jueves, mayo 03, 2007

Vello Público.



¿Es el vello púbico un síntoma de primitivismo en el individuo de la sociedad actual?. Existen opiniones diametralmente opuestas que generan debates chuscos pero que aún así sintonizan con el interés de la calle, porque a la calle, que es sabia, no le interesa el indicador estocástico, un rollo por cierto, sino lo tangible. Si bajamos a un nivel inferior, la pregunta se revela asombrosa: ¿Estamos viviendo una evolución en las costumbres depilatorias femeninas/ masculinas que desemboca irremediablemente en una necesidad de apariencia infantil?. Es este modelo, el aceptado el canon de belleza del Siglo XXI?.

En diferentes culturas y épocas el vello provoca diferentes actitudes con argumentaciones que enlazan con aspectos religiosos, estéticos, higiene sexual etc... y desembocan finalmente en el lobby de las compañías dedicadas al rasurado, que mueven entre cuchillas, espumas y post-afeitados un volumen de negocio considerable.
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Se insiste de alguna manera en posicionar en la mente del individuo que el “pelo en el cuerpo” connotativamente inspire suciedad, clamídeas, e ir al ambulatorio del barrio a pedir recetas. La aversión a cualquier pasado animal, a renegar de nuestro amigo el mono es la carta de naturaleza para los amigos del shaving extremo, cuyo lema podría resumirse en el típico exabrupto:”Tener menos pelos que el coño de la muñeca Nancy”.

La colisión esta servida con las diferentes actitudes que pueden observarse en cualquier lugar de encuentro social como piscinas, playas, saunas o camping... . Verdaderas exhibiciones sin complejos de auténticas vegetaciones de vello axilar que conforman micro mundos dignos de reportaje científico y signos de travestimo femenino (o la necesidad de querer parecer un hombre del agro) con la llegada de la primavera. El catalogo es amplio y en ocasiones disgusta.No es normal observar mas atributos en la parte baja de un bañador femenino que en la de un individuo masculino de mediana edad, ¿Se esconde tal vez una nueva amenaza Talibán?.Y no se trata de un adminículo portable mensualmente, que les veo.

Conozco fundamentalistas en ambos lados de tan interesante debate. A mí me gusta seguir el justo medio de las cosas en este tipo de cuestiones. Mi cerebro por otro lado, ocupado en indicadores estocásticos, tampoco me permite la profundidad deseada.
He tenido una pesadilla en las que me pierdo por una selva, no-matojo, de pelos, y oigo a lo lejos la risa de ese gran tertuliano de las ondas: Carlos Carnicero. Me ahogo al final de la pesadilla.

Hormon Wells



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viernes, abril 13, 2007

El muy hombre y la tierra


Queridos amigos:

a raíz de un comentario hecho en este blog por Carlos FG, que no es que esté soltero, es que está esperando al rebote, se me ha ocurrido que, quizá, no todos ustedes estén familiarizados con el comportamiento sexual del macho hispánico en su hábitat natural doméstico, y que este puede ser un tema que traiga tela. Concretamente, el autor del comentario confesaba desconocer en qué consiste la técnica del elefante.

Hagan el favor de leer esto con la voz de Félix Rodríguez de la Fuente... (Ya saben, como si se estuvieran cagando y haciendo muchas paradas sin sentido entre palabras no separadas por comas).

[SINTONÍA]

Chan, chan, chachachan chan... Piri piri piri pi Piri piri pipí... Piri piri piri pi Piri piri pipí... Chan chan cha cha chan chan...

Nos adentramos hoy en el habitat natural del macho hispánico, esa especie que ha sufrido en pocos años una violenta catagénesis, víctima de los cebos envenenados de los furtivos y del modernismo metrosexual, que han colocado a este hermoso animal, por desgracia, en peligro de extinción.

Es nuestro propósito, acercarnos al punto en el que, según los científicos, el macho hispánico no ha sabido adaptarse a un nuevo medio más agresivo y exigente, que no es otro que el de la procreación.

Lo natural en un macho hispánico joven es vivir en un estado de celo permanente que lo empuja a refofilarse contra las esquinas y los marcos de las puertas de su madriguera, como rito inicial del cortejo nupcial. Sin embargo, la hembra hispánica, que es esquiva al tálamo, mira estos primeros pasos de incitación al ayuntamiento con un rictus que parece expresar cierta perplejidad o falta de entendimiento y, en ocasiones, esplín vital e, incluso, rechazo (precisamente lo contrario de lo que pretende el macho hispánico).

La hembra hispánica, ante la llamada procreativa de su macho, emite en respuesta un canto nupcial de una sonoridad grave y contundente:

-- José Luis, ¿se puede saber qué coño haces?

Sin embargo, el macho hispánico, que es capaz de producir testosterona para llenar diez estadios de fútbol, no ceja en su empeño. Para ello, este raro especimen dispone de un ramillete de recursos que es, sin duda, el más variado del reino animal

Entre estos recursos, pertenecientes al instinto de esta noble raza, dados por la siempre generosa madre naturaleza, una de los más frecuentes es "El elefante". Aquí observamos cómo el macho hispánico se pasea en cueros por la madriguera de una manera natural e inopinada a la espera de que la hembra hispánica, que generalmente no hace ni puto caso, se percate de su presencia. Con un rápido movimiento, que pretende llamar definitivamente la atención de la pareja escogida para la multiplicación de la prole, el macho hispánico acopla el antebrazo a sus genitales, a modo de trompa y utilizando un simbolismo claramente erectil, emite un barrito que, sin duda, despierta el interés de su pareja.

Esta técnica es bastante segura, aunque falla en algunas ocasiones en las que el macho hispánico no imprime la enorme agilidad y rapidez de movimientos que requiere su culminación exitosa. La hembra hispánica no dedica a su macho, en las circunstancias descritas, más de unas milésimas de segundo y si responde...

-- Este tío es gilipollas. ¡Que te vas a resfriar y no quiero oir más quejas!

...es que no ha conseguido el efecto deseado. El macho hispánico, entonces, concibe la posibilidad, para alcanzar su objetivo, de pintarse de gris y ponerse orejas postizas en las caderas.

También se puede dar, porque la naturaleza rara vez es una ciencia exacta, que la hembra hispánica responda con un silencio indiferente, en cuyo caso, el macho hispánico puede deducir que conviene cambiar de técnica.

Otro recurso natural del macho hispánico consiste en aprovechar cualquier ocasión para frotar la cebolleta, incluso, aullando libidinosamente. Es ésta, sin duda, una técnica más depurada y efectiva, aunque difícil de ejecutar, ya que la hembra hispánica es muy viva y permanece siempre alerta ante todos los intentos. Sin embargo, el macho hispánico que está atento al despiste, puede encontrar esa ocasión para iniciar el baile de la procreación cuando la hembra menos se lo espere: unas llaves que se caen al suelo, el momento de sacar el lavaplatos, unos yogures del Mercadona que están demasiado abajo... Resulta imprescindible para seducir a la hembra hispánica que el refrote de cebolleta se acompañe con el himno nupcial PUTRÚN-PUTRÚN.

El putrún-putrún es, generalmente, de efectos inmediatos, certeros, precisos: la hembra hispánica, sorprendida con la guardia baja (y con el culo en pompa), no se puede resistir a los encantos de su macho y le sacude una leche.

-- ¡Joder, macho, qué pesado! Así no lo vas a conseguir nunca.

Sabemos, después de años de observación, que el macho hispánico es una especie rica que, por tantos años de escasez, ha desarrollado una infinidad de técnicas de acercamiento nupcial, todas ellas urdidas por el instinto de conservación, esa llamada salvaje a la continuidad de la estirpe. Técnicas esmeradas como la del buitre carroñero, que consiste en esperar a que la hembra hispánica se duerma y atacarla, sin piedad, pidiéndole que se haga la muertita, o más rudimentarias como el arrinconamiento frontal "Aquí te pillo, aquí te mato".

Sería imposible resumirlas todas en este pequeño documental, porque casi cada ejemplar de esta especie atesora sus propios ritos de apareamiento. Es por eso que les invitamos a que, si tienen cojones, cuenten aquí las suyas, a ver si logramos, con la aportación de todos, salvar a este noble animal de la desaparición y del olvido.

X. Bea-Murguía de la Fuente

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jueves, abril 12, 2007

Van Gogh o la estafa teledirigida



Un buen día a un señor de Japón se le ocurre que puede desgravar impuestos y contacta con un equipo de asesores para darle una solución rápida y entonces un tipo listo después de unos trozos de sushi decide que lo óptimo e interesante es comprar una obra de arte, pero surge la duda: ¿Obra? , ¿Autor?.

Entonces el tipo contacta con una agencia de subastas y resulta que un tal Van Gogh, del que hablaremos en breve, tiene una obrilla que finalmente se vende en aproximadamente en 90 millones de dólares, tal es la emoción a la que sucumbe el japo por el posterior trapicheo impositivo que el asesor hoy en día esta considerado un genio de la fiscalidad y posiblemente tenga numerosos contactos en la Tokio’s Bukkake Scene para celebrarlo.

Pero... ¿y Van Gogh?.Bien..., Vincent, como le gustaba que le llamaran los amigos y el afilador de cuchillos del barrio, no es mas que el ejemplo de un tonto con un lápiz, un simple grafómano que a lo largo de su vida no acepta 1) Ser un panocho 2)No vender un puto cuadro 3)Que no exista el lexatin y otros antidepresivos en la época en la que vive 4)Complejo de orejas de soplillo.

Mi primera aseveración es fruto de una simple estadística, un tipo que crea 900 pinturas y 1100 dibujos a lo largo de su vida, cuento solo los catalogados porque supongo que esta gente al no haber cámaras para retratar seguro que andaba siempre haciendo dibujitos a los amigos,en apenas 37 años de vida supone un comportamiento de tarado excelso. Cuenten sus 850 cartas dando la brasa al pobre hermano y entonces tenemos a un retardado psicológicamente hablando.

Diferente es que algun listillo haya querido ver al pelirrojo natural, nada de farmatint, como un precursor del expresionismo o del fauvismo y haya vendido una tremenda manipulación de cultura teledirigida. Un tipo sin apenas formatos del que el mismo listillo se atreve a predicar que esta asombrosamente conectado con Rembrandt , y debe ser porque eran igual de feos o de pelirrojos,salvando que Rembrandt es un genio y este un pobre retardado.

La estafa prosigue a 12 Euros en el Museo de la fundación Van Gogh, que curiosamente destina los fondos a comprar el catálogo completo de obras.

Hormon Wells

Les dejo con Coque Malla que se ha vuelto a escapar del futbolín.

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lunes, abril 09, 2007

Stacey, nena...:no tengo cobertura



Chusma del Agro:

Un tiempo espléndido el vivido durante toda la Semana Santa en los países bajos. Sol, calor,cervecita y cachondeo a tuti-plen, incluso me confunden con alguien de Suecia,lo que ha provocado el deshueve generalizado de mis progenitores.

Hoy lunes es fiesta por aquí,en cinco días vuelvo a visitar a la gente mas retardada del planeta, esta vez será en Memphis: Tennesee. Stacey me dice que quiere verme de nuevo, me comenta algo relacionado con un niño y un test de embarazo y yo le digo que la cobertura es muy mala en Volendam.El Domingo en la playa de "Wijk en Zaand" conozco a una indonesia que ha vivido en Lavapíes y entonces empiezo a realizar movimientos extraños que recuerdan a Chiquito de la Calzada. Tal vez es el efecto de la cerveza Zatte, que se pronuncia Zote.

Ella se ríe de mis pies pequeños y entonces le cuento que soy el Napoleón de Amsterdam. Acabamos la noche cenando en un restaurante de comida de Eritrea con mis padres, Pascal, Estella, Stepha/en, Ana y Bass y la novia de Bass,la chica de Indonesia que ha vivido en Lavapíes y que se ríe de mis pies pequeños.

Inolvidable.

Definitivamente, me gusta Holanda y la gente de Holanda.

Hormon Wells
Oud-West.

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lunes, abril 02, 2007

¿Le he despertado?


Queridos amigos:

hace un par de viernes por la noche me entretuve hasta las dos de la mañana haciendo trabajos manuales... Quiero decir manualidades... Bueno, piensen lo que quieran. La cosa es que he elaborado un completo informe de mi periplo por Escocia para que mis acompañantes, José Luis López Vázquez y Paco Martínez Soria, puedan contarle el viaje a sus familiares porque ellos son así: necesitan a una Gracita Morales que les atienda. Fue ésta una labor ardua, déjenme que me atribuya un poco de mérito, para una persona inhábil como yo, que aprobaba plástica en el cole porque su destreza con la regla y el cartabón despertaba la lástima (y la hilaridad) de los profesores. El informe, por duplicado, me tuvo inclinado sobre la mesa del comedor y entretenido unas buenas horas. Bien mirado, es decir visto a cinco o seis metros de distancia, no me ha quedado mal... La espalda, tampoco.

Mi Rodrigo, cosas de niños, tiene la buena costumbre de madrugar los fines de semana, tal vez porque sea verdad que al que madruga Dios l'apoya. Entre semana no pasa. Entre semana es su padre el que, cerca de las nueve, tiene que ir a levantarlo, pero llega el sábado, el domingo y fiestas de guardar y no falla. Él sabe que su padre, normalmente, se levanta pronto. No fue el caso, como ustedes pueden comprender, ya que si me acuesto casi a las tres de la mañana (entre manualidades, pitos y flautas), a las ocho y media del sábado no se me ocurre nada más apasionante que planchar la oreja.

Pero mi niño vino a pedir el desayuno y a esa precisa hora sonó el timbre de casa.

-- ¡Coño! -mi primer pensamiento del sábado.

Un día de esa semana (no recuerdo cuál) había calado a dos testigos de Jehová dando la chapa a los vecinos de casa en casa. Al principio iba a echarlos, pero, después, como descubrí que iban a aturdir con sus peroratas a un vecino que me cae gordo, les dejé. Cuando sonó el timbre de mi casa, pensé en que era una venganza de Jehová por mis malas acciones. Los dos testigos fue mi primera opción y así se lo comenté a mi mujer, Beatriz, que con la dulzura mañanera que le caracteriza, dijo al segundo timbrazo:

-- Como baje a abrir la puerta, me voy a cagar en su puta madre-, que si no fue exactamente esto lo que farfulló, aún sin haber abierto los ojos, en completa discordancia con la tierna pereza de su voz, soltaría por su boquita una alocución de calado parecido. "Al cielo de tu boca, el purgatorio", que dice Sabina.

Pero yo ya bajaba las escaleras, sobre todo porque Rodrigo me esperaba en el salón y, por un momento, temí que le diera a él por abrir la puerta. Nunca sabe uno con los niños. Si no hubiera sido por ese temor, a los testigos de Jehová les habría abierto San Pedro.
Fisgué, con cuidado de no ser descubierto, a través de la cortina translúcida del ventanuco de al lado de la puerta. Estaba más que decidido: si veía a dos con pinta de telepredicador dispuestos a decirme que Dios es amor a las 8,30 h de un sábado, les azuzaba a Beatriz para que se dieran cuenta de que Dios puede que sea amor, pero mi señora a esas horas es mala hostia. ¡Menuda es!
En su lugar, atisbé a un tipo gordo de unos treinta años, con cara de actor de Hollywood y un jersey de canalé con el logotipo de Saunier-Duval. ¡A las ocho y media de la mañana un sábado a revisar la caldera! ¡Con dos cojones!

-- ¿Le he despertado? -me preguntó cuando abrí. Quizá mi careto y el pelo revuelto debieron de darle alguna pista.
-- ¡Qué va!- contesté con ironía (aunque en verdad quien me había despertado era Rodrigo)-. ¿Es usted testigo de Jehová?
-- ¿Testigo de...?- el chaval no sabía si sonreír o huir-. No, no, vengo a la revisión de la caldera- y se señaló el escudo del jersey a modo de credencial.
-- Ya veo. Es una broma- le tranquilicé-. No como ustedes, que cuando avisan de que van a venir el sábado por la mañana a revisar la caldera, se lo toman muy en serio.
Y como no supo contestar otra cosa que un encogimiento de hombros, le hice un ademán para que pasara.
-- Pase, pase, ¿quiere un café?
-- No, gracias. Ya he tomado uno.
-- ¡Ah! Que ya ha ido a despertar a alguien antes que a mí- insistí en el tono irónico.
-- Sí -aseguró midiendo con economía verbal si mi humor caústico era una coña o un reproche-. A su vecina.
-- ¡Muy bonito, hombre! ¡Muy bo-ni-to!- le dije y después la retahíla normal que se le suelta al que viene a revisar la caldera a las ocho y media de la mañana de un sábado-. Ahí tiene usted la caldera... Toda suya... Estoy por aquí... Si me necesita, me llama... Y no robe nada.
Y me miró de hito en hito, exoftálmico, con la misma intensa mirada que dedico yo a ese cuadro de El Bosco cuando voy al Prado: como si mi cabeza albergara la piedra de la locura.

X. Bea-Murguía (seguro que están muchos de ustedes de vacaciones. Sepan que yo no).

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martes, marzo 27, 2007

Hombre moderno de la ley de igualdad

Queridos amigos:

¿qué le voy a hacer? Por mucho que me quisiera esforzar, soy hombre y tengo mis cositas de hombre a las que, por supuesto, no renuncio a pesar de que estoy sometido a los rigores de mi tiempo, en el que la moda es ser un macho feminista, como ZP, y lo bonito es la paridad, la igualdad, la hermandad y la epidural por ley. Me pregunto cuándo aprobarán una ley que impida al hombre mirar el culo de un chica, como un cerdo machista, y que le obligue a planchar la mitad de la colada. ¡Justicia ya!

Soy hombre y reconozco mi debilidad, y no sé si es una falla genética o si acaso será culpa de una socialización secundaria deficiente (es decir, culpa de mi madre), pero hay tareas del hogar para las que soy cazurro, inepto, zote, zopenco, inútil. A ver si el gobierno hace algo, se lo imploro, con mi incapacidad para distinguir el amoniaco de la lejía para ropa de color. Propongo que se obligue a los fabricantes a hacer un doble etiquetado: uno para mi mujer y otro sencillo para mí, donde ponga, con un tipo grande: "AMONIACO" y sólo "AMONIACO", y, como mucho, debajo, con una letra más pequeña y entre paréntesis: "(Tu mujer se refiere a este)".

Ustedes dirán que es cuestión solamente de que preste atención y aprenda y yo, que ya tengo preparado mi argumento, les contesto que lo mismo decía mi profesor de química de segundo de BUP, Joaquín Mesa, aka Don Telerín. Hay cosas para las que uno no ha nacido, como si tuviera una atrofia cerebral en el preciso mecanismo que acumula datos sobre materias que carecen de interes para el individuo y esas neuronas se deshicieran solas, cayeran como vietnamitas en una de Rambo.

Yo lo intento, que es lo importante, y le pongo voluntad. El viernes mismo, fui a la compra. Teníamos una necesidad imperiosa de rellenar la nevera, porque hacía semanas que lo estábamos posponiendo por una pereza alimentada por la falta de tiempo, pero el caldo de balda ya no resultaba sustancioso y la araña del fondo a la derecha empezaba a hacerse la graciosa. Así que fui yo. Y fui solo (ráfaga de música del oeste)... Bueno, mi mujer se empeñó en hacerme una lista, lo que reconozco que ayuda, aunque hay que saber interpretarla.

He hecho la compra mil veces. No hay problema con casi nada. Me conozco el Mercadona como el pasillo de mi casa y soy capaz, incluso, para que vean que no es una cuestión de desidia, hasta de comprar items que figuran en la lista como "champú del mío" o "mascarilla de pelo de almendras" sin equivocarme (¡un aplauso!). Pero hay dos secciones donde no soy yo. Una es la citada de limpieza de hogar. Siempre me asaltan las dudas. Los botes de colores me miran con aversión. No es que se me dé mal, es que noto su mirada agresiva y me doy cuenta de que no soy bienvenido a ese pasillo. La otra, la verdura.

Aún así, voy con mi lista por el Mercadona sin ningún complejo. Entiendo que eso me hace ser un hombre no interesante para muchas mujeres, que no ven en mí el estereotipo del pavo independiente que sabe distinguir la rúcula del brécol, que camina por los pasillo del supermercado como si no fuera un espacio hostil para él. Yo, con toda la naturalidad que puedo, cojo los calabacines y los sopeso, los observo atentamente e, incluso, descarto alguna bandeja para sopesar otro lote. Lo hago para compensar. Imagino que la que, al verme manejarme con torpeza y lista, ha deducido que soy un marido retrógrado de película de los sesenta, verá que, en verdad, soy un tipo con mala memoria pero que tiene criterio a la hora de elegir los calabacines. Sin embargo, lo que yo estoy pensando es: "¿Esto es un calabacín o un pepino?". Cuando dejo la bandeja en su sitio, es porque he llegado a la conclusión de que son pepinos, pero cuando cojo otra, es que los he visto mejor y, efectivamente, son calabacines.

Soy hombre. ¿Qué le voy a hacer? Intento ser menos hombre, pero no puedo. Finalmente me decanto por los calabacines, los dejo en mi carro y cuando levanto la mirada, como soy hombre, veo un culo que también metería en el carro, junto al amoniaco y los... ¡coño! ¡Que son pepinos! Los vuelvo a dejar en la cámara. El culo está eligiendo una coliflor, o quizá sea berza, y yo vuelvo a coger los pepinos que, definitivamente, me parecen calabacines y vuelvo a mirar el culo, que muestra, demasiado asomado por el bolsillo del pantalón, un tiquet de aparcamiento a punto de suicidarse.

¿Qué hago? ¿Aviso a la chica de que va a perder el tiquet? No. Definitivamente, no. Los hombres de la ley de igualdad, cuando hacemos la compra, no miramos el culo a las chicas. No quiero ser un fuera de la ley.

X. Bea-Murguía (el fuera de la ley).

Amigos, hombretones, pobladores de este mundo de Lorenas Bobbit, recuerden mi lema: "¡Macho, machote, reclama tu cipote!".

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martes, marzo 20, 2007

¡Ay si supieras cocinar!

"¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?".

W. Shakespeare. Hamlet. Acto III.

Queridos amigos:

bajo este título, sacado del preámbulo de la Ley de Igualdad, esa ley tan tonta que igual-da lo que diga, quiero hacer un pequeño homenaje hoy a las ovejitas, eso tiernos animalitos que nos ayudan a dormir. Cuando ustedes se acuestan atribulados por la infinidad de problemas que los agobian, dándole vueltas y revueltas a la hipoteca, al cole de los niños, a los devaneos de su José Luis o José Luisa, buscando la fórmula, la Ley de Igualdad que disipe o que, al menos, mitigue la preocupación, ellas aparecen en su prado verde saltando un vallado con jovialidad, con elegante sensualidad, si me permiten decirlo, numerándose en el aire como los murciélagos de Barrio Sésamo. Así, con ese estudiado arrullo numérico ustedes olvidan todo aquello que les atenaza el ánimo y, finalmente, concilian el sueño deseado, alcanzan el descanso y, con tanto saltito sensual, abren su subconsciente a la visita nocturna de íncubos y de súcubos. ¿Se dan cuenta de que, en la vida real, nunca han visto ustedes a una oveja saltando como una cabra? Esto les da aún más mérito, si cabe: las ovejitas saltan, lo que no han hecho nunca, por usted.

¿Merecen o no merecen un homenaje las ovejas? ¿Qué homenaje? Merecen una calle... ¡Una avenida! Se lo han ganado a pulso. No es justo que se las encierre en el redil de personajes chuscos como Carmen Sevilla, ese aprisco lleno de lobos, ellas que con generosidad nos dan la lana para vencer los rigores del cambio climático y nos ofrecen la carne de sus retoños, aún lechales, en holocausto para que nos ríamos a boca llena del médico y de la ministra de Sanidad Frau Salgado Meinführer y pringuemos pan de hogaza candeal en la tartera, hasta mojar la yema de los dedos en la salsa para deleite de nuestros sentidos. ¿Son ustedes, acaso, capaces de concebir una generosidad más espléndida?

A las ovejitas, de las que yo sé que más de uno de ustedes es devoto acólito, les debemos logros en el arte y la literatura como "Brokeback mountain", que no es, como muchos han dicho, una historia sobre vaqueros homosexuales, sino sobre ovejeros, y también la renombrada "Blade runner", basada en la novela de Philip K. Dick "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?". El autor reflexiona sobre la cada vez más borrosa frontera entre lo natural y lo sintético, con lo que la novela comienza con la visita de su protagonista, el cazador de bonificaciones Rick Deckard, a su animal doméstico: una oveja eléctrica que anda medio chunga. ¿Puede un ingenio creado por el hombre, sea oveja eléctrica o androide Nexus-6, llegar a niveles de consciencia humanos, alcanzando sentimientos como el miedo a la muerte o la tristeza por el mal ajeno o la empatía?

Estaba yo en Glasgow, con mis amigos, tomando café en un pub y comentando que las ovejas de Escocia tienen cuernos cuando creo que hallé la respuesta a esta pregunta: en el baño, junto a la tradicional máquina de profilácticos a cuadros con sabor a whisky (sólo les faltaba la falda para ser del clan McLeod), me topé con una máquina expendedora de diversos artilugios eróticos. Entre esposas y consoladores de varias formas y aplicaciones, brillaba con luz propia, al moderado precio de cinco libras esterlinas, un canal que ofrecía ovejas hinchables ("fun inflatable sheep"), lo que me brindó la respuesta. Logré imaginar a alguno de ustedes acariciando su lomo y, en esa coyunda neumática, supirando: "¡Ay, si supieras cocinar!". Las ovejitas, amigos y amigas, son casi humanas.

No la compré, aunque a ratos me arrepiento, pero estas cosas son así, que hagas lo que hagas, te arrepientes. Yo preferí actuar con rectitud, lo que me caracteriza (como ustedes saben de sobra) y no fomentar esta profanación zoofílica.

X. Beeeeeeeeeeeeeeeeeea-Murguía

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miércoles, marzo 07, 2007

El nuevo concepto de interné






Gentuza:

Youtube probablemente sea el mejor invento del siglo pasado en cuanto a entretenimiento.El problema es que ciertos intereses discográficos y de mass media están presionando para una depuración de contenidos,lo que hablando en plata significa que poco a poco visualizaremos menos vídeos.

La red empieza a evolucionar hacia contenidos de pago, ciertas corporaciones EEUU de telecomunicaciones pioneras en todo lo que huela a dinero, comienzan a pedir una nueva regulacion que implique que por ejemplo que Ud. como papichulo gafapasta moderniki que lleva Ipod y Blackberry,pague por el acceso de fuente de datos a fuente de datos.Ya no le sirve con pagar esa tercermundista conexión con Telefónica , esa proveedor líder en el mundo de habla hispana vendido por cuatro duros a un compa de pupitre del cole,sino que paga además por el eenvío de datos desde los servidores de pongamos un AOL a Telefónica.No teman,la red sigue,pero si usted quiere contenidos los paga,dicho de otra manera: conexiones domésticas lentas y acceso a esas páginas deportivas, y a esas páginas donde cuelgan sus fotos de barbacoa en Los Monegros pero con leuros de por medio.

En fin que el rollo del interné-"que hay que tenerle"-va a empezar a mutar en algo diferente,ahora que los estonios van a ser pioneros en votaciones por la red me va a llegar un tipo del mismo Whasingt a cambiarme las cosas.


Nos queda la esperanza de que algunos vídeo-artistas fomenten páginas con servidor propio y ya empezamos con los accesos piratas etc... .Un ejemplo el de un/a pedazo de artista que se llama Dolorosa (Armando Jimenez?) y que ha realizado una cosa tan postmoderna como la que exhibimos hoy y por supuesto gratis.







Hormon Wells

En Zurich.

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martes, febrero 13, 2007

El mosquito presocrático


Queridos amigos:

estoy atravesando mi segunda gripe en lo que va de año y me voy a cagar en Cristobal Colón. Me parece que tengo el ladrillo más pa'llá que pa'cá, así que vayan perdonando y comprendiendo los yerros. ¿Lo que trajo Colón de América fue la gripe o la sífilis? No, no. Fue la sífilis. Eso, la sífilis. El turismo sexual es lo que tiene. Lo mejor de todo es que hoy me voy a Oviedo a una cata de puros. Jejejeje... H. Upmann Magnum 46. Nada menos. Un purazo. Cepo 46. 143 mm de longitud. Vitola de galera: corona "golda". A los que tanto envidian mi trabajo, quisiera verles hoy en mi lugar.

Cuando me encuentro en este estado en que me da la sensación de que parpadeo al ralentí, siempre me da por pensar que hace unos días estaba tan ricamente. El viernes estuve tomando una cerveza de despedida con Hormon Wells, casi, casi ya emigrado. Le regalé un ejemplar de "Poderes terrenales" de Burgess que, por casualidad, llevaba en el coche. Y el sábado por la mañana, estuve con mi hijo en el Museo Joaquín Sorolla, el único pintor que rima. Mi hermano Mitxu, cuando le dije esta bobada, como es rápido el cabrón, enseguida me corrigió: ¿Y Goya? Pero Goya sólo rima para los yeístas.

Después del museo, como hacía una mañana increíble, nos fuimos al Retiro a tomar una cervecilla con aceitunas. ¡Qué placer! Las terrazas estaban abarrotadas, la cerveza, las aceitunas, una buena charla con un par de amigos, Vernia y Nuria... Vernia y yo estábamos de acuerdo: qué bien le sientan los pantalones a algunas. Repanchingado en la silla en una terraza del Retiro, en el mes de febrero, recibiendo el resolillo de invierno que me calentaba la cara y adormecía mis sentidos, pensé: ¡Viva el cambio climático! ¡Y otra aceituna para el coleto!

Cuando digo, y razono, que yo no creo en el cambio climático no estoy asegurando, ni mucho menos, que no sea verdad lo del calentamiento global del planeta y esas cosas. Todo esto será cierto, seguramente, pero descarto totalmente ese sentimiento apocalíptico que están insuflando en el personal con el asunto. Yo carezco de memoria meteorológica para comparar si este invierno ha sido más o menos extraño que el de hace dos años. Tengo que creerme el referente que me dan los medios de comunicación cuando me dicen que hemos pasado el otoño más seco en cincuenta años... Claro que, según parece, hace cincuenta años también padecieron el cambio climático.

Lo que me hace mucha gracia son las anécdotas que salpimentan el cataclismo cósmico. Por ejemplo, nos han contado que los osos no han hibernado este año. Y digo yo: ¡coño! ¡No tendrían sueño! Pero luego resulta que son los osos de no sé qué zoo, unos pobres bichos que están fuera de su hábitat natural, en una especie de Gran Hermano plantígrado. Y, claro, no se duermen porque sus cuidadores no se han leído el "Duérmete Bubu" de Pascual Estivill. O a lo mejor les pasa que las teorías del fin del mundo les quita el sueño.

¿Saben que han encontrado un mosquito anófeles en Andalucía? ¡Joder! ¡Con esta política de papeles para todos, no me extraña! Y lo peor, ya lo ha avisado Ángel Aveces, va a ser el efecto llamada. No. De verdad. Seamos serios: Anófeles es un nombre muy feo para un bicho, a no ser que sea un mosquito presocrático: Anaxímenes, Anaximandro y Anófeles... Es como de empollón de la clase.

-- A ver, Anófeles, ¿cuál es el argé de la creación?
-- Sí, señorita, el argé de todo es...

Con lo bonito que es "mosquito trompetero". Así, en españñññol. Mosquito anófeles, no me jodas, si parece francés. Pero me pica (nunca mejor dicho) la curiosidad algo sobre el hallazgo: ¿Acaso un prestigioso zoólogo de vacaciones en la Costa del Sol aplastó al mosquito contra los azulejos del cuarto de baño porque no le dejaba dormir y se percató de que, efectivamente, se trataba de un anófeles? ¿Vamos a extender, de nuevo, otro pánico pandémico: vacas locas, fiebre aftosa, pneumonía atípica, gripe del pollo y, ahora, paludismo? No se preocupen: el medicamento se llama Lariam, está indicado para la profilaxis de la malaria, es decir, que se toma de manera preventiva. Corran a la farmacia a hacer más ricas a las multinacionales. De todas formas, ¿han pensando en que, a lo mejor, la naturaleza es tan sabia que ha decidido mandar unas moscas tse-tse al zoo para que esos pobres osos concilien el sueño de una puta vez?

Los polos se están derritiendo... Tranquilos. Que no cunda el pánico. A no ser que sean ustedes accionistas de Frigo, no tienen por qué preocuparse. Además, mientras haya tiendas de chinos 24 horas, tendrán ustedes hielos para el cubata cuando los necesiten.

Piénsenlo bien, amigos. ¿Y si resulta que, después de tantos años de privaciones, de vida monacal, de renuncia a los placeres mundanos, de ejercicios gilipollescos en un gimnasio machacándose el cuerpo, de no beber, de comer sano e insípido, de no tomar pasteles ni dulces, de no fumarse un H. Upmann Magnum 46... va el mundo y estalla? Háganme caso: váyanse ahora mismo a un lupanar, que el cambio climático es una cosa muy chunga y después se me van a arrepentir.

X. Bea-Murguía (fíjense bien en la foto y si ven a ese sujeto, no dejen de avisar a la prensa: está armado y es peligroso)

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