lunes, noviembre 24, 2008

Mis hijos

Jodó, qué frío, maños.

Al eucalipto que comparte las mañanas conmigo, que casi toca mi ventana, se le ha ido la permanente a tomar vientos. Seguro que se había gastado una pasta en Rupert y ahora anda con las hojas más revueltas que una loca de película de Pedro Almorrana.

Qué lunes más lunes. Esta semana me toca lo mismo que la semana pasada, así que no sé cómo andaré de tiempo. Bueno, sí lo sé: voy a andar mal de tiempo, con cierzo en el reloj, corriendo al aeropuerto y a la estación de Atocha, de arriba a abajo, como el Imperio Asirio. Mañana estoy en Santiago. El jueves, en Sevilla. El lunes que viene, en Albacete y ya. A ver si se pasa esta racha (de viento del norte). A ver si vuelve la primavera.

Por lo menos, la niña ya está bien. Vean, vean. Aquí una foto que ha hecho mi mujer. Me encanta.



Guapos, ¿verdad? Tela de guapos. Estos son niños hechos con calidad superior y punto. Si alguna de ustedAs quiere un niño de esta calidad, que me lo diga. Sin problema. Barato, barato, además. Manden primero una foto porque yo, a pesar del poderío de mis genes, sólo puedo asegurar la mitad de esa calidad y luego no quiero reclamaciones que ya advierto que la otra mitad no es cosa mía. Y en el caso de mis hijos, que no se parecen en nada a mí, que son calcados a mi señora, casi se hace verdad eso que dicen siempre en el pueblo:

-- Son iguales a Beatriz. ¿Tú qué has puesto aquí? Si no has puesto nada.

Pues es verdad, joder. Mejor para ellos, claro, que serán más guapos, pero aunque parezca que yo no he puesto nada, la calidad de mi genética se nota en lo blanco de los ojos y en otras muchas cosas. ¿Que en qué? ¡Pues en un montón de cosas, hombre! Al menos, yo la noto. Bueno, miren, si quieren un niño de calidad, hablen con Beatriz y que les dé el teléfono del padre de mis hijos y tan amigos. Además, yo a mi edad, no quiero líos.

En todos estos años, desde que soy padre, y va para ocho, sólo una persona, una, se ha parado ante mí y me ha dicho:

-- Esta niña es clavada a ti.

Fue este verano. En la puerta de la peña. Las chicas de oro iban a misa, como cada día. Y no, no fue el vendedor de la ONCE. Fue la Encarna. Muy maja la mujer. No ve tres en un burro, es cierto (y desconsolador), pero tampoco vende cupones. Los demás, siempre preguntan... Así, con acento segoviano...

-- ¿A quién se parece esta niña? ¿A quién se parece este niño? -metiendo el dedo en el cochecito para verle la cara y añadiendo- Porque a ti no se parece.
-- Pues no sé a quién se parecerá-contesté en una ocasión pasando ya de contrariado-. ¿Por qué no le haces una foto y la vas comparando con todos los tíos del pueblo y así nos enteramos los dos?

No te jode. A mí no me importa, la verdad. Me la pela. Creo que padre es quien se lo gana. Padre es el que pasa noches sin dormir acunando la fiebre de los hijos, el que limpia culos y canta en el baño, el que levanta al niño cuando se cae de la bicicleta, el que lo lleva al colegio, el que castiga a su pesar, el que no se pierde ni una sola exhibición de judo, el que deja que la niña chupe su teléfono móvil, el que cree que el trabajo es importante, pero secundario. Lo que quisiera, si se confirmara esto que sólo una madre sabe y todo padre sospecha, es que si hubiera un quien por ahí, pasara la pensión alimenticia, ¿no? Que por lo menos colaborara en la manutención. Que no le saliera gratis. Eso sí, sin derecho a pasar la noche en vela ni entradas para la exhibición de judo. Eso no lo comparto, que el cálido abrazo de mis hijos es sólo mío.

Bromas aparte. Mis hijos son guapos, son buenos, son listos y son simpáticos... Como su padre. Ahí se nota el podería de mi genética.



Y punto.

X. Bea-Murguía (buen lunes a todos).

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jueves, noviembre 20, 2008

Diez estrellas, michelín.

Queridos amigos,

no se crean que me he vuelto a ir de vacaciones, ni mucho menos. Todo lo contrario. Varias circunstancias se han juntado para esta pequeña ausencia, que se resumen, en verdad, en una sola: no he tenido tiempo para nada.

Lo primero, porque mi Ana ha estado malita, con fiebre y eso, que la llevo Beatriz a urgencias y todo, pero para nada. Yo le podía haber dicho lo mismo que el pediatra y no porque sea muy listo. Una máquina expendedora de diagnósticos, le podría haber dicho lo mismo: "Es un virus. Apiretal".

También es verdad que si te lo dice un pediatra se queda uno mucho más tranquilo, pero, vamos, estaba clarito.

Al no dormir de noche y al madrugón con la niña en brazos, que no es que imposibilite, pero impide un poco escribir el blog... La postura es chunga... Hay que sumarle que me estoy haciendo una tourné por la España de Dios dando ruedas de prensa... Ya saben... Tabaco y eso. Con Olga Rubio de compañera de tren y de caminatas, ordenadores, cañones, pantallas y periodistas para arriba y para abajo, he estado esta semana en Zaragoza, Toledo y Valladolid. La semana que viene toca Santiago y Sevilla y fin. Y vale, que menuda paliza llevo.

Como ven, mi vuelta de vacaciones no ha podido ser más movida. No es que quiera hablar de tabaco, que no, pero no me resisto a contar un dato significativo de lo que son las encuestas... El 94% de los castellanoleoneses (la leche la de veces que me he atascado en directo con el gentilicio de los cojones... Cosas que pasan) afirma conocer los efectos perniciosos que el tabaco produce en su salud. El restante 6%... Les voy a dar a elegir:

a) NSNC.
b) No sabe leer.
c) Ahorra en ojos y por no leer no leen ni el "empujar" de las puertas, como para ponerse a gastar pupila en las advertencias sanitarias de las cajetillas.
d) Vive en una aldea aislada de los montes de León, tirando p'arriba, a dos días de camino en burra desde Villablino.

Es increíble. Olga y yo tiramos prontito por la mañana y para la hora de comer, más o menos, ya estamos en Madrid con la tarea hecha. Para esto sí que vale el AVE. Para viajar es una mierda, pero para esto es cojonudo. Lo admito.

Después de este largo, largo prolegómeno, no sé qué lío hay con las Estrellas Michelín que es de esas cosas que uno no acaba de entender. Lo primero, si un restaurante tiene una, dos o tres Estrellas Michelín lo único que garantiza es que te las van a clavar en cuanto pidas la cuenta. Pides la adición y aparece un ninja con un sable y unas estrellas de esas con pinchos y te clavan como a Jesucristo en el Gólgota.

Después te preguntan que si el señor ha comido bien.

-- ¡Nos ha jodido! A 150 euros el cubierto -es decir, 150 por el cuchillo, 150 por el tenedor y 150 por la cucharita del postre y no pidan pescado que los cubiertos son otros dos más- que encima esté malo.

¡Sería la leche! Porque bueno, lo que se dice bueno, está todo muy rico. Es verdad. Yo, ¿quién se lo iba a decir a mi madre, con lo que peleó la mujer para que comiera?, me he hecho tripero y lo encuentro todo muy rico. Eso sí, en estos sitios... Escasito. Dicen que lo bueno, si breve, dos veces buenos, pero en algunos restaurantes cuando ya te has comido cinco platos te dan ganas de preguntar cuándo acaba el aperitivo. A esto lo llaman la propuesta, porque uno se propone comer, pero no lo consigue. Es otra cosa. Ya saben lo que se dice, que el Bulli no es un restaurante: es un concepto.

Esto me lleva a una reflexión profunda, como todas las mías, entre el estreñimiento y la embolia: ¿por qué lo llamarán Estrellas Michelín si con lo poco que se come en esos sitios es imposible que a uno le crezca el michelín? Porque el mío, desde luego, no es de comer en el Club Allard (uno de los mejores restaurantes de Madrid, sin duda) ni en el Bulli. El mío es de las dos fabadas que me endiñé hace tres semanas en San Román de Candamo, Asturias.

¡Vaya fabada! Diez estrellas michelín o quince. Las que quieran. ¡Puxa Asturies, oh! ¡La de Dios! Y de postre... Solomillo. Sí, lo admito, me zampé un solomillo crudo. Y, después, arroz con leche, que no soy yo mucho de tomar dulce, pero, ¡ay les vaques asturianes que dan la leche ya con el arroz y la canela! De muerte, abuela. Eso son unes vaques con treinta estrelles michelín, oh.

A mí, seré un palurdo que no entiende las bondades del sifoneo, amigos, pero ¿qué quieren que les diga? El restaurante que me gusta, y no es barato ni tradicional, porque se come de vicio, sale un saciado (y cinco puntos por encima de saciado) es Viridiana, en Madrid.

Y no tiene más estrellas michelín que las roscas que asoman generosas por debajo del mandil de Abraham Garcia, un hombre que se nota que disfruta cocinando, comiendo y dando bien de comer. Pura pasión.

¡Abajo el yogur de lentejas deconstruido y light!

¡Viva la fabada, los judiones de La Granja, las lentejas, las alubias de Tolosa y las de Guernica, las pochas y el cocido de Abraham! ¡Viva! Diez estrellas para la cuchara y el michelín, para mí.

X. Bea-Murguia (y a comer, coño, el bacalao al pil pil del Sortziko de Bilbao, que es de otro planeta).

Si ya lo dice mi amigo Jesús Llano: "No hay gordos de milagro. Son todos de comer".

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jueves, octubre 23, 2008

En una oscuridad desconocida

Queridos amigos,

fíjense si seré idiota, cabeza-buque... Más no se puede ser.

Paro en una gasolinera de estas de prepago por necesidad perentoria (del coche) y por los pelos no me piro sin repostar, pero con la gasolina pagada. ¿Qué les parece? Estoy empezando a preocuparme. Voy, prepago la gasolina, digo mis gilipolleces de turno, arranco, avanzo y sólo una mirada instintiva al manómetro del depósito me hace darme cuenta de que he pagado pero he echado la sopa.

Menos mal que no se me pegó la impaciencia de nadie al culo. Si no, problema. Matata, que dicen en Kenia. Matata sana. Eché marcha atrás y reposté.

Iba a Toledo, a la inauguración del Club Tristán, de mi amigo Pedro Pablo Gamero, un bolo, rebolo, chapeau. Otro día les digo por qué. El plan era dormir allí. El año pasado, volviendo de un acto de fumadores de puros, organizado también por Pedro, tuve una mala experiencia en la carretera. La conté aquí, si lo recuerdan.

"Toledo-Madrid"



Recordando aquello, decidí dormir en Toledo y fresco, bien madrugado (que no, que a mí no me cuesta nada madrugar), poner ruta a mi casa. La idea era llegar en torno a las 8:00 horas a Tres Cantos.

Me puede la obligación, qué quieren que les diga y no me estoy poniendo una medalla, ni mucho menos. Me duele tener que dormir fuera de mi casa, donde me siento tan necesario, sobre todo por las mañanas, cuando actúo de desayunero oficial. Herencia de padre, ¿qué le vamos a hacer?

Así que dije que no al copeo posterior al acto. Era medianoche cuando me acosté. Los amigos, Fran, Alberto, Juanjo, Eduardo... Pedro mismo... Se iban a quemar la noche toledana (nochecita toledana que fue...). Yo opté por la partenidad. No es desinteresado, no se crean. Esperaba la recompensa de mi mujer. Esperaba su gesto de sorpresa al levantarse y encontrarme allí, haciéndole el desayuno, exprimiendo naranjas, batiendo biberones y dándole vueltas al nesquick como si hubiera dormido, una noche más, a su lado. Esperaba su sonrisa cálida. Esperaba el tacto de sus manos, pintadas por el Greco, en mi espalda.

Dije que no a la juerga y los oí llegar a las cinco y pico de la mañana al hotel. (Coño, ya me he chivado). Había sido de las buenas. No es que me arrepintiera. El arrepentimiento es inherente a toda decisión, pero mi objetivo era más alto y más satisfactorio: sorprender a mi mujer, decirle sin palabras lo mucho que pienso en ella, lo duro que es dormir en un hotel en una oscuridad desconocida.

A las seis de la mañana, me levanté animoso. Sé que parece raro pero, insisto, no me cuesta madrugar. A las cinco había oído llegar a la patrulla nocturna porque andaba en duermevela, nervioso, alterado, con miedo a no oír el despertador, a dormirme y no llegar a tiempo de mi sorpresa en casa. La única ventaja de dormir fuera de casa, por trabajo, es precisamente esa: poder descansar, pero yo ni me fui de juerga con los amigos, ni descansé. Dormí seis alteradas horas pendiente del móvil, de que sonara su martillo musical en mis oídos con fuerza suficiente para despertarme y darme tiempo de llegar a mi casa.

Me duché y me fui del hotel sin tomar siquiera un mal café. No había nada que echarse al coleto a esas horas y no me importó fumar en ayunas, mientras escudriñaba la carretera, con picor de ojos, bajo una lluvia intensa, en la oscuridad tenebrosa de un día que aún no se había atrevido a asomar.

El trecho entre Toledo y Madrid se me hizo eterno. Iba mirando el reloj y calculando mentalmente: a este ritmo, a las siete y media estaré en casa. Es perfecto. A esa hora, hasta me da tiempo a tomarme un café con tranquilidad antes de que empiece la actividad matutina de mi familia.

Pero Madrid es un atasco. Un atasco enorme y gusano, una tumba para las prisas, un panorama desolador de luces rojas que se suceden hasta la desesperación. Llegué, porque al final llegué pese a que en algún momento de la mañana pensé que no lo conseguiría, y eran más de las nueve. Mi mujer notó que la llave rascaba la puerta y me abrió.

-- ¡Hola! -me dijo-. ¡No te esperaba! ¡Qué bien me vienes!

Ya ven que es un claro caso de hagas lo que hagas, te arrepentirás (incluso sin necesidad de unirte a Worren Sánchez). Al final, no me fui de copas con los amigos, no descansé y no llegué a tiempo de ser útil en casa como esperaba y todo el esfuerzo de la mañana quedó esparcido en el tiempo muerto inacabable y desesperante del atasco de la M-30. Y, sin embargo, qué momento más dulce es el encuentro inesperado.

¿Verdad?

X. Bea-Murguía (bonitos túneles los de la M-30, Gallardón. ¿Para qué dices que sirven?)

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miércoles, octubre 15, 2008

A punto de estallar

Así, como cuando la dinamita se prepara para el ahora,
ahora, AHORA, sin que cambie la forma exterior del cartucho
”.

"Luz de agosto".
William Faulkner.




Queridos amigos,

parece que esto se anima un poco, ¿no? Es que llevamos un mes de septiembre y medio octubre un poquito aplatanados, como si no hubiéramos acabado de sacudirnos de encima la pólvora del verano. Siento decirles que me parece que hoy yo les voy a dar poca cera. Ayer tuve un día perfectamente olvidable. No me pregunten qué me pasó, porque no fue nada en absoluto, pero lo fue todo. Un encadenamiento de decepciones, tal vez. Una serie de pasos mal dados. Un par de caídas inexplicables. Una palabra desorientada que nunca debí decir. Un pensamiento no nacido que rompe el silencio.

Perdí al mus.

Iba a profundizar en el sentido de mi derrota, pero para qué hacer más sangre si en esas tres sencillas palabras de sujeto omitido ya ríe un universo de humillación, un big-bang del honor perdido. Prefiero contar que llegué a mi casa y hallé consuelo, que mi mujer me esperaba sonriendo, que mi hija cumplía diez meses y que mi hijo me enseñó lo bien que toca "Smoke on the water" con la guitarra eléctrica que le ha regalado su tío Diego.

Hice mis tareas, las de San José en Belén viviente que me corresponden por derecho, que no por obligación, bailé y canté con mi hija en el baño. Mi niño me agarró de la oreja mientras nos entregamos juntos a esos apasionantes dibujos animados que tanto nos gustan (zzzzzzzzzzzzzzzzzzz). Acostamos a los niños, Beatriz se marchó a andar y, con todo hecho, con las derrotas y los fracasos colgados del perchero de la entrada, dueño por fin de mi tiempo, me entregué a la lectura.

Estoy leyendo un libro de John Irving que es una montaña rusa sobre la estructura del fracaso. "La epopeya del bebedor de agua" tardó en animarse dos líneas, después se ralentizó hasta el punto en que no sabes si es que la mecha es demasiado larga o que hay un fallo en el mecanismo. Ese silbido siempre tenue y lejano, cerca de la extinción y de la deflagración, que tan bien maneja un artificiero como Irving y que estalla de manera impredecible, pero perfectamente medida, en el momento justo en que estás decidido a ir a comprobar que la carga esté bien colocada.

Impresionante.

Sirvan de recomendación sincera. Las dos cosas: el libro y que no hay como llegar a casa cuando se está a punto de estallar.

X.Bea-Murguía (no hay tiempo para más)

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martes, septiembre 30, 2008

Vosotros no habéis probado el cocido de mi Bea

Queridos amigos,

siempre he pensado que para encontrar la solución de un problema, lo esencial es un diagnóstico certero, delimitarlo para extirpar lo que es el problema y no lo que no lo es; analizar lo que dentro del problema no es problema y buscar lo que fuera de él, sí lo es. ¿Algún problema con esto?

En el caso del machismo, estamos ante un vale todo bastante perjudicial porque es indiscriminado y no ayuda a corregir actitudes que sí son antisociales. Es una presión tan terrible que la peña acaba cogiéndosela con papel de fumar por miedo a que le llamen machista. Así, en el imperio de los cursis, no se puede hacer un chiste (malo) con que la única habilidad de una mujer (de una cocretamente llamada Puri) es que cocina bien. ¡NO! Es más, no se puede hacer ninguna referencia a la mujer en la cocina.

Esto sucede porque no han probado el cocido de mi Bea. Hoy, mi mujer me va a hacer cocidito madrileño porque estoy convaleciente de una operación a corazón abierto a la que me acabo de someter. No debería decirlo, porque se me nota a la legua, pero como mi madre es de Bilbao, en cuanto me cosieron, me levanté de la camilla de un salto y le dije a la doctora: "Aivalahostiapues, que parece que la cosa ya va bien. Aúpa" y no me puse a cortar troncos porque no había un hacha a mano. Comparen el caso con el del lehendakari: dos días de hospital por un dolor de muelas de nada. Pero, hostias, Jonjo, no me jodas. ¡Por un puto dolor de muelas! ¡Que lo echen de Euskadi, lahostia! ¡Mecagoenlaos! ¡Menudo lehendakari nos hemos echao, joder! ¡Que pareces de Gibraltar, no me jodas, lahostia!

Esta mañana, leyendo elmundo.es me he encontrado con dos noticias de las que me gustan. La primera es un vídeo de "La Noria", ese programa cultural, didáctico y formativo, que presenta Jordi González. Estaban discutiendo sobre ETA los mismos que van a otros programas y que son ya como gladiadores herzianos. Un hartazgo, porque nadie tiene nada nuevo que decir, claro. Miguel Ángel Rodríguez, MAR para los amigos, el ronquillo que fue portavoz del primer gobierno Aznar (Ansar para el amigo) y María Antonia Iglesias, Eso de Stephen King, el Gregor Samsa de Kafka mirándose en los espejos del Callejón del Gato, se lían a mamporros verbales. Yo no voy a defender al Ronquillo, que me cae como una patada en los higadillos y que es más falso que un billete de 125 euros, pero Samsa le interrumpe (y por lo que se ve en el vídeo, más de una vez) increpándole "Estás mintiendo, estás mintiendo".

Coño, María Samsa, ¿no te han enseñado en casa que la frase correcta para señalar la posible falta a la verdad es "Eso no es cierto" o, mejor, "Eso no es exacto"?

Aunque por el vídeo no se puede saber, creo que Samsa en eso probablemente tuviera razón: que el Ronquillo estuviera mintiendo entra dentro del perfil del personaje.

Cansado de las interrupciones de Samsa, Ronquillo le contesta: "María Antonia, estás cada día peor. ¿Te has tomado la pastilla?", frase que es perfecta para la línea ética del programa "La Noria", pero, reconozcámoslo, no tiene puta gracia, es un tópico manido, un manifiesto desprecio por el contrario en una discusión y, por supuesto, de tal pobreza que define a quien la profiere como "gilipollas sin recursos dialécticos". Si le hubiera llamado "gilipollas", yo, por una vez, superando todos mis prejuicios respecto al Gregor Samsa tuneado, habría estado de acuerdo con ella.

Sin embargo, Samsa, que tampoco es que ande muy sobrada de recursos, lo interpreta como machismo. "Eres un machista", le dice. No sé, no sé. Entiendo yo que es un desprecio personal que se refiere a la actitud de una persona independientemente de su sexo. No creo que Ronquillo se refiera a que todas las mujeres de la tierra se tengan que tomar una pastilla.

Samsa sabe que calificándolo de machista tiene al público ganado, aunque de esa frase no se pueda deducir que Ronquillo tenga una actitud machista en su vida.

VIDEO

Disculpen que les haga tragarse a estas horas de la mañana a esta pareja tan desagradable, pero la conclusión a la que me gustaría llegar, la duda que me ha suscitado el vídeo y que me tiene en un sinvivir es ¿se puede uno comportar de forma machista con un bicho? Y si yo llamo bicho a María Antonia Iglesias, ¿soy machista? Respondan.

Bicho, bicho... Es que yo debo de ser machista... Pero qué desagradable es esta mujer. No todas las mujeres del mundo, eh... No, no. Sólo ésta... ¡OOOOS! ¡Os, os, os!

Por otro lado, siguiendo el mismo tema, la ministra Aído, a instancias de una senadora del PP, María Jesús Sáinz García, ha obligado al Ministerio de Hacienda a retirar una cuña publicitaria de radio por su mensaje sexista... Yo no voy a decir que no, ¿vale?

Mi mujer piensa que sí lo es.

Juzguen ustedes:

UNA MUJER: Como psicóloga te digo que deberías dejar ese trabajo y olvidarte de tu mujer, que te absorbe toda la energía positiva.
UN HOMBRE: ¿Dejar a mi Puri? ¡Pero tú estás loca, si mi Puri es lo más grande! Cómo se nota que no has probado las croquetas de mi Puri.
OTRA VOZ: Si tu vida es como tú eliges que sea, tu inversión ¿no debería ser igual?. Compra Letras del Tesoro. Tesoro Público. Gobierno de España.

Antes de nada, démosle la vuelta al mensaje, a ver si funciona igual.

UN HOMBRE: Como psicólogo te digo que deberías dejar ese trabajo y olvidarte de tu marido, que te absorbe toda la energía positiva.
UNA MUJER: ¿Dejar a mi Paco? ¡Pero tú estás loco, si mi Paco es lo más grande! Cómo se nota que no has probado el rabo de mi Paco.
OTRA VOZ: Si tu vida, tal y cual...

Aquí, lo de comer sería el rabo de su Paco, que le hace a su Puri un rabo de toro estofado para chuparse los dedos. El anuncio, al revés, funciona igual de mal. Lo que le pasa a la cuña es que nunca debería haber salido del Ministerio porque es muy mala.

Es cierto que se hace una referencia a una mujer que cocina bien e, incluso, parece que es su única habilidad, porque todo lo demás es negativo (le absorbe su energía positiva). Es cierto que esa única habilidad es la razón por la que el hombre, a pesar del mal que le ocasiona, no quiere dejar a su Puri, pero ¿hay que entender el caso como un sentir general? Yo creo que un mensaje sexista sería más del estilo:

UNA MUJER: Como psicóloga te digo que deberías dejar ese trabajo y olvidarte de tu mujer, que te absorbe toda la energía positiva.
UN HOMBRE: ¿Dejar a mi Puri? ¡Pero tú estás loca, si mi Puri es lo más grande! ¡Una mujer como está mandado que cocina, lava, plancha, friega, me cuida a la prole y me tiene como a un rey! ¡Anda, anda, anda! ¡Vete a fregar! Me tenía que haber salido de la consulta en cuanto vi que eras una tía. Si ya me lo decía mi padre, las mujeres a la cocina, coño, y a la pata quebrá.
OTRA VOZ: Si tu vida es tal y cual...

Esto es un mensaje machista.

El mayor error del anuncio, que, insisto, es muy malo, es la palabra "croquetas"... Si es que no se puede dejar a los publicitarios solos. Hay un anuncio en la tele en el que la voz en off dice: "Traza un círculo alrededor tuyo"... ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Ese posesivo! Lo correcto es "a tu alrededor" o "alrededor de ti". Pues en esta cuña, lo mismo: ¿cómo que croquetas? ¡Se dice "CO-CRE-TAS", coño! ¡Corrijan ya el diccionario! ¡CO-CRE-TAS! De toda la vida, oiga.

Y, por cierto, como machista que soy, voy a decir que como las cocretas de la Encarna, ninguna.

X. Bea-Murguía (busco respuestas).

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jueves, septiembre 04, 2008

Inopinado como la primera palabra de una niña

Queridos amigos,

hago lo que puedo, lo que pasa es que estamos en periodo de adaptación: Ana tiene que adaptarse a la guardería y esto nos está ocasionando un pequeño caos, porque Beatriz tiene que adaptarse a que Ana se adapte a la guardería y Rodrigo tiene que adaptarse también a que Beatriz y yo nos adaptemos a la adaptación de Ana a la guardería y yo, también, aunque por mi parte, estoy haciendo lo posible para adaptarme a mi mujer y algo voy logrando, no se crean, no se crean...

Así que, adaptación. Aquí mi niña, esa niña que es, por supuesto, la más guapa de allí donde esté (y punto y a quien no le guste lo que he dicho o lo niegue, se vaya pirando de este blog YA!):



Mi aspecto responde a lo contado ayer: esas barbas tipo Che (pero del Che Gabana, por supuesto, como dice mi Jesús Llano) por culpa de la seguridad del aeropuerto, pero a mi hija, lejos de importarle, le hinchaba aún más ese par de bolas de cañón que tiene por ojos. Me acariciaba la cara con esa mezcla de curiosidad y extrañeza de los que están descubriendo el mundo a cucharadas soperas. Jugando con ella antes del baño, le enganchaba de las piernas, le pasaba la barba por las plantas de los pies y ella se meaba de risa. Nos lo hemos pasado muy bien los dos con mi barba para arriba y para abajo de sus costillas. Me he pegado unas merendolas de hija pantagruélicas, aunque es un tipo de alimento que no sacia jamás: mordía y mordía más para convertirme en un Tántalo premiado en el Elíseo.

Tal vez por eso, por el divertimento que ofrecía la barba a la niña, de la manera más inopinada, sin que ninguno de los que estábamos en la cocina lo esperáramos (es decir, toda la familia, más mía tía Carmen y mi tío Antonio, muchos besos a Barcelona), Ana dijo su primera palabra.

-- BAR BAS- repentina, como dos guardias civiles que se presentan en la seguridad del aeropuerto.

Y lo dijo nítidamente, que no son fantasías de padre, que todos los que allí estábamos lo oímos e, incluso, intentamos que lo repetiera (cosa que, por supuesto, menuda es ella, hizo cuando le dio la real gana):

-- BAR BAS.

Me lo había currado mucho y me lo merecía. Es cierto, lo admito, no dijo PAPÁ, como yo esperaba (no sé si recuerdan esta entrada: "Despejar la ecuación"), pero me vale. Así que cantamos "Mi barba tiene tres pelos", nada más cercano a la realidad, y también "Barbas, barbitas que tiene papá, barbas, barbitas que no se va a afeitar" y que se joda la guardia civil, hombre ya.

Para mí es la perfecta prueba de que, debidamente motivada, una niña de ocho meses puede empezar a largar, por supuesto relacionando sonidos con objetos, porque si no, no vale. Soltar una retahíla prolongada de sílabas sin sentido como un periodista deportivo es chupado... Eso lo hace cualquiera. BAR BAS se corresponde con un sujeto y, ahora, casi un mes después, que dice PAPÁ de una manera perfectamente clara, lo relaciona con el pavo que siempre, siempre, siempre, a pesar de que no es lo mejor, la coge en brazos. Ana me da golpecitos en el antebrazo y repite: "Pa pa pa pa pa" y yo me meo encima, por supuesto.

¡Ay! ¡Esas babas! Que no barbas, que ya me he afeitado.

X. Bea-Murguía (llámenme padre pesado)

Por cierto, les presento a este otro miembro de la familia. Es un precioso ejemplar de scottish terrier, el perro de mis tíos de Barcelona, que también ha pasado el verano con nosotros, porque mis tíos nos acogen en su casa como en un hotel de cinco estrellas (que todo hay que decirlo).



Se llama Barbas... El cabrón.

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lunes, junio 16, 2008

Quita la caca a la nena


¡Bonito octosílabo! Antes del rollo de hoy, que sepan que mi Rodrigo ya es cinturón amarillo de judo. ¡Cuidadito eh! No me vengan con pistolitas que les hace un iponsionague de esos.

Queridos amigos,

un principio jurídico del derecho consuetudinario del hogar dice: "Defecatium et mictionem puellae ad pater chinam tocare", que se aplica a falta de ley y costumbre. Ley no había, claro, porque las tareas domésticas no se reparten por escrito; uso tampoco estaba establecido: que mi mujer se haya roto un brazo, aunque se nos esté haciendo un poco largo, no se ha convertido (ni se va a convertir) en costumbre. Así que, como ya sabemos que las fuentes del Ordenamiento Jurídico Español son la ley, la costumbre y los principios generales del derecho, se aplica este que, como pueden apreciar, viene del derecho romano.

Porque la nena es muy mona, pero... vaya, en fin, jeje, esto, buff, su put... sobre todo, es inoportuna. No puede esperar, por ejemplo, a que se acabe el partido de fútbol, que estamos todos pendientes de si marca Raúl o no. Ella, no. Ella, pim, pam, pum, lanza los cohetes de celebración antes de tiempo. En esto se nota que es como la furia española: ya estamos celebrando que vamos a ganar cuando sabemos que, al final, caeremos en cuartos. ¿Apostamos? Si nos toca Rumanía, bueno, quizá. Pero como pasen Francia o Italia... Mi nena se hará caca justo a tiempo y la selección española, en el acto.

Antes de la fractura de brazo, el asunto estaba más bien repartidito. Funcionaba de manera que le tocaba la china a quien tuviera a la niña en brazos en ese momento. Era como el juego de la patata caliente. ¿Que precibías la pedorrera previa a modo de Tuba mirum?

-- Bea, anda, cógeme un momento a la niña que voy, un momento a... Bueno, ahora mismo vuelvo que... Hay que mirar cómo van los... Los piringüingüis.

¡El viejo truco de los piringüingüis! ¡No falla! Sueltas la patata caliente justo antes del pim, pam, pum y, una vez en la cocina, a salvo, oyes:

-- ¡Javier! ¡Esta niña se ha hecho caca! -el clásico subterfugio del que sabes que no escapas. Porque... ¿por qué no se levanta a cambiarle el pañal, sin más, sin anunciarlo a voz en grito?
-- ¡Ah! ¡Mala suerte! Te toca.

Truco de hombre sabio al que mi mujer sabe responder con un truco de mujer lista:

-- Cariño, guapo, mi George Clooney -y con tonillo sedutor-. Cámbiala tú, anda, se bueno.

Piensas que tenías que haberte ido de casa, que eres un capullo por pensar que la cocina es como un bunker anti marrones. Yo, además, es que soy muy hombre, ¿saben? Tanto, que si una rubia me hace un puchero, me como cualquier mierda. Esto nos pasa a los hombres desde lo de la manzana del Paraíso, bendito día, porque el Jardín del Edén sería lo que fuere, pero yo no puedo imaginar un sitio más coñazo.

Aplicamos, por tanto, ese principio general del derecho, aunque cabe cierta pequeña venganza en el obligatorio informe posterior, porque no sólo hay que cambiar el pañal a la niña, no. Después hay que hacer una detallada descripción de cantidad y color de la hez. Ella pregunta:

-- ¿Tenía mucho?

Aparte de la descripción del color (en tonos que van desde el verde (candela), pasando por el carmelita claro y el colorado, hasta el maduro), a esto siempre, siempre, siempre hay que responder:

--¡BUFF!

Y, a ser posible, lanzar una metáfora que sea muy gráfica en la descripción de la cantidad. Por si se ven en la situación, les presto dos de las mías. En una escala del 1 al 4, siendo 1 un pedo pintor y 4 una mierda como un piano. Un consejo: use escalas pares, sin justo medio, en las 1 y 2 es poco y 3 y 4, mucho. Si emplea un baremo del 1 al 5, tenderá a decir 3, que es ni chicha ni limoná. Descarte esta posibilidad. No tenga piedad. Ella no la tuvo con usted a la hora de adjudicarle el premio. USE ESCALAS PARES.

Metáfora número uno. La escala M de mierda:

Hay cacas, que son como la M-30 (un pedo), como la M-40 (no mucho, pero de tráfico jodidillo), como la M-50 (considerable y sin acabar) y como la M-607 (la carretera de Colmenar, que es una autovía, sí, pero es un ¡pedazo de mierda de autovía!).

-- ¿Tenía mucha eme, cariño? -esto debe leerse con tonito un poco como de cachondeíto, ¿no? Es una pregunta sillonera, una pregunta de baja estofa, con los pies sobre la mesa y el mando de la tele en la mano. No tenga compasión. Vénguese. No confiese nunca menos del nivel 3 ó 4.
-- ¡BUFF! Tenía la M-607.

Metáfora número dos. Las toallitas.

Las toallitas son una buena vara de medir y, a la hora de describir la cantidad, el número de ellas que emplees, adorna como las estrellas de los hoteles. Así, dependiendo de la cantidad que use para limpiar el culo, tendremos una caca de una, dos o tres toallitas o superior, que es una mierda de esponja húmeda. Aquí se ve la importancia de la escala par, porque para una mierda de esponja húmeda, normalmente, un hombre pide auxilio. Así que no es recomendable superar la caca de tres toallitas. Al ser una escala par, la mujer entiende que se trata de un máximo, pero al loro que hay que acabar la respuesta sin bajar la guardia...

-- ¿Tenía mucho, cariño? -soniquete, eh, no lo olviden. So-ni-que-te.
-- ¡Buff! Una caca de... -haga como que calcula, aunque ya sepa lo que va a decir- tres toallitas.

Pero remate bien la frase, que como la deje así, le van a dar jaque mate en la siguiente:

-- ¡Los tíos, de verdad, que tenéis una manía de desaprovechar las toallitas que...!

No me sea capullo y diga "tres toallitas, pero bien aprovechadas, eh. ¡Pero bien aprovechaditas!".

No minusvalore la inteligencia de su mujer. Parta del principio de que ella es mucho más lista que usted y tiene bastante más escuela.

Una redondilla:

Quita la caca a la nena,
me dice la señorita.
No uses tanta toallita,
que no merece la pena.

Arte menor, arte menor. Rima consonante en ABBA (¡Waterloo!).

X. Caca-Murguía (su seguro servidor).

Hoy es el cumpleaños de mi cuñada Ana. ¡Muchas felicidades! Y pueden felicitar también a mi padre, sobre todo aquellos de ustedes que hayan sido sus alumnos, porque hoy es el Bloom's day, han pasado 102 años desde el día en que Leopold Bloom se hizo una pajilla en la playa. Cucu, cucu, cucu. ¡Felicidades a todos los jamesjoycianos!

Comentario jurgolístico femenino y anónimo: "Si esto del fútbol consiste en meter cuántos más goles mejor, ¿por qué no se ponen de acuerdo y meten cinco o seis goles cada uno". Claro, claro. Así todos contentos.

Otro comentario jurgolístico femenino y anónimo: "La Eurocopa ésta se juega en el mismo sitio durante dos o tres meses, ¿no?". A ésta sí que se le está haciendo largo: de momento, llevamos una semana.

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lunes, junio 09, 2008

Aspirante a alcalde

Queridos amigos,

he andado un poco liado, la verdad. Espero que ya todo empiece a marchar, no bien, sino muy bien. La operación de Beatriz fue un éxito total, pero quiere que, a partir de ahora, le llaméis José Luis. Lo de usar la ordeñadora humana en la habitación del hospital fue toda una experiencia. No saqué mucho, pero, en fin, háganse cargo de que las circunstancias... Como le dije a Beatriz:

-- ¡Es que en estas condiciones no se puede ordeñar! Si me hubieras avisado antes, me habría traído el cubo, la banqueta, la pajilla para la boca y la boina y sabrías que yo ordeño y mando.

Dedos mágicos, me llaman. Si alguna de ustedes quiere que la ordeñe, tengo ya cierta experiencia. Hágamenlo saber (abstenerse hombres). Visa, discreción.

Muchas, muchas gracias a todos los que habéis llamado para interesaros. De verdad que nos hemos sentido muy queridos. En mi caso, lo entiendo. En el de Beatriz, no tanto...

Hoy les cuento que si la política de primera división da pena, penita, pena, la municipal de pueblos de chichi&nabo, como Tres Cantos, da mucha más. Se dice que ésta es la política cercana, la que está en contacto directo con los ciudadanos... Pues aléjese un poco, amigo, que no soporto su halitosis.

Tremenda. Chusca. Casposa. Cutre. Penosa. Lamentable. Patética. Como si la hubiera escrito Almodóvar. Igual.

Recibo en casa un... ¿cómo llamarlo?... ¿folletín de información municipal? ¿Hoja parroquial de las izquierdas tricantinas? ¿Pequeño compendio del sectarismo más necio?... que es la monda lironda. Yo lo leo siempre, aunque se presenta en ese aspero diseño, que denota precariedad y un poco de homemade, de todas las publicaciones gratuitas de información local y es de lectura ardua y, muchas veces, muy pesada. Pero me gusta leerlo, porque los politiquillos de aquí, del pueblo, se destapan en sus páginas: algunos, con tal de tener razón, son capaces de atribuir el descubrimiento de América a Américo Vespucio. Ya saben que no hay nada más patético que quien desata la risa cuando pretende ser solemne. Este es el caso (hoy, otros días son otros politiquines) de Miguel Aguado, portavoz del PSOE en el consistorio y aspirante a alcalde de Tres Cantos, un señor al que votaron 6700 personas el año pasado, un tercio del electorado.

Es el señor de la foto de arriba... De los dos, el amarillo. El naranja es el alcalde actual.

Pues aquí, mi amigo, con sus 6.700 votos a la chepa, se me arranca en un artículo, titulado "Mandar es gobernar mal" (y no se refiere a ZP que, como saben, al final no manda el agua del Ebro a Barcelona, seguramente, porque ha leído este artículo), de la siguiente manera... Sorpréndanse:

"Probablemente creas que el mundo es redondo... [JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... Perdonen que me interrumpa, pero no me digan que no es humorístico. ¡Qué va, qué va! El mundo es un plato de sopa. Eso lo sabe hasta mi hija Ana. Lo que es redondo es tu bola, so melón. No, en serio, en serio... Es un gran inicio, fuerte y sorprendente, que engancha y denota cierta influencia de estilo del maestro Paul Auster, ¿no? Va en esa línea: usted lee ese arranque y, de pronto, siente esa enorme fuerza que suscita el buen arte, el de verdad, que obliga a detener los ojos en el vacío (es decir, en el libro para el caso de Auster) y a reflexionar y, si cabe, a concluir: "A ver qué gilipollez me va a contar este". Perdón, que el hecho divertido no este... ¡NO! Lo divertido viene después. Pongo la frase entera otra vez]... Probablemente creas que el mundo es redondo, como Galileo Galilei supo demostrar hace más de 500 años".

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

Menos mal que supo demostrarlo. ¡Este Galileo! ¡Qué cachondo era! ¡Todo el día con el telescopio observando la redondez de los satélites de la vecina! Me recuerda a Don Rodrigo Díaz de Carreras, que en aquel hermoso lar fundó Caracás... Y tanto que la fundó que ya estaba fundada y él no lo vio y fue detenido por fundación ilícita.

En el fondo no tiene ni puta gracia. Este borrico aspira a gobernar el pueblo en el que yo vivo y cuenta con el voto de 6700 personas. Alguno de ustedes dirá que se puede ser buen gestor sin tener ni la EGB (vale) y yo no me quiero reír de su ignorancia supina o de un fallo tonto que puede cometer cualquiera. Eso no me molesta, pero sí que haya sido un perfecto vago, porque sólo un vago redomado escribe ese dato sin comprobarlo, siquiera, en Wikipedia... ¡En Wikipedia, joder! ¡Que son tres minutos! Vago e ignorante, si un día llega a ser alcalde, yo me voy del pueblo.

Porque encima, si algo caracteriza a estos tipos, es precisamente lo contrario del "Eppur si muove": estos son como Llamazares, que no los mueve de la poltrona ni Dios.

Lo mejor es que el párrafo sigue con un "Pues hay quien disiente"... JAJAJAJAJAJA Que sí, hombre, que sí. Ahora van a venir los catilinarios a decirnos que la tierra es plana, no te jode. Por supuesto, el artículo quería apoyarse en el fenomenal descubrimiento de Galileo para decir que el PP es dictatorial, pero... JAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAA ¡Ay, Dios! Se ha cubierto de gloria, aquí, el amigo To-lo-meo. Claro que con la cara que tiene el tío de teoría geocéntrica no me extraña.



Además, dice el tío que "hace más de 500 años"... JAJAJAJAJAJA. ¡Me cago en la leche! Y nosotros en casa, que somos todos de cabeza gorda, y se nos ha pasado celebrar el quinto centenario de nuestro descubrimiento por Galileo... JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA ¡Ay, ay, ay, ay! ¡Que me he pasado todo el domingo riéndome de esto! ¡Me duele ya el huevo de Colón de reírme!

Que tengan buena semana.

X. Bea-Murguía (¡JAJAJAJAJAJAJAJJAJA!).

Por cierto, para los que sois vecinos míos: los aviones han dejado de ser un problema exclusivo de Soto de Viñuelas. Cada vez son más, vuelan más bajo y hacen más ruido. ¿Dónde están los políticos? Arreglando el problema no, desde luego, y leyendo la biografía de Galileo, tampoco.

Tolle, lege: CLIC

El mundo es plano: CLIC

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martes, mayo 20, 2008

De Jajelslaj fantasie


Queridos amigos,

acabó la semana fantástica, no se lo van a creer, con que en la madrugada del sábado al domingo unos chorizos entraron en mi oficina para llevarse cuatro mierdas, porque poco más había. Eso sí, lo revolvieron todo, nos dejaron sin teléfono, sin Internet y sin actividad el lunes (espero que hoy ya podamos currar) pero, sobre todo, los señores chorizos hijos de puta se llevaron todos mis puros.

En fin.

Les quería contar una cosa que me sucedió el jueves en el UMC Hospital de Utrecht, para que vean que eso de que "No hay mal que por bien no venga" es cierto. Me voy a destapar más de lo que me gusta, pero, bueno, se trata de que ustedes calibren hasta qué punto lo que voy a contar es verdad (y tiene buena parte de verdad).

La noche del miércoles 14 al jueves 15 de mayo fue larga y terrorífica. Mi mujer estaba ingresada en el hospital, recién operada del brazo, y yo me fui a casa a hacerme cargo de mi hija Ana, que rechazaba el biberón. Esto se lo conté ayer. Me pasé la noche prácticamente en vela porque la pobre niña no dejó de llorar y por más que yo pensaba que, al final, el hambre podría con ella, no logré que se tomará más de 30 ml. de "leche". Una pesadilla, sobre todo para ella, que aún tendría que esperar 24 horas más antes de recuperar su teta.

Bastante hecho polvo, con las horas de sueño perdidas colgando de los párpados, volví al hospital al día siguiente a echar una mano a mi mujer, que tenía lo suyo con el brazo inmovilizado e ingresada en el extranjero. Esto es muy duro, aunque parezca una exageración, porque una de las necesidades básicas de cualquier paciente es la información que mitigue la incertidumbre que genera la cercanía del dolor, la enfermedad y la muerte. Lo que más suscita un hospital es la duda.

Me pasé toda la mañana sube y baja, entre otras razones, porque para fumar había que ir a Castroculo de Más Allá, también llamado la puta calle, pero a la derecha y al final. Es decir, en el UMC Hospital de Utrecht hay una zona de fumadores delimitada en la calle. No olía a tabaco allí, claro, sino a futuro. Lo verán.

En una de estas bajadas, estaba yo esperando el ascensor, cansado pero luminoso y aliviado, porque sólo nos quedaba ya esperar el alta y marcharnos para casa, que es como si se hiciera de día, como si el hospital dejara de parecer un espacio hostil: el olor a antiséptico se suaviza, la incertidumbre desaparece y las dudas pierden su importancia. Son esas horas previas a la felicidad que, gracias a la expectativa de dicha, forman una otro tipo suculento de pequeña felicidad.

Cuando la doble puerta del ascensor se abrió ante mí, una voz de siringa dijo a mi espalda:

-- Disculpe -evidentemente lo dijo en holandés. Sonó a "Jajelslaj" que puede significar "Disculpe", como yo interpreté en un primer momento, o "Apártese hijo de puta". A saber. Pero como al volver la mirada hacia el sonido de la siringa descubrí a una holandesa rubia, alta y guapa, con unos ojos azules que expresaban amabilidad, asentimiento y comprensión espontánea de las vicisitudes de la vida de un hombre, unido a su forma de sonreírme a cuarto creciente dentro de su vestido inconsútil de profetisa de la enfermería y todo ello sumado a lo que mi mente de landista pudo llegar a imaginar a una velocidad no expresable en megaherzios, quise concluir que "Jajelslaj" significa en holandés: "Ay, Javier, quien te pillara en un callejón oscuro". Ustedes piensen lo que quieran.

Calenturienta mente la mía, ¿no? Pues no, y lo van a entender enseguida. Evidentemente, si me pidió paso es porque iba empujando algo bastante voluminoso: una cama de hospital. Así que, por supuesto, cedí el paso y mi "Jajelslaj" de veintitantos años, su cama de hospital, un culito que debía ser recetado con una posología estricta y yo entramos en el reducido espacio de un ascensor. Hasta que no acabó de desfilar todo su aroma por delante de mí, borracho de tanta belleza, embelesado por la terapia de su escote e irremediablemente landista, yo no me percaté de que en la cama no había nadie y que la situación que se planteaba en esos momentos era la siguiente:

Jajelslaj van Culiten Respingón, su escote, una cama vacía y yo en un ascensor.

¿Durante cuántos pisos compartiríamos espacio? ¿Estaría bien revisado el ascensor o habría alguna posibilidad de que fallara entre dos pisos? ¿Quedaba el botón de parada cerca de mi alcance? ¿Tendría esta chica claustrofobia o vértigo o algún otro trastorno afectivo que la obligara a suplicar el calor del abrazo de amistad de un extranjero apuesto? ¿Estaría siendo víctima de un programa de cámara oculta? ¿Iba a ser capaz de controlarme? ¿Le molestaría mucho a mi mujer que me quedara unas horas encerrado en el ascensor con Miss Utrecht? ¿Tendría que contárselo? ¿Acaso se puede calificar de adulterio todo lo que pasó por mi mente en ese tiempo oblicuo en que el ascensor se hizo universo?

Lo que pasó y lo que no pasó queda entre la chica y yo, pero les permito que fantaseen. Más.

X. Boetticher y Navarro (tengan en cuenta, a la hora de fantasear, que yo tengo charm)

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lunes, mayo 19, 2008

Irse de brazos (las sillas vs Beatriz)

Queridos amigos,

ya estoy aquí, tras el frustrado II Encuentro Internacional H.Wells & X.Bea-Murguía, que debía haber tenido lugar el jueves pasado en la bonita ciudad de Utrecht, Oh Landa, donde teníamos la malsana intención de bebernos unas cervezas y repasar el famoso tratado.

No pudo ser. Las sillas adivinaron nuestra intención y pusieron todos los medios que hallaron a mano (o a pata) para impedirlo. Las pérfidas sillas y sus malvados aliados los bichos. Una lástima, Hormon. Ya nos reuniremos en otra ocasión.

Como saben, hemos pasado cinco días en Holanda, pero sobre todo en la autopista A-12 que une Utrecht con La Haya, con la cabeza puesta en la comunión de mi sobrina Amaia, aunque también para ver a la familia, a los sobrinos y, cómo no, para la celebración del II Encuentro Internacional.

Ha sido todo estupendo, increíble, apasionante, cojonudo. Ha sido la hostia padre. Vamos a reírnos un poco, porque si no.... Nada más aterrizar en Utrecht, en casa de mi cuñado Diego, sin haber intercambiado siquiera los regalos, no más que los tres besos de rigor a Wenneke y las gracias pertinentes a mi sobrino Milo, que está hecho un bollo, mi mujer debió de pensar (digo yo que pensaría esto):

-- ¿Acaso no hemos venido a una primera comunión? Pues la primera hostia me lo voy a dar yo.

Y, ¡hala!, se fue de bruces o, más bien, de brazos. Pero hostión. Fue a espantar un bicho de la cabeza de Milo y la silla le puso la zancadilla.

Nada más verla, yo pensé: "¡Otra vez el codo!", porque era el mismo brazo que se dislocó en octubre, "¡Qué mala suerte!".
Mi cuñado dijo: "¡Vámonos al hospital!", que no es que mi cuñado sea aprensivo, pero como se acaban de mudar a Utrecht, se pasó un par de días aprendiéndose el camino más rápido al UMC Hospital. Por si se daba el caso.
Mi cuñada Wenneke, por su parte, dijo: "¡Tómate un paracetamol!".
Milo dijo: "¡UIT!".
Y el bicho dijo: "¡Ay va! ¡La que he liado!".

En octubre, embarazada de siete meses y medio, Beatriz se tropezó con una silla en IFEMA y se dislocó el codo. Después de lo del miércoles en Utrecht, creo que podemos decir sin temor a equivocarnos que las sillas tienen algo contra Beatriz... Las pérfidas sillas y sus malvados aliados, los bichos.


(Este pedazo de edificio enorme, es el UMC Hospital de Utrecht).

Según el cirujano, en una escala en la que 0 es el no-dolor y 10 el máximo de dolor que puede soportar una persona, Beatriz llegó al UMC Hospital de Utrecht con un 8. No está mal, ¿verdad? Un notable alto en aguante de sufrimiento, aunque, por otra parte, le hubiera costado bien poco al médico darle medio puntito más y ponerle un sobresaliente, ¿no? Sus quejidos largos y afilados chirriaban en el silencio blanco de las urgencias del hospital como una puerta que se chiva de una fuga nocturna; su gesto se retorcía al paso de los segundos, atrapada su mente en el injusto remordimiento que abruma siempre al accidentado; sus ojos, colmados de dolor, acribillaron de preguntas al reloj durante las tres largas horas de espera incierta, sin poder sentarse ni estar de pie ni tumbarse en la camilla, dirimiendo en qué posición le dolía más el brazo cuando en todas las posturas el dolor era insoportable y la diferencia de intensidad, inapreciable. Todo ello, sumado al llanto de una niña de cinco meses que tiene que mamar, bien merecían un sobresaliente en dureza.

O, al menos, un chute de morfina.

-- Malas noticias -dijo la doctora de urgencias-. El brazo está roto y hay que operar.

Ahora casi me estoy riendo, que es mi forma de huir, pero, en resumen, la situación era la siguiente:

Beatriz con el radio dislocado y el cúbito roto tomando morfina en un hospital en el extranjero a la espera de pasar a quirófano a la diez de la noche, mientras Ana rechaza el biberón, ese sucedáneo repugnante, con cara de que alguien le está escamoteando su legítima teta, que no le iba a llegar hasta 48 horas más tarde porque la morfina pasa a la leche materna y tiene que eliminarla antes de volver a dar el pecho.

Menos mal que está la familia. Dankjewel.

Mañana se lo resuelvo. Hoy se ha hecho tarde.

X. Bea-Murguía (mi mujer es una máquina).

No se preocupen que la operación fue bien. Le han implantado el brazo de C3PO, con una garantía de cinco años, es anticorrosión, es no frost y, además, hace más daño cuando pega con él.

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miércoles, mayo 07, 2008

Cosas que jamás creerías

Queridos amigos,

estoy consternado, hecho polvo, destrozado, me siento muy mal...

¡Lo del "Lalalá" fue un enjuague franquista!

¡No me jodáis más la vida que no puedo ya con ella! ¿Qué hacemos, amigos? ¿Nos pimplamos dos botellas de anís y nos tiramos por la ventana? Cuarenta años aguantando a la Massiel de las narices y resulta que aquello fue un apaño de Franco... ¡De Franco en persona! ¡Qué cabrón! Compró a los jurados, entre pantano y pantano, ofreciéndoles apartamentos en Torremolinos. Encima, como daño colateral quedó ese gran hombre que ya no levantó cabeza desde entonces, humillado y segundón para toda su vida: nada menos que Cliff Richards.



¿Qué va a ser lo siguiente de lo que nos enteremos? ¿Que otros tongos fascistas? Seguro que van a por el gol de Marcelino, ese glorioso triunfo contra el comunismo...



¡O no! No, no, no... ¡Eso no! ¿Las seis copas de Europa del Real Madrid también compradas? ¡DIOS! ¡NO! Lo temíamos. ¡Dios Santo! Toda la vida soportando a los madridistas con el cuento de las seis copas de Europa y resulta que es otra herencia del franquismo... Bueno, esto no es noticia. Ya lo sabíamos, como pasa con la mayoría de las 31 ligas.

La prensa británica está forrándose a vender periódicos con el antiespañolismo, que les funciona muy bien, y ZP está pensando en mandar para allá a Moratinos, aka "el Buenismo", porque la cosa huele ya a conflicto internacional, Gibraltar español y llamada a consultas de embajadores. La prensa popular británica es dura de pelar, lo sabemos, pero Moratinos tiene ya el lomo pelado de llevar a buen puerto gestiones de casi ingeniería diplomática, por su elevadísima finura y categoría, con gente de una calaña mucho peor (si cabe): los piratas somalíes, Yasir Arafat, José María Aznar... En fin. Moratinos es un hacha. Él lo va a arreglar (y esta vez, gratis).

El franquismo fue una dictadura de mierda que debemos condenar por muchas razones, pero ahora mucho más por habernos condenado a 40 años de Massiel. Esto casi da al traste con la transición.

También he alucinado en colores con esta otra noticia:

Expertos de la Universidad de Yale, sin más prueba que las curvas femeninas con que los artistas de la época lo retrataron en las estatuas, concluyen que el famoso faraón Aken Aton, el que intentó establecer el monoteísmo en el antiguo Egipto, padre del más famoso aún Tut Ankh Amon, era hermafrodito.

Más importante aún: sin quererlo, han demostrado que, efectivamente, los antiguos egipcios caminaban de perfil, mirando a un lado y con los brazos haciendo el gili. ¡Qué fuerte! ¿Verdad?

¡Con las mismas pruebas hubieran podido demostrar que Sánchez Drayó tiene un ego que es descendiente directo del de Ramses II y Cayo Calígula, por la misma regla de tres, ya que sabemos que estos dos soberanos borraron las huellas de dioses y antecesores para poner su jetuño ególatra en todo el estatuaje de sus repectivos imperios. ¿Qué otra prueba se necesita?

En serio. Dicen que toda conclusión científica de peso abre una puerta, que lejos de resolver un enigma, suscita nuevas preguntas. Vale, Aken Aton era hermafrodito. Aceptado. Ahora, a mí se me ocurren unas cuantas:

1.- ¿Y?
2.- ¿De verdad les pagan por esto a esta gente?
3.- ¿Cuántos minutos de sesuda investigación han invertido para llegar a tan profunda conclusión?
4.- ¿Le importa a alguien un carajo el sexo de Aken Aton?
5.- ¿Acaso es que esta gente se aburre y no tiene otra cosa más seria que hacer, algo con una aplicación práctica?
6.- ¿Es Massiel un replicante?

Sinceramente, creo que esta terna de investigadores alberga la secreta esperanza de forrarse yendo a un programa de corazón a contar las guarrerías de la vida privada de Aken Aton, por supuesto con Massiel de colaboradora experta en egiptología del lalalá.

Son cosas que uno jamás creería, y por eso hoy os propongo un juego, pequeño homenaje al parlamento final de Rudge Hauer en "Blade runner" que es, les recuerdo: "Yo he visto cosas que tú jamás creerías. Atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser. Ahora todos esos momentos se perderán, como lagrimas en la lluvia. Es hora de morir".

Por ejemplo: "Yo he visto cosas que tú jamás creerías. A mi cuñado Miguel llegar a bolas imposibles más allá de Orión, he visto a mi mujer rellenar la botella de agua cerca de la puerta de la nevera. Ahora todos estos momentos se perderán, como Cliff Richards Eurovisión. Es hora de irme a currar".

X. Bea-Murguía (¿qué has visto tú que yo no creería?)

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martes, mayo 06, 2008

Subterfugios

Queridos amigos,

una de las costumbres ancestrales del ser humano, pero sobre todo de las seres humanas, es el subterfugio. En ellas, el método preferido es el empleo de un circunloquio eufemístico, una orden camuflada que es necesario desencriptar antes de obedecerla (y más te vale descifrarla correctamente), que las lleva a conseguir un propósito que, generalmente, es que su marido se preste voluntario para una misión doméstica necesaria, aunque no imprescindible, y que ellas no tienen ganas de llevar a cabo.

Vaya enunciadito que acabo de parir. Lo entendéis, ¿no?

Aquí Pablo disfrutando de la lectura de la prensa liberal-conservadora en la playa de Javea, feliz él e ignorante de su destino.




A las 22,30 horas, me siento en el sillón dispuesto a leer mientras mi mujer está viendo el programa ese en que cuatro gilis vestiditos de guay y de supercool dan saltos y cabriolas en la perpetración un arte que, dicen, se llama danza.

Estoy cansado. Ella dice:

-- ¡Ah! ¡Qué sed tengo!

Que significa:

-- ¿Me traerías un vaso de agua, por favor?

Yo lo pillo a la primera. No me fastidia volver a la cocina (sí, he dicho volver a la cocina, ¿qué pasa?) y traer un vaso de agua. Esto lo hago encantado (en serio, no me molesta). Me jode el subterfugio, el rodeíto y la indirecta. Me cae igual que un...

-- Tráeme un vaso de agua y rapidito... ¡Y cógela de la nevera que la quiero fresca!

... pero en sibilino, en feminino singular. O, quizá plural, porque he comprabado que es un fenómeno bastante extendido entre el sexo opuesto. En la playa, Marga le dice a María:

-- Voy a pedirle a Pablo -que es su marido, y que en ese preciso momento está pensando en lo a gusto que se está en la playa leyendo la prensa liberal conservadora- que vaya al apartamento a por lo bañadores secos de los niños... ¡Pablo! Voy un momento a casa que nos hemos dejado los bañadores secos de los niños...
-- ¡Deja que ya voy yo, cariño!

El subterfugio. Marga está embarazada de siete meses, así que, evidentemente, Pablo se va a ofrecer a ir él a por los bañadores y ella lo sabe. La pregunta es ¿por qué no lo pide directamente? ¿Acaso teme que Pablo se niegue a ir? Si está más que acostumbrado...

-- Pablo, la bañera está un poco sucia.

Y Pablo, sin decir ni mu, se calza los guantes, coge la fregona (sí, la fregona, que es con lo que se limpiaba la bañera en la infantería de marina ¿qué pasa?) y le da que te pego, cantando el himno del regimiento:

-- Infantes de marina marchemos a fregar, el suelo y la pared y su brillo acrecentar, limpieza y valentía en la desinfección, no abandonar la escoba al ruido del cañón y si barrer con ella es nuestra obligación...

Para esto sirve la mili, ¿no? Para aprender la sumisión y la jerarquía, ¿no?

Lo hace. ¿Por qué emplear, entonces, un subterfugio? Si María, sin ir más lejos, quiere que Ernesto vaya al coche a por las salchichas especiales de su hijo Diego (el pobre niño es alérgico a varios alimentos y sus padres van siempre por el mundo con la tartera), le pregunta...

-- Ernesto, ¿las salchichas especiales de Diego están en dentro del coche o en el maletero?

¿Por qué no usa directamente el imperativo?

-- Ernesto, ve al coche a por las salchichas -y, esto lo piensa, me importa una mierda si están en el maletero, en la guantera o en el motor junto a los cigüeñales.

Bien sabía Ernesto, y no le importaba, que le tocaba ir a por las salchichas al coche.

¿Por qué usar subterfugios y circunloquios cuando lo mejor, para que un problema se solucione, es llamar a las cosas por su nombre?

Javier, agua (y no tengo sed).
Pablo, fregona (y no está sucia).
Ernesto, salchichas (y no maletero).
Crisis económica (y no desaceleración).

¿No te parece que estos asuntos son las típicas chorrados de los que estamos (condenados) de treintaitantos (a perpetua)? ¿Qué subterfugio utiliza tu mujer? ¿Crees que el machismo es autodefensa? ¿Acabaremos, como profetiza el Pescaílla del Guadiana, los hombres en los tejados huyendo de las mujeres? Mujer, la mayoría de los hombres somos incapaces de bajar una escalera mascando chicle al mismo tiempo sin caernos. Por eso, solemos decir las cosas directamente y no entendemos circunloquios demasiado crípticos. Manifiéstate.

En contrapartida, un ejemplo claro de una orden masculina. Nacho no da rodeos en plan: "¡Hay una niña por ahí que se está portando un poco maaaal!". No. Él es claro y directo:

-- ¡Inés! ¡Colabora!

Una pena que Inés tenga sólo un año, no esté por la labor de colaborar y, probablemente, ni siquiera sepa el significado de ese verbo.

Ana es poco femenina porque no usa subterfugios: me tiene esclavizado a una voz suya, sin más. ¡Vivan las cadenas!



X. Bea-Murguía (Inés, colabora).

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lunes, abril 28, 2008

Cuatro niños, veintidós ruedas

Queridos amigos,

como quiera que los sábados por la mañana mi mujer tiene que trabajar muy aplicada y duramente, pues es su destino en el corto plazo ganarse el pan con que sustentarme (mi ideal de vida siempre ha sido la del zángano de colmena), he aquí una receta exquisita para disfrutar del fin de semana, sobre todo si es soleado y caluroso como el pasado.



Agarra a tus hijos... ¡Ah! Perdón, que algunos de vosotros no tenéis hijos... ¡Pues a hacerlos, hombre, que es la mejor parte del plan del fin de semana! ¡Ay, calamidades! En fin: para aquellos de vosotros que aún no se hayan reproducido, el mejor plan de fin de semana es: IRSE A HACER HIJOS (recomiendo precauciones, que así se puede "irse a hacer hijos" muchas veces sin que pase nada).

Para aquellos que no tomaron precauciones en su día, el plan es: coge a tus hijos, pilla un libro, ve a buscar a unos amiguitos de los niños y te los llevas a todos al parque. Puede parecer una locura, pero es una delicia. Los niños se entretienen solitos, sin necesidad de que tú te las des de padre moderno que juega con el cubito y la palita y así te queda la gran oportunidad de dedicarte a una afición adulta durante un rato. Me acabo de dar cuenta de que cuando un adulto quiere contar algo verdaderamente placentero, vuelve a la infancia y lo resume siempre usando diminutivos: me siento en un banquito o en una terracita al sol con una cervecita, agarro el librito y de vez en cuando levanto el ojo izquierdo (el derecho, no) para controlar que todo esté en orden, que no haya peleas, ni arena volando...

Es un plan maravilloso. Lo he hecho siempre que he tenido ocasión, aunque no tantas veces como me hubiera gustado, porque requiere sol, requiere cierre de revistas de Beatriz... En definitiva, deben coincidir una serie de factores, una alineación concreta de planetas, que no es fácil que se dé. En las últimas ocasiones, sabiendo que los Vernia estaban de reformas en casa y que con los niños por el medio tenían que andar agobiados, nos hemos hecho el favor mútuo: ellos me han prestado a sus niños, Ernesto y Quique, que son amigos de Rodrigo, y yo me llevo a los tres y a Ana al parque.

Tan ricamente.

Llega el último sábado de abril, compruebo que se alinean los planetas y me froto las manos: ese pedazo de sol como la cara de un chino al que le estuvieran mordiendo los huevos; ese cierre pendiente de revista; ese libro que me tiene absorbido; esa niña que se tiene que dormir la siesta (y que no hay manera, cojones); esa Beatriz que me agradece infinito que la libere de todo para poder cerrar...

-- Bea, para que puedas currar, me llevo a los niños al parque -es decir, me sacrifico (jeje)-, a ver si, de paso, por el camino, la niña se duerme un rato.

Porque es fundamental, para que el plan resulte exitoso, que la niña se duerma un rato. Es difícil, no se piensen, que menudo búho que está hecha la tía, más cuando la sacas a la calle y, de pronto, se ve rodeada por una miríada de ruidos interesantes y primaverales: gritos de niños, mirlos piando, gente enamorada jadeando por las esquinas... Lo normal es que con el traquetreo de los adoquines, camino del parque, Ana caiga, pero nunca se sabe.

Todo preparado... Eppur si muoven...

Rodrigo se pone los patines (ocho ruedas); Ernesto, a su vez, baja con los suyos (dieciséis); Quique monta en bicicleta como una bala (dieciocho) y aquello de que me iba a sentar a leer y levantaba el ojo izquierdo, de vez en cuando, para controlar mientras los niños jugaban en la arena ha pasado a formar parte de la historia.

El sábado me pasé el rato, hasta que bajó Nuria Esther, miss Piedrahita, bizqueando con el libro en la mano mientras tres niños con dieciocho ruedas se alejaban en tres direcciones distintas a toda leche y, dicho sea de paso, cometían alguna calaverada engorrosa para un padre al cargo que, afortunadamente, sabe disimular.

Para colmo, a Ana no le salió de las narices dormirse, así que, no sé si pueden verme en ese momentazo de estrés, moviendo el carrito (cuatro ruedas) de la niña para adelante y para atrás, ea ea ea ea o, pensando en que Quique estará a punto de culminar el Tourmalet, porque no se le ve y ¡Ernesto, Rodrigo dejad eso ya!

Un minuto, uno sólo antes de bajar Nuria, la niña se había dormido por fin, Quique ya había ganado la etapa y los otros dos estaban bajo control, me senté en un banco, abrí el libro y pude pensar que había costado pero, al final, parecía que mi plan iba a marchar sobre ruedas.

-- Javier, ¿por qué siempre te bajas al parque con un libro? -me preguntó Ernesto.
-- ¿Y vosotros por qué os bajáis los patines? -eh, ¿por qué? ¿por qué?.
-- Porque es divertido -los niños son niños y no captan la ironía.
-- Pues, hala, a patinar por ahí.

Menos mal que en seguida bajó Nuria y, por lo menos, me pude tomar una cerveza a gusto.

X. Bea-Murguía (a cuatro días, cuatro, de irme a bucear)

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lunes, abril 21, 2008

Un túnel negro, un destierro dorado

Queridos amigos,

el viernes nos fuimos mi Rodrigo y yo en AVE a Segovia y les diré, por si quieren saber qué tal, que sí, que muy rápido, que muy moderno, que una obra gallardónica, pero es como me imagino yo la teletransportación de las película del espacio: un enorme vacío, un túnel negro, el aparato digestivo de un gusano.

Después de pensarlo seriamente, he llegado a la conclusión de que el AVE Madrid-Segovia es lo más parecido a una eyaculación precoz...

-- ¿Ya está? ¡Coño! ¡Pues ni me he enterado!

El AVE es malo para la literatura porque no traquetrea. Estos tíos se han cargado el traquetreo del tren, recurso tan socorrido para un "el traquetreo del tren me sumió en una dulce ensoñación" y para un "se poseyeron al compás del traquetreo". Un tren que no traquetrea es como una muñeca hinchable; un tren en el que no se fuma es una ambulancia en un servicio de urgencias. El AVE no ahorra tiempo, esto es una falacia, se lo come, no ofrece ni un resquicio a la charla con desconocidos, que es uno de los placeres perdidos de este mundo en que hay tanta prisa por vivir. Es un tren para ejecutivos estresados, no para gente que quiere viajar. Para todos, una reflexión de todo a cien: tardé menos que nunca en llegar y el fin de semana se me hizo igual de corto.

Además, vas por un túnel negro todo el rato... ¿Dónde quedó aquello de recrearse con el paisaje? ¿Dónde lo de "A la vuelta, me vengo montado en los árboles"? ¿Dónde los niños en el campo saludando al tren? Lo que les digo: es un aparato para que los frikies de Star Treck (o como se diga) se crean que están siendo teletransportados.

Conmigo, desde luego, que no cuenten más. La próxima vez que tenga que ir en tren a Segovia, me cojo el Cercanías que tarda dos horas enteras, con su traquetreo que adormece la mente y despierta los sentidos; que uno puede admirarse de cómo los caballitos se refofilan por la pradera, la cosa pastoril y bucólica siempre es bonita; y que si se sienta cerca de ti una chica que te alegra el ojo, se puede asistir al espectáculo portentoso de su pecho dando saltitos con el redoble de las traviesas. Esto sí es bonito. Son dos horas, es verdad, pero son dos horas disfrutando. Si se entera mi mujer de esto, igual no me deja ir en el Cercanías, así que a ella le he dicho que el AVE me parece una genialidad, pero carísima.

Las prisas para los malos toreros.

Llegados al pueblo, a Rodrigo y a mí nos esperaba este espectáculo. Aquí he desterrado yo algunos libros. Que este sobrado tenga esta pinta es mérito, sobre todo, de mi suegra, Pilar, que ha invertido en su casa del pueblo no pocos desvelos y sí algunas lloreras. No ha sido para menos.

Tiene el aspecto de una sala en la que, a diferencia del AVE, el tiempo se dilata, los findes de semana se alargan. Para ser perfecto, al lugar sólo le falta el traquetreo. Ya estoy viendo los orejeros al fondo, junto a la ventana, en la sala de aquí abajo, al lado de la librería.


Pero creo que el resultado es para enseñarlo y para sentirse orgullosa. A la rubia de las traviesas ya la pongo yo.


X. Bea-Murguía (Lunes todo el día).

Hoy es el cumpleaños de Jesús Bartolomé Bartolomé quien, a sus 37 años, ya no tiene edad de andar haciendo portalillo. Felicidades, Jesús.

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viernes, abril 18, 2008

O uchi gari

Queridos amigos,

¡miren la hora que es! Tiene una explicación: ayer pude leer en la cama. ¿Qué les parece? A mí me supo a vuelta a casa, a lluvía en una cálida noche de verano, a encuentro inesperado con alguien querido. Mis mujeres se han ido de pingo y nos quedamos solos los machotes de la casa, así que cenamos espagueti a la carbonara (que, no es por nada, pero me salen que ya quisieran los Carbonarios) y vimos "La guerra de las galaxias". A Rodrigo le encanta. De hecho, se lo sabe todo... Puede que demasiado... Es decir... Se me está yendo un poco de las manos... A veces pienso que... ¡He creado un monstruo! y que cualquier día se me disfraza de Darth Vader y se pira a un estreno ataviado de esa guisa. ¡Está hecho un friki!

-- Papá, ¿sabes que el bombardero TIE tiene dos compuertas, una arriba y una abajo que está siempre abierta para lanzar las bombas?

Hoy quería decir algo para que me llamaran facha y creo que lo podría conseguir casi sin esfuerzo, pero me da un perezónnnnnnnn.

Voy a ponerme un café y me lo pienso.

El primer día que lo hizo, a pesar de la diferencia de peso (en la que no me pienso recrear), mi hijo me barrió con la pierna derecha y me pegué un hostión que me quedé sentado y perplejo en la, menos mal, mullida alfombra roja de su cuarto.

-- Te he hecho un o uchi gari- me dijo sonriendo victorioso.
-- Me cago en tu padre, hijo, lo que me has hecho es un moretón en el culo.

Lo ha vuelto a intentar, pero no lo ha conseguido más veces, porque ahora estoy prevenido y peso dos o tres kilos más que él. Tal vez cuatro. No más de cinco. Aquella vez ni se me pasó por la cabeza que pudiera derribarme. Se puso su traje de judo y su cinturón blanco-amarillo y le dije:

-- Hazme una demostración- todo ufano y un poco soberbio. Y eso, que me la hizo pero bien.

Desde entonces, cuando le pido que me cuente lo que aprende en judo me refiero sólo a los nombres de las técnicas y a una breve explicación de en qué consisten. Nada de práctica. Sólo teoría.

-- La práctica -le sugiero- la dejamos para el tatami.

Me tiene que repetir todos los nombres porque no me quedo con ninguno ¡y lo intento! Pero no hay manera. ¡Qué complicaditos son estos japoneses para hablar! Podrían decir "Llave del copón de la baraja" o "Te voy a hacer un nudo", pero no, ellos llaman a las cosas como una metralleta atascada "Taka taka chin pun".

-- ¿Y cómo dices que se llama esta técnica, Rodrigo?
-- Takariro magashaki- lo digo por decir algo.
-- ¡Coño que miedo! Sólo diciendo su nombre ya parece que me estás masticando los huevos.

Hace un par de meses fuimos a ver una exhibición de judo a Retortijón de Ardor, al Parque Corredor, en la que participaba Rodrigo y unos cinco millones más de niños. Había tantos niños, y todos vestidos de blanco, que mi hermana Uxía, mi mujer y yo nos pasamos todo el tiempo jugando a "¿Donde está Wally?".



Al principio, le pusieron de pareja a un chaval bajito, cinturón blanco, y mi Rodrigón, sin esforzarse, una y otra y otra vez, el o soto toshi (esto me recuerda siempre a Cutu y Manolito) y el o uchi gari y el Tokio la nuit. Después, algún profesor se dio cuenta de lo abusón que estaba siendo Rodrigo y le puso con una chica de su tamaño, cinturón amarillo, y la cosa fue bien distinta. Yo le decía a mi mujer:

-- Se está dejando, por ser caballeroso.
-- ¡No seas machista!
-- Bueno, vale. Pues se está dejando para tocarle el culo.

Lo preocupante vino después. Cuando terminaron los chavales, dos de los monitores hicieron una exhibición espectacular de llaves, revueltas, nudos y hostiones variados, que yo no veo a mi Rodrigo en el futuro haciendo esas piruetas. Igual me equivoco, como me confundí el día en que me dejó sentado en la alfombra de su cuarto. El tiempo lo dirá.

Al final, mostraron técnicas para desarmar e inmovilizar a un atracador con navaja, cuchillo samurai, palo gordo y pistolón.

Esto ya no me gustó nada. Me acordé de la lección de artes marciales de Les Luthiers: "Recuerda: no hay nada como un buen revólver". Cuando acabó, me acerqué a mi hijo y le di, creo, un buen consejo:

-- Rodrigo, si te viene un tío armado, ni se te ocurra intentar un o uchi gari de esos. Tú le das la pasta y punto. Los o uchi garis los vamos a dejar para el tatami, ¿recuerdas? ¿Vale?

Como ven, es viernes y he preferido que no me llamen facha. Buen fin de semana de todos.

X. Bea-Murguía (aaaaaaaaaaaaaataka, atakatuketetokaati)

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lunes, abril 07, 2008

Chati, anda, tráeme una cerveza...

...que esta conversación es demasiado complicada para ti.

Queridos amigos,

lunes de nuevo, ese pedazo de lunes en el que no quiero ni pensar. Menos mal que mañana ya es martes. Esta frase con la que he inaugurado el blog de hoy es digna de mí y no me importa que ustedes puedan pensar que soy machista: siempre he pensado que en un mundo propiedad de las mujeres y regulado por las normas que ellas dictan, cierta dosis de machismo (no exacerbado ni violento) es, en un porcentaje muy elevado de casos, sólo un recurso de autodefensa, un grito sordo de libertad, una reafirmación de mi condición de hombre.

Tranquilas, fieras, que me explico. Qué guapas os ponéis cuando os enfadáis. Os aparco el coche cuando queráis. Sobre todo el coche grande, que es demasiado complicado para vosotras, chicas.

Así que hicimos una barbacoa el sábado en Galapagar, una barbacoa tradicional: Pablo cocina, es decir, los hombres cocinamos (¡VAMOS MACHOTES!) y las mujeres hacen todo lo demás que, además, lo saben hacer mucho mejor que nosotros.

Y cuando me trae la cervecita, con la niña en brazos y sin dejar de azuzar a Rodrigo para que coma, se da la vuelta y, plaf, palmadita en el culo.

¡Uh! ¡Qué cerdo machista! Pues sí. Mucho más delante de los amigotes, que es cuando hay que decir a la mujer: "Anda, tráeme una cervecita, que esta conversación es demasiado complicada para ti, chati". Y esa palmadita en el culo, que es la guinda de la autocomplacencia.

Y es que era la puta verdad: hay conversaciones entre hombres que las mujeres no deberían escuchar (y puedo llegar a admitir que viceversa es lo mismo). En ese momento en que Beatriz irrumpió en nuestra charla machota, por alguna tontería del tipo "Javier, tu hijo está pegando saltos sobre la ensalada", Pablo me estaba contando que los guantes de fregar que le compra su mujer, Marga, son una porquería y se le están destrozando las manos, Nacho le estaba recomendando una crema noruega que, al parecer, es buenísima y los Javieres, además, estábamos sumergidos en la típica conversación varonil "mi niño hace caca; pues mi niña hace pis". Joaquín no había llegado (estaría repasando los cristales). Ernesto no vino (tendría tarea en casa).

Por la noche, Pablo y yo decidimos preguntar a nuestras mujeres si nos apetecía o no ir al concierto de los Malditos Mojarras. Nacho no tuvo ese problema porque Begoña se ha marchado a la playa con la niña diez días. Pablo estuvo poco tiempo... Suponemos que Marga le dijo que sí abiertamente delante de los amigotes, pero, después, en el coche camino a casa, puntualizó:

-- Pero a las doce te quiero de vuelta.

Nacho y yo estuvimos todo el concierto, con Eclipse Mountain, que no tiene que pedir permiso en casa, claro. Estuvo muy bien aunque faltaste tú (a ver si la próxima vez te animas), como faltaron Vernia, el Frutero y el Pescaílla, que libremente decidieron que esa noche TAMPOCO tenían ganas y se quedarían repasando el libro de autoayuda conyugal "¡Cállate, coño!" que todos presumen de haber escrito, aunque, en verdad, las autoras son ellas.

Entre los temas que tocaron, esta canción de Stevie Wonder que me encanta. La sutil diferencia entre los Mojarras y Wonder, además de que el cantante de la Motown no haría jamás escarnio público de las tetas de los amigos, es que la faldita de las coristas a Murga le quedaría mucho, mucho mejor.



X. Bea-Murguía (de treinta y tantos a perpetua, así que permítanme, al menos, el prurito).

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jueves, abril 03, 2008

Operación cachete

Queridos amigos,

fíjense bien en esta foto y a a ver si adivinan quién soy yo...



Les doy una pistilla: es el día de mi boda (y yo no iba de blanco, que ésa es Beatriz que, como pueden ver, iba preciosa). Exacto. Yo soy el de "¿Cómo están ustedes?". Este fue mi particular Efecto 2000. La crisis de fin de milenio, aquella catástrofe informática mundial que iba a suceder que se iba a colapsar todo y, prácticamente, íbamos a volver a las cavernas (de donde algunos aún no han salido), además de que parecía que se iba a inundar Madrid, que Jesús Gil y Gil ganaría las elecciones generales, que Almodóvar haría una nueva película (perdón, genialidad inmortal del séptimo arte)... Una catástrofe total.

Bueno, pues mi Efecto 2000 es que me casé. Eso dicen, porque yo sólo me acuerdo de esta otra imagen:


Se lo pedí doble al cura (al loro a mi suegro preguntándose si no le voy a dejar un poco). Después golpeé el copón vacío contra el altar y le dije al cura: "Ponme otro. Que sea doble también". No me arrepiento de haberme casado, que no van por ahí los tiros. Sencillamente es un tipo de protagonismo que yo odio y no me hubiera importado nada no ir a mi boda, casarme por poderes o que hubieran puesto un novio hinchable o un novio automático o algo así. Todos los que vinieron me dicen siempre que en mi boda se lo pasaron genial. Yo no. Fueron 90 invitados. Si tuviera que montarla hoy, seríamos 16 de familia. Como mucho, 20 personas. 25, no más.

Todo esto sucedió hace ocho años y unos 15 kilos. Más o menos. Pero voy a la noticia que quema, quema, quema... ¿Se acuerdan de esta entrada CLIC en que ponía en la picota a mi cuñado Miguel? Jejejejejeje... Juro que cuando la escribí no sabía nada. Es mi instinto periodístico que me hace adelantarme a la noticia. Prefiero pensar que el veredicto de la Galería del reciclismo fue "Muerte" y, miren qué cosas, resulta que Uxía y Miguel se casan.

JEJEJEJEJEJEEJJEJEEJEJEJE...

El chiki chiki mola mogollón, lo bailan en la China y también en José Luis.

Me encantan las bodas en las que me siento directa y emocionalmente implicado. Las otras no. Las de compromiso las odio. Pero las bodas de mis hermanos... JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... Diré que de la boda de mi amiga Amaya Corral de los Yunquera de toda la vida, tengo guardadito en el mejor rincón de mi tierno corazoncito, que la novia, esa novia guapa, estilosa y con zapatos verdes, después de "abrir" con Metallica el baile con su Richi, vino a buscarme para bailar conmigo el "Fly me to the moon" de Sinatra. (Muchos besos, que sois muchas para repartir en casa).

Mírenlos que guapetes salen en la foto mi hermana y mi cuñado. ¡Qué jovencicos! 22 y 23 añitos sólo.

Ahora siento una doble presión, la verdad. En primer lugar porque tengo que poner en marcha la Operación Cachete: tengo que meterme en ese chaqué.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
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JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA
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Tengo que meterme, sí, pero no sólo eso, sino que, además, tengo la obligación de que no se me olvide respirar, como dice mi amigo Sergio, durante todo el tiempo que esté dentro de ese chaqué. Estoy por ponerme una botella de 12 litros y un regulador porque si no, temo que no sobreviviré. De momento, ya les iré informando, estoy en la fase 1 de la Operación Cachete: concienciación y asunción de las risas de los amigos. La fase 2, que empezará en breve, será "Contratación de una consultoría externa para la elaboración de un BIA y de un análisis DAFO que ofrezcan una visión nítida sobre el escenario en que se debe desarrollar la Operación Cachete". Hay que hacer las cosas bien.

Este es el primer tipo de presión, que se convertirá en presión física cuando llegue el momento de abrocharme el pantalón del chaqué. La otra presión es mediática. Viene de la peña que, no sé por qué, está esperando a que yo monte el show en la boda. ¿Yo? ¿El show? Yo no he hecho nunca nada en las bodas. Soy más bien soso.

Han oído, pero no sé por qué son tan crédulos, que en la boda de mi hermano Mitxu, me empeñé en que un compañero suyo era Freddy Mercury (joder, era clavado) y que no paré hasta que el pincha-discos (que era Luis Enrique, el del Barça) puso una de Queen para cantarla con Freddy y que como el pincha-discos, no sé por qué, acabó hasta los huevos de mí y no quería poner ni Queen ni a los Rolling Stones, le pregunté que si su madre era Amunike (saqué la conclusión de que, efectivamente, lo era porque se enfadó y las verdades ofenden). Dicen, pero yo no lo he visto, que aparezco en todas las fotos (a ver si es que había algún fantasma que se pareciera a mí en el hotel). Y dicen, también, que cuando Luis Enrique (tu madre es Amunike) se decidió a pinchar una de los Rolling Stones, porque mi cuñada Ana (la novia) fue a pedírselo, me convertí en Mick Jagger y, al final, se me cayeron los pantalones (la Operación Cachete en la boda de mi hermano fue un fracaso porque no contratamos el análisis DAFO y, por tanto, llevaba el pantalón sin abrochar).

No se lo crean.

Todo esto es mentira.

Lo que buscan es acabar con mi muy buena fama.

Yo, al menos, no lo recuerdo. Bueno, no recuerdo casi nada.

En la boda de mi hermana Uxía lo único que pido es que el pincha-discos tenga esta canción que me pone las pilas. Eso y pasarlo bien bailando el chiki chiki, pero, tranquila hermana que, en principio, no tengo intención de dar la nota. En principio. Tú vigila que no me echen nada en el Vichy Catalán (que hay mucho capullo suelto).



¡Enhorabuena, chicos! Y que no falte el amor.

X. Bea-Murguía (Operación Cachete, fase 1).

Miguel, hasta después de la boda, no le toques ni un pelo a mi hermana que te parto la cara.

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