lunes, mayo 26, 2008

La Pentax de mi padre

Queridos amigos,

el otro día me hice esta foto con mis criaturas



Guapos, ¿verdad? Mi mujer se había ido al traumatólogo y estábamos los tres solitos en casa. Eran las ocho y media de la mañana, más o menos. Lo que me gusta de esta foto, que hice con el temporizador colocando la cámara sobre la estantería, aparte de mis niños, es que pensé en hacerla y me salió a la primera. Podrán venir otros, más expertos que yo en el manejo de una cámara, y decir que técnicamente tiene mil reproches, pero no me importa porque yo quise hacer esto, exactamente esto: un encuadre, los tres juntitos y un punto de luz atrás.

La fotografía, más con los medios que hay hoy, es un modo de manifestación artística que está al alcance de cualquiera: una cámara digital y atreverse a quitar el automático, el iconito verde, es todo lo que se necesita. No hace falta ir de Ouka Lele por la vida ni de profesional ni de paparazzo. Es un arte para la familia, que se puede quedar en casa perfectamente. Una cámara digital, quitar el automático y probar, probar y probar, e intentar dar un paso más allá, olvidarse por completo del 60-8-muñeco en medio, de las cabezas enteras, los planos rectos, las profundidades de campo, la luz justa, el enfoque nítido... Esto está bien para postales, pero, estoy con Javier Marca, ¿por qué no quemar la foto? ¿Por qué no desenfocarla? Miren qué foto más cojonuda hice el otro día en Utrecht (para mi gusto, ¿vale?).



Está movida, lo sé. No quise falsear la luz con el flash, así que ralenticé la apertura del diafragma. Está movida, pero me encanta, porque es exactamente lo que quería hacer. No iba a pedir a Rodrigo que se estuviera quieto: Julia, la au pair de Milo, le estaba contando chistes y él se estaba, como pueden ver, carcajeando. Esa carcajada que impulsa la cabeza de mi hijo hacia atrás, como la onda expansiva de un chiste, es toda la foto. La vi en el LCD de la máquina: a la primera, perfectamente movida, pero increíblemente expresiva, y cambié de plano.

Esto me produce una enorme satisfacción. Después, cuando enseño la foto, los más puristas me dicen:

-- Está movida.
-- ¿Verdad? -respondo yo-. Eso es lo bueno.

¿No? ¿Alguno de ustedes ha soltado alguna vez una carcajada que no estuviera movida? ¿Una carcajada quieta y silenciosa, en plan Marcel Marceau? No jodamos.

Lo mío con la fotografía no es más que una afición. No me puedo considerar fotógrafo, ni mucho menos, porque técnicamente me queda mucho, mucho, mucho, muuucho que aprender. Voy poco a poco. Los Blanco Urgoiti somos foteros, como me dice siempre mi amigo Nacho Álvarez. Todo evento familiar Blanco Urgoiti parece una convención de turistas japoneses, empezando por mi padre, Blanco Vila, todos llevamos nuestra cámara al cuello, en plan francotirador. Cualquiera que lo viera podría pensar que es un poco ridículo o fastidioso, pero a mí me encanta: hace familia.

Yo empecé con la Pentax de mi padre, una cámara cojonuda que tiene más o menos mi edad. Pesa, su madre lo que pesa, como un balón medicinal, pero llegamos a entendernos muy bien los dos. Yo le decía: "Haz esto" y ella lo hacía casi siempre, aunque había que esperar al revelado y a la casualidad en muchas ocasiones. Pero si no salía exactamente lo que yo quería, sólo era porque no se lo había explicado bien a la Pentax. No estoy hablando del pleistoceno, no. La Pentax de mi padre ha estado en mi poder hasta el año pasado y me la he llevado a todos mis viajes, a todos, todos, con carretes de diapositivas.



Ahora tengo una Nikon D40 que me encanta. Estoy entusiasmado con ella porque me permite explorar e investigar, profundizar en la búsqueda de la fotografía que yo quiero (como ésta de Nico en la playa que me entusiasma), en la que se mezcla siempre la intención técnica y la casualidad.

Aunque no esté conmigo, la Pentax de mi padre fue mi primera novia y nunca la olvidaré.

X. Bea-Murguía (hoy, desde casa todo el día)

Les he preparado este pequeño vídeo con fotos mías (todas, excepto una), con música de los Beatles, claro, por si quieren ustedes verlo y decirme qué les parece. Mañana pondré más.


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lunes, enero 14, 2008

Cruzar una mirada

"Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.

Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
matando en mí la burla y la sugestión del vocablo
".

Federico García Lorca, "Poema doble del lago Eden. Poeta en Nueva York".



Queridos amigos,

les iba a clavar, tal cual, un capítulo de "Hotel Honolulu", de Paul Theroux (Seix Barral), pero coger ese todo por una parte, con su meticuloso avance argumental y sus innumerables detalles, carecería de sentido. Lo mejor que pueden hacer es comprarlo y leerlo: les garantizo a todos una enorme sonrisa de muñeca hinchable que permanecerá imborrable en el recuerdo de sus páginas.

En verdad, no existe ningún motivo especial para que algo me guste o no. No responde a razones técnicas, que en la mayor parte de las ocasiones desconozco, ni a calidades más o menos estandarizadas ni a la aceptación o al repudio general. En absoluto. Aunque todos tengamos esa tendencia, a veces un poco tonta, a racionalizar, a dar una explicación que justifique que algo nos apasiona o, por el contrario, que lo odiamos. No tiene por qué haber razones para el odio, ni para el amor, ni hay que afanarse mucho en demostrarlo porque, en mi opinión, al tiempo que damos con la palabra justa que, por fin, lo explica y da sentido o termina con la discusión, acabamos con un misterio y todo se falsea.

Así que he decidido que no tengo por qué explicar lo que es evidente y, si acaso me viera obligado a dar razones, éstas no tienen por qué ser lógicas ni sesudas ni fruto de una severa y profunda reflexión ni definitivas ni inamovibles ni superiores. Reclamo mi derecho a estar equivocado.

Por eso mismo, tú no tienes por qué entenderlo. Prefiero compartir la experiencia y, después, cruzar una mirada. Prefiero clavar mis ojos en ti.

X. Bea-Murguía (para quien quiera entender. Lean "Hotel Honolulu". No les dejará indiferentes).

Y si me acuerdo mucho de Amaya Corral de los Yunquera de toda la vida y de Ricardo Astorga es, precisamente, porque sobran las explicaciones. Enhorabuena, amigos. Si nos necesitáis, aquí estamos. Muchos besos (por lo menos cinco).

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martes, noviembre 20, 2007

Un momento, que...

Queridos amigos,

sé que tengo pendiente contarles lo de mi nueva y honorable condición de "agente favorecedor del cambio climático" y "contaminación acústica", pero seguro Al Gore anda todavía sobrevolando mi casa como un águila calva alrededor de su presa, en su jet privado superecológico y no quiero que me fulmine.

Les cuento que a mi Rodrigo le gusta el ajedrez. Ahí le tienen. La foto, que es un poco regulera, se la ha hecho su padre. Eso y que la palabra "camomila" siempre me ha sonado a una mezcla entre "camelo" y "pantomima". Se pueden imaginar que, en estas semanas finales del embarazo, acabo el día bastante hecho polvo. Madrugo, porque es mi condición, y no paro ya en todo el día. ¡Hasta estoy aprendiendo a cocinar! Y resulta que, como sucede casi siempre, no es que fuera negado para la cocina, es que no me había puesto.

Pero para el niño nunca es suficiente. Araña siempre pequeñas prórrogas a las obligaciones del carrusel de la rutina con "un momento, que..." Tengo que ponerme en plan ogro total si quiero que se duche rápido, porque él estira, estira y estira el tiempo de jugar, y hace bien, ¡qué narices!, que luego a los 35 pensará que la infancia fue corta. Beatriz ha pasado del yeso al reposo y yo tengo que azuzar al niño para que el asunto tenga cierta ligereza, pero él "un momento, que le voy a hacer el mate pastor" al ajedrez del Windows Vista y lo dice tan convencido que me sorprendo a mí mismo mirando embobado la partida por encima de su hombro. A las nueve y media tiene que estar en la cama, si quiere que haya cuento porque aquí, su padre, se va a la cama poco después.

La situación siempre acaba tensándose porque no hay manera: ducha, "un momento, que cojo un juguete"; vístete, sécate, baja a cenar, "un momento, que me hago la cresta"; cena (coññññño), "un momento, que le doy un beso a mamá"... ¡Tiene un cuento, el cabrón! ¡Y no se le acaban las pilas!

Así que le he comprado un gel de camomila "Buenas noches", "Felices sueños", "Relax total", "Más chutes, no" o algo así, pero no funciona: empiezo a pensar que he sido víctima de una publicidad engañosa. En la etiqueta, aparece un niño dormidico, un serafín rubicundo endrogado, ya, frito, con estrellitas y carita de bueno que te convence. Lo compré por si ayudaba en algo, no se crean que llegué a pensar que iba a ser un bálsamo milagroso: de serlo, la etiqueta mostraría a unos padres tomándose un whisky, descalzos, relajados y con los pies sobre la mesita del salón. Creo que hoy voy a revisar el modo de empleo: impregnaré bien la esponja con el gel de camomila y esperaré a Rodrigo emboscado tras la esquina. Cuando llegue el "un momento, que voy a hacer el pino-puente", lo agarraré por el cuello y se lo aplicaré en nariz y boca, como hacen en las películas de espias, a ver si así, respirando hondo la camomila, logro algún parecido con el angelito de la etiqueta. O eso o compro "Nenuco" al cloroformo.



Háganse cargo: llego extremo a las diez de la noche. No me hace falta ni gel de camomila para caer como un saco de patatas (un saco bastante grande, por cierto) en la cama. Tengo paciencia, pero no puedo más y he de ser duro e inflexible, porque si no, mi hijo me hace el jaque mate pastor con la izquierda de todas, todas y no se lava los dientes, no se mete en la cama, no acabamos... No acabamos: hay que sacar el caballo a F3 y enrocarse.

A veces me quedo con el comecome, porque él se va llorando a la cama todos los días... Todos. No se resigna hasta que se queda dormido, pero yo aguanto en defensa siciliana, porque sé que si entro en la habitación a consolarle, llevando mi alfil a G5, me mete la dama en B2 y me papea la torre. Así que, duro, inflexible, oigo el llanto de mi hijo y espero a que la camomila haga efecto.

Pienso que, por la mañana, cuando voy a despertarle, habrá rencor en su abrazo, pero nada de eso. Tiene tanto cuento por la noche, es tan claro que lo que quiere es tenerme en jaque para no irse a la cama, que entro en su habitación, le muerdo el culo, le llamo Manolito, le digo que hay que prepararse para ir al cole y él, como si las mañanas no tuvieran memoria, como si cada día fuera la misma apertura clásica que ha olvidado la derrota de la noche anterior, me agarra fuerte del cuello y me aprieta tanto que sé que, otra vez, la partida va a merecer la pena.

Hasta que un día me gane.

X. Bea-Murguía (un momento, que lo voy a corregir)

Hoy, 20 de noviembre, es el cumpleaños de mi tía Carmen. Un beso, tía, luego te llamamos para que te felicite el ajedrecista. Por cierto que ayer hice un compendio de las cosas que no me gustan, pero no quiero que me vean como una persona negativa. Aquí va algo que sí me gusta, pensando en Pedro que anda por Chicago.



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viernes, septiembre 14, 2007

Uno que se pone en las fotos

Queridos amigos,

aquí les dejo este testimonio aterrador, este documento morboso, esta prueba documental que atestigua que, efectivamente, como pueden ver, mi hermana mayor fue Caperucita Bética y mi hermano mayor, un payaso. Lo siento Luis, Bego, no me debéis dinero ni nada por el estilo, pero es justo que la verdad salga a la luz. La gente, vuestros hijos, maridos y mujeres, vuestros amigos, vuestros compañeros de trabajo y vuestra familia política, tiene derecho a saber la verdad, cruda, desnuda (vestida de payaso o de Caperucita), que, de todas maneras, siempre acaba saliendo.

El de la boina es un extra que pasaba por allí y con todo su morro, se colocó en la foto, ¡será chupacámaras! Nada tiene nada que ver con mi familia. No sabemos quién es. De hecho, si alguien lo conociera, que nos diga cómo podemos mandarle una copia de este dramático documento a sus conocidos para que sepan con qué clase de tipo se están jugando los cuartos.

Miradle, ¿cómo va a ser de nuestra familia? Con esas piernicas que tiene en forma de equis y esas bambas Victoria, que parecen una venganza materna más que el calzado que es propio de los leones. ¿Y qué me dicen de los pantalones? ¡Si parece Cachuli o Alfonso el de las Televisiones! No sé quién le vestiría así, pobre criatura, pero parece que hubieran querido tapar el escudo del Athletic por vergüenza. ¡Ay si mi abuela Mari, la "Elegante de Bilbao", lo viera!

Dos cosas positivas veo: lo de la obesidad infantil es una gilipollez como la copa de un pino, que la gordura es hermosura, salud y crecimiento y que se dejen de monsergas que se ve que el niño es orondo, rollizo, saludable y feliz. Y la txapela... ¡Ay la txapela! Hay que reconocer que el crío asomaba maneras de llevar la txapela como ha de llevarse: de medio lado, con clase, señorío y distinción.

¿Cómo será este tío 30 años después? Pues igual, pero con un puro en la mano (digo yo). Si ven por la calle a un treintañero gordo, vestido del Athletic, con la boina a medio lado y los pantalones subidos hasta las cejas, no dejen de decirle que pase por el blog a recoger este segundo detenido de feliz infancia en Murguía.

X. Bea-Murguía (y para que vean que el chaval reincide, dos platos... ¿Cómo haría la madre para meterlo en esos pantalones? Parecen los hermanos esos que cantan rumbas de Hospitalet de Llobregat, los Estepona esos).

Gonzalo, tengo una sopa caliente para ti. Hoy, sin falta, te llamo. Un abrazo.

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miércoles, marzo 21, 2007

Descolocados por una verdad que no es tan cierta


Queridos amigos:

este primer día de primavera, cargadito de invierno, es el cumpleaños de mi suegra, Pilar, (¡muchas felicidades!), que es seguidora acérrima de este, su blog, H.Wells & X.Bea-Murguía, y lo ha sido desde el principio, tanto que en una ocasión me dijo: "Hijo, a veces... ¡cuentas cada cosa!". Y tiene razón, por supuesto, pero ese es el tipo de trangresión que buscamos: una verdad que, aunque no siempre sea muy cierta, descoloque. Rara vez lo conseguimos, todo sea dicho de paso, pero eso no quita para que lo sigamos intentando con denuedo. No se les olvide felicitar a Pilar.

El otro día, mi sobrina Paula, que es un bollo de dos años más salada que las tortitas que perpetró el domingo mi hermana Begoña, hizo una demostración de lo que tiene que ser esa verdad que aunque no sea muy cierta, te deja descolocado. Puedo imaginar el careto de preocupación de mi hermano Luis, su padre, que salía en ese momento de casa tan contento y el descojone de mi cuñada María, con la respuesta de la niña. La cosa es que estaba desayunando con una tirita de Winnie the Pooh puesta en el dedo, pero como los niños no se pueden estar quietos, al final, hizo un gurruño con ella.

Los padres, con el ajetreo mañanero, a menudo claudicamos de las cuestiones que son verdaderamente importantes, como la tirita de la niña, así que cuando Paula se acerca a su madre, gurruño en mano, y le dice:

-- Amatxu, ¿me la "arreclas"?

María, y yo puedo comprenderlo porque la mañana con niño resulta siempre estresante, tiene tres cosas en la mente y dos en cada mano y, aunque trata en un primer momento de estirarla, renuncia enseguida, siguiendo la máxima de Aldous Huxley "Tirarlo es mejor que remendarlo". Mejor para la economía del país, se entiende.

-- No se puede, Paula. Ya pondremos otra.

La niña, en un acto de rebeldía contra la hipnopedia de "Un mundo feliz", coge su gurruño de Winnie the Pooh y va donde su padre que, en ese momento, se está poniendo el abrigo para salir de casa:

-- ¿Me la "arreclas"?
-- No se puede, Paula -grita María desde la cocina.
-- No se pueda, hija -corrobora Luis, sin siquiera intentarlo. Es bueno que los padres estén plenamente de acuerdo en las respuestas a su hija. Pero, Paula, como todos los niños, suelta en ese momento una verdad que, aunque no sea tan cierta, desbarata todos los principios de la buena educación a los hijos escritos en la imprescindible trilogía de la psicología conductiva infantil "Duérmete niño", "Come y calla, coño" y "Tate quieto de una puta vez (hay que joderse con el niño de los cojones)".

-- Tú sí puedes -clavando esa tierna mirada en su padre, mezcla de admiración y fe ciega en la capacidad de su progenitor. Ya irás conociendo a tu padre, Paula. Es buena gente, pero manitas, lo que se dice manitas...

Luis, descolocado por una verdad no tan cierta, intenta "arreclar" el que, sin duda, debería haber sido el problema más grave de su jornada. Comparado con este asunto, cualquier preocupación adulta es baladí. Pero, como una vez hablamos él y yo, de hermano a hermano, en el suculento comedor de Viridiana, hay veces que es mejor aparcar los problemas cuya solución es incierta, guardarse la tirita en el bolsillo y decirle a Paula: "Luego la arreglamos". Este truco de prestidigitador, que no es definitivo (ni mucho menos), por lo menos otorga tiempo para pensar, dar nuevas perspectivas.

O para olvidar. De hecho, Paula se olvidó de la tirita.

Un beso Luis.

X. Bea-Murguía

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sábado, marzo 10, 2007

Felicidades Bego

Hola Bego,

estoy en Edimburgo, en el aeropuerto, esperando para embarcar. Mientras hago tiempo, aunque luego te voy a llamar, muchas felicidades y besos. Nos vemos pronto.

Javier

PDT Felicidades de parte de Rodrigo y de Cristobal.

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lunes, febrero 26, 2007

Carlos tenía prisa

¡Qué pasa, Gordo!

cualquier diría que hasta que no lo has conseguido, no has parado ¿verdad?. Y, ahora, resulta que esta vez no, que simplemente el sábado era tu día, era la tarde en que saliste de casa con la papeleta perdedora y ya está. Mira tú, la muerte es así. Por una vez en tu corta vida, ésa que viviste como un funambulista sobre la puta línea, ibas despacio, de ley, y con el casco puesto, que es obligatorio porque salva vidas.

Me desperté el domingo con la noticia y, te voy a ser sincero, pensé que te tenía que llegar. Tantas veces has regateado a la muerte que no me extrañó que, por una vez, la definitiva, la muerte hubiera sido más rápida que tú que eras un trazo blanco y distorsionado en la carretera de Vitoriano. Aún así, deseé darme la vuelta, volver a taparme con las mantas hasta las orejas y aferrarme al sueño, no despertar a la vida, como si con eso pudiéramos volver atrás y darte la oportunidad de que fueras como tú ibas siempre: adelantando por el arcén, sin casco y a toda hostia por las calles de Chiclana. ¿No era ésa tu forma de hacer las cosas? ¿No era así como vivías deprisa, más veloz que la muerte que nunca antes consiguió alcanzarte? Pero no, tenías que ir despacio, tenías que llevar el puto casco, ¿verdad? ¿Cuál era tu razón?

Y, así, he consumido un domingo aciago pensando en ti, en el tiempo que hemos pasado juntos en Murguía, aquellos días en que éramos inmortales y nos tirábamos con la goitibera por las cuestas de Oro sin pensarlo dos veces, en todos esos veranos en que tus seis primos te seguimos incondicionalmente hasta que sentimos el vértigo de tu prisa en vivir.

Ahora me doy cuenta de que tenías razón, de que has sido coherente contigo mismo porque tú sabías que el futuro no existe y, por eso, viviste siempre un segundo por delante del presente, tan intensamente como quisiste, sin pensar más que en el hoy que se queda atrás agarrado a las líneas de la carretera.

Así que vas por delante, Carlos, como siempre te han dicho, a lo bruto, pero noble, todo corazón y nada de cabeza. Así has vivido y así has muerto. Creo que no voy a poder ir a despedirme de ti a Murguía, pero cuenta con que voy a hacerlo a mi manera.

Un abrazo, primo.

Javier

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