lunes, marzo 03, 2008

Soy un ser humano

Queridos amigos,

supongo que ustedes saben lo que es una toña. Sienta muy bien una buena toña, después de un día de trabajo, delante del televisor, viendo, por ejemplo, un documental sobre los bailes rituales de los bosquimanos en el Discovery Channel... ¡Oh! ¡Un deleite! ¿Y qué me dicen de una toña con La 2, ese canal casi pornográfico, por cierto, que en horario infantil no hace más que emitir películas de animalitos follando? Hay gustos para todos, pero donde esté una buena toña... Y no es sólo cosa de hombres, que las mujeres, si quieren, también pueden. Este chiste es un poco viejo, pero viene al caso (niño, niña, si eres menor, leelo con atención y se lo cuentas a tus papás, que les va a encantar):

"Un hombre llega a un burdel y se encuentra con la siguiente promoción:
POLVO Y CERVEZA, 5 EUROS.
-- Hola, buenas, señorita. Yo venía por esa promoción que anuncian.
-- ¿Cómo no, señor? Es conmigo.
-- Muy bien, pues con usted misma.
-- Ya, pero le tengo que advertir antes de una cosa: es que... No tengo clítoris.
-- Es igual, mujer, ponme una Heineken".


En el hotel de Tegucigalpa, sentado en el lobby-bar con Jesús Llano y Eduardo Mencía, le dije al camarero.

-- ¿Qué cervezas tiene?
-- Señor, tenemos Port Royal, Barena, Imperial, Salvavida... -todas ellas, para mi gusto, demasiado suaves...
-- ¿Clítoris tiene?
-- No, señor, no tenemos clítoris.
-- Es igual, póngame una Heineken.

La "Heineken" está buena, pero, personalmente, prefiero "Mahou" y "Estrella de Galicia". Yo creo que, como estas dos cervezas, he probado pocas por ahí. ¿Tú qué opinas? A mí es algo que me gusta hacer allá donde voy: probar la cerveza local. En Kenia era "Tusker"; en Tanzania, "Kilimanjaro"; en Tailandia, "Singha" ("Big or semol?", preguntaban siempre); en Egipto, "Sakara"; en Cuba, "Cristal" (y "Bucanero"); en Dominicana, "Presidente"; en Honduras, ésas que he citado antes...

En el Paso de las Manos, entre Nicaragua y Honduras, con un follón de camiones y policías de aduana que no se pueden ni imaginar (o sí se lo pueden imaginar), Jesús Llano y yo nos fuimos al bar a catar la cerveza local. Fue lo primero que hice nada más poner el pie en Honduras: pedir una "Port Royal". Me supo flojilla y eso que la pedí bajo la prescripción de un parroquiano local, que es curioso lo poco que se diferencian, en apostura, los bichos de bar de allende los mares de los de Chamberí. Casi, casi el mismo ambiente, si no fuera porque, de nuevo ese defecto mundial que debería debatirse en la ONU, no hay aceitunas en ninguna parte. La próxima vez que me vaya de viaje me llevaré un par de botes en la maleta (rellenas de anchoa, por supuesto). ¿Unas patatas? No. ¿Unas mollejitas?¿Unos callos?¿Unos "yiyarrones"? Nada, ni pa'Dios. Jesús, que es hombre de mundo, viaja siempre con un manojo de palillos en el bolsillo... ¿Que para qué? Coño, pues para qué iba a ser, para probar los famosos boquerones en vinagre de Honduras. Se tomó una "Salvavida" y pidió los boquerones. Tampoco tenían.

En Nicaragua, sin embargo, lo que se lleva es la toña. Toña para arriba, toña para abajo. Sienta bien, la verdad, poder decirle con camaradería a un compañero: ¿Te hace una toña? ¡Venga, tonto! Un buen amigo nunca dice que no a una toña, ni con dolor de cabeza. En un grupo, también funciona: ¿A quién le apetece una toña? Es bonito, porque enseguida se puede ver un bosque de manos alzadas... ¡Yo! ¡Yo! Casi todos hombres, como digo, pero también alguna mujer, que las hay que tienen gusto para la toña.

En Nicaragua, la toña ha corrido a raudales hasta el punto de que se puede forjar un nuevo refrán: "A falta de Mahou, Heineken o Clítoris, buenas son Toñas".



Lo malo es que yo ahora aquí, ella allí, no me llama, no me escribe... ¡Ay Toña!

En fin, como dice Eduardo Mencía, ¡Qué coñazo de blog, en cuanto encuentre los calzoncillos, me piro!. Vean este vídeo (con una mano sobre el ratón y la otra con la Toña, por favor)



Honestamente, creo que es una burla, porque, si no, es una manera muy hábil de promover las Toñas entre los jóvenes. A mí las toñas me van, pero, claro, soy un ser humano.



X. Toña-Murguía

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jueves, febrero 28, 2008

Niños sin calendario (laboral)

Queridos amigos,

contra mi costumbre, voy a hablarles por tercer día consecutivo de mi viaje por Nicaragua y Honduras. Siento aburrirles de esta manera pero, como ya he dicho, el viaje pasa por uno como ese vecino cotilla que se cuela en su hogar, lo mira todo, lo toca todo y cambia las cosas de sitio. Ya retomaré mañana mis chorradas habituales.

A veces piensa uno que alejándose verá los problemas empequeñecerse por la perspectiva, que lo que en casa nos parece un león en la distancia no pasará de mosca, pero una vez más allá del horizonte, será porque la separación es cóncava como una lupa, el león no deja de ser león y los problemas no dejan de ser problemas, aunque vistos con catalejos. A todo esto hay que sumar la añoranza, ese sentimiento que incomprensiblemente se apodera de uno cuando lo que más quiere está lejos, aunque sea por unos días. Yo lo he sentido, fíjense qué tontería: he echado mucho, mucho de menos a mi mujer y a mis hijos.

El sábado, más relajados, comimos en un restaurante muy bonito en la montaña, cerca de Valle de Ángeles, a unos treinta kilómetros de Tegucigalpa. Acababa de hablar por teléfono con Beatriz y Maya Selva, fundadora y alma de los cigarros "Flor de selva", tal vez porque vio que mi gesto mudaba y ya no era el mismo que, con vehemencia, quince minutos antes había discutido con sus padres sobre el problema judío-palestino, me preguntó si todo iba bien.

-- -contesté-. Fenomenal, pero me pasa que llega un momento en que estoy ya deseando irme a mi casa.

No recuerdo cómo me lo preguntó, pero se mostró extrañada: ¿no lo has pasado bien? ¿No te gusta esto?

-- Me encanta. Lo he pasado muy bien, pero echo de menos a mi mujer.

No es raro esto, ¿no? Le pasa a todo el mundo cuando está lejos de la gente que quiere.

Además de para ver tabaco y más tabaco, que es lo que he hecho porque, piensen lo que piensen, hemos currado muuucho pateando tabacales y fábricas, uno de los objetivos del viaje, para mí, era hacerme una cura de sueño y olvidarme del ajetreo de los niños, los baños, las cenas, las prisas... No es que me dijera "voy para olvidarme y descansar", sino al revés, que yo no soy de los que huyen: "ya que voy, aprovecho para descansar".

Pero ni por esas, amigos. Ni por esas. Todo suma para la añoranza: me he perdido ocho, casi nueve, días de mi hija Ana que, de pronto, en ausencia de su padre, ha dejado atrás las engordaderas y ha descubierto la sonrisa. Mientras tanto yo, como Odiseo en la isla de los lotófagos (sin comer la flor de loto que hace olvidar el deseo de volver a casa) o como Leopold Bloom en los baños, naufragaba en un mar de niños con calendario laboral.



He estado en otro países donde la pobreza no era un misterio, donde uno ha llegado a pensar, triste consuelo, que no es lo que no tienen sino lo que parece que desean tener y no pueden. Pero no iba preparado para ver tanta infancia partida a la altura del espinazo. Supongo que tengo que quitarme el filtro de la mentalidad occidental y pequeño-burguesa, pensar que no hace ni cuarenta años que en España cundía el mismo espectáculo por doquier, pero comprendan que, mi condición de recién padre me lleva a un estado de ánimo superferolítico en todo lo que se refiere a la infancia. No he podido evitar acordarme de mis pequeños, de mi misión de proporcionarles una entera y feliz infancia sin calendario de ningún tipo.




En Estelí, Nicaragua, una pequeña ciudad de casas bajas de colores mugrientos, en la linde de una gasolinera Texaco, dos buitres pequeños se pegan un festín sobre los despojos de un perro que, probablemente, acaba de ser atropellado. Un niño de la edad mi de Rodrigo pide limosna entre los surtidores, descalzo sobre el frío hormigón del suelo. Viste unos pantalones azules pesqueros y raídos y una guayabera blanca enmarronada con churretes de barro. Jorge Padrón, dueño de la fábrica de puros Cubanica, le da un dólar y le dice:

-- Pero fíjate bien, que es un dólar, no un córdoba.
-- Sí, yo sé, señor -responde el niño-. Son 18'50 córdobas.


En Valle de Ángeles, Honduras, Yolanda (cinco años) se pasea por la plaza con una cesta. Vende rosquillas a diez lempiras. Por esta foto, yo le di 100 (seis euros, no llega), pero después me arrepentí: aunque le dije que se guardara el billete para ella, los que la explotan sacaron ese día 100 lempiras más de beneficio.

Y yo no iba preparado para esto. Ésa es la verdad.

X. Bea-Murguía (mañana ya, lo prometo, cachondeo).



Aquesta cançó es para mi mujer y para Laura, de Vic.


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miércoles, febrero 27, 2008

La seguridad inteligente

L. CIGES: "Hijo... Me respetarás, ¿no?".
A. RESINES: "Padre, ¿qué cosas tiene?".
L. CIGES: "Un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama".
"Amanece que no es poco", brutal película del tal Cuerda que viene a colación a pesar de que no todos pensamos, como él, que el que no es de nuestra cuerda es un imbécil, pero, bueno, la película es simplemente genial).

Queridos amigos,

suscribo al cien por cien lo que dice Rafael Reig en su blog, que muchas veces les he recomendado y que hoy insisto: "Ahora viajar es la forma más popular de hacer penitencia y someterse a humillaciones: registros, prohibiciones de todo tipo, esperas, colas, gastos, instrucciones de seguridad, retrasos sin explicación, disciplina severa, música estridente, comportamiento de jardín de infancia (sin fumar, sin beber, pidiendo permiso para ir al baño)... ¡y encima todo lo hacen por nuestro bien!¡A ellos les duele más que a nosotros!".

Y es más, se lo voy a decir con un pesimismo que es muy poco propio de mí, la cosa sólo puede ir a peor. Es lo que los yanquis llaman la "seguridad inteligente". Fíjense que yo siempre había pensado que la "seguridad inteligente" es la que existe sin que se note, sin que sea una molestia, sin que sea un abuso. Para ellos no. Para ellos la seguridad inteligente es aquella en que te cachean, te obligan a sacar los calzoncillos sucios de la maleta, te tumban en el suelo mientras un perro te gulusmea como si fueras una olla de arroz NO PORQUE TÚ SEAS SOSPECHOSO DE NADA... Noooooo... Si no como espectáculo público para tranquilidad del respetable: la administración George W. Bush cuida de su seguridad de forma inteligente. ¡Bájese los pantalones y esté tranquilo que es por su bien! ¡JA!

Yo no sé ustedes, pero a mí, particularmente, ver en las esquinas de la Plaza Central de Danli, Honduras, a dos huevones vestidos de militarote con un M16 en la mano no me reconforta ni me da sensación de seguridad. Muy al contrario, me intranquiliza y mucho porque si están es por alguna razón y porque, en el fondo, un becerro con un pistolón es como un hombre en la cama (de ahí la cita del tal Cuerda, de la cuerda de los sine baculo).

No les voy a contar las mil vicisitudes que pasamos en el aeropuerto internacional de Miami, ni el enfrentamiento verbal que sostuve con un hispano hijo de puta con placa y pistola (sí, Juan, pero sin quererlo ni beberlo), al que, al final de la discusión, con mucha mano izquierda, demostré todo mi desprecio por prepotente y por cabrón (sin que, por cierto, me detuvieran).

Lo que les quiero contar es que si ustedes van a volar a un país de América y pueden evitar la escala en Estados Unidos, ni lo piensen. Hoy, con el plan de seguridad inteligente de Bush, les obligan a entrar en el país y a pasar aduana. Les puede suceder que, de forma completamente arbitraria, les seleccionen para el cuartito del guantecito de látex, lo que le hará perder su conexión, como casi, casi le pasa a una compañera de viaje que fue directa al cuartito porque al tipo de la aduana le pareció que "sus apellidos eran demasiado corrientes".

Si usted se apellida Pérez, ni lo piense: NO VAYA A ESTADOS UNIDOS. No les gustan los Pérez allí. Son peligrosos. María de las Cruces... Montse... Haced como el Ratoncito Pérez, que ya no lleva monedas a los niños americanos.

El trato no es ya inhumano: es vejatorio. Recuerda a las colas de las listas de la muerte de los campos nazis, así de monstruoso es. Estás en la fila, inocente viajero que ni siquiera pretende entrar en Estados Unidos, sino ir a Managua, y no dejas de pensar en la posibilidad de que te toque la china. La seguridad inteligente de Bush es bananera, un indudable paso atrás, algo que vendrá a Europa si no lo evitamos nosotros.

Yo he ido a Estados Unidos cuatro veces, ninguna de ellas con intención de matar al presidente de Estados Unidos (aunque si me pusieran una casilla preguntándome si "Tengo intención de cagarme en su puta madre", diría que SÍ sin dudarlo). Me han hecho toda clase preguntas idiotas en plan interrogatorio incómodo, me han obligado casi desnudarme y así, descalzo, sin chaqueta ni cinturón, me han cacheado sin miramientos, me han tomado las huellas dactilares, me han fichado, me han roto una maleta, me han insultado y todo esto por mi seguridad.

Cuando el lunes recogí mi maleta de la cinta de la T4, comprobé que me la habían abierto en Miami. ¿Por qué? ¿Con qué derecho? YO NO HE IDO A ESTADOS UNIDOS. Era un pasajero en tránsito de Tegucigalpa a Madrid. Ya es la segunda vez. La primera vez sí que fui a Nueva York. Me rompieron la maleta, directamente, y me encontré dentro una papela del Transport Security Administration, que conservo y cuya lectura les recomiendo. No tiene desperdicio, pero el tercer párrafo es sencillamente el sumum de la conculcación de derechos. Encima tienes que leer la divisa "Smart security saves time" ("La seguridad inteligente ahorra tiempo"). Hay que joderse... Siempre y cuando no estés en tránsito, ya que las posibilidades de perder el enlace son muy altas.

Yo llevaba casi cincuenta puros en la maleta, regalos de Padrón y de Flor de Selva. Son puros hondureños y nicaragüenses. Si hubieran sido cubanos, me los habrían quitado... ¿Por qué? Yo no iba a Estados Unidos.

Estados Unidos es un gran país con grandes cosas, entre las que no se cuenta la paranoia en que les ha sumido la administración Bush.

X. Bea-Murguía (perdonen el rollo de hoy)

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martes, febrero 26, 2008

Pies fríos, corazón caliente


Queridos amigos,

albergo odios y fobias, supongo que como todo el mundo aunque haya quien lo disimule mejor. Odio, por ejemplo, lo que me sucede siempre cuando regreso de un viaje, que no encuentro mis zapatillas de estar en casa y, por no encender la luz y despertar a mi mujer, acabo bajando descalzo a la cocina a hacerme el café. Lo odio porque ahora mismo, en estos mismos intantes, tengo los pies helados y, como decía siempre mi abuela Mari, "pies fríos, corazón caliente".

Comprenderán que no puede uno enfrentarse a una reflexión con los pies fríos y el corazón caliente. Sería como regresar de viaje de un país que es otro mundo y, con la cabeza puesta en verdaderos problemas y otras consideraciones, que no son las que nos perturban en nuestro primer mundo, ponerse a ver "El Debate" y, encima, con jetlag. Esto sí que habría sido "pies fríos, corazón caliente". Me fui a la cama a tratar de dormir, cosa que conseguí a medias.

Anda y que les den pero mucho.

Con los pies fríos, pero mentiría si les dijera que he visto miseria en mi viaje por carretera desde a Managua a Tegucigalpa, porque lo que he visto, en verdad, es diferencia. En Tegucigalpa, la discoteca "La Grotta" reúne al pijerío más hostiable que se puedan ustedes imaginar. Fuera, junto a los Mercedes descapotables de los hijos de la oligarquía, los niños de la calle, descalzos y con los ojos en blanco de esnifar pegamento, amedrantan a los turistas mendigando. Estos pobres críos son unos verdaderos hijos de puta, pero víctimas de la realidad de su país. Si tuvieran la oportunidad, te rajarían de arriba a abajo sin miramientos por quitarte la cámara de fotos. No tienen nada que perder. El año pasado, la policía hondureña "sacó" de las calles a seiscientos de estos niños de pies sucios y fríos y de corazón caliente.



Vuelvo a España con la conciencia limpia, a pesar de la pobreza que he visto, porque poco puedo hacer yo por ellos. Entiendo que las ONG traten de sacar partido de esa extraña culpa que nos devora a todos los que hemos tenido la inmensa suerte de haber nacido en un país desarrollado cuando vemos en la televisión la miseria del Tercer Mundo, pero, ¿saben qué? Que hay quienes bailan con zapatitos brillantes de marca sobre la mierda de sus propios compatriotas y no hacen nada por cambiar su situación.

No hacen nada, salvo enriquecerse más y no parece que tengan muy mal la conciencia.

X. Bea-Murguía (el viaje siempre te cambia).

También he hecho esta foto.

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miércoles, febrero 20, 2008

Una cuestión de endogamia


Queridos amigos,

uno de los problemas de Nicaragua podría ser que la endogamia es generalizada, sobre todo en una de las razas del país. La endogamia, como ha sucedido durante años en una familia en concreto en España, no sirve para la anagénesis, como piensan los racistas, sino para todo lo contrario, para la catagénesis.

Dice Orlando Padrón, un hombre de 82 años, cubano, jefe de puros Padrón, que es quien no está mostrando, aquí, en Estelí, al norte de Nicaragua, su fábrica de cigarros y sus preciosas vegas tabaqueras, que el secreto para dar con una variedad buena de tabaco es la mezcla.

-- No hagan como esta raza de aquí, que no les voy a decir cuál es, pero ellos, figúrense, se casan entre primos y eso no puede ser, gallegos, porque la raza empeora y así están que son todos feos y bajitos.

Y no sólo no le falta razón sino que, además, es un poderoso argumento contra el racismo. Yo eso lo suscribo, al cien por cien. Estoy con Don Orlando, que tiene esa vida en los ojos que tanto caracteriza a los viejos cubanos, cuando dice que "hay que mezclarse para mejorar la raza".

-- A eso hemos venido -dice uno de los españoles del grupo-. Ya lo hicimos hace tiempo, pero si hay que repetir, se repite.

Yo, se lo juro, he venido SÓLO a ver tabaco, no quiero colaborar en nada a la anagénesis de nadie, aunque definitivamente estoy a favor de que se mejore la raza con la mezcla.

Después de todo esto, descorazonado, viendo que todo esfuerzo por ayudar a esta raza a mejorar, a evolucionar, se consuela:

-- Anda y que se queden bajitos y feos!

Hagan caso de lo que les dice el viejo Orlando, que tiene mucho mundo y dos revoluciones (la cubana y la sandinista) tatuadas en la piel: mézclense para mejorar.

Desde Estelí, Nicaragua, enviado especial de H.Wells & X.Bea-Murguía

X. Bea-Murguía (bajito y feo y qué le voy a hacer).

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domingo, febrero 17, 2008

Mi gorro viajero

Les voy a decir algo de mi gorro viajero



Al principio, todo el mundo se ríe de él.



Después, todos tienen envidia.


¿Que por qué digo esto? Pues para reafirmarme. A ver si no. Buena semana a todos

X. Bea-Murguía (ya les contaré).

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viernes, febrero 15, 2008

Meeeee voooooooy (y no vuelvo hasta el 26)

Queridos amigos,

no me gusta volar, lo confieso. ¿Qué pasa? No me gusta nada de nada de nada. Las paso realmente canutas subido en esa puta lata, cuyo opresivo ambiente tiene algo de irreal, de escenario fantástico, de decorado de cine. No sólo no me gusta volar sino que, además, normalmente no pierdo el tiempo disimulando. Me acoplo agazapaíto a mi asiento, me abrocho el cinturón de seguridad casi en la portezuela del avión y no lo suelto ni para ir al baño. Mi único afán es que me dejen en paz. ¡Que nadie intente racionalizar mi miedo! Es inútil: yo pertenezco al miedo.

No me consuela que mi compañero de asiento me dé conversación ni que las azafatas me hagan un strip tease. Si se me sentara al lado Monica Belucci no le haría ni puto caso. No quiero que me hablen de fenómenos de la física ni de parábolas trazadas por una bala de cañón ni de estadísticas (menos cuando sé que la palabra exacta es "probabilidades"). Mi única pretensión es que nadie me dirija la palabra, ovillarme en mi asiento, a ser posible en la ventanilla, coger un libro y abstraerme, que mi mente se libere de la mortaja que me impone la artificiosa realidad de la cabina del avión.

Sólo quiero disipar de mis ojos su luz cenicienta y si he de morir, que sea en paz. No es mucho pedir ¿no?

Y sin embargo, me encanta viajar. Así que, aunque ustedes puedan estar pensando ahora mismo que soy un cobarde, muy al contrario, me considero un valiente: mi miedo a volar no ha llegado al extremo de pretender alcanzar América en tren, cruzando el estrecho de Bering. No. Yo me meto en la lata y tiro: me enfrento a mi miedo (que no se disipa, ni mucho menos, con la frecuencia) y vuelo.

Quien no tiene miedo a volar, no se ve en la obligación de enfrentarse a él. El que ignora, no sufre, "a más ciencia, más dolor" dice el Eclesiastés, y el miedo es siempre, siempre un atributo de los valientes. El desconocimiento del miedo sólo es osadía.




Como el domingo me voy a Miami, Managua y Tegucigalpa y, en total, me esperan unas 24 horas de agonía dentro de una lata con alas (como las compresas), he decidido hacer una buena obra antes de partir, para llegar al gorgo con un óbolo bajo la lengua y la conciencia limpia: he fundado una ONG que se llama "Javieres sin fronteras", cuyo objetivo es enriquecerme a costa de su amistad y de su buena fe.

Hagan sus aportaciones para que mi mujer y mis hijos no se queden en la indigencia.

Me piro. No volveré por aquí hasta el 26 de febrero, martes. Le dejo toda la responsabilidad a Hormon Wells. Se inclina a sus pieses, su humilde servidor que les besa las rodillas a todos ustedes, pasen de uno en uno, no se me atropellen que hay besos para todos.

Javier Blanco Urgoiti (fundador de la obra social "Javieres sin fronteras", haga su aportación ¡YA!)

¿Y tú qué? ¿Tienes miedo a volar? Confiesa cobarde, pecador. Aquí les dejo esta canción que me encanta.

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lunes, febrero 04, 2008

Paparazzi de mí mismo


Queridos amigos,

me pasa, de un tiempo a esta parte, que ya no puedo contar cosas interesantes de mi vida en las reuniones familiares o cuando estoy con los amigos de juja. Es normal porque, claro, ya lo he contado todo aquí.

Mi madre ha dejado de llamarme por teléfono:

-- ¿Para qué?- me pregunta-. Si ya lo sé todo y el teléfono está muy caro.

Es como si yo mismo estuviera violando mi propia intimidad. ¿Se podrá hacer eso? ¿Es posible violentarse a uno mismo, forzarse, obligarse contra la propia voluntad a, no sé... A realizar el acto sexual consigo mismo? ¿Estará este delito recogido en el código penal? ¿Habrá modo de denunciarlo en algún sitio una autoviolación: forzarse a uno mismo a mantener relaciones sexuales con uno mismo a pesar de que uno mismo se ha dicho que no a uno mismo?

-- ¡Señoría! ¡Yo me dije que no!
-- ¡Absuelto! ¡Es que vas provocándote!

En serio: me he convertido en paparazzi de mí mismo. Me veo a mí mismo con la cámara empalmada, al otro lado de mi ventana, parapetado tras las matas esperando a que yo mismo me dé la exclusiva del año; me persigo en moto, voy tras mi coche que circula a toda pastilla por la carretera huyendo de mí mismo y, cuando paseo por el mercadillo de Tres Cantos, me tengo que subir los pantalones hasta los sobacos y me digo a mí mismo:

-- ¡Que no me grabes más!

Busco con denuedo en mi vida algo divertido e interesante que contar en H.Wells & X.Bea-Murguía y, cuando lo encuentro, lo largo aquí sin ningún tipo de vergüenza, de manera que, cuando me veo con familiares y amigos, permanezco mudo, taciturno, derrelicto en un mar de palabras. Si digo:

-- Pues el otro día fui a la ferre...
-- ¡Ya lo has contado en el blog! -me responden-. ¡Pesao! -añaden.
-- Coño, es verdad. Ya lo he contado todo en el blog- y enmudezco.

Estoy un poco cansado de seguirme tanto y de no dejarme vivir en paz, de violentar mi intimidad y mi vida privada y de no poder salir al mercadillo con Isabelita y Paquirrín, aunque sea yo mismo quien ande detrás de mí todo el día. Voy a llamarme delicuente:

-- ¡Delincuente! ¡Que eres un delincuentes! ¡Que no me grabes más! ¡Que no me grabes más!

Sufro cierta desazón por esto. ¿A usted no le pasaría?

Estoy completamente determinado a darle un vuelco al asunto. Les pregunto: ¿cómo saben ustedes que lo que yo cuento aquí es la verdad? ¿Quién ha dicho que en H.Wells & X.Bea-Murguía optemos fielmente por la verdad cruda, esa mujer con toca que cuando se desnuda resulta que lleva bragas de esparto, antes que por una hermosa, voluptuosa y sugerente mentira?

No se lo crean todo, por favor, que soy acólito, adorador y partidario de la mentira (no olviden que soy periodista). La verdad no os hará libres. Esa falacia es el argumento de la gente gris. La mentira es creativa, imaginativa, enriquecedora, abre las mentes, reparte esperanzas, orienta a los perdidos, consuela a los afligidos, auxilium cristianorum, vidadulzuraesperanza nuestra... Háganme caso: ¡mientan! ¡Mientan como Pinocho a Blancanieves (ya saben) y libérense del yugo de la verdad!

Dejemos la verdad absoluta a los políticos.

Todo este rollo, y perdonen que al final me haya dado esta vena gabilonda que me da a veces (ustedes sabrán disculparme, pero uno ve un púlpito y no puede evitar dar misa), venía porque quería proponerles un juego. Todos los días voy a mentir (o no) y ustedes, los que se atrevan, tienen que denunciar la trola y explicar por qué creen que es mentira. Es como quedar de acuerdo con mi paparazzi para hacer un montaje y vendérselo al Diez Minutos.

-- ¿Vale? -le digo a mi paparazzi.
-- Vale -me respondo.
-- ¿Empezamos hoy?
-- Empezamos hoy. Ya he mentido.

X. Bea-Pinocho (la foto está dedicada a aquellos que piensan que el tamaño no es importante).

Con gran pesar, y alivio suyo, les anuncio que el 17 de febrero, domingo, me tengo que pirar a Miami, donde permaneceré todo el día 18, para después coger un avión a Managua, de donde partiré por carretera a Estelí, en Nicaragua aún. Allí voy a estar tres días para, pasado ese tiempo, dirigirme a Tegucigalpa (Honduras), donde estaré otros cuatro días. Regreso a Madrid el 25 de febrero, lunes, a las nueve de la mañana.

¡Ay! ¡No les dé envidia!

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