lunes, diciembre 22, 2008

Cinco cates

Queridos amigos,

parece que la cosa se ha decantado bastante por el corte de pelo y, entre eso, mi respeto absoluto por la democracia y que estoy hasta el mismísimo de quitarme el flequillo de la cara, me parece que, a más no tardar, hoy mismo me pelo...

Ando de Rodríguez total y absoluto, hoy y mañana. Como se pueden imaginar (no piensen en otra cosa), echando de menos a los míos, más ricos ellos, más monos, más guapos... Ahora les pongo otra foto, para mi tía Carmen, que este año no los va a ver por Navidad. Se les echa de menos, de verdad. Uno está acostumbrado a llegar del trabajo y tener que seguir en casa con baños, cenas, culos y a dormir de una puta vez, niño, hasta las diez de la noche y esto de estar en casa SIN NADA QUE HACER es aburrido. Te produce una sensación de vacío tan intensa que te invade la desidia y acabas viendo el fútbol.



A ver si esta tarde pico al Frutero... ¡FRUTEROOOOOOOOOO! Y me tomo una cañita por ahí.

Les quería contar que mis hijos han traído las notas del primer trimestre y, en fin, con suerte dispar. Rodrigo estaba tan contento que se dedicó a llamar a todo el mundo contando la pila de sobresalientes y notables que ha sacado (más un bien en gimnasia, jajajajaja). Lo mejor de todo es la actitud. Las notas están muy bien, pero lo que me hace sentirme muy contento con él es que se me acercan los profesores y me dicen, uno tras otro, lo bueno que es el niño. No me cabe una pajita por el culo, vamos. Estoy tremendamente satisfecho.

Sin embargo, Ana... ¡Ay, Ana! No sabemos lo que vamos a hacer con ella. Estamos barajando la posibilidad de meterla interna durante todo el verano. Ha suspendido cinco asignaturas: "Elementos propios del otoño", "Elementos propios del invierno", "Iniciación al color amarillo", "Elementos propios de la Navidad: el Belén" y, sobre todo, "Rompecabezas de dos piezas"... ¡Rompecabezas de dos piezas! ¿Cómo se le puede llamar rompecabezas a algo que tiene dos piezas?

¡Rompecabezas de dos piezas! Creo que voy a buscar en una librería algún texto de apoyo o de refuerzo o algo, aunque será inútil, supongo, porque esto son cosas del gen materno. Seguro.

X. Bea-Murguía (montaba rompecabezas de dos piezas ya a los 28).

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martes, diciembre 09, 2008

En defensa de Tardà y la libertad de expresión


Queridos amigos,

el domingo se fue mi señora a Alemania y aquí estoy (vivo), haciéndome cargo de mis dos criaturas y de todas sus toses, como una acémila, como un monstruo, con una paciencia que ni yo sabía que tenía. Ana ya está bien, pero ahora el que ha caído, además de quien escribe esto, es Rodrigo. Tengo que decir que mis niños son buenos... Mi Rodrigo no puede serlo más.

No he parado ni un momento. Cenas, comidas, meriendas, biberones, baños, cacas, eaeaeaeeaeo, duérmete niño, niña no toques el enchufe... Y, encima, como bestias enjauladas, porque no ha parado de llover y con tanta tos... En fin. Estoy deseando ir a la oficina hoy a descansar un rato.

Les iba a hablar de Joan Tardà y de la causa republicana, pero en estos momentos de mi vida no sería muy objetivo: estoy completamente a favor del rey... Del rey Herodes el Grande, rey al fin y al cabo, así que me saldrían cosas como ¡Muerte a Tardà! Y no quiero. No.

Y no lo digo por Joan Tardà, eh. Que nadie me malinterprete. No, no. Por favor, que yo soy buena persona y no le deseo la muerte a nadie. Lo digo por otro Tardà... Esto es una manera de hablar... ¿Es que no hay libertad de expresión en este país? ¿Vamos a juzgar a un político por lo que diga el día de la Constitución en un mitín delante de dos o tres mil radicales exhaltados? Hay que contextualizar la frase "¡Muerte al Borbón!".

En primer lugar, el delito de injurias a la corona es una estupidez. Ya, ya sabemos que existe, pero es una ley obsoleta y absurda, que no cabe en nuestra democracia. Esto es un argumento jurídico de peso, que vale ante cualquier juez. Al rey se le debería poder insultar como a cualquier otro, como a Tardà o como, por ejemplo, a Gallardón. ¿Verdad? Que se lo digan a Jiménez Losantos.

En el día a día, por ejemplo, cuando ustedes se salten un semáforo de peatones y el poli les va a calzar la multa, ustedes le dicen: "Es un semáforo estúpido y absurdo, agente". Y no se preocupen: está ganado. Si no en el momento, en el pliego de descargo del recurso. Las leyes en España no se aprueban para cumplirse. ¡Qué va! ¡Qué dices! Es un hecho. Se aprueban para que los diputados justifiquen su sueldo.

Además, Tardà no actúa con mala fe, sino con ignorancia de ley. Claaaaaro. Porque él no sabía, ni por el forro, que decir "Mort al Borbón" en un mitín republicano, delante de dos o tres mil radicales exhaltados, era un delito. ¡Qué va! ¡Qué dices! ¿Un delito eso? Primera noticia. Porque Tardà es tan inocente, el hombre, es casi tonto. ¿Cómo lo iba a saber? ¿Cómo iba él a pensar que esas tres sencillas palabras, dichas en un contexto en el que la pasión le ha arrastrado, el día de la Constitución, ante dos o tres mil radicales exhaltados, iban a abrir telediarios en toda España?

Segundo argumento delante del guardia: "Perdone, agente, pero me he hecho un lío: ¿el rojo significaba pasar o parar?". Está ganado, se lo digo yo. O, si la multa es de velocidad: "Perdone, agente, pero, no estoy seguro, ¿180 es mayor que 120 o menor?".

En España (perdonen, pero en Cataluña, por tanto, también), de toda la vida, la ignorancia de ley exime de su cumplimiento. Díganselo al juez cuando se vean en el trance... "Sr. juez, es que yo no sabía que...". ¡Pelillos a la mar! Tardà ha dicho lo que ha dicho en un contexto que lo justificaba, se le ha malinterpretado, ha cometido un delito, pero, bueno, la ley ésa es muy tonta, no debería seguir en vigor (de hecho, Tardà ni se imaginaba que estaba en vigor, así no hay mala fe por su parte) y, además, él ignoraba que iba a a tener esa repercusión en los medios.

¡Ay, pobrecico Tardà! La inocencia no se perdona en este país.

Es más. Habría que aprovechar la polémica para cambiar la Constitución. ¡Qué coño! En el título I, de los derechos y deberes fundamentales de los españoles, artículo si no el primero, el segundo: "Todos los españoles tienen el deber y el derecho de desear la muerte al rey".

X. Bea-Murguía (me voy a cagar yo en la puta madre de Tardà. Entiendan el contexto, por favor. No sé si es delito esto. ¿Es delito? Es una forma de hablar, eh. No quiero decir que la madre de Tardà sea... No no no no no. Además, no me refiero a ese Tardà, me refiero a otro Tardà. ¿Que a cuál? Pues a otro... No sé... A Tardá de los Monos, quería decir. Además, si este blog no lo lee nadie. ¿Qué se yo? El de la foto, que conste, no es Joan Tardá, que es Super Mario Bros).

David Torres, muchas felicidades, amigo. Feliciten a David, que es su cumpleaños. Estás hecho un chaval. Como dijeron el otro día en la radio, por ti no pasan los años: te los quedas todos. Un abrazo.

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lunes, noviembre 24, 2008

Mis hijos

Jodó, qué frío, maños.

Al eucalipto que comparte las mañanas conmigo, que casi toca mi ventana, se le ha ido la permanente a tomar vientos. Seguro que se había gastado una pasta en Rupert y ahora anda con las hojas más revueltas que una loca de película de Pedro Almorrana.

Qué lunes más lunes. Esta semana me toca lo mismo que la semana pasada, así que no sé cómo andaré de tiempo. Bueno, sí lo sé: voy a andar mal de tiempo, con cierzo en el reloj, corriendo al aeropuerto y a la estación de Atocha, de arriba a abajo, como el Imperio Asirio. Mañana estoy en Santiago. El jueves, en Sevilla. El lunes que viene, en Albacete y ya. A ver si se pasa esta racha (de viento del norte). A ver si vuelve la primavera.

Por lo menos, la niña ya está bien. Vean, vean. Aquí una foto que ha hecho mi mujer. Me encanta.



Guapos, ¿verdad? Tela de guapos. Estos son niños hechos con calidad superior y punto. Si alguna de ustedAs quiere un niño de esta calidad, que me lo diga. Sin problema. Barato, barato, además. Manden primero una foto porque yo, a pesar del poderío de mis genes, sólo puedo asegurar la mitad de esa calidad y luego no quiero reclamaciones que ya advierto que la otra mitad no es cosa mía. Y en el caso de mis hijos, que no se parecen en nada a mí, que son calcados a mi señora, casi se hace verdad eso que dicen siempre en el pueblo:

-- Son iguales a Beatriz. ¿Tú qué has puesto aquí? Si no has puesto nada.

Pues es verdad, joder. Mejor para ellos, claro, que serán más guapos, pero aunque parezca que yo no he puesto nada, la calidad de mi genética se nota en lo blanco de los ojos y en otras muchas cosas. ¿Que en qué? ¡Pues en un montón de cosas, hombre! Al menos, yo la noto. Bueno, miren, si quieren un niño de calidad, hablen con Beatriz y que les dé el teléfono del padre de mis hijos y tan amigos. Además, yo a mi edad, no quiero líos.

En todos estos años, desde que soy padre, y va para ocho, sólo una persona, una, se ha parado ante mí y me ha dicho:

-- Esta niña es clavada a ti.

Fue este verano. En la puerta de la peña. Las chicas de oro iban a misa, como cada día. Y no, no fue el vendedor de la ONCE. Fue la Encarna. Muy maja la mujer. No ve tres en un burro, es cierto (y desconsolador), pero tampoco vende cupones. Los demás, siempre preguntan... Así, con acento segoviano...

-- ¿A quién se parece esta niña? ¿A quién se parece este niño? -metiendo el dedo en el cochecito para verle la cara y añadiendo- Porque a ti no se parece.
-- Pues no sé a quién se parecerá-contesté en una ocasión pasando ya de contrariado-. ¿Por qué no le haces una foto y la vas comparando con todos los tíos del pueblo y así nos enteramos los dos?

No te jode. A mí no me importa, la verdad. Me la pela. Creo que padre es quien se lo gana. Padre es el que pasa noches sin dormir acunando la fiebre de los hijos, el que limpia culos y canta en el baño, el que levanta al niño cuando se cae de la bicicleta, el que lo lleva al colegio, el que castiga a su pesar, el que no se pierde ni una sola exhibición de judo, el que deja que la niña chupe su teléfono móvil, el que cree que el trabajo es importante, pero secundario. Lo que quisiera, si se confirmara esto que sólo una madre sabe y todo padre sospecha, es que si hubiera un quien por ahí, pasara la pensión alimenticia, ¿no? Que por lo menos colaborara en la manutención. Que no le saliera gratis. Eso sí, sin derecho a pasar la noche en vela ni entradas para la exhibición de judo. Eso no lo comparto, que el cálido abrazo de mis hijos es sólo mío.

Bromas aparte. Mis hijos son guapos, son buenos, son listos y son simpáticos... Como su padre. Ahí se nota el podería de mi genética.



Y punto.

X. Bea-Murguía (buen lunes a todos).

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miércoles, octubre 15, 2008

A punto de estallar

Así, como cuando la dinamita se prepara para el ahora,
ahora, AHORA, sin que cambie la forma exterior del cartucho
”.

"Luz de agosto".
William Faulkner.




Queridos amigos,

parece que esto se anima un poco, ¿no? Es que llevamos un mes de septiembre y medio octubre un poquito aplatanados, como si no hubiéramos acabado de sacudirnos de encima la pólvora del verano. Siento decirles que me parece que hoy yo les voy a dar poca cera. Ayer tuve un día perfectamente olvidable. No me pregunten qué me pasó, porque no fue nada en absoluto, pero lo fue todo. Un encadenamiento de decepciones, tal vez. Una serie de pasos mal dados. Un par de caídas inexplicables. Una palabra desorientada que nunca debí decir. Un pensamiento no nacido que rompe el silencio.

Perdí al mus.

Iba a profundizar en el sentido de mi derrota, pero para qué hacer más sangre si en esas tres sencillas palabras de sujeto omitido ya ríe un universo de humillación, un big-bang del honor perdido. Prefiero contar que llegué a mi casa y hallé consuelo, que mi mujer me esperaba sonriendo, que mi hija cumplía diez meses y que mi hijo me enseñó lo bien que toca "Smoke on the water" con la guitarra eléctrica que le ha regalado su tío Diego.

Hice mis tareas, las de San José en Belén viviente que me corresponden por derecho, que no por obligación, bailé y canté con mi hija en el baño. Mi niño me agarró de la oreja mientras nos entregamos juntos a esos apasionantes dibujos animados que tanto nos gustan (zzzzzzzzzzzzzzzzzzz). Acostamos a los niños, Beatriz se marchó a andar y, con todo hecho, con las derrotas y los fracasos colgados del perchero de la entrada, dueño por fin de mi tiempo, me entregué a la lectura.

Estoy leyendo un libro de John Irving que es una montaña rusa sobre la estructura del fracaso. "La epopeya del bebedor de agua" tardó en animarse dos líneas, después se ralentizó hasta el punto en que no sabes si es que la mecha es demasiado larga o que hay un fallo en el mecanismo. Ese silbido siempre tenue y lejano, cerca de la extinción y de la deflagración, que tan bien maneja un artificiero como Irving y que estalla de manera impredecible, pero perfectamente medida, en el momento justo en que estás decidido a ir a comprobar que la carga esté bien colocada.

Impresionante.

Sirvan de recomendación sincera. Las dos cosas: el libro y que no hay como llegar a casa cuando se está a punto de estallar.

X.Bea-Murguía (no hay tiempo para más)

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jueves, septiembre 25, 2008

Una idea genial

Queridos amigos,

no es por nada, pero ayer tuve una idea genial. Disculpen la inmodestia, pero no se me ocurre otra manera de llamarlo. Una genialidad que, quizá para entrada en el blog resultaría algo larga, pero muy divertida y con un final desternillante. Buenísimo, buenísimo.

Así es como me gusta a mí escribir. No me gusta el "a ver qué me sale", que es una técnica demasiado Paul Auster para mi gusto, una lotería, una decepción en potencia. Escribo el blog, fundamentalmente, para mí, porque me lo paso bien confesándome aquí cada mañana y firmar un texto redondo, completo, es una enorme satisfacción personal. Desvariar, dar vueltas, rodeos, meterme en callejones oscuros de Nueva York y tener que dar marcha atrás, me pone muy nervioso, Paul. No me gusta como lector. Eso es caca. Eso es, como dijo Rafael Reig en una ocasión, "una novela que trata de un escritor en busca de una novela". Bufffffff.

A mí me entusiasma tener la idea, la idea buena, buena, en el coco estructurada y conocer a grandes rasgos el camino aproximado por el que voy a llevarla a un final sin sorpresas (para mí). Luego, en el desarrollo, puede que me enrolle más o menos, que me vaya por las ramas, que surjan, al hilo, otras ideas secundarias o alguna digresión, pero una salida y una meta claras son fundamentales para este viaje, dos puntos en un mapa que hay que unir con una línea más o menos recta, más o menos curva. Nada de Deus ex machina, como Pérez Reverte (Tenebroso de la Fuerza), el señor oscuro del Deus ex machina.

Así que tuve una idea genial, que es de lo que iba la entrada de hoy, y vuelvo a pedir disculpas por la inmodestia, pero es que era una grandísima idea. De vez en cuando me pasa, no sé cómo funciona el mecanismo (ojalá lo supiera), si se activa rascándome la coronilla, colocándome los testículos para no pillármelos con la costura del pantalón cuando me siento a conducir o metiéndome el dedo en la nariz en un semáforo.

Estaba en la gasolinera, el coche iba pelado de sopa (pero pelado).

-- ¿Me lo llena de diésel, por favor? -le dije al tipo, antipatiquísimo que me atendió (sé que es un tópico, coño, pero es lo que dije).

Pagué 50 euros en la caja con la tarjeta, pedí la factura. Me volví a meter en el coche. Iba, como siempre, conduciendo y escuchando la radio. Eran cerca de las ocho de la tarde. Estaba acabando el informativo local de Madrid. El alcalde de Getafe, Pedro Castro, había dado un discurso en la Asamblea General de la ONU. Remataron con una noticia de última hora, aunque de alcance nacional (¿cuál, cuál?)... y justo empezaba el "jurgol". En ese momento, pum, apareció la idea en mi cabeza, luminosa, maravillosa, aromática, reciente y tierna como un pan recién parido por el horno. Humeante, cálida... Una idea absolutamente genial. Es lo que tenemos los genios (perdón, de nuevo, por la inmodestia).

¡Oh! ¡Oh! ¡Qué idea más genial!

¡Ups! Les dejo, que mi niña llora. Son las siete y media. Ha pasado mala noche. Ahora vuelvo.

Bueno, ya son las nueve y no tengo tiempo para nada. Mis niños se han levantado pronto y la hemos echado larga en el desayuno, con cámara de fotos... Me encanta esa luz amarillita de la madrugada en mi casa...

Les iba diciendo que me dan rabia esas novelas en las que no hay una idea, sólo hay una frase, más o menos brillante, y el autor se pasa todo el libro buscando un desarrollo, un camino, que le lleve a un final honroso que, generalmente, soluciona con un Deus ex machina. ¡Qué rabia me da! ¡Qué pérdida de tiempo para el autor y para el lector! ¡Qué engaño!

Mi idea era genial, se lo juro, pero, ¿saben qué? Se me olvidó a los dos minutos. No podía apuntarla porque iba conduciendo, se me fue la bola detrás de alguna gilipollez y adiós idea. No queda ni rastro en mi atrofiado cerebro, me cago en la leche. Me he pasado toda la noche intentando recordarla, repasando lo que hice ayer, paso por paso, dando yesca al pedernal para resucitar la chispa que generó la idea genial. Esta entrada, de hecho, la he concebido a lo Auster (con permiso, ¿vale?) para acordarme de la puta idea de los cojones.

Pero nada.

Nada de nada de nada.

¡Qué rabia me da, coño!

Ya lo dice mi hija Ana: "Papá tienes la cabeza a pájaros".



Rodrigo opina que mi problema es de enfoque. Será eso.



Para compensarles por la pérdida de tiempo, unas fotos de mis niños desayunando. Son recientes. De esta misma mañana. Son guapos, ¿verdad? Tener a estos dos sí que fue una idea genial y, además, me solucionan la entrada. Son mi Deus ex machina.

X. Auster-Reverte (agente antiecológico que contribuye, con sus rollos, a la desforestación del globo).

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jueves, septiembre 04, 2008

Inopinado como la primera palabra de una niña

Queridos amigos,

hago lo que puedo, lo que pasa es que estamos en periodo de adaptación: Ana tiene que adaptarse a la guardería y esto nos está ocasionando un pequeño caos, porque Beatriz tiene que adaptarse a que Ana se adapte a la guardería y Rodrigo tiene que adaptarse también a que Beatriz y yo nos adaptemos a la adaptación de Ana a la guardería y yo, también, aunque por mi parte, estoy haciendo lo posible para adaptarme a mi mujer y algo voy logrando, no se crean, no se crean...

Así que, adaptación. Aquí mi niña, esa niña que es, por supuesto, la más guapa de allí donde esté (y punto y a quien no le guste lo que he dicho o lo niegue, se vaya pirando de este blog YA!):



Mi aspecto responde a lo contado ayer: esas barbas tipo Che (pero del Che Gabana, por supuesto, como dice mi Jesús Llano) por culpa de la seguridad del aeropuerto, pero a mi hija, lejos de importarle, le hinchaba aún más ese par de bolas de cañón que tiene por ojos. Me acariciaba la cara con esa mezcla de curiosidad y extrañeza de los que están descubriendo el mundo a cucharadas soperas. Jugando con ella antes del baño, le enganchaba de las piernas, le pasaba la barba por las plantas de los pies y ella se meaba de risa. Nos lo hemos pasado muy bien los dos con mi barba para arriba y para abajo de sus costillas. Me he pegado unas merendolas de hija pantagruélicas, aunque es un tipo de alimento que no sacia jamás: mordía y mordía más para convertirme en un Tántalo premiado en el Elíseo.

Tal vez por eso, por el divertimento que ofrecía la barba a la niña, de la manera más inopinada, sin que ninguno de los que estábamos en la cocina lo esperáramos (es decir, toda la familia, más mía tía Carmen y mi tío Antonio, muchos besos a Barcelona), Ana dijo su primera palabra.

-- BAR BAS- repentina, como dos guardias civiles que se presentan en la seguridad del aeropuerto.

Y lo dijo nítidamente, que no son fantasías de padre, que todos los que allí estábamos lo oímos e, incluso, intentamos que lo repetiera (cosa que, por supuesto, menuda es ella, hizo cuando le dio la real gana):

-- BAR BAS.

Me lo había currado mucho y me lo merecía. Es cierto, lo admito, no dijo PAPÁ, como yo esperaba (no sé si recuerdan esta entrada: "Despejar la ecuación"), pero me vale. Así que cantamos "Mi barba tiene tres pelos", nada más cercano a la realidad, y también "Barbas, barbitas que tiene papá, barbas, barbitas que no se va a afeitar" y que se joda la guardia civil, hombre ya.

Para mí es la perfecta prueba de que, debidamente motivada, una niña de ocho meses puede empezar a largar, por supuesto relacionando sonidos con objetos, porque si no, no vale. Soltar una retahíla prolongada de sílabas sin sentido como un periodista deportivo es chupado... Eso lo hace cualquiera. BAR BAS se corresponde con un sujeto y, ahora, casi un mes después, que dice PAPÁ de una manera perfectamente clara, lo relaciona con el pavo que siempre, siempre, siempre, a pesar de que no es lo mejor, la coge en brazos. Ana me da golpecitos en el antebrazo y repite: "Pa pa pa pa pa" y yo me meo encima, por supuesto.

¡Ay! ¡Esas babas! Que no barbas, que ya me he afeitado.

X. Bea-Murguía (llámenme padre pesado)

Por cierto, les presento a este otro miembro de la familia. Es un precioso ejemplar de scottish terrier, el perro de mis tíos de Barcelona, que también ha pasado el verano con nosotros, porque mis tíos nos acogen en su casa como en un hotel de cinco estrellas (que todo hay que decirlo).



Se llama Barbas... El cabrón.

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lunes, junio 16, 2008

Quita la caca a la nena


¡Bonito octosílabo! Antes del rollo de hoy, que sepan que mi Rodrigo ya es cinturón amarillo de judo. ¡Cuidadito eh! No me vengan con pistolitas que les hace un iponsionague de esos.

Queridos amigos,

un principio jurídico del derecho consuetudinario del hogar dice: "Defecatium et mictionem puellae ad pater chinam tocare", que se aplica a falta de ley y costumbre. Ley no había, claro, porque las tareas domésticas no se reparten por escrito; uso tampoco estaba establecido: que mi mujer se haya roto un brazo, aunque se nos esté haciendo un poco largo, no se ha convertido (ni se va a convertir) en costumbre. Así que, como ya sabemos que las fuentes del Ordenamiento Jurídico Español son la ley, la costumbre y los principios generales del derecho, se aplica este que, como pueden apreciar, viene del derecho romano.

Porque la nena es muy mona, pero... vaya, en fin, jeje, esto, buff, su put... sobre todo, es inoportuna. No puede esperar, por ejemplo, a que se acabe el partido de fútbol, que estamos todos pendientes de si marca Raúl o no. Ella, no. Ella, pim, pam, pum, lanza los cohetes de celebración antes de tiempo. En esto se nota que es como la furia española: ya estamos celebrando que vamos a ganar cuando sabemos que, al final, caeremos en cuartos. ¿Apostamos? Si nos toca Rumanía, bueno, quizá. Pero como pasen Francia o Italia... Mi nena se hará caca justo a tiempo y la selección española, en el acto.

Antes de la fractura de brazo, el asunto estaba más bien repartidito. Funcionaba de manera que le tocaba la china a quien tuviera a la niña en brazos en ese momento. Era como el juego de la patata caliente. ¿Que precibías la pedorrera previa a modo de Tuba mirum?

-- Bea, anda, cógeme un momento a la niña que voy, un momento a... Bueno, ahora mismo vuelvo que... Hay que mirar cómo van los... Los piringüingüis.

¡El viejo truco de los piringüingüis! ¡No falla! Sueltas la patata caliente justo antes del pim, pam, pum y, una vez en la cocina, a salvo, oyes:

-- ¡Javier! ¡Esta niña se ha hecho caca! -el clásico subterfugio del que sabes que no escapas. Porque... ¿por qué no se levanta a cambiarle el pañal, sin más, sin anunciarlo a voz en grito?
-- ¡Ah! ¡Mala suerte! Te toca.

Truco de hombre sabio al que mi mujer sabe responder con un truco de mujer lista:

-- Cariño, guapo, mi George Clooney -y con tonillo sedutor-. Cámbiala tú, anda, se bueno.

Piensas que tenías que haberte ido de casa, que eres un capullo por pensar que la cocina es como un bunker anti marrones. Yo, además, es que soy muy hombre, ¿saben? Tanto, que si una rubia me hace un puchero, me como cualquier mierda. Esto nos pasa a los hombres desde lo de la manzana del Paraíso, bendito día, porque el Jardín del Edén sería lo que fuere, pero yo no puedo imaginar un sitio más coñazo.

Aplicamos, por tanto, ese principio general del derecho, aunque cabe cierta pequeña venganza en el obligatorio informe posterior, porque no sólo hay que cambiar el pañal a la niña, no. Después hay que hacer una detallada descripción de cantidad y color de la hez. Ella pregunta:

-- ¿Tenía mucho?

Aparte de la descripción del color (en tonos que van desde el verde (candela), pasando por el carmelita claro y el colorado, hasta el maduro), a esto siempre, siempre, siempre hay que responder:

--¡BUFF!

Y, a ser posible, lanzar una metáfora que sea muy gráfica en la descripción de la cantidad. Por si se ven en la situación, les presto dos de las mías. En una escala del 1 al 4, siendo 1 un pedo pintor y 4 una mierda como un piano. Un consejo: use escalas pares, sin justo medio, en las 1 y 2 es poco y 3 y 4, mucho. Si emplea un baremo del 1 al 5, tenderá a decir 3, que es ni chicha ni limoná. Descarte esta posibilidad. No tenga piedad. Ella no la tuvo con usted a la hora de adjudicarle el premio. USE ESCALAS PARES.

Metáfora número uno. La escala M de mierda:

Hay cacas, que son como la M-30 (un pedo), como la M-40 (no mucho, pero de tráfico jodidillo), como la M-50 (considerable y sin acabar) y como la M-607 (la carretera de Colmenar, que es una autovía, sí, pero es un ¡pedazo de mierda de autovía!).

-- ¿Tenía mucha eme, cariño? -esto debe leerse con tonito un poco como de cachondeíto, ¿no? Es una pregunta sillonera, una pregunta de baja estofa, con los pies sobre la mesa y el mando de la tele en la mano. No tenga compasión. Vénguese. No confiese nunca menos del nivel 3 ó 4.
-- ¡BUFF! Tenía la M-607.

Metáfora número dos. Las toallitas.

Las toallitas son una buena vara de medir y, a la hora de describir la cantidad, el número de ellas que emplees, adorna como las estrellas de los hoteles. Así, dependiendo de la cantidad que use para limpiar el culo, tendremos una caca de una, dos o tres toallitas o superior, que es una mierda de esponja húmeda. Aquí se ve la importancia de la escala par, porque para una mierda de esponja húmeda, normalmente, un hombre pide auxilio. Así que no es recomendable superar la caca de tres toallitas. Al ser una escala par, la mujer entiende que se trata de un máximo, pero al loro que hay que acabar la respuesta sin bajar la guardia...

-- ¿Tenía mucho, cariño? -soniquete, eh, no lo olviden. So-ni-que-te.
-- ¡Buff! Una caca de... -haga como que calcula, aunque ya sepa lo que va a decir- tres toallitas.

Pero remate bien la frase, que como la deje así, le van a dar jaque mate en la siguiente:

-- ¡Los tíos, de verdad, que tenéis una manía de desaprovechar las toallitas que...!

No me sea capullo y diga "tres toallitas, pero bien aprovechadas, eh. ¡Pero bien aprovechaditas!".

No minusvalore la inteligencia de su mujer. Parta del principio de que ella es mucho más lista que usted y tiene bastante más escuela.

Una redondilla:

Quita la caca a la nena,
me dice la señorita.
No uses tanta toallita,
que no merece la pena.

Arte menor, arte menor. Rima consonante en ABBA (¡Waterloo!).

X. Caca-Murguía (su seguro servidor).

Hoy es el cumpleaños de mi cuñada Ana. ¡Muchas felicidades! Y pueden felicitar también a mi padre, sobre todo aquellos de ustedes que hayan sido sus alumnos, porque hoy es el Bloom's day, han pasado 102 años desde el día en que Leopold Bloom se hizo una pajilla en la playa. Cucu, cucu, cucu. ¡Felicidades a todos los jamesjoycianos!

Comentario jurgolístico femenino y anónimo: "Si esto del fútbol consiste en meter cuántos más goles mejor, ¿por qué no se ponen de acuerdo y meten cinco o seis goles cada uno". Claro, claro. Así todos contentos.

Otro comentario jurgolístico femenino y anónimo: "La Eurocopa ésta se juega en el mismo sitio durante dos o tres meses, ¿no?". A ésta sí que se le está haciendo largo: de momento, llevamos una semana.

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lunes, mayo 26, 2008

La Pentax de mi padre

Queridos amigos,

el otro día me hice esta foto con mis criaturas



Guapos, ¿verdad? Mi mujer se había ido al traumatólogo y estábamos los tres solitos en casa. Eran las ocho y media de la mañana, más o menos. Lo que me gusta de esta foto, que hice con el temporizador colocando la cámara sobre la estantería, aparte de mis niños, es que pensé en hacerla y me salió a la primera. Podrán venir otros, más expertos que yo en el manejo de una cámara, y decir que técnicamente tiene mil reproches, pero no me importa porque yo quise hacer esto, exactamente esto: un encuadre, los tres juntitos y un punto de luz atrás.

La fotografía, más con los medios que hay hoy, es un modo de manifestación artística que está al alcance de cualquiera: una cámara digital y atreverse a quitar el automático, el iconito verde, es todo lo que se necesita. No hace falta ir de Ouka Lele por la vida ni de profesional ni de paparazzo. Es un arte para la familia, que se puede quedar en casa perfectamente. Una cámara digital, quitar el automático y probar, probar y probar, e intentar dar un paso más allá, olvidarse por completo del 60-8-muñeco en medio, de las cabezas enteras, los planos rectos, las profundidades de campo, la luz justa, el enfoque nítido... Esto está bien para postales, pero, estoy con Javier Marca, ¿por qué no quemar la foto? ¿Por qué no desenfocarla? Miren qué foto más cojonuda hice el otro día en Utrecht (para mi gusto, ¿vale?).



Está movida, lo sé. No quise falsear la luz con el flash, así que ralenticé la apertura del diafragma. Está movida, pero me encanta, porque es exactamente lo que quería hacer. No iba a pedir a Rodrigo que se estuviera quieto: Julia, la au pair de Milo, le estaba contando chistes y él se estaba, como pueden ver, carcajeando. Esa carcajada que impulsa la cabeza de mi hijo hacia atrás, como la onda expansiva de un chiste, es toda la foto. La vi en el LCD de la máquina: a la primera, perfectamente movida, pero increíblemente expresiva, y cambié de plano.

Esto me produce una enorme satisfacción. Después, cuando enseño la foto, los más puristas me dicen:

-- Está movida.
-- ¿Verdad? -respondo yo-. Eso es lo bueno.

¿No? ¿Alguno de ustedes ha soltado alguna vez una carcajada que no estuviera movida? ¿Una carcajada quieta y silenciosa, en plan Marcel Marceau? No jodamos.

Lo mío con la fotografía no es más que una afición. No me puedo considerar fotógrafo, ni mucho menos, porque técnicamente me queda mucho, mucho, mucho, muuucho que aprender. Voy poco a poco. Los Blanco Urgoiti somos foteros, como me dice siempre mi amigo Nacho Álvarez. Todo evento familiar Blanco Urgoiti parece una convención de turistas japoneses, empezando por mi padre, Blanco Vila, todos llevamos nuestra cámara al cuello, en plan francotirador. Cualquiera que lo viera podría pensar que es un poco ridículo o fastidioso, pero a mí me encanta: hace familia.

Yo empecé con la Pentax de mi padre, una cámara cojonuda que tiene más o menos mi edad. Pesa, su madre lo que pesa, como un balón medicinal, pero llegamos a entendernos muy bien los dos. Yo le decía: "Haz esto" y ella lo hacía casi siempre, aunque había que esperar al revelado y a la casualidad en muchas ocasiones. Pero si no salía exactamente lo que yo quería, sólo era porque no se lo había explicado bien a la Pentax. No estoy hablando del pleistoceno, no. La Pentax de mi padre ha estado en mi poder hasta el año pasado y me la he llevado a todos mis viajes, a todos, todos, con carretes de diapositivas.



Ahora tengo una Nikon D40 que me encanta. Estoy entusiasmado con ella porque me permite explorar e investigar, profundizar en la búsqueda de la fotografía que yo quiero (como ésta de Nico en la playa que me entusiasma), en la que se mezcla siempre la intención técnica y la casualidad.

Aunque no esté conmigo, la Pentax de mi padre fue mi primera novia y nunca la olvidaré.

X. Bea-Murguía (hoy, desde casa todo el día)

Les he preparado este pequeño vídeo con fotos mías (todas, excepto una), con música de los Beatles, claro, por si quieren ustedes verlo y decirme qué les parece. Mañana pondré más.


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lunes, abril 28, 2008

Cuatro niños, veintidós ruedas

Queridos amigos,

como quiera que los sábados por la mañana mi mujer tiene que trabajar muy aplicada y duramente, pues es su destino en el corto plazo ganarse el pan con que sustentarme (mi ideal de vida siempre ha sido la del zángano de colmena), he aquí una receta exquisita para disfrutar del fin de semana, sobre todo si es soleado y caluroso como el pasado.



Agarra a tus hijos... ¡Ah! Perdón, que algunos de vosotros no tenéis hijos... ¡Pues a hacerlos, hombre, que es la mejor parte del plan del fin de semana! ¡Ay, calamidades! En fin: para aquellos de vosotros que aún no se hayan reproducido, el mejor plan de fin de semana es: IRSE A HACER HIJOS (recomiendo precauciones, que así se puede "irse a hacer hijos" muchas veces sin que pase nada).

Para aquellos que no tomaron precauciones en su día, el plan es: coge a tus hijos, pilla un libro, ve a buscar a unos amiguitos de los niños y te los llevas a todos al parque. Puede parecer una locura, pero es una delicia. Los niños se entretienen solitos, sin necesidad de que tú te las des de padre moderno que juega con el cubito y la palita y así te queda la gran oportunidad de dedicarte a una afición adulta durante un rato. Me acabo de dar cuenta de que cuando un adulto quiere contar algo verdaderamente placentero, vuelve a la infancia y lo resume siempre usando diminutivos: me siento en un banquito o en una terracita al sol con una cervecita, agarro el librito y de vez en cuando levanto el ojo izquierdo (el derecho, no) para controlar que todo esté en orden, que no haya peleas, ni arena volando...

Es un plan maravilloso. Lo he hecho siempre que he tenido ocasión, aunque no tantas veces como me hubiera gustado, porque requiere sol, requiere cierre de revistas de Beatriz... En definitiva, deben coincidir una serie de factores, una alineación concreta de planetas, que no es fácil que se dé. En las últimas ocasiones, sabiendo que los Vernia estaban de reformas en casa y que con los niños por el medio tenían que andar agobiados, nos hemos hecho el favor mútuo: ellos me han prestado a sus niños, Ernesto y Quique, que son amigos de Rodrigo, y yo me llevo a los tres y a Ana al parque.

Tan ricamente.

Llega el último sábado de abril, compruebo que se alinean los planetas y me froto las manos: ese pedazo de sol como la cara de un chino al que le estuvieran mordiendo los huevos; ese cierre pendiente de revista; ese libro que me tiene absorbido; esa niña que se tiene que dormir la siesta (y que no hay manera, cojones); esa Beatriz que me agradece infinito que la libere de todo para poder cerrar...

-- Bea, para que puedas currar, me llevo a los niños al parque -es decir, me sacrifico (jeje)-, a ver si, de paso, por el camino, la niña se duerme un rato.

Porque es fundamental, para que el plan resulte exitoso, que la niña se duerma un rato. Es difícil, no se piensen, que menudo búho que está hecha la tía, más cuando la sacas a la calle y, de pronto, se ve rodeada por una miríada de ruidos interesantes y primaverales: gritos de niños, mirlos piando, gente enamorada jadeando por las esquinas... Lo normal es que con el traquetreo de los adoquines, camino del parque, Ana caiga, pero nunca se sabe.

Todo preparado... Eppur si muoven...

Rodrigo se pone los patines (ocho ruedas); Ernesto, a su vez, baja con los suyos (dieciséis); Quique monta en bicicleta como una bala (dieciocho) y aquello de que me iba a sentar a leer y levantaba el ojo izquierdo, de vez en cuando, para controlar mientras los niños jugaban en la arena ha pasado a formar parte de la historia.

El sábado me pasé el rato, hasta que bajó Nuria Esther, miss Piedrahita, bizqueando con el libro en la mano mientras tres niños con dieciocho ruedas se alejaban en tres direcciones distintas a toda leche y, dicho sea de paso, cometían alguna calaverada engorrosa para un padre al cargo que, afortunadamente, sabe disimular.

Para colmo, a Ana no le salió de las narices dormirse, así que, no sé si pueden verme en ese momentazo de estrés, moviendo el carrito (cuatro ruedas) de la niña para adelante y para atrás, ea ea ea ea o, pensando en que Quique estará a punto de culminar el Tourmalet, porque no se le ve y ¡Ernesto, Rodrigo dejad eso ya!

Un minuto, uno sólo antes de bajar Nuria, la niña se había dormido por fin, Quique ya había ganado la etapa y los otros dos estaban bajo control, me senté en un banco, abrí el libro y pude pensar que había costado pero, al final, parecía que mi plan iba a marchar sobre ruedas.

-- Javier, ¿por qué siempre te bajas al parque con un libro? -me preguntó Ernesto.
-- ¿Y vosotros por qué os bajáis los patines? -eh, ¿por qué? ¿por qué?.
-- Porque es divertido -los niños son niños y no captan la ironía.
-- Pues, hala, a patinar por ahí.

Menos mal que en seguida bajó Nuria y, por lo menos, me pude tomar una cerveza a gusto.

X. Bea-Murguía (a cuatro días, cuatro, de irme a bucear)

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lunes, abril 21, 2008

Un túnel negro, un destierro dorado

Queridos amigos,

el viernes nos fuimos mi Rodrigo y yo en AVE a Segovia y les diré, por si quieren saber qué tal, que sí, que muy rápido, que muy moderno, que una obra gallardónica, pero es como me imagino yo la teletransportación de las película del espacio: un enorme vacío, un túnel negro, el aparato digestivo de un gusano.

Después de pensarlo seriamente, he llegado a la conclusión de que el AVE Madrid-Segovia es lo más parecido a una eyaculación precoz...

-- ¿Ya está? ¡Coño! ¡Pues ni me he enterado!

El AVE es malo para la literatura porque no traquetrea. Estos tíos se han cargado el traquetreo del tren, recurso tan socorrido para un "el traquetreo del tren me sumió en una dulce ensoñación" y para un "se poseyeron al compás del traquetreo". Un tren que no traquetrea es como una muñeca hinchable; un tren en el que no se fuma es una ambulancia en un servicio de urgencias. El AVE no ahorra tiempo, esto es una falacia, se lo come, no ofrece ni un resquicio a la charla con desconocidos, que es uno de los placeres perdidos de este mundo en que hay tanta prisa por vivir. Es un tren para ejecutivos estresados, no para gente que quiere viajar. Para todos, una reflexión de todo a cien: tardé menos que nunca en llegar y el fin de semana se me hizo igual de corto.

Además, vas por un túnel negro todo el rato... ¿Dónde quedó aquello de recrearse con el paisaje? ¿Dónde lo de "A la vuelta, me vengo montado en los árboles"? ¿Dónde los niños en el campo saludando al tren? Lo que les digo: es un aparato para que los frikies de Star Treck (o como se diga) se crean que están siendo teletransportados.

Conmigo, desde luego, que no cuenten más. La próxima vez que tenga que ir en tren a Segovia, me cojo el Cercanías que tarda dos horas enteras, con su traquetreo que adormece la mente y despierta los sentidos; que uno puede admirarse de cómo los caballitos se refofilan por la pradera, la cosa pastoril y bucólica siempre es bonita; y que si se sienta cerca de ti una chica que te alegra el ojo, se puede asistir al espectáculo portentoso de su pecho dando saltitos con el redoble de las traviesas. Esto sí es bonito. Son dos horas, es verdad, pero son dos horas disfrutando. Si se entera mi mujer de esto, igual no me deja ir en el Cercanías, así que a ella le he dicho que el AVE me parece una genialidad, pero carísima.

Las prisas para los malos toreros.

Llegados al pueblo, a Rodrigo y a mí nos esperaba este espectáculo. Aquí he desterrado yo algunos libros. Que este sobrado tenga esta pinta es mérito, sobre todo, de mi suegra, Pilar, que ha invertido en su casa del pueblo no pocos desvelos y sí algunas lloreras. No ha sido para menos.

Tiene el aspecto de una sala en la que, a diferencia del AVE, el tiempo se dilata, los findes de semana se alargan. Para ser perfecto, al lugar sólo le falta el traquetreo. Ya estoy viendo los orejeros al fondo, junto a la ventana, en la sala de aquí abajo, al lado de la librería.


Pero creo que el resultado es para enseñarlo y para sentirse orgullosa. A la rubia de las traviesas ya la pongo yo.


X. Bea-Murguía (Lunes todo el día).

Hoy es el cumpleaños de Jesús Bartolomé Bartolomé quien, a sus 37 años, ya no tiene edad de andar haciendo portalillo. Felicidades, Jesús.

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viernes, abril 18, 2008

O uchi gari

Queridos amigos,

¡miren la hora que es! Tiene una explicación: ayer pude leer en la cama. ¿Qué les parece? A mí me supo a vuelta a casa, a lluvía en una cálida noche de verano, a encuentro inesperado con alguien querido. Mis mujeres se han ido de pingo y nos quedamos solos los machotes de la casa, así que cenamos espagueti a la carbonara (que, no es por nada, pero me salen que ya quisieran los Carbonarios) y vimos "La guerra de las galaxias". A Rodrigo le encanta. De hecho, se lo sabe todo... Puede que demasiado... Es decir... Se me está yendo un poco de las manos... A veces pienso que... ¡He creado un monstruo! y que cualquier día se me disfraza de Darth Vader y se pira a un estreno ataviado de esa guisa. ¡Está hecho un friki!

-- Papá, ¿sabes que el bombardero TIE tiene dos compuertas, una arriba y una abajo que está siempre abierta para lanzar las bombas?

Hoy quería decir algo para que me llamaran facha y creo que lo podría conseguir casi sin esfuerzo, pero me da un perezónnnnnnnn.

Voy a ponerme un café y me lo pienso.

El primer día que lo hizo, a pesar de la diferencia de peso (en la que no me pienso recrear), mi hijo me barrió con la pierna derecha y me pegué un hostión que me quedé sentado y perplejo en la, menos mal, mullida alfombra roja de su cuarto.

-- Te he hecho un o uchi gari- me dijo sonriendo victorioso.
-- Me cago en tu padre, hijo, lo que me has hecho es un moretón en el culo.

Lo ha vuelto a intentar, pero no lo ha conseguido más veces, porque ahora estoy prevenido y peso dos o tres kilos más que él. Tal vez cuatro. No más de cinco. Aquella vez ni se me pasó por la cabeza que pudiera derribarme. Se puso su traje de judo y su cinturón blanco-amarillo y le dije:

-- Hazme una demostración- todo ufano y un poco soberbio. Y eso, que me la hizo pero bien.

Desde entonces, cuando le pido que me cuente lo que aprende en judo me refiero sólo a los nombres de las técnicas y a una breve explicación de en qué consisten. Nada de práctica. Sólo teoría.

-- La práctica -le sugiero- la dejamos para el tatami.

Me tiene que repetir todos los nombres porque no me quedo con ninguno ¡y lo intento! Pero no hay manera. ¡Qué complicaditos son estos japoneses para hablar! Podrían decir "Llave del copón de la baraja" o "Te voy a hacer un nudo", pero no, ellos llaman a las cosas como una metralleta atascada "Taka taka chin pun".

-- ¿Y cómo dices que se llama esta técnica, Rodrigo?
-- Takariro magashaki- lo digo por decir algo.
-- ¡Coño que miedo! Sólo diciendo su nombre ya parece que me estás masticando los huevos.

Hace un par de meses fuimos a ver una exhibición de judo a Retortijón de Ardor, al Parque Corredor, en la que participaba Rodrigo y unos cinco millones más de niños. Había tantos niños, y todos vestidos de blanco, que mi hermana Uxía, mi mujer y yo nos pasamos todo el tiempo jugando a "¿Donde está Wally?".



Al principio, le pusieron de pareja a un chaval bajito, cinturón blanco, y mi Rodrigón, sin esforzarse, una y otra y otra vez, el o soto toshi (esto me recuerda siempre a Cutu y Manolito) y el o uchi gari y el Tokio la nuit. Después, algún profesor se dio cuenta de lo abusón que estaba siendo Rodrigo y le puso con una chica de su tamaño, cinturón amarillo, y la cosa fue bien distinta. Yo le decía a mi mujer:

-- Se está dejando, por ser caballeroso.
-- ¡No seas machista!
-- Bueno, vale. Pues se está dejando para tocarle el culo.

Lo preocupante vino después. Cuando terminaron los chavales, dos de los monitores hicieron una exhibición espectacular de llaves, revueltas, nudos y hostiones variados, que yo no veo a mi Rodrigo en el futuro haciendo esas piruetas. Igual me equivoco, como me confundí el día en que me dejó sentado en la alfombra de su cuarto. El tiempo lo dirá.

Al final, mostraron técnicas para desarmar e inmovilizar a un atracador con navaja, cuchillo samurai, palo gordo y pistolón.

Esto ya no me gustó nada. Me acordé de la lección de artes marciales de Les Luthiers: "Recuerda: no hay nada como un buen revólver". Cuando acabó, me acerqué a mi hijo y le di, creo, un buen consejo:

-- Rodrigo, si te viene un tío armado, ni se te ocurra intentar un o uchi gari de esos. Tú le das la pasta y punto. Los o uchi garis los vamos a dejar para el tatami, ¿recuerdas? ¿Vale?

Como ven, es viernes y he preferido que no me llamen facha. Buen fin de semana de todos.

X. Bea-Murguía (aaaaaaaaaaaaaataka, atakatuketetokaati)

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lunes, abril 07, 2008

Chati, anda, tráeme una cerveza...

...que esta conversación es demasiado complicada para ti.

Queridos amigos,

lunes de nuevo, ese pedazo de lunes en el que no quiero ni pensar. Menos mal que mañana ya es martes. Esta frase con la que he inaugurado el blog de hoy es digna de mí y no me importa que ustedes puedan pensar que soy machista: siempre he pensado que en un mundo propiedad de las mujeres y regulado por las normas que ellas dictan, cierta dosis de machismo (no exacerbado ni violento) es, en un porcentaje muy elevado de casos, sólo un recurso de autodefensa, un grito sordo de libertad, una reafirmación de mi condición de hombre.

Tranquilas, fieras, que me explico. Qué guapas os ponéis cuando os enfadáis. Os aparco el coche cuando queráis. Sobre todo el coche grande, que es demasiado complicado para vosotras, chicas.

Así que hicimos una barbacoa el sábado en Galapagar, una barbacoa tradicional: Pablo cocina, es decir, los hombres cocinamos (¡VAMOS MACHOTES!) y las mujeres hacen todo lo demás que, además, lo saben hacer mucho mejor que nosotros.

Y cuando me trae la cervecita, con la niña en brazos y sin dejar de azuzar a Rodrigo para que coma, se da la vuelta y, plaf, palmadita en el culo.

¡Uh! ¡Qué cerdo machista! Pues sí. Mucho más delante de los amigotes, que es cuando hay que decir a la mujer: "Anda, tráeme una cervecita, que esta conversación es demasiado complicada para ti, chati". Y esa palmadita en el culo, que es la guinda de la autocomplacencia.

Y es que era la puta verdad: hay conversaciones entre hombres que las mujeres no deberían escuchar (y puedo llegar a admitir que viceversa es lo mismo). En ese momento en que Beatriz irrumpió en nuestra charla machota, por alguna tontería del tipo "Javier, tu hijo está pegando saltos sobre la ensalada", Pablo me estaba contando que los guantes de fregar que le compra su mujer, Marga, son una porquería y se le están destrozando las manos, Nacho le estaba recomendando una crema noruega que, al parecer, es buenísima y los Javieres, además, estábamos sumergidos en la típica conversación varonil "mi niño hace caca; pues mi niña hace pis". Joaquín no había llegado (estaría repasando los cristales). Ernesto no vino (tendría tarea en casa).

Por la noche, Pablo y yo decidimos preguntar a nuestras mujeres si nos apetecía o no ir al concierto de los Malditos Mojarras. Nacho no tuvo ese problema porque Begoña se ha marchado a la playa con la niña diez días. Pablo estuvo poco tiempo... Suponemos que Marga le dijo que sí abiertamente delante de los amigotes, pero, después, en el coche camino a casa, puntualizó:

-- Pero a las doce te quiero de vuelta.

Nacho y yo estuvimos todo el concierto, con Eclipse Mountain, que no tiene que pedir permiso en casa, claro. Estuvo muy bien aunque faltaste tú (a ver si la próxima vez te animas), como faltaron Vernia, el Frutero y el Pescaílla, que libremente decidieron que esa noche TAMPOCO tenían ganas y se quedarían repasando el libro de autoayuda conyugal "¡Cállate, coño!" que todos presumen de haber escrito, aunque, en verdad, las autoras son ellas.

Entre los temas que tocaron, esta canción de Stevie Wonder que me encanta. La sutil diferencia entre los Mojarras y Wonder, además de que el cantante de la Motown no haría jamás escarnio público de las tetas de los amigos, es que la faldita de las coristas a Murga le quedaría mucho, mucho mejor.



X. Bea-Murguía (de treinta y tantos a perpetua, así que permítanme, al menos, el prurito).

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lunes, marzo 17, 2008

A quien madruga, Dios l'apoya

Queridos amigos,

me gusta tirar de acervo. A pesar de que "Hombre refranero, hombre majadero", prefiero a la quimera, la voz sensata, campechana y barriguda del prudente Sancho Panza, sin contar con que ha inspirado el nombre de unos puros de entregado ánimo, sobre todo el Belicoso. Estoy a favor del lugar común, del tópico, de esa sabiduría popular refranera que rompe hielos, ofrece salidas y vale lo mismo para un roto que para un descosido: "Tanto va el cántaro a la fuente que ya podría venir la fuente alguna vez al cántaro"; "Quien a buen árbol se arrima, mal rayo le parta"; aquél otro que recitábamos en el cole de "Dime con quien andas y si está buena me la mandas"; "A caballo regalado, ya tenemos caballo" y, cómo no, los referentes inevitables al calentamiento global, "Marzo soleado y abril caluroso, hacen un mayo frío y tormentoso", y al cambio climático, "Hasta el 40 de mayo, no te pongas el sayo".

Con el que consigo un mayor grado de identificación, por mi condición de madrugador, es "A quien madruga, Dios le ayuda", que siempre me insufla esperanza y ánimo pronto por la mañanita. Este refrán es mejor aún en su versión Llano Muriel "A quien madruga, Dios l'apoya".

Después de un 14 de marzo, digamos, agitado, oficiando de vigilante de unos 3.451 niños (aprox.) en la fiesta de cumpleaños de Rodrigo, el sábado me levanté a las cinco de la mañana para llevar a mis suegros al aeropuerto. En una ocasión, y sólo en una, en que me comprometí a acercarlos al aeropuerto, como estaba en la oficina currando como curro yo siempre, que es a modo, reconcentrado, intesivamente, produciendo sin descanso, los dejé tirados... Se me olvidó... Sólo fue aquella vez, pero, desde entonces, mi suegro no se fía de mí y no es un reproche que yo lo entiendo perfectamente: yo tampoco me fío un pelo del novio de mi hija Ana. Ya saben: "Mata a un suegro y te llamarán matasuegras".

Sin embargo, como a mí no me cuesta trabajo madrugar, que "Al que madruga, Dios l'apoya", fui puntual, como acostumbro, y a las 5.45 h, estaba en la puerta de su casa... La noche antes, no con poco retintín, mi suegro me había recordado el plantón que les pegué aquel vitando día, pero hete aquí que llego a su casa y, ¡oh!, el despertador les había hecho una mala jugada. Exonerado yo, dudé de si iban a contar o no con la apoyadura de Dios, que es una apoyadura de envergadura (como saben).

Llegamos tarde al aeropuerto, que, ya se sabe, "vale más que nunca", pero no para convencer a la chica del mostrador de que dejara pasar las maletas. La facturación de equipaje estaba ya cerrada y a mis suegros les quedaban dos opciones: o bien esperar al siguiente vuelo o bien, entrar con lo que les cupiese en la mochila y el trolley. Como "Más vale mochila en mano que maleta volando", allí mismo abrieron el maletón rojo de a 40 kilos (por rueda), metieron lo que pudieron en la mochila y el trolley, me dieron el maletón para que me lo trajera de vuelta a casa y entraron en el control de seguridad.

Al ver el contenido del trolley de mi suegra, sospeché que el llegar tarde no iba a ser el único problema de la mañana. "Pilar", le dije, "dame todo eso que no pasa ni de coña. Te lo van a quitar". Pero para que vean lo útil y lo seria que es la seguridad del aeropuerto, que no es más que una bambalina arbitraria que no sirve para nada, el tipo del scanner le preguntó a mi suegra "¿Lleva usted comida, señora?".

-- Noooo, qué va... Un choricito del pueblo para mi hijo... Nada más...

Y pasó, tranquilamente, porque mi suegra tiene una habilidad asombrosa para pasar el control del aeropuerto con un muestrario de viajante de carnicería, que parecía aquello el trolley del Descuartizador de Boston. Les aseguro que "el choricito" para mi cuñao no eran menos de 20 kilos de carne. A lo mejor es que el segurata del aeropuerto pensó "Choricito que no has de comer, déjalo correr". Con perdón. Son muy serios con la seguridad en el aeropuerto de Madrid. Mucho. Joden mucho al personal, pero son eficaces y eso nos permite viajar muy tranquilos. Muy tranquilos. Es por nuestra seguridad, ¿saben?

Aunque esto se alargue un poco, debo contar algo que sucedió (hay que decirlo) antes de esta ley estúpida "Deje usted los líquidos que las tiendas del aeropuerto tienen que hacer caja" y que les dará un idea bastante próxima de la habilidad de Pilar: les juro, y que me muera ahora mismo si miento, que yo he ido a Holanda con ella en una ocasión en que pasó, y pasó porque el guardia civil no supo qué protocolo aplicarle (si el de terrorista internacional o el de ONG contra el hambre en el mundo), un cocido madrileño hecho, DENTRO DE SU OLLA, con su sopa, sus fideos, sus garbanzos, su berza y su momio. Completo. Pasó. Lo juro. Nos lo comimos en Rotterdam. Hay testigos. La olla iba en la maleta de mano...

-- Señora, por favor, tenga la bondad de abrir su bolsa- dijo el benemérito, serio, profesional y bien plantado... Hasta que vio el cocido y se echó la gorra para atrás con la mano, en claro gesto de perplejidad...
-- Es para mi niño-, dijo mi suegra.
-- Ah... Oh... Eh... -mano en boca, quizá para detener el aluvión de interjecciones-. Esto...- se rasca el flequillo que asoma por la visera de la gorra retirada, alucinado, indeciso, el porte tambaleante, porque cuando uno basa toda su seguridad en sí mismo en el convencimiento de que ya lo ha visto todo, aparece mi suegra con la olla del cocido para convertir su ego en fosfatina, en ropavieja.

Tengo para mí que el guardia civil se vio en el aprieto de explicarlo al acabar su turno. El pelota de Martínez iba a decir a su sargento que ellos habían aprehendido un alijo de coca.

-- ¿Y usted, Meléndez?
-- Hemos aprehendido un cocido madrileño, señor.

Y, adelantándose al ridículo, prefirió dejar que mi suegra pasara. El primer cocido de exportación de la historia estaba de muerte, hay que decirlo: a que mi suegra hace un cocido de primera, sumen que todo lo ilegal es más rico.

El sábado, por si acaso sucedía algo con el muestrario de carne, "más vale prevenir que perder el solomillo", me quedé esperando con el maletón rojo de 40 kilos...

¿40 kilos? ¿Para tres días? ¿Quieren saber qué contenía? Me van a echar una buena bronca por contarlo, pero soy periodista: diré la verdad aunque me la invente... Bueno, lo que recuerde... Había un jamón con su jamonera, dos botes de caldo congelado, dos cajas de salvia, un chorizo, hojaldre para empanada, un montón de latas, albóndigas cocinadas, una botella de anís "El mono", un conejo sin "sollar", una pareja de gallinas ponedoras vivas, una piara de cerdos y un par de boinas de repuesto (de las de rosca).

Les vi pasar el control de seguridad, aunque de mi suegra ya no me sorprende, pero iban apurados de tiempo (¿les he dicho que mi suegro se durmió?). Le mandé un mensaje a mi suegra diciéndole que esperaría en la terminal hasta que me contestaran embarcados que todo estaba ok. Por si acaso y, como "quien espera desespera", me decidí a comprar el periódico. Eran las seis y media pasadas, más o menos.

Entré en una de las tiendas de prensa y libros del aeropuerto remolcando el maletón de los 40 kilos y, como los pasillos entre estantes son tan estrechos, las gallinas ocupan tanto espacio y "al que madruga, Dios l'apoya", derribé toda una estantería llena de souvenirs, horteradas, toreros, toros, trajes de faralaes y gilipolleces variadas. Todo a tomar por culo.

Al principio, me quedé mirando mi obra cayendo en cascada como Peter Sellers el rollo de papel de water en "El guateque". Al cabo de unos segundos, reaccioné e intenté enmendar el destrozo. A veces parezco de vídeos de primera. La chica de la caja vino a echarme una mano (quiero decir a ayudar). Entre las ruinas del terremoto, un amasijo de recuerdos perfectamente olvidable, floreció un oso, con su madroño, con una amputación bien hispánica: le faltaban las dos orejas.

-- Una buena faena -le dije a la chica. Perdonen, pero el chiste estaba a huevo. Ese y el siguiente, claro, el que están pensando todos ustedes ahora mismo, en este instante, y que yo, como buen Alfredo Landa, hice. Ni que decir tiene que, como "El que rompe, paga", me ofrecí gentilmente a pagar los desperfectos. Lo hice por justicia, pero he de añadir que no descarté que la chica se enrollara bien y me soltara un "pelillos a la mar". Pero no. Debí de dar con la heredera del dueño de las tiendas del aeropuerto, porque aceptó a la primera y sin pensárselo mucho. 14'90 euros valía la mierda del oso. "Al que madruga, Dios l'apoya pero bien".

-- ¿Te lo envuelvo? -me preguntó con un poco de cachondeíto.
-- No. Quédatelo de recuerdo.

Para eso sirve, ¿no?

X. Bea-Murguía (y no vuelvo por aquí hasta el lunes 24 de marzo. Buena Semana Santa a todos. Besos).

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viernes, marzo 14, 2008

Una mañana en la Seguridad Social

Queridos amigos,

hoy es 14 de marzo, coinciden el cumpleaños de mi Rodrigo con su primer día de vacaciones (¿hay mayor felicidad para un niño de 7 años?)y nos vamos a ir a probar sus zapatillas con ruedas y después, a comer al Maradonalds... Así que, como estoy de baja, le he dicho a Ángel Antonio García Muñoz, "¡Ángel! ¡Calienta que sales!" y me ha mandado este artículo. Ya saben que todos ustedes están invitados, igualmente, a escribir en H.Wells & X. Bea-Murguía. Pagamos en amistad, por supuesto.

También es el cumpleaños de Reficul. Felicidades, Refi. Tengan ojito cuando salgan hoy a la calle que a Refi le habrán dado permiso en Quitapesares.


Una mañana en la seguridad social

Pues resulta que tenía que hacer unas gestiones en la Seguridad Social y como quiera que la primera de ellas (informarme) ya lo había hecho en otra oficina, en esta ocasión cambié la buena conocida (Avda. de Brasil) por otra más próxima, esquina con la calle Serrano y frente a la embajada de Estados Unidos.
¡No os podéis imaginar lo divertido que fue!

Hora y media de mi vida compartida con más de cincuenta personas que esperábamos a ser atendidos por los funcionarios amables y serviciales que allí había.

El primer golpe fue observar que el numero que obtuve de la maquinita era treinta y tantos más avanzado que al de la persona que estaban atendiendo en ese momento. ¡Pues yo necesitaba entretenerme en algo! Así que me dispuse a observar la oficina.

Tres isletas con cinco puestos de atención cada una nos ofrecían la garantía de que en poco tiempo podría ser atendido…pero ¡qué coño! De los quince funcionarios “virtuales” sólo había cinco trabajando, así que me dispuse a esperar pacientemente, lo que no hacían otras personas que ya llevaban más tiempo y murmuraban “por lo bajini” sobre la atención, con imprecaciones que se elevaban en el tono medio.

Entonces me inventé un juego-entretenimiento (por aquello de no hacer mala sangre) con las personas/funcionarios/números de la oficina. Pues resulta que los mejores trabajadores, es decir que atendían a una persona y cuando finalizaban automáticamente volvían a demandar, por el ordenador en el letrerito digital, la presencia del siguiente, y así uno detrás de otro eran las señoras(itas) P1, P10 y P13 y el señor de P15.

Había que ver qué disposición y remango tenían para resolver las cuestiones más peliagudas como la cotización en otros países europeos y demás.
Se me había olvidado decir que durante la espera yo me recorría los 87 pasos de largo de la oficina una y otra vez por lo que podía ver y oír lo que allí se cocía.
En el puesto 3 (P3 a partir de ahora) una señora dilucidaba (por teléfono) con alguna amiga lo bien que lo habían pasado en-no-sé-dónde, pero no había problema porque en el mismo puesto otra treintona rubia y atractiva atendía a los “clientes”. Aunque, mira tú por donde, en cuanto la primera dejo de hablar y se puso a atender al público, la rubia desapareció y la verdad es que hora y casi media después (cuando me marché) no había vuelto.

Pero la “palma de oro” se la llevaban las del P7. Cuando llegué había una funcionaria que acabo con “su cliente” en menos de cinco minutos y luego se fue a otra dependencia (debía de ser la que albergaba alguna jefa, pues estaba vacio el despacho) y se pasó sus veinte minutos comentando con alguien los resultados de las elecciones del domingo. Luego, buena hija, llamó a su padre y se interesó por su estado de salud.

Inmediatamente…de acabar con sus llamadas volvió al P7 y atendió a otra persona, pero ¡¡mira tú por dónde!! En cuantito regresó su otra compañera del P7 (a la que yo no tenía el gusto de conocer en los 45 minutos que llevaba allí), se calzó un abrigo de visón y se marchó a la calle, supongo que le tocaba el turno del café. Media hora después no había regresado.

Mientras tanto el volumen de oxigeno consumido en la sala era cada vez mayor, pues ya éramos casi cien personas las “esperantes” y la diferencia entre los números de quienes estaban siendo atendidos y de los que llegaban aumentaba considerablemente, pues a una señora le tocó el 318, cuando otra que estaba sentada ante una funcionaria era la 254.

En eso llegó un “cliente” y pidió ver a la jefa-coordinadora-supervisora o lo que fuese, y en la planta superior uno de los funcionarios informó de que Maribel iba a estar toda la semana fuera de la oficina, pero según otra acababa de salir a tomar un café y tardaría un buen rato… "ya que había llegado alguien de fuera y tenía que atenderle”.

Ante los requerimientos del caballero bajó a la sala de atención la que supusimos era la asistente/secretaria de la jefa ausente, dio alguna instrucción en voz baja y … apareció otra jefa. Sí, la del despacho del fondo a la que yo, después de 55 minutos allá presente, no tenía el gusto de haber visto en mi vida. Pero esa señora fue tan “sensata” que se sentó a atender ella misma. Eso sí, no dijo ni una palabra al resto de las funcionarias.

A partir de ese momento empezaron a llegar gentes desconocidas, supongo que también funcionarios, que se despojaban de sus abrigos (joer, venían de la calle y hacía frío) y se sentaban con gran desgana a atender a unos “clientes” que como en mi caso bastaron cuatro minutos para resolver lo que me había llevado.

Caramba, al marcharme había ya casi diez funcionarios en los P.
Me acerqué a los P1, P10, P13 y P15 y como pagador del servicio… Digo como contribuyente, les agradecí su dedicación y productividad.

Hora y media después de entrar salía de allí tan contento y mientras bullían enfados y demás en las gentes que llegaban y tomaban sus números cuando comprobaban los de los que estaban siendo atendidos.

Ángel García Muñoz

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jueves, febrero 28, 2008

Niños sin calendario (laboral)

Queridos amigos,

contra mi costumbre, voy a hablarles por tercer día consecutivo de mi viaje por Nicaragua y Honduras. Siento aburrirles de esta manera pero, como ya he dicho, el viaje pasa por uno como ese vecino cotilla que se cuela en su hogar, lo mira todo, lo toca todo y cambia las cosas de sitio. Ya retomaré mañana mis chorradas habituales.

A veces piensa uno que alejándose verá los problemas empequeñecerse por la perspectiva, que lo que en casa nos parece un león en la distancia no pasará de mosca, pero una vez más allá del horizonte, será porque la separación es cóncava como una lupa, el león no deja de ser león y los problemas no dejan de ser problemas, aunque vistos con catalejos. A todo esto hay que sumar la añoranza, ese sentimiento que incomprensiblemente se apodera de uno cuando lo que más quiere está lejos, aunque sea por unos días. Yo lo he sentido, fíjense qué tontería: he echado mucho, mucho de menos a mi mujer y a mis hijos.

El sábado, más relajados, comimos en un restaurante muy bonito en la montaña, cerca de Valle de Ángeles, a unos treinta kilómetros de Tegucigalpa. Acababa de hablar por teléfono con Beatriz y Maya Selva, fundadora y alma de los cigarros "Flor de selva", tal vez porque vio que mi gesto mudaba y ya no era el mismo que, con vehemencia, quince minutos antes había discutido con sus padres sobre el problema judío-palestino, me preguntó si todo iba bien.

-- -contesté-. Fenomenal, pero me pasa que llega un momento en que estoy ya deseando irme a mi casa.

No recuerdo cómo me lo preguntó, pero se mostró extrañada: ¿no lo has pasado bien? ¿No te gusta esto?

-- Me encanta. Lo he pasado muy bien, pero echo de menos a mi mujer.

No es raro esto, ¿no? Le pasa a todo el mundo cuando está lejos de la gente que quiere.

Además de para ver tabaco y más tabaco, que es lo que he hecho porque, piensen lo que piensen, hemos currado muuucho pateando tabacales y fábricas, uno de los objetivos del viaje, para mí, era hacerme una cura de sueño y olvidarme del ajetreo de los niños, los baños, las cenas, las prisas... No es que me dijera "voy para olvidarme y descansar", sino al revés, que yo no soy de los que huyen: "ya que voy, aprovecho para descansar".

Pero ni por esas, amigos. Ni por esas. Todo suma para la añoranza: me he perdido ocho, casi nueve, días de mi hija Ana que, de pronto, en ausencia de su padre, ha dejado atrás las engordaderas y ha descubierto la sonrisa. Mientras tanto yo, como Odiseo en la isla de los lotófagos (sin comer la flor de loto que hace olvidar el deseo de volver a casa) o como Leopold Bloom en los baños, naufragaba en un mar de niños con calendario laboral.



He estado en otro países donde la pobreza no era un misterio, donde uno ha llegado a pensar, triste consuelo, que no es lo que no tienen sino lo que parece que desean tener y no pueden. Pero no iba preparado para ver tanta infancia partida a la altura del espinazo. Supongo que tengo que quitarme el filtro de la mentalidad occidental y pequeño-burguesa, pensar que no hace ni cuarenta años que en España cundía el mismo espectáculo por doquier, pero comprendan que, mi condición de recién padre me lleva a un estado de ánimo superferolítico en todo lo que se refiere a la infancia. No he podido evitar acordarme de mis pequeños, de mi misión de proporcionarles una entera y feliz infancia sin calendario de ningún tipo.




En Estelí, Nicaragua, una pequeña ciudad de casas bajas de colores mugrientos, en la linde de una gasolinera Texaco, dos buitres pequeños se pegan un festín sobre los despojos de un perro que, probablemente, acaba de ser atropellado. Un niño de la edad mi de Rodrigo pide limosna entre los surtidores, descalzo sobre el frío hormigón del suelo. Viste unos pantalones azules pesqueros y raídos y una guayabera blanca enmarronada con churretes de barro. Jorge Padrón, dueño de la fábrica de puros Cubanica, le da un dólar y le dice:

-- Pero fíjate bien, que es un dólar, no un córdoba.
-- Sí, yo sé, señor -responde el niño-. Son 18'50 córdobas.


En Valle de Ángeles, Honduras, Yolanda (cinco años) se pasea por la plaza con una cesta. Vende rosquillas a diez lempiras. Por esta foto, yo le di 100 (seis euros, no llega), pero después me arrepentí: aunque le dije que se guardara el billete para ella, los que la explotan sacaron ese día 100 lempiras más de beneficio.

Y yo no iba preparado para esto. Ésa es la verdad.

X. Bea-Murguía (mañana ya, lo prometo, cachondeo).



Aquesta cançó es para mi mujer y para Laura, de Vic.


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miércoles, febrero 13, 2008

Esplín y Madrid



Queridos amigos,

después de una larga jornada laboral, el lunes llegué a mi casa tarde y un poco abatido, más que nada porque era lunes, era tarde y la jornada laboral había sido larga y esto me abate. Además, no había visto a mi hija Ana en todo el día. Cuando me fui dormía y cuando regresé, ya estaba durmiendo. Ni siquiera llegué a tiempo del baño, algo que, a falta de una paráfrasis más musical que se ajuste mejor a mi estado de ánimo, me toca los cojones, porque es uno de nuestros momentos y me cuesta mucho renunciar a él.

Así que la jornada fue larga, era lunes, llegué tarde a casa, me perdí el baño de Ana y estaba abatido. No hay un motivo especial para estar apesadumbrado, aunque en realidad sí, en verdad hay muchos motivos, sin que ninguno sea razón suficiente (¿me explico?). Me pasa algunas veces que, sin saber por qué, siento hastío, esplín y no hay un motivo especial. No tiene por qué haberlo.

La palabra "esplín" (e ideal) siempre me lleva a "Las flores del mal". Probablemente Baudelaire escribió esto pensando en que ese lunes en que yo volvería abatido a casa (traducido por Luis Blanco Vila):

"¡Te odio, Océano! Tus brincos y tus tumultos
los encuentra en él mi espíritu; la risa amarga
del hombre roto, pleno de insultos y sollozos,
la escucho en la inmensa carcajada del mar.

¡Cómo me gustarías, oh noche, sin estrellas
cuya luz se expresa en lenguaje ya conocido!
¡Yo busco el vacío, busco lo negro y desnudo!".

(Ojito que lo de "busco lo negro y desnudo" no tiene nada que ver con el sexo).

No crean que me duró mucho. El atasco y las noticias en la radio, en la oscuridad ambarina de la M-30, contribuyen a la negritud del estado de ánimo que les he pintado, pero yo soy una persona eminentemente optimista. Llegué a casa el lunes, demasiado tarde, derrotado, abatido, cansado, con esplín y pensando en "Las flores del mal", sacudiéndome el atasco de los párpados. Mi hija Ana ya estaba bañada y durmiendo, pero Rodrigo me esperaba ansioso: tenía una sorpresa para mí.

Su perspectiva me iluminó el día.

Me hizo bajar al pasillo de la entrada. Encendió la luz y me dijo:

-- ¿Qué notas diferente?

Pero yo no veía diferencia alguna en él.

-- Dame una pistilla.
-- ¡No! Mira bien.

Lo miré a él y en rededor y nada. Él estaba resplandeciente, pero eso no era nuevo.

La diferencia era sútil, por eso yo no la había pillado: la puerta del aseo estaba cerrada con pestillo. No es lo habitual, desde luego: la política de mi casa es de puertas siempre abiertas. Rodrigo me lo señaló, pero yo seguía sin comprender (les recuerdo que estaba aún bajo el agobiante peso del esplín). Tuvo que explicarme que mi sorpresa estaba guardada dentro del aseo.

-- Para que no la vieras -me aclaró antes de colarse en el interior de la cámara del tesoro por una rendija tan fina que no dejó salir ni el resplandor del oro.

La sorpresa era cojonuda. Me puse muy contento. ¿La ven ustedes?



X. Bea-Murguía (a cuatro días de volar a Miami, Managua, Tegucigalpa)

Y, de premio, una canción que le gusta a mi hijo.

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lunes, enero 28, 2008

El colecho y otras cohostias

Queridos amigos,

después de este mes y medio cumpliendo con mi función de San José en un Belén viviente (Torres dixit, Calvo pixit y el gato Jinks) he llegado a una conclusión que, estoy convencido, les va a conmocionar. Ahí va: la puericultura es como el baile del verano, dos pasitos p'alante y un pasito p'atrás, vuelta y de nuevo a comenzar.

Antes, hace siete años, cuando nació Rodrigo, se decía que el chupete era maaaalo. ¡No le pongan chupete al niño que es como iniciarle en otros vicios! Hoy es bueno. Dirán ustedes que el pensamiento evoluciona, que por eso es pensamiento, que si no evolucionara sería pensamiento navarro y es verdad, pero es que lo de la puericultura no es evolución ni involución, es revuelta.

El Dr. Estivill, antaño psicólogo de éxito por su "Duérmete niño", hoy es apedreado en la plaza pública, pero lo que escribió en su momento no eran más que cuatro consejos de sentido común (si el niño llora, déjalo llorar un poco) que, por cierto, funcionaban. Pero parecer ser que no, que lo de Estivill era una crueldad medieval y que lo que ahora recomiendan los expertos, lo que está de moda, es el colecho.

El colecho, amigos periodistas, no tiene nada que ver con el lote de productos que le regala el Carrefour todos los meses para que escriban bien sobre el nuevo hiper de Patones de Arriba. No. Eso es el cohecho (prefiero aclararlo porque algunos son como buitres). El colecho, amigos y amigas, es que usted comparte cama con dos mujeres y hace lo mismo que si estuviera solo.

Nosotros, como somos como el Adelantado de Segovia, ya practicamos el colecho con Rodrigo. No podíamos sospechar que esta sencilla práctica que consiste en meter al niño en tu cama para darle el pecho iba a ser el avance científico del año 2008 (el pecho se lo da Beatriz, evidentemente, por volumen pectoral yo podría darlo pero la sociedad no está preparada aún para este cambio de papeles... Además, sería como llevar a Ana a El Bulli, que le pusieran un plato vacío con un pelo en medio y el camarero dijera que el plato se llama "sopa evaporada").

El colecho será hoy la pera limonera, pero ni Rodrigo ni sus padres dormimos una puta mierda desde marzo de 2001 hasta junio de 2002. Estábamos de mala leche, cansados, nos peleábamos por todo... Un horror hasta que descubrimos a Estivill, que, lo verán, volverá a la cumbre con la segunda parte del "Duérmete niño", que se titulará algo así como "¡Diossss que te duermas de una puta vez que te doy con el libro en la cabeza, me cago en tu padre!".

Aunque yo no soy puericultor, tengo una buena experiencia como padre involucrado (esto lo he dicho en serio, Beatriz) y, por eso, por si les sirve a ustedes, me voy a atrever a dar un consejo a los nuevos padres...

En dos palabras: NIPU TOCASO.

A nadie.

Van a ir a verles al hospital y a su casa y les van a volver locos con paparruchas que la peña lee en internet, que es donde escribimos los pelanas (como yo). Ni puto caso, que todos somos padres fetén, pero les van a volver locos, porque todos los niños son distintos y lo que sirve para un niño pelirrojo llamado Ciro, con Carla no funciona. Pretender que una técnica dé el mismo buen resultado con todos los niños del mundo es como estar convencido de que un día reinará la paz en las naciones de la tierra. Hagan sólo lo que les diga su pediatra y lo que dicte el sentido común, con cariño y con paciencia... Mucha paciencia. Si el niño llora, háganme caso, no es por hambre, ni es por sueño, ni porque tiene gases, ni nada de eso: es que quiere una wii.

En la foto, pueden ver en lo que desemboca el colecho. Ana en la cama de sus padres sola (se tira pedos) y Bea y yo, acurrucaditos en la cuna...

X. Bea-Murguía (y, encima, estirándose).

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jueves, enero 24, 2008

ASCAMANCHAK


Queridos amigos,

lo de mi hijo Rodrigo hace tiempo que dejó de sorprendernos: salvo por lo exasperante que es delante del plato, que a veces cuesta mucho reprimir las ganas de hundirle el jetuño en los macarrones, en general es un niño muy bueno... Como su padre. Todos los años, al menos una vez, Beatriz y yo nos acercamos al cole para conocer a su profesora y para que nos cuenten un poco cómo funciona en clase. Siempre nos dicen lo mismo: Rodrigo es fantástico (como su padre), un niño maravilloso (como su padre), es listo (como su padre), se porta bien (como su padre), le quieren todos sus compañeros muchísimo (como a su padre), es brillante (como su padre), es guapo (como su padre), se trae a todas de calle (como su padre), va fenomenal (como su padre)... ¿A que dan ganas de conocer a su padre? A ver si un día mi mujer me lo presenta... Para darle las gracias, digo... Bueno... Y una patada en los cojones.

Eso sí. El cabrón es vago (como su padre). Listo y vago. Bonita combinación.

Es estupendo ir al cole y que te digan que el niño no tiene ningún problema o que es un chaval brillante (son palabras textuales). Llenamos la clase de babas, nos vamos orgullosos de la reunión pensando en que tenemos mucha suerte y en que, quizá, en vez de darle una patada en los cojones a su padre, lo que tendría que hacer es encargarle otro.

-- En la asamblea de hoy -nos dice Irene, la profesora, maravillada por lo moderno que es el niño, que es igualito a su padre-, Rodrigo nos ha dicho que tiene un blog.
-- ASCAMANCHAK
-- ¿Qué significa?
-- Nada. Dijo que quería que se llamara Barbudo, pero ya estaba cogido. Entonces lo intentamos con Bidón, pero también estaba ocupado. Le sugerí que se escurriera un poco más el coco, que buscara un nombre más complicado y él dijo: ASCAMANCHAK.
-- ¡Ah! Pensé que sería una palabra en euskera.
-- Sí que lo parece -asentí-. De hecho, yo lo pienso decir la próxima vez que se me pegue un chicle a la suela del zapato.

Estarán pensando en que yo le he metido la idea en la cabeza, pero se equivocan. Pienso que mi función, como padre, es precisamente no meter en la cabeza de Rodrigo ninguna idea que no tenga él ya. Cero. Mi comportamiento tiene que hablar por mí. Evidentemente, él me ve todas las mañanas, cuando se levanta, escribiendo en el blog. Eso, sin duda, influye.

Pero yo no le he dicho que escriba un blog. Todo empezó porque, para el Día de la Paz de su cole, Rodrigo escribió esta poesía:

Desde que la paz se creó,
todo el mundo se trató bien.
Todo el mundo creó la bicicleta o un coche o algo así.

A mi amigo Javier le hizo gracia y la puso en blog BURTON TAYLOR y, en el cruce de comentarios, Javier le dijo que por qué no hacía el su blog, de ahí, creo, que la primera idea era llamarlo Barbudo (tómatelo como un homenaje).

No sé cuánto le durará el impulso. Aunque cuenta con un poco de ayuda, los textos son genuinamente originales de Rodrigo. Yo ni doy ideas ni sugiero ni oriento ni censuro. Él pone lo que quiere. A ver por dónde nos sale.

Lean Ascamanchak. Se fue ayer a la cama pensando en que hoy tendría ya un montón de visitas. Si van a hacer algún comentario, por favor, tengan en cuenta que es un niño de seis años. ¿Vale? Autocensúrense.

X. Bea-Murguía (babas pa'tós)

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miércoles, enero 16, 2008

Ihr habt nun Traurigkeit

ENCIENDE EL SONIDO DEL ORDENADOR
Y PON EN MARCHA EL VÍDEO



"Ahora estáis afligidos, pero yo os volveré a ver, vuestro corazón se regocijará y nada podrá privaros de vuestro gozo". (San Juan 16, 22-23)

Queridos amigos,

a la mayoría de las personas les gusta predecir el mal. Es como si, de alguna manera, te lo desearán. Entiendo que no es así, pero es que nadie te dice un "¡Qué bien! Una muñeca para el hermano mayor". Al contrario, todos te advierten de lo malo que será lo que suceda cuando los niños se encuentren, te ponen sobre aviso de los celos. Incluso aquellos que no tienen hijos, ni piensan tenerlos, te hablan de sus sobrinos, de los niños de otros... Es como si supieran que el que acaba de ser padre se enfrenta a una situación nueva y vertiginosa sin otra arma que el instinto, que se siente uno vulnerable, perdido y desconcertado, como si quisieran aprovechar toda esa incertidumbre para librarse de una parte de su carga de negatividad.

-- Ya verás -te dicen cuando yo les digo que Rodrigo babea con su hermana-. Eso es sólo al principio, después... Ya verás, ya...

Yo creo que se equivocan, pero no discuto. Se equivocan todos. Mi madre tuvo cinco hijos en nueve años (1969, 1971, 1972, 1975 y 1977) y nunca, nunca, nunca jamás se ha comentado en mi casa que el inmediato mayor curtiera al recién llegado por celos.

Y puede pasar (¡por supuesto!) porque, sin duda alguna, Rodrigo puede llegar a sentirse desplazado, pero yo creo que mi hijo es lo suficientemente mayor (casi siete años) como para comprender que él juega en otra división de mi cariño. Otra primera división.

Cuando Ana no puede dormirse, su padre se apresura a cogerla en brazos para mecerla. Me la llevo al despacho y pongo música de fondo. No sé qué dirán los tratados de puericultura, pero a mí me encanta hacerlo porque es un momento especial, ella y yo, de enorme recogimiento. Ana me clava su mirada de almendra y yo bajo la cabeza hasta que me crujen las cervicales para rozarle los dedos con los labios y la carita con la nariz. Creo, imagino, que me devuelve las caricias, rozándome con el aire de sus yemas, huellas de hormiga por mi rostro, con delicada torpeza; me gusta pensar que ella también siente que sumidos en la penumbra que se crea a dos palmos de la pantalla del ordenador, tenemos nuestro vacío, nuestra atmósfera aparte.

El otro día, "La gran pascua rusa" de Rimsky-Korsakov dio con su cuerpecito en tan profundo sueño, tan entregado a los brazos de su padre, que el calor de su peso me estremeció. No sé si yo, en alguna ocasión en mi vida, me he entregado tan confiadamente al abrazo de alguien. Es un momentazo.

Anoche, "Ihr habt nun Traurigkeit" del requiem alemán, de Brahms (eso que estará oyendo ahora mismo si ha puesto en marcha el "video"), durmió a Ana y despertó a Rodrigo, que vino al despacho, descalzo y despeinado:

-- No puedo dormir- me dijo.
-- ¿Quieres que papá te coja en brazos y te duerma como a Ana?- le pregunté con tono de burla cariñosa.
-- Sí, sí- me contestó fingidamente mimoso.

Le hice un hueco de pie entre mis piernas. Sujeté a Ana sobre mi brazo izquierdo. El codo me dolía pero ya no me dolía. Empujé a Rodrigo dentro de nuestro agujero, pasándole el brazo derecho por la espalda y, así, abrazados los tres, llenamos el vacío.

X. Bea-Murguía (y no son celos)

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