miércoles, junio 18, 2008

Policía preventiva

Queridos amigos,

Italia. No pasamos. Que no cunda el desánimo, pero o les metemos cuatro goles o vayan haciéndose a la idea de que Luca Toni marcará un gol con el culo en el último minuto y a casa.



¡Por lo menos no pitará Sandor Puhl! Aunque anda por ahí Lubos Michel, que también nos quiere mucho.

La noticia es que ayer por la tarde... A eso de las seis...

ME VOLVIÓ A PARAR LA GUARDIA CIVIL

Al lado de casa, por supuesto, en esta ciudad policial que se llama Tres Cantos. No se alarmen, por una vez en mi vida, lo llevaba todo en regla. Todo lo que me pidió, que es su deber porque son las cositas que todo conductor español tiene que llevar encima, por ley:


-- ¿Me permite su carnet de conducir?
-- Tenga.
-- El DNI...
-- Tenga.
-- Permiso de circulación...
-- Tenga.
-- Justificante de pago del seguro del coche...
-- Tenga.
-- Chalecos reflectantes...
-- Tenga.
-- Calzoncillos limpios reflectantes...
-- Tenga.
-- Garantía de la lavadora.
-- Tenga.
-- Foto de la familia...
-- Tenga.
-- Diploma de campeón de mus...
-- Tenga.
-- El último de Ruiz Zafón...
-- ¡Me pilló!
-- ¡Vaya, vaya! ¿Sabe que no llevar encima el último de Ruiz Zafón puede ser constitutivo de un delito grave de lesa cultura? ¡Que sea la última vez! Se lo compre, lo lea, me haga un resumen de un folio y lo lleve encima. Queda advertido
.

Me pararon, sí, pero se jodieron porque lo tenía todo en regla.

Me conozco (bastante bien) y, al final, un día, voy a tener un problema serio, porque les voy a mandar a la mierda. Va a ser ese día en que esté de espaldas al sol, que tenga el ojete irritado o que esté cabreado por cualquier memez. Yo soy muy mío, aunque no lo parezca. Tengo buen carácter hasta que me sale la mala leche reconcentrada del epidídimo. La mayoría de ustedes no me conoce enfadado porque controlo buen mi ira, pero, ojito conmigo, que cuando se me descontrola la mala hostia me vuelvo muy, pero que muy del Reverte Tenebroso de la Fuerza.

Ese día en que vaya cagándome en la madre del topo porque sí, verde como Hulk, verde como el trigo verde, verde ante el uniforme verde, me van a pedir los papeles, otra vez, o a ponerme el globo, otra vez (haciendo ahora memoria, cuento que el año pasado, 2007, me hicieron soplar unas diez veces), y no voy poder evitar decirle al guardia lo hasta los cojones que estoy de ellos. Porque es para estarlo.

La pregunta que cabe hacerse, y que lanzo, es si esta presión policial sobre el conductor es legal. Yo pienso que no, que la acción policial nunca puede ser preventiva. Nunca el poli puede adelantarse al delito, nunca puede detener a una persona antes de que cometa un robo o un asesinato, ni siquiera se debería poder parar a alguien porque tenga cara de sospechoso. Había una peli que iba de esto, "Noséqué report", no recuerdo el título. Era de Tom Cruise.

En una ocasión, en Murguía, Álava, un guardia civil armado hasta los piños me pidió el DNI. Yo no lo llevaba encima porque estaba en bañador, camiseta y chanclas, dentro del coche de mi madre, esperándola a la puerta de la farmacia.


Al parecer, había habido un robo en el pueblo. Yo tenía cara de sospechoso. Me sacaron del coche, me cachearon y ya me llevaban al cuartelillo si no hubiera aparecido mi madre en ese mismo momento.

No hay excusa. Esto es un abuso y no cabe justificarlo ni con mil muertos más en carretera.

La policía no puede parar porque sí a un coche.
La policía no puede pedir a nadie que se identifique porque sí.
La policía no puede obligarte a que des tú pruebas que no estás cometiendo un delito.
La policía no puede exigirte a que ofrezcas tú las pruebas contra ti mismo (como, por ejemplo, el control de alcoholemia).

X. Bea-Murguía (claramente delincuente y bastante hasta los cojones).

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martes, junio 12, 2007

De la capacidad humana para absorber impactos

Queridos amigos:

anoche estuve cenando con Antonio Miguel Carmona, el del PSOE, el que dijo aquello de "hundimos otro barco"... Algo que yo sí sabía, pero que esa parte de mí que es inconsciente colectivo había olvidado porque el inconsciente colectivo tiene una memoria muy selectiva y maleable, es que esas declaraciones no fueron jamás unas declaraciones sino un chascarrillo hecho en privado, en un bar, con "amigos", amplificado por una traición a lo Prusias de... Si recordara el nombre, Antonio, te juro que lo pondría... Vellido Dolfos con una grabadora no autorizada ni avisada.

Antonio fue profesor mío. Es un tío muy divertido. Mucho. No me resisto a contar algo sobre la capacidad humana de absorber impactos: el efecto Kúbica.

Mi amigo Cristóbal se admira siempre de lo buen fajador que soy, es decir, que tengo mucho aguante, que me mantengo de pie en la lona bajo una lluvia de ironías con una sonrisa. Esto es sólo porque me precio de saber reírme de mí mismo, de buen rollo, con mis amigos. Ayer Carmona dijo algo de alguien que, sin duda, me superaba:

-- Es buen político porque es buen encajador: tú le puedes llamar lo que quieras... Le puedes decir "¡hijo de puta!" y él contesta: "Bueno, le preguntaré a mi madre".

Aunque no se refería a Zapatero, es curioso que ya en su día, EN ESTE SU BLOG, destacamos como un gran activo político de ZP precisamente que es como el hombre de goma: atesora una capacidad impresionante de absorber impactos y seguir sonriendo con las cejas circunflejas.

El efecto Kúbica

Como yo no creo en los milagros, y lo del Real Madrid no es más que suerte (milagros es lo de Jesucristo, lo del Madrid es puta coña), estoy por denunciar a la DGT por los daños morales que me haya podido provocar el haber estado sometido a la publicidad engañosa con la que nos ha martilleado la conciencia durante años. A mí siempre me ha parecido que exagerar en las campañas publicitarias que pretenden corregir malos hábitos ciudadanos produce justo el efecto contrario. La gente es idiota pero no se lo traga todo siempre. Llega un momento en que dice: ¡anda ya! ¡Vete a Cuenca!

Ustedes saben que si se dan una leche de frente con el coche a 50 km/h su cuerpo aguanta una presión equivalente a la fuerza con que King-Kong pega un puñetazo en la mesa cuando su hijo le trae un par de suspensos a casa... Que es como si te lanzas desde el último piso de las Torres Kio con una piedra de 80 kilos atada a los pies e Iñaki Perurena agarrado a la piedra y recitando inspirados versos... Que el efecto del impacto sobre una persona (humana o no) es el mismo que si un diplodocus, con las uñas lacadas, pisara una docena de huevos (el anacronismo aquí es una licencia poética) de gallina...

Esto está comprobado científicamente, que es lo que dicen siempre cuando nos la quieren meter. Es como cuando en los años cincuenta se decía que era voluntad de Dios y todos a tragar.

Pero hete aquí que va Robert Kúbica, el piloto polaco de Fórmula 1, y se calza la piña del siglo en el Gran Premio de Canadá. De frente contra un muro, así, bien dado... pero no a cincuenta ni a cien... ¡A 300 kilómetros por hora! ¡A 300! Su cuerpo ha absorbido el impacto equivalente a que subas al Everest y cuando te estés fumando el cigarrito en la cima, te caiga en toda la cabeza un meteorito del tamaño de Júpiter...

La foto es bastante ilustrativa, pero busquen el vídeo.

Pues sí, pues sí. Ayer salió del hospital. Andando. Se ha hecho un esguince. Ni siquiera un pequeño desgarro. Un esguince. Insisto en que Kúbica es de Cracovia, no de Bilbao.

¿Y qué puede decir la DGT en su defensa?

Pues qué va a decir: que Kubica se ha salvado porque llevaba puesto el cinturón de seguridad.

X. Bea-Murguía (¡la leche!)

¡Felicidades Kiko!

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viernes, mayo 25, 2007

Toledo-Madrid

Queridos amigos:

Hoy, brevedad.

anoche, a las tres de la mañana, mis ojos hurgaban en ese amasijo de sombras que une Toledo con Madrid en busca de los límites de la carretera. Era algo así, si me permiten ustedes el sacrilegio, como el soldado enfermo de malaria del libro de Mutis, que Maqroll sabe que sigue vivo porque los temblores de la fiebre provocan un lacerante sonido de repicar de huesos contra la cubierta de la barcaza. Salvando las distancias, la carretera era una inexistente plataforma para poner a prueba la confianza en uno mismo. A ratos, con la espesa negrura pegada al parabrisas, me veía flotando sobre un vacío negro e impenetrable, un asfalto camuflado en las tinieblas, una autopista camaleónica, un suponer de líneas y fronteras, una duda permanente de cunetas sobre la fe en el misterio trinitario del ABS.

Sin embargo, la señal inequívoca de que mi coche permanecía vivo y recto sobre la carretera, era el temblor que provocaba en mis ejes el asalto constante de grupos emboscados de baches de lo más tercermundista.

Luego, hay muertos. Su puta madre. ¡Vaya carretera! Las he visto mejores entre el Lago Nakuru y Masai Mara.

Menos mal que yo, como la Veloz Sangüesina: Toledo-Madrid en dos horas y pico y sacudiéndome los caracoles de las ruedas.

X. Bea-Murguía (y no vi ni un control de alcoholemía... Frutero, por favor, confírmame que en época de elecciones, la gente no conduce borracha).

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martes, abril 10, 2007

Y nadie dimite, porque los culpables están muertos

Queridos amigos:

las cifras van, las cifras vienen. Son como una goma que se estira, se estira, se estira hasta que se acomoda a lo que se precisa de ella pero que, como no esté bien sujeta, propina un merecido latigazo en la nariz al director general de tráfico. A este y a los anteriores, que saben que 10 muertos es una tragedia, pero 100 son sólo una estadística.

Quiero pensar que la gente vive tan pendiente de la vida que ya no hace caso a los agoreros, como los fumadores no leemos las esquelas sanitarias de los cigarrillos, como los carnívoros apuran la crujiente grasaza, pero delicada y suculenta, de un cadáver rojo de buey recién muerto, crudo, pero caliente.

Para los que estiran las cifras, la vida se remata en una estadística idiota. Para los demás, en un corre, corre que te pilla: que te pilla el colesterol, que te pilla la cirrosis, que te pilla el cáncer, que te pillan los agentes del estado policial. Así estamos, pasada la primera oleada mediática de puntos del carnet que vuelan como tuneros en el asfalto, acostumbrados nuestros cerebros a la propaganda de la muerte, muerta seas y malandante, el río ha vuelto a su cauce dejando arrasado el campo de los buenos propósitos, el fumador a su tabaco, el gordo a su grasa, el putero a sus putas y el muerto a la carretera.

No admito fallos en este terreno, por víctima que soy del estado policial-recaudatorio que, disfrazado de cruzada por la vida, sangra nuestras cuentas de ahorro en beneficio de los túneles de Gallardón (es decir, su reelección). Si a usted le para un guinda y da positivo en la puerta de su casa, son 600 euros, dos meses sin carnet, seis puntos menos, un sermón y un dése por jodido que eso no se lo quita nadie. El rodillo de la Administración cae sobre usted, cerdo pecador imprudente que circulaba a 80 por una vía limitada a 50, y nadie le redime, ni le comprende. Ésta es la ley y usted es un delincuente. Todos ustedes, sin excepción, son a diario delincuentes.

Así que no hay perdón para los que no perdonan. Ha llegado la lluvia y ha dado por el culo al carnet por puntos. Caemos como moscas. Lluvia y muerte: a ver ahora cómo nos lo explican, a ver cómo presentan las cifras, ese dios Jano de los políticos, para que pensemos que regar las carreteras de radares, agobiar con controles de alcoholemia, hacer pagar multas astronómicas, perder el carnet de conducir e, incluso, ir a la cárcel, es por nuestra seguridad.

Por la mía, no. Desde luego. De hecho, los radares, los controles policiales rutinarios (tan típicos de países democráticos como Cuba) o los controles de alcoholemia son ilegales: vulneran la presunción de inocencia obligando al presunto culpable a dar pruebas contra sí mismo. Y lo peor es que nos asobinamos, damos la testuz al decabello, porque nos sabemos culpables. Han conseguido, con tanta campaña informativa, que las víctimas de su ineficacia nos consideremos culpables de imprudencia. Si morimos en la carretera es sólo por nuestra imprudencia, porque bebemos, porque corremos, porque no llevamos el cinturón...

Pero...
Nunca han sido los coches tan seguros, ni tantas las medidas de seguridad obligatorias (cinturones, cascos, dispositivos infantiles, triángulos, chalecos...), nunca han sido mejores las carreteras, nunca las multas abusivas que vulneran el principio jurídico de proporcionalidad de la sanción ni las amenazas de la DGT tan aviesas ni sus campañas tan agresivas.

Llevamos años incrementando el valor de las multas y con eso sólo suman el Estado y la muerte, que deben de estar asociados.

Alguien debería dimitir. Pero, ¿quién iba a dimitir si los verdaderos culpables están ya muertos?

X. Bea-Murguía (pensando seriamente en dejar de conducir).

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