La Pentax de mi padre
el otro día me hice esta foto con mis criaturas
Guapos, ¿verdad? Mi mujer se había ido al traumatólogo y estábamos los tres solitos en casa. Eran las ocho y media de la mañana, más o menos. Lo que me gusta de esta foto, que hice con el temporizador colocando la cámara sobre la estantería, aparte de mis niños, es que pensé en hacerla y me salió a la primera. Podrán venir otros, más expertos que yo en el manejo de una cámara, y decir que técnicamente tiene mil reproches, pero no me importa porque yo quise hacer esto, exactamente esto: un encuadre, los tres juntitos y un punto de luz atrás.
La fotografía, más con los medios que hay hoy, es un modo de manifestación artística que está al alcance de cualquiera: una cámara digital y atreverse a quitar el automático, el iconito verde, es todo lo que se necesita. No hace falta ir de Ouka Lele por la vida ni de profesional ni de paparazzo. Es un arte para la familia, que se puede quedar en casa perfectamente. Una cámara digital, quitar el automático y probar, probar y probar, e intentar dar un paso más allá, olvidarse por completo del 60-8-muñeco en medio, de las cabezas enteras, los planos rectos, las profundidades de campo, la luz justa, el enfoque nítido... Esto está bien para postales, pero, estoy con Javier Marca, ¿por qué no quemar la foto? ¿Por qué no desenfocarla? Miren qué foto más cojonuda hice el otro día en Utrecht (para mi gusto, ¿vale?).
Está movida, lo sé. No quise falsear la luz con el flash, así que ralenticé la apertura del diafragma. Está movida, pero me encanta, porque es exactamente lo que quería hacer. No iba a pedir a Rodrigo que se estuviera quieto: Julia, la au pair de Milo, le estaba contando chistes y él se estaba, como pueden ver, carcajeando. Esa carcajada que impulsa la cabeza de mi hijo hacia atrás, como la onda expansiva de un chiste, es toda la foto. La vi en el LCD de la máquina: a la primera, perfectamente movida, pero increíblemente expresiva, y cambié de plano.
Esto me produce una enorme satisfacción. Después, cuando enseño la foto, los más puristas me dicen:
-- Está movida.
-- ¿Verdad? -respondo yo-. Eso es lo bueno.
¿No? ¿Alguno de ustedes ha soltado alguna vez una carcajada que no estuviera movida? ¿Una carcajada quieta y silenciosa, en plan Marcel Marceau? No jodamos.
Lo mío con la fotografía no es más que una afición. No me puedo considerar fotógrafo, ni mucho menos, porque técnicamente me queda mucho, mucho, mucho, muuucho que aprender. Voy poco a poco. Los Blanco Urgoiti somos foteros, como me dice siempre mi amigo Nacho Álvarez. Todo evento familiar Blanco Urgoiti parece una convención de turistas japoneses, empezando por mi padre, Blanco Vila, todos llevamos nuestra cámara al cuello, en plan francotirador. Cualquiera que lo viera podría pensar que es un poco ridículo o fastidioso, pero a mí me encanta: hace familia.
Yo empecé con la Pentax de mi padre, una cámara cojonuda que tiene más o menos mi edad. Pesa, su madre lo que pesa, como un balón medicinal, pero llegamos a entendernos muy bien los dos. Yo le decía: "Haz esto" y ella lo hacía casi siempre, aunque había que esperar al revelado y a la casualidad en muchas ocasiones. Pero si no salía exactamente lo que yo quería, sólo era porque no se lo había explicado bien a la Pentax. No estoy hablando del pleistoceno, no. La Pentax de mi padre ha estado en mi poder hasta el año pasado y me la he llevado a todos mis viajes, a todos, todos, con carretes de diapositivas.
Ahora tengo una Nikon D40 que me encanta. Estoy entusiasmado con ella porque me permite explorar e investigar, profundizar en la búsqueda de la fotografía que yo quiero (como ésta de Nico en la playa que me entusiasma), en la que se mezcla siempre la intención técnica y la casualidad.
Aunque no esté conmigo, la Pentax de mi padre fue mi primera novia y nunca la olvidaré.
X. Bea-Murguía (hoy, desde casa todo el día)
Les he preparado este pequeño vídeo con fotos mías (todas, excepto una), con música de los Beatles, claro, por si quieren ustedes verlo y decirme qué les parece. Mañana pondré más.
Etiquetas: Familia, Fotografía, Rodrigo


