes, junio 25, 2007

Juanito, no nos dejaron hablar tranquilos

Queridos amigos,

el sábado fue un día agotador, como, enseguida, podrán comprender. Me pegué un buen madrugón porque cada cual tiene sus manías y la peor de las mías, probablemente, sea madrugar. A las nueve y media, Diego y Wenneke, mis cuñados, venían a buscarnos a casa de mi hermana, en Delft, desde Rotterdam. Se han comprado una casa en Utrecht y, aprovechando que habían quedado con unos albañiles, íbamos a conocerla.

A medio camino, a la altura de Gouda (que los holandeses llaman Jauda, lo cual es absurdo porque el queso ha sido queso gouda toda la puta vida), se da la clásica conversación: cariño, ¿las llaves?, ¿las llaves yo?, las llaves tú, ¿dónde están las llaves matarilerilerile?, su puta madre las llaves, llevamos todo menos las llaves, ya ves, y vuelta a Rotterdam, por otro camino.

Llegamos a Utrecht un poco tarde, pero después de una interesante conversación sobre las normas de tráfico en la que yo decía (contra todos) que toda ley es interpretable y que toda falta debería tener circunstancias agravantes, atenuantes e, incluso, eximentes (por vía admistrativa la única circunstancia que existe es si vas a pagar antes o después y cuánto es la mora). Esta charla fue a 140 por la autopista... Diego, delincuente...

Una casa preciosa, llena de luz, unos techos altísimos y con enormes posibilidades. Comimos en Utrecht y nos volvimos a Rotterdam donde yo me pillé un tren hacia Amsterdam, con parada en La Haya y Leiden, donde me estaban esperando Hormon Wells y Maribel (bibliotecaria, soltera, con gafas).

Como pueden ver en el mapa, me recorrí en un día todo el triángulo del Randstad, que es, creo, el área más densamente poblado de Europa y el resultado lo pueden ustedes ver en esta otra foto.

Qué completo viene hoy el blog. No se me quejarán.

Con Hormon Wells y Maribel, en Amsterdam, estuvimos básicamente tomando una cerveza, cenando en La Luna y babeando con la camarera... Bueno, Maribel, no... Quiero decir que estuvimos planeando hacer cosas diferentes con el blog para el año que viene pero la cabrona de la camarera venía cada dos por tres y se nos iba el santo al cielo, perdíamos la concentración, oléolé, for me and you, grrrrrr... ¡Viva Holanda! ¡Viva Alfredo Oh Landa!

¿Qué le vamos a hacer? Somos paletos.

Luz de velas en La Luna, restaurante argentino en Amsterdam, una camarera así, con cara de necia sin escrúpulos, que causa aturdimiento como si la necedad fuera contagiosa y, de fondo, una dulce voz de mujer canta en directo "Fly me to the moon" de Sinatra...

Fly me to the moon
let me play among the stars...

Juanito (Hormon Wells), como ya es conocido en el barrio, es un hombre proclive al amor, pero si, encima, se lo pasean por delante de la nariz una y otra vez, envuelto en papel de regalo...

let me see what spring is like
on Jupiter and Mars...


-- ¿Desean algo más? -nos interrumpe una vez más con una sonrisa dominadora más que servil. Es imposible que nuestra conversación desemboque en alguna conclusión útil.
-- ¿Qué me decías? -pregunto sin mirar al preguntado
-- ¿Yo? Mira, tronco- me explica Juanito, ahora que ya le hemos dicho a la camarera que no deseamos nada más, aunque hubiéramos deseado decirle la verdad-. El dueño del restaurante contrata... ¡Unas camareras! ¡Así! Todas son como ésta y, claro, luego me echa la bronca por vacilar con ellas. Me dice: "Juanito, esta chica es compañera de trabajo, no seas mujeriego".
-- Yo creo que no le gusta la competencia.

In other words, hold my hand
in other words, baby kiss me...

No pudimos llegar a ninguna conclusión, porque esta mujer no nos dejó. Nos pasamos toda la cena diciéndonos... ¿Por dónde íbamos?... Bueno, lo que te iba diciendo... En fin. Menos mal que está Maribel de testigo: no nos dejó hablar.

Un rato después, en el tren de vuelta a Schipol (donde había quedado con Diego y Wenneke, que, de vuelta a Rotterdam, me iban a dejar en Delft), pude pensar con tranquilidad. Un solitario trayecto en tren por la noche es lo mejor para unir cabos sueltos de conversación, para combinar razonamientos, motivos que ayudan a dar a luz nuevas ideas, nuevas iniciativas, en definitiva, es un momento cojonudo para llegar a una conclusión sesuda y profunda (Ventajas de viajar en tren, supongo). Me habría gustado que Hormon Wells hubiera estado en ese momento en el tren conmigo para compartirla con él, ya que mi conclusión nació con el suave movimiento del vagón pero fruto de nuestro encuentro en Amsterdam.

-- Ya se lo diré -pensé-. O, mejor, se lo escribo en el blog. Hormon, hermano, tronco... ¡Que peras tenía la camarera, madre mía!

Reunión en la cumbre, conclusiones de altura.

X. Bea-Murguía (Bego, gracias por el tratamiento VIP habitual, besos)

Besos Maribel.

Muchas felicidades Ainhoa, te lo juro te lo juro, que no se me ha olvidado. Espero que mi Pepe te haya regalado esta vez unas Lelikellis, que lo de los manolos ya es mucho. Un beso, te lo juro.

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jueves, mayo 24, 2007

Descalzo por Estocolmo con mi cuñao


Queridos amigos:

si van a Estocolmo, háganme caso, lleven calcetines nuevos. Nada de tomates a lo Paul Wolfowitz que les pueden sacar los colores. Los suecos tienen por costumbre descalzarse al llegar a una casa, propia o ajena. Dejan los zapatos en la puerta, bajo el perchero, con toda la normalidad del mundo, como si lo llevaran haciendo siglos (probablemente eso es lo que pasa) y entran sin hacer ruido.

Ahora entiendo que los extranjeros se descalcen por todas partes. En España, no tenemos esta costumbre, que podría no ser bien recibida, además, en según qué casa, pero, por supuesto, hay tantas maneras como países y yo no pretendo decir que lo nuestro es mejor. Ni mucho menos. Digo que es distinto y que estas cosas a mí me llaman la atención. En Estocolmo he asumido que estoy en casa ajena y me he comportado como si fuera sueco de toda la vida, como un Alfredo Landa enamorado de las suecas, y mis zapatos se han desprendido del pie con la facilidad de los zuecos, lo que, por cierto, como trataré de contar, casi me cuesta un buen resfriado. En Estocolmo, en definitiva, he desayunado Kaviar y me he hecho el sueco.

Aunque en Suecia en las bodas no se reparten puros, le dije a Peter, el novio, y él se mostró completamente de acuerdo, que toda buena costumbre tuvo una primera vez. Así que llevé una caja de puros, muy ricos, muy sanos, para la boda. Me tocó, encantado, asumir otra costumbre sueca: la de los discursos en las bodas. Fui invitado por el hermano del novio, Thomas, a hablar de los puros o a decir lo que quisiera, así que me puse de pie (aún no estaba descalzo, que conste, que las costumbres suecas se asumen pero de una en una) y solté mi discurso, en inglés, breve e improvisado, dedicado a Peter y a Charlotta, y que provocó en los invitados la habitual reacción de lluvia de ropa interior femenina. Es mi natural charm. Cuando me senté en mi sitio, como mi hijo Rodrigo había visto que la gente se había reído con mi discurso, vino y me soltó un...

-- Papá, ¿ya has estado diciendo tonterías?
-- Sí, hijo, ya sabes.

Entre las tonterías que improvisé (nada de valor ni técnico sobre puros, no se vayan a pensar que me hice el listo... De eso nada), les dije que había traído aquellos puros, pero que eran muy malos para la salud, que no se los recomendaba. Esto hizo mucha gracia, porque, claro, en ese momento yo no caí en lo malo para la salud que, verdaderamente, puede llegar a ser fumar un puro en una boda sueca por la noche... en la calle.

Los suecos son, por lo menos los que yo he conocido, gente tan absolutamente amable y cordial como lo fue Sofía, la encantadora editora y modelo que me sentaron al lado en la boda (desde aquí siento su envidia y no me extraña: es para tenerla) que me tradujo los discursos y las canciones. Lo digo porque no hubo un solo fumador de puros que, en la solidaridad del frío nocturno, obviara acercarse a mí y decirme: "Buen discurso. Buen puro".

Entre los que se acercaron a alabar el puro, Jonas, un sueco enamorado de Cuba y de los habanos que estaba sentado en mi mesa. Esto ya se lo contaré, porque no es una casualidad.

La fiesta terminó a la una de la madrugada y tanto mi cuñado Diego como yo estabamos más por seguirla que por irnos a la cama, como era intención de nuestras mujeres (la mía se había marchado a la cama hacía un par de horas), así que, aunque estábamos dispuestos a conocer Estocolmo de noche por nuestra cuenta si fuera necesario, pedimos voluntarios para seguir la juerga.

Sería un poco largo explicarlo y no aportaría mucho a la historia: fuimos invitados a casa de Jonas a seguir la fiesta. Encantados. Llevamos a la suegra de Peter, a mi cuñada Wenneke y los regalos a casa, donde todo llegó intacto... jeje... Bueno... Todo, todo, no. Cogimos un taxi, que conducía un argentino, y nos plantamos en casa de Jonas.

Al entrar, nos descalzamos. Yo tenía un tomate en el calcetín, pero en la planta del pie, donde no se ve (menos mal). Eran más de las dos de la mañana. Estaba empezando a clarear la noche. Amanecería en poco más de una hora. Jonas nos ofreció un manhattan.

-- ¿Qué es un manhattan?- además de una isla, claro.
-- Un whisky con Martini Rosso y angostura... Está muy bueno. ¿Quieres probarlo?
-- Vale -le dije y me acordé del martini seco de Buñuel-. Pero pónmelo sin angostura y sin Martini Rosso- y, luego, ante la cara de asombro de Jonas y las risas de los demás, añadí-. Es una broma- y traté de explicarlo, pero fue inútil: no sabían quién era Buñuel... Sólo conocían a Pedro Almorrana. Nadie es perfecto.

Aún más amable todavía, Jonas me honró con un Montecristo nº2 que casi me arranco y le doy un beso en la calva. Fui a encendérmelo, pero en Estocolmo, a las dos y media de la mañana, se fuma uno un Montecristo del dos en la terraza... Así... Descalcito... Con mi tomatito en la planta del pie... No estaba ni en mi casa ni en mi país y, por supuesto, acepté la amable invitación de Jonas y me salí a fumar con él, hasta que ya no pude aguantar la quemazón fría de las baldosas de la terraza en los pies (sobre todo en el circulito del tomate). Eran las tres y media de la mañana y ya era de día.

Yo tenía los pies helados y Diego, hipo, así que, después de un discurso contra Gaudí (con el que yo no me mostré de acuerdo) decidimos irnos. Dimos las gracias al anfitrión y Jesper y Cecilia se ofrecieron a llevarnos a casa. Además, Diego andaba agobiado porque su truco infalible contra el hipo no le había funcionado y, ya se sabe, eso da mal rollo.

-- Te parecerá raro -me dijo mientras se llenaba la boca de líquido, doblaba el tronco, como si quisiera tocarse los pies descalzos con la punta de la nariz, y tragaba - pero a mí se me pasa así.
-- Raro, no, lo que me parece es que podría llegar a ser peligroso para tu integridad que te entrara hipo según dónde estés... Pero, vamos, por lo demás, creo que deberías intentarlo con agua en vez de con un manhattan.

X. Bea-Stockholm (HIP... HIP... HIP...)

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martes, mayo 22, 2007

Viaje con Iberia, viaje.. Trip, trip...

Queridos amigos:

¡qué tarde es hoy también! Ustedes me van a perdonar, pero mi vida ha cambiado un poco en las últimas semanas y ayer, solo ante la TV, con mis criaturas durmiendo desde bien prontito, me enganché a ver una película que no recordaba haber visto (aunque sí), con Gene Hackman y Will Smith, que versa sobre el interesante binomio seguridad-libertad... La libertad sin seguridad es muchísimo más sabrosa. "Enemigo público" se llama. No es que sea una maravilla, pero es, como digo, interesante ver cómo los americanos, de nuevo, se nos adelantan, en esta ocasión, Esperanzadoramente (¿les he dicho ya que voy a votar a Esperanza? Sí, sí).

Como decíamos ayer...

Zaragoza, desde el aire, está precioso, que todo hay que decirlo, y el Ebro me lleva agua para un par de riadas más. Este es un debate fangoso en el que NO me pienso mojar. Ante la falta de explicaciones de Iberia (nor in Inglis or Espanis), toda laya de posibilidades "Y-si" se pasean por el cerebro de uno... ¿Y si algún tipo de fallo mecánico nos obliga a un aterrizaje forzoso? Porque el tiempo no podía ser, el tiempo era sólo una excusa, algo dicho para mantener en calma al pasaje. ¿Y si el tiempo es perfecto pero el avión ha sido secuestrado por unos murcianos que reivindican el transvase del Ebro? ¡Coño! Sí que lleva agua el río... Y qué bajito volamos... ¿Y si se trata de un atentado, como el del 11-S pero contra la basílica del Pilar? ¿Y si el piloto es murciano y le ha dado un ataque maniaco-depresivo? ¿Y si le ha dejado su mujer, que, por cierto, se llama Pilar, por un maño? Y-si... Y-si... ¿Y si nos tienen aquí retenidos hasta las tantas? ¿Y si nos tenemos que quedar a dormir en Zaragoza? Son tantas las cosas que no te cuentan, que no dejas de hacerte preguntas Y-si... Y-si jet, desde luego, no trata así de mal a sus clientes.

Sin embargo, aterrizamos sin problema en Zaragoza a las ocho de la tarde, más o menos. El aeropuerto estaba despejado, quiero decir que no había espuma en la pista y que el tren de aterrizaje se desplegó sin mayor contratiempo (descartamos fallo mecánico) y, también, que la azotea del edificio de la terminal no parecía estar tomada por los GEOS (descartamos secuestro murciano). Además, la azafata nos dijo por la megafonía, una vez que el avión se detuvo, que podíamos usar nuestros teléfonos móviles ("yu can yus yor founs")... Muy listos. Ya nos encargamos nosotros de informar a nuestros impacientes familiares y de sosegar, así, a nuestra costa, cualquier posible motín en Barajas.

Allí, paraditos... Sin saber ná... Hasta las once de la noche... Que digo yo que nos podían haber desembarcado, para poder estirar las piernas... O para cenar, ya que ellos no nos dieron de cenar... No nos dieron nada de nada... Bueno, no, miento. Nos dieron un vaso de agua y nosotros, que estábamos en la fila 17 A, B y C tuvimos mucha suerte: a los de la 17 D, E y F les dijeron que si les importaba compartir el vaso, que no tenían suficientes... ¡LO JURO! (¡Ai suer!).

Le dijimos a la azafata que el niño tenía hambre y que si le podía traer un bocadillo y nos dijo, con todo su aplomo, que NO TENÍAN NADA... ¿Cómo es posible? Bueno, perdón, vuelvo a mentir, nos dijo que no tenían nada, pero le trajeron un par de bolsas de cacahuetes... ¡Un banquete! Además, miente, porque a las cinco de la tarde pasaron un carrito lleno de viandas de pago... ¿Lo vendieron todo? A lo mejor sí, pero yo me preguntaba, en ese momento, ¿es posible que Iberia no tenga personal de tierra en el aeropuerto de Zaragoza? ¿No pueden traernos algo de cenar para un niño de seis años desde la terminal?

No quiero aburrirles. La tormenta no es culpa de Iberia, por supuesto, pero sí lo es que mi familia y yo entráramos en el avión a las 14.30 horas en Estocolmo y saliéramos, sin cenar, sin explicación, sin nada de nada 9 horas más tarde, con las piernecitas arrugaícas, al borde del trombo, y la revista Ronda Iberia incrustada en el cerebelo.

Y como ya he reclamado y, como las veces anteriores, no me van a hacer ni caso, les pido que de vez en cuando manden un email a

relacionesclientes@iberia.com

con la dirección del blog pegada.

Sólo por joder.

Ya dejo el tema.

Que huele ya.

X. Bea-Murguía (lo mejor es que el teléfono de Iberia de atención al cliente, para las reclamaciones y cagarrutas en las santas madres respectivas que de nada tienen culpa las pobres es el 91-581-67-90... Llamen, llamen... Es de coña)

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lunes, mayo 21, 2007

Viaje con Iberia (take a trippy with Aibiria)

Queridos amigos:

hoy es tardísimo y tengo poco tiempo. Hagan como Iberia: échenle la culpa al clima.

Lo malo no es que llueva. Eso puede pasarle a cualquier compañía aérea y, al parecer, no es que estuviera lloviendo ayer por la tarde cuando nos aproximábamos a Madrid, es que estaba cayendo la de Dios es Cristo. Esto, por supuesto, no es culpa de Iberia. El resto, sí.

Debería haber empezado como las malas novelas: "Eran las siete de la tarde y, sin embargo, llovía". El avión se puso a dar vueltas y más vueltas por una zona que, seguramente, era la Alcarria (se veía la central de Zorita) pero nadie explicaba nada. Dos minutos antes, una de las azafatas había dicho por el micrófono: "Señores y señoras. Son las siete de la tarde, hora local, en breves minutos aterrizaremos en Madrid, donde la temperatura es de 23 grados centígrados y el tiempo es despejado". Lo dijo y estoy tan seguro de que fue así porque después lo repitió en inglés... Bueno... En inglés nativo de Calahorra (con todos mis respetos a los calagurritanos), que los suecos del avión se partían el culo, normal, porque para ser azafata de vuelos internacionales hay que saber más inglés que coffee or tea...

Así que el avión se puso a dar vueltas y más vueltas y los "breves minutos" que empezaron a convertirse en largos segundos y que no aterrizábamos. Por la ventanilla se paseaba interminablemente el mismo paisaje, incluidos los dominios del Duque de Uceda y Marqués de Pinar del Río, como si fuera una lona con un mecanismo sin fin hasta que una breve media hora larga más tarde, y sin que haya mediado media explicación, el avión pareció iniciar la maniobra de aterrizaje.

Era un engaño, una maniobra evasiva:

"Señores y señoras, por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza. En cuanto tengamos más información, se la comunicaremos. Gracias por su comprensión y su cooperación". Y luego: "Laidis an yentelmen, bai meteoroloyical motifs we jaf tu land in Zaragoza (¡qué bien dijo Zaragoza en inglés!). We don't jaf mor informeison. Zenk yu for yur copereison and comprension".

Los suecos flipaban. Normal que flipen. Pero la noche había hecho sino comenzar. Que te digan en una especie de inglés zulú que en Madrid está despejado y que, a la media hora, te salgan con que por motivos meteorológicos nos vemos obligados a aterrizar en Zaragoza es mosqueante.

Pero, insisto, que en Madrid esté cayendo la tormenta del siglo no es culpa de Iberia. Eso no.

No tengo más tiempo. Mañana sigo.
I haven mor taim. Tumorrou ai follou.

X. Bea-Murguía (Exdotbiamurguaia).

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lunes, mayo 14, 2007

Ruah, pneuma, spiritus


Queridos amigos:

gracias a los que han puesto mensajes de apoyo, pero tampoco hacía falta. Me siento muy halagado (gracias Ángel), pero de verdad que una temporadita en el dique seco me viene bien. A la vecina de enfrente, por favor, que me diga cuál es su ventana y a qué hora se pone el camisón... Aunque, no sé por qué, me huelo que el que ha hecho el comentario es un vecino.

Dicho esto, esta semana va a ser muy corta, porque mañana es San Isidro y el jueves me voy, junto a mi pequeña familia al completo, a Estocolmo, ciudad que estoy deseando conocer porque, según me han dicho, está llenita de suecas. ¡La Meca del Landismo me espera! Ya les contaré... O tal vez no... Forse l'omertà assoluta.

Esta semana he aprendido algo curioso, sobre todo por las circunstancias, de la lectura de "Crónica de Dalkey", de Flann O'Brien (Nordica Libros). Ya sé que lo de las solapas es publicidad más o menos, pero cuando un libro viene con una recomendación de Anthony Burgess, que compara al autor con James Joyce, y te dice que el propio Joyce y su secretario, Samuel Becket, lo leían con entusiasmo, pues no hay que pensárselo mucho.

Joyce es, además, uno de los personajes de la novela, situada a mediados de los sesenta en un pueblo irlandés, Dalkey, cercano a Dublín. Y los listos de ustedes dirán ¿cómo puede aparecer Joyce si palmó en los años 40? ¡Coño, pues eso es lo bueno! También aparece San Agustín, Obispo de Hipona. Además, la parte en la que el protagonista se encuentra con Joyce es la más divertida. No se la voy a destripar, no se preocupen.

Lo que quería contar es que leer es bueno porque uno aprende, coño, aprende de verdad y, lo que es mejor, la lectura ayuda a sacar conclusiones propias, como la que me dispongo a desarrollar yo en estos mismos instantes, a pesar de que no tengo ni idea de teología.

En un momento de la novela, James Joyce se larga un breve discurso etimológico sobre ruah, pneuma y spiritus, tres palabras que vienen a significar lo mismo: soplo (pero no uno cualquiera). Cuenta, y es curioso, que el Espíritu Santo fue instituido en el Concilio de Nicea, en el año 325, donde también se le otorgó el rango divino a Jesús (antes era hijo de Dios, pero no Dios, algo así como Hércules, pero sin currárselo ni la mitad). Antes de este concilio, el cristianismo era monoteísta, Dios era uno, y no trinitario ni reparatodo, Dios es tres en uno, donde se nota la influencia de otras religiones que sí creen en las triadas (Amon, Mut y Jonsu), los triángulos divinos que son el signo de la perpetuidad de la vida.

De dos sale siempre un tercero. Dios es padre, Dios es hijo y Dios es Espíritu Santo, pero este último, y aquí viene lo curioso, lejos de ser un fantasma o una paloma (o pichón), como yo siempre había creído, no es otra cosa que el "Soplo Santo"... Ruah, en hebreo, el soplo con el que Dios insufló vida a Adán; pneuma, en griego, ese silbido que seguía a la muerte, que anunciaba que el alma dejaba el cuerpo (y que se ha quedado hoy día en pulmón, dentro de la nueva religión del siglo XXI que es el culto a la salud); spiritus, en latín, que si es sanctus, no es más que el soplo de Dios sobre la Virgen María... El soplo dador de vida.

Sí, amigos y amigas, ahora estoy dispuesto a exponer mi conclusión teológica. La doctrina nos ha engañado durante todos estos siglos en que hemos creído en la paloma, pero no, ni paloma, ni pichón, ni ángel, ni virtudes, ni potestades, ni principados, ni nada que se le parezca: Dios las deja embarazadas con el aliento. Ésta es la verdad.

Pero, esperen, que hay más...

Les he dicho que esta teoría teológica es curiosa "por las circunstancias", pero tiene una conclusión para los ateos... El hombre está dotado de ese espíritu dador de vida, de ese poder divino que lo convierte casi en un Dios en cierta manera. Estoy convencido porque el otro día, hace unas ocho semanas, estaba yo probando un nuevo colutorio y le dije a Beatriz:

-- Este colutorio es fantástico. Mira, mira que bien me huele el aliento.

¡¡¡¡ Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhh!!!!!!

X. Bea-Murguía (especialmente contento).

Ahora entiendo por qué en algunos países del Lejano Oriente van todos con mascarilla por la calle. No es por la gripe del pollo ni por la contaminación... ¡Es por el control de natalidad! ¿Cómo no lo había pensado antes?

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jueves, mayo 10, 2007

Viaje a Tailandia con esposas (y 5): puesta de sol

Queridos amigos:

rompo, pero voy a ser breve, mi pequeño periodo vacacional entre otras cosas porque ustedes no me han rogado insistentemente que me quede. En serio, voy a pedirles un poco de refuerzo positivo.

El sábado dejé de fumar y estoy como el del chiste:

-- ...es que he dejado de fumar.
-- ¡Coño! ¡Enhorabuena! ¿Y cómo lo llevas?
-- Bien, muy bien. Tampoco me está costando tanto. La gente exagera mucho.
-- Pero, ¿cuánto hace que lo has dejado?
-- Pues 107 horas, 7 minutos y 34 segundos... 35... 36... 37...

Esto me está pasando a mí. Además, el tiempo es real (jeje).

La otra vez que dejé de fumar, y me mantuve casi dos años y medio, no me costó tanto. Fueron, en verdad, tres días malos. Hoy, en mi quinto día de abstinencia, estoy a punto de tirar la toalla. No lo voy a hacer, pero estoy a puntiiiiito.

Hace poco más de un año, en Koh-Lanta, Tailandia, más que una rendición, volver a fumar fue una entrega apasionada, un dejarse llevar por las circunstancias. Tienen que imaginar ustedes la puesta de sol en el bar "Viva Zapata" (y aquel de ustedes que tema hacer un esfuerzo de imaginación por miedo a algún tipo de isquemia o a un marichalazo, haga CLIC aquí y lo vea).

Nunca he visto atardeceres tan espectaculares como aquellos, y no es sólo por el color rojo que tiñe todo el cielo ni por el mar convertido en una enorme chapa de cobre ni por la luz que se apelmaza y otorga a la escena una sensación de laxitud del tiempo o de pereza vital o de turbia irrealidad profusa en sombras... Dan ganas de avanzar hasta el borde del mar para comprobar con los nudillos que el fondo no es un decorado. En la calma de las chicharras, que no han parado de cantar en todo el día en repentinas y contagiadas oleadas de violenta inspiración, el ambiente se adereza con la llamada de la sangre de los mosquitos, que mezclan su zumbido de moscardón con el eco de la otra llamada de la puesta de sol: la del muecín que convoca a la oración desde el cercano pueblo de Salamán. Curiosamente, los mosquitos y el muecín quieren lo mismo de los hombres, a la misma hora.

Cuando, cerca de la línea del horizonte, el sol comienza su última caída (y de verdad que parece que va a ser la última), Lek, la camarera superborde, enciende la hoguera de la playa. Antes, ha mitigado el canto de sirena del almuédano con una pátina de música chill de corte místico hindú o, tal vez, budista, muy relajante; después te sirve una cerveza, una Singha-Beer ("¿big o semol?" "Big, coño, que la circunstancia lo requiere") y, aunque no hay aceitunas, te sientas en un confortable banco de madera dispuesto a la charla con los compañeros de viaje o a la sencilla contemplación del panorama, la curva descendente de un sol que pinta una estela en el recuerdo; la metamorfosis que, justo antes de ser engullido por el mar, lo convierte en una gran bola roja.

Entonces te das cuenta de que ese círculo cálido a punto de extinguirse en el mar, no es otra cosa que el extremo incandescente de un cigarrillo fumado por Apolo que se relaja, como tú mismo, en la oscuridad del trabajo bien hecho, al pie del carro recién aparcado.

Así que le pides un cigarrillo a tu cuñado y relajas el esfínter sobre los travesaños del banco de madera.

Ayer, un tipo muy desagradable, dijo con enorme vehemencia en la televisión: "La salud es lo único que importa". Esto ya no se lo cree nadie. Recordar puestas de sol como la de Koh-Lanta es, para mí, mucho más importante.

X. Bea-Murguía (y me vuelvo a mis "vacaciones").

ERNESTO VILLAR CIRUJANO... Muchas felicidades. Luego te llamo, si no me abducen.

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martes, abril 17, 2007

Oh Carol






Chusma:


Para integrarse en Amsterdam hace falta una bicicleta, la ciudad se ve de otra manera pedaleando entre canales e incluso se gana uno la simpatía de la gente del barrio por estar alienado como ellos.Para la gente de mi barrio ha sido motivo de celebración, me han felicitado por ser uno de ellos e incluso me han invitado a unas cervezas.Ya llevo aquí dos meses y esto no podía esperar más
.


El tipo del Chopperdome, la tienda de bicis mas autentica de la ciudad, me recomienda a Carol,la bici se llama Carol por la cancion de Chuck Berry.Cuando le dije que la bicicleta se llamaría así el tipo me dijo que le parecía una idea original y acabe tomando una cerveza y consiguiendo un descuento.


Para estrenar la bicicleta Salima me recomienda que vayamos a Ijburg.Durante toda la semana las temperaturas han sido cercanas a los 28 grados, el Sábado pude contemplar un espectáculo dominguero propio del tercer mundo en una playa holandesa: gente comiendo platos del chiringuito a pie de mar, perros sueltos ,botellas de cerveza... . Comienzo a pensar que tal vez en España nos pasamos intentando emular a los sajones o nos equivocamos, numerosas playas del litoral patrio prohíben que los perros anden sueltos e incluso que se coma "al lado del agua" por parecer mas civilizados y finos. Podría contarles anécdotas curiosas en las playas de Cádiz al respecto. Ijburg es una isla artificial,ganada al mar, la propia isla parece sacada de un anuncio de IKEA, arquitectura vanguardista, familias de perfil joven y nada que hacer excepto un chiringuito bastante conseguido.Es el sitio perfecto para pillar una depre en invierno, pero con la temporada de verano inagurada en pleno mes de Abril tiene cierto ambiente.


No obstante, el trayecto es maravilloso, cruzando el Flevopark, Amstel... y numerosos puentes de nombres que no recuerdo uno se relaja. Una visita que les recomiendo y que muestra como vive cierta población de los Países Bajos, entre la ordinariez y la vanguardia.Rollito bohemio vamos... .


Les presento a Carol en la foto.

Hormon Wells

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lunes, abril 16, 2007

The Asturian experience



Queridos amigos:

Casi que les pongo en antecedentes. Este fin de semana he estado en Asturies... ¡Puxa! Allá, arriba de la montaña, en la línea del horizonte que es una arcadia feliz tan cerca del mar como del cielo, si es que hay alguna otra manera de llamar a lo que hemos vivido: una pequeña boda llena de abrazos. Estas cosas son las que hacen que merezca la pena seguir, las que confirman que no te has equivocado en nada, como si, de alguna manera, tras un retiro espiritual, se volviera uno a Madrid con los votos renovados. El aire puro de Libardón limpia todos los humores, no sólo los pulmones. Aunque un poco de cutu por la noche sí que hacía

Éramos veintipocos y la gente empezó a llorar como si hiciera falta agua en Asturias... ¡Por Dios! ¡No lloreis más! ¡Que está todo muy verde! Y, claro, justo en ese momento dichoso de lagrimón gordo como las patas de un asturcón, me tocaba salir a la palestra a decir mis tonterías y se me puso tal cara de anticlímax, de aguafiestas, que me dije: "Si la peña ha venido aquí a llorar a gusto, coño, ¿cómo voy a leer yo mis cositas?". Pero no había remedio... Y yo, que me creía vacunado para hablar en público, que he hablado con desparpajo ante una audiencia de diputados y senadores sin que me temblara la voz, que me creía una estrella mediática fajada en 19 teles y 500 radios, me puse tan nervioso ante la sencillez de esta boda que me dio un ataque de parkinson: no veía las letras, no levanté la cara del papel y deje escapar un tenue "¡Qué cabrones!", porque habían conseguido destapar mi debilidad, como quien le arranca los pantalones a Tony Manero en pleno baile.

Así que, esto es lo que dije en la boda de Javier Marca, Bárbara Escamilla (y del pequeño Mateo, claro, que vendrá al mundo en julio):

"Todo cuanto me dispongo a expresar ahora lo hago en mi nombre y en el de mi mujer, Beatriz, que ha insistido en que os transmita que suscribe todo lo que yo diga... La muy incauta.

En segundo lugar, quiero añadir que comparto plenamente la alegría que me ha confesado antes
Miguel Ángel Escamilla [el padre de la novia, que veis en esta foto] a quien en buena lógica he notado pletórico porque, como muy bien me ha dicho, va a tener un nieto de Marca Escamilla, que es una marca buena, buena y de calidad. Enhorabuena Miguel. De fútbol, mejor no hablamos. ¡No quiero que la gente piense que estoy tratando de insinuar que estos chicos se casan de penalty!

Hoy es 14 de abril y en una fecha como ésta, tan importante para ellos, que Javier y Bárbara me pidan que hable, casi me obliga a decir que, tanto para mí, como para la reina y el príncipe, es una satisfacción y un orgullo.

Decía Groucho Marx que el matrimonio es una gran institución, “siempre que a usted le guste vivir en una institución, claro”. Cuando Beatriz y yo nos casamos, hace casi ya siete años, yo estaba tan tranquilo en la puerta de la iglesia de San Antonio el Real de Segovia, recibiendo a los invitados, unos pocos amigos y familiares, entre los que, por supuesto, no faltaban los clásicos simpáticos, buenas personas con escaso sentido de la oportunidad, que tienen un especial empeño en intentar poner nervioso al novio...


-- Pero, ¿tú te lo has pensado bien?...
-- ¡Para mí que ya no viene!...

Beatriz llegó tarde, por supuesto, como es su costumbre, pero yo, como digo, estaba tan tranquilo porque supuse que, como siempre le pasa, y el día de su boda no iba a ser menos, no sabría qué ponerse.

Fui al matrimonio convencido, como van esos corderitos que martirizan a la pobre Clarice Starling, y, aunque no todo ha sido un camino de rosas, compartir mi vida con Beatriz y criar a Rodrigo han sido, sin duda, las decisiones más satisfactorias que he tomado jamás. Si me quieren preguntar ahora, como hicieran hace siete años en la puerta de la iglesia, si me lo había pensado bien, les digo que no, que ni bien ni mal ni todo lo contrario, que no lo pensé, en absoluto. Y aquí estoy. Tan contento.

Ellos son mi pequeña familia y no lo cambio por nada y pelearé por ellos, como creo que estoy haciendo, hasta dejarme las uñas en la tierra. Bárbara y Javier siguen nuestro camino, en una circunstancia muy distinta a la nuestra... No hay iglesia... El cura es este señor... Y yo no tengo ningún consejo que darles, porque sé que les va a ir muy bien.

¿Lo habéis pensado bien? Ni falta que hace. Aquí tenemos a una pequeña familia, Javier, Bárbara y Mateo, como lo somos Javier, Beatriz y Rodrigo, y la fórmula que cataliza vuestra unión ya no se puede decidir, ni es posible plasmarla en un papel; no se puede firmar ni tachar con tinta, ni se puede disolver ni hacer desaparecer de ninguna manera física. Ha trascendido más allá de la pareja y es para siempre.

Le he dado muchas vueltas a lo que voy a leer ahora porque es un poco amargo y puede que no muy apropiado para una boda, aunque a mí me emocionó oírselo recitar a su autor, mi amigo el poeta Álvaro Muñoz Robledano. Me conmovió. Aceptadlo como el resumen de lo que no os he querido decir hoy:

"Los años que no tuve"

"Quizás el tiempo se arregle con un manotazo, como el televisor cuando pierde la imagen; un manotazo seco y despiadado en la esquina del domingo, de madrugada, que haga preguntas circulares, que haga preguntas de alabastro, o que haga volver los años que no tuve, o que de nuevo te muestre hecha de piel, amarrada con tejados y palabras, con tanta insensatez, con tanta saliva, hecha de salmos secretos en las uñas.

Quizás el tiempo se arregle con un manotazo seco y despiadado donde la memoria, y vuelvan los años que no tuve porque era, porque soy, tan sólo tú esperándote".

Os queremos mucho, chicos; y tanto Beatriz como yo, deseamos transmitiros que, sean cuales sean las circunstancias que nos depare el futuro, vamos a poner todo de nuestra parte para demostraros que os queremos de manera incondicional, siempre y cuando no estemos jugando a la canasta. Entonces os odiaremos. Pero os odiaremos con el corazón, que es la única manera de odiar a la familia.

Y termino con un deseo ferviente: que lo que ha unido este buen alcalde, no lo separe ni Dios".

X. Bea-Libardón

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lunes, abril 09, 2007

Stacey, nena...:no tengo cobertura



Chusma del Agro:

Un tiempo espléndido el vivido durante toda la Semana Santa en los países bajos. Sol, calor,cervecita y cachondeo a tuti-plen, incluso me confunden con alguien de Suecia,lo que ha provocado el deshueve generalizado de mis progenitores.

Hoy lunes es fiesta por aquí,en cinco días vuelvo a visitar a la gente mas retardada del planeta, esta vez será en Memphis: Tennesee. Stacey me dice que quiere verme de nuevo, me comenta algo relacionado con un niño y un test de embarazo y yo le digo que la cobertura es muy mala en Volendam.El Domingo en la playa de "Wijk en Zaand" conozco a una indonesia que ha vivido en Lavapíes y entonces empiezo a realizar movimientos extraños que recuerdan a Chiquito de la Calzada. Tal vez es el efecto de la cerveza Zatte, que se pronuncia Zote.

Ella se ríe de mis pies pequeños y entonces le cuento que soy el Napoleón de Amsterdam. Acabamos la noche cenando en un restaurante de comida de Eritrea con mis padres, Pascal, Estella, Stepha/en, Ana y Bass y la novia de Bass,la chica de Indonesia que ha vivido en Lavapíes y que se ríe de mis pies pequeños.

Inolvidable.

Definitivamente, me gusta Holanda y la gente de Holanda.

Hormon Wells
Oud-West.

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